Caza con arco de un rebeco en los montes de León
29 enero, 2018 Trofeocaza . 1583 Visualizaciones

Reportajes caza con arco

Caza con arco de un rebeco en los montes de León

Si la caza con arco es un reto en s√≠ misma, practicada en monta√Īa tras una especie como el rebeco hace que el √©xito de la empresa sea, cuando menos, muy dudoso. El autor relata en este art√≠culo su primer intento de abatir un rebeco con arco, una cacer√≠a sufrida que fue justamente recompensada.

Este iba a ser el primer rececho de rebeco que íbamos a realizar; siempre ha sido una especie que me ha fascinado, pero por circunstancias de la vida nunca antes había tenido la oportunidad de cazarlo. Tenía una ilusión desmedida de realizar este viaje.

Tras una larga espera llega el gran d√≠a y ponemos rumbo a Le√≥n. Despu√©s de 4 horas de viaje llegamos sobre las 11 a la casa rural, donde nos atienden muy amablemente y nos dan una habitaci√≥n estupenda. Hab√≠amos quedado con Pedro a las 7 de la ma√Īana en la puerta del hotel, por lo que tocaba madrugar al d√≠a siguiente.

Preparamos un poco la ropa y los enseres que nos llevaríamos al día siguiente y nos dispusimos a descansar debido a que nos esperaría un día largo. Esa noche Coro y yo llegamos a un pacto en el que ella llevaría consigo su rifle y si yo fallara el rebeco le tocaría tirar a ella.

Son las 6 y media de la ma√Īana y suena el despertador; el sue√Īo se hab√≠a apoderado de nuestros cuerpos y tocaba darse prisa dado que nos ten√≠amos que cambiar y desayunar. Debido a que era muy temprano la se√Īora de la casa rural nos hab√≠a dejado desayuno la noche anterior. Tras desayunar recibo la llamada de Pedro diciendo que salga fuera que ya est√°.

Tras unas indicaciones de por dónde suelen estar los rebecos, me dice que mejor vayamos solos para intentar hacer el menor ruido posible debido a que los rebecos, además de buena vista, tienen un oído prodigioso.

Comenzamos la ascensi√≥n desde la misma puerta del hotel. El comienzo fue muy placentero debido a que no hab√≠a mucha inclinaci√≥n. El √ļnico pero es que hac√≠a algo de fr√≠o y solo llevaba guantes yo y se los tuve que dejar a mi novia para que no protestara, y se me estaban congelando las manos.

Tras una hora de ascensi√≥n sin parar pero con un ritmo lento ‚Äďno quer√≠amos desfondarnos antes de haber comenzado‚Äď entramos en el cazadero, por lo que realizamos una parada para empezar a otear las monta√Īas. Est√°bamos en la falda de las monta√Īas; ante nosotros, una pared de unos 400 metros de altura y unas vistas incre√≠bles; aunque lo mejor estaba por venir.

rebeco-con-arco-paisaje

Miramos detenidamente todos los recovecos que ten√≠an las monta√Īas pero no ve√≠amos nada. As√≠ que continuamos el ascenso, sin prisa y con alguna pausa que otra; no hab√≠a prisa, eran todav√≠a las 8 y 30 de la ma√Īana y ten√≠amos mucho tiempo por delante.

Cada tramo que sub√≠amos par√°bamos para volver a otear con los prism√°ticos; cuando llev√°bamos 200 metros de ascensi√≥n vertical vimos a un grupo de senderistas que sub√≠an la monta√Īa a unos 700 metros a la izquierda, por lo que decidimos ascender por la parte de la derecha ya que si los rebecos divisaban a los senderistas o bien se alejar√≠an demasiado hacia la izquierda o bien se acercar√≠an a nosotros o se volcar√≠an a la otra parte de la monta√Īa.

