Mi primer macho montés con arco
15 enero, 2018 Trofeocaza . 1731 