Cuando cre√≠amos que √≠bamos a hacer cumbre nos dimos cuenta de que era una cumbre relativa y que todav√≠a nos quedaban unos 200 metros de desnivel; aunque est√°bamos en un punto estrat√©gico, dado que nos permit√≠a visualizar gran parte de la otra cara de la monta√Īa, por desgracia para nosotros segu√≠amos sin ver ning√ļn ejemplar.

Aqu√≠ hicimos una parada un poco m√°s larga ya que eran casi las 11 de la ma√Īana y est√°bamos algo cansados. Ya recuperados, proseguimos con nuestra ascensi√≥n, aunque ahora no era de manera recta sino que √≠bamos mirando en los distintos barrancos. Ya hab√≠amos llegado a la cumbre.

rebeco-con-arco-coroYo iba unos 5 metros delante de Coro y me dispon√≠a a observar la otra cara de la monta√Īa… y a menos de 80 metros se encontraban los rebecos, pero se dieron cuenta de mi presencia y huyeron a una velocidad vertiginosa hacia abajo y a la izquierda. Como ya era la una de la tarde y se acababan de escapar los animales, decidimos tomar un tentempi√© y hacer algo de tiempo para ver si volv√≠amos a dar con ellos.

En ese momento la paz era lo que reinaba, no hab√≠a un solo ruido que no fuese de la naturaleza, las vistas eran inmejorables, es un paraje √ļnico.

Tras el tentempi√© nos dirigimos hacia unas rocas a ver si d√°bamos con ellos pero se los hab√≠a tragado la tierra. No aparec√≠an por ning√ļn lado.

Aquí estuvimos un rato largo esperando a ver si observábamos algo de movimiento, pero nada, no tuvimos suerte; así que decidimos movernos y cambiar de posición.

Ahora decidimos ir a otra cumbre y fue en este momento cuando, a unos 1800 metros, vimos un grupo de 6 rebecos: estaban demasiado lejos, as√≠ que decidimos declinar el rececho pero disfrutamos vi√©ndolos un rato. Al cabo del tiempo nos movimos y cambiamos de cara de la monta√Īa.

Prism√°ticos en mano, oteamos la monta√Īa en busca de los preciados sarrios pero nada de nada; lo que s√≠ que vimos fue un gran buitre leonado oteando el horizonte. Decidimos ir cresteando y as√≠ poder ver las dos vertientes. Dado que ya eran las 5 de la tarde, todav√≠a est√°bamos muy altos y por lo menos √≠bamos a tardar unas 4 horas en bajar, decidimos ir bajando y quedarnos a unas dos horas del pueblo para no tener que bajar de noche esas empinad√≠simas monta√Īas llenas de piedras sueltas, que si ya de d√≠a era bastante complicado no me quiero imaginar lo que hubiese sido de noche.

Tras dos horas de bajada, en las que solo hab√≠amos hecho una peque√Īa parte del camino, decidimos hacer una parada para comer algo y esperar ah√≠, debido a que nos hab√≠a dicho Pedro que era un paso de rebecos. Por lo tanto nos quedar√≠amos una hora; adem√°s el calor ya hab√≠a hecho acto de presencia y ten√≠a los pies bastante doloridos por las ampollas que me estaban haciendo las botas.

Tras la hora de espera, siendo ya las 8 de la tarde y viendo que no hab√≠amos visto nada, decidimos emprender la vuelta. Esta zona era ya m√°s f√°cil de andar debido a la menor inclinaci√≥n del terreno pero todav√≠a se antojaba bastante complicado. Al final llegamos a las 8 y 45 a la casa rural. Est√°bamos un poco abatidos por el des√°nimo y por haber estado andando durante 13 horas. Hablamos con Pedro y quedamos al d√≠a siguiente un poco m√°s tarde, sobre las 7 y 40 de la ma√Īana.

Tras haber dormido como unos beb√©s debido al cansancio y a una buena cena en el pueblo de San Emiliano, nos arreglamos, desayunamos y a la hora puntual nos encontramos con Pedro. Tras hablar, cambiamos la estrategia del d√≠a anterior: Coro se ir√≠a con √©l y me buscar√≠an los rebecos desde debajo de la monta√Īa y yo ir√≠a acompa√Īado de Rub√©n.

Fuimos por un camino con el coche y nos dejaron en el comienzo de la monta√Īa; tendr√≠amos que subir hasta la cima y desde ah√≠ nos guiar√≠an si es que ve√≠an alg√ļn rebeco antes que nosotros. Por la distancia que hay hasta la cumbre estimo que en dos horas y media estar√≠amos arriba.

Comienza la ascensi√≥n y Ra√ļl parec√≠a que ten√≠a reactores en los pies; me costaba seguirle el ritmo y me pregunt√≥ en varias ocasiones si quer√≠a que fuera m√°s despacio, pero yo le niego con la cabeza y le digo que soy un chaval y que puedo ir m√°s r√°pido si quiere, aunque s√© que no.

Aprovecho cada paradita de observaci√≥n para beber algo de agua de la mochila: me da la vida. Al final, por esta cara de la monta√Īa no hemos visto ning√ļn animal y ya hemos llegado a la cima en solo hora y media. A 20 metros de la cima nos paramos para descansar un poco dado que es posible que al otro lado se encuentren los rebecos.

Tras haber descansado 5 minutos colocamos todo como si estuvieran los rebecos. Por desgracia no había ninguno a la vista y nos pusimos a buscarlos con los prismáticos, pero no veíamos nada. Llamamos a Coro y nos cuentan que hay varios grupos de rebecos a nuestra derecha, algunos muy buenos.

Nosotros no los ve√≠amos debido a las c√°rcavas de las monta√Īas, y eso nos da una ventaja ya que podremos acercarnos con la protecci√≥n de la monta√Īa. Al primer grupo que les est√°bamos haciendo la entrada se percataron antes de que pudi√©semos hacer nada y salieron en direcci√≥n contraria a donde estaban los otros grupos, ah√≠ la fortuna estuvo de nuestra parte.

Nos habían dicho que en la siguiente cárcava había otro grupo formado por dos rebecos, un macho y una hembra. Avanzamos muy sigilosamente para no ser descubiertos; el aire lo tenemos de cara, nos asomamos y los vemos: están un poco largos pero no nos podemos acercar más sin ser detectados.

Mido con el medidor que me había dejado David de Vital Archery y mide 70 metros clavados con la compensación de ángulo. Los nervios, que los tenían bastante controlados, me empiezan a salir a borbotones y el pulso se me dispara, noto perfectamente cada latido.

Tomo aire profundamente y no me lo pienso dos veces; es una distancia muy larga pero no voy a tener muchas más oportunidades, así que tenso el arco y apunto. Lo equilibro bien, es un tiro muy complicado por el desnivel que hay y por la distancia.

El animal está tumbado, así que tengo tiempo, no me debo precipitar. Cuando estoy seguro suelto la flecha, que veo cómo hace una parábola perfecta e impacta claramente en el animal. Le he dado, el tiro es un poco trasero, lo he empanzado. Le cuesta levantarse pero corre hacia abajo.

rebeco-con-arco

A los 30 segundos nos llama Coro y nos dice que solo ha pasado un rebeco; suponemos que está más abajo tumbado y decidimos acercarnos por la cresta de la cárcava, y vemos al rebeco tumbado. Esta vez está solo a 40 metros: le vuelvo a tirar otro flechazo y esta vez sí que le pego mucho mejor.

El animal se levanta y anda unos 100 metros y cae desplomado. Objetivo cumplido, me emborracho de felicidad, he logrado un magnífico ejemplar con el arco. Después vamos a hacernos las fotos y precintarlo.

rebeco-con-arco-foto-final

Lo arreglamos y lo metemos en la mochila. Tras esto nos dirigimos al fondo del valle, donde se encuentran Coro y Pedro, y tras comentar el lance emprendemos el regreso al hotel entre bromas y risas; y todos muy felices por haber no solo disfrutado de dos días estupendos sino también por haber abatido el animal.

Fernando Hinojosa

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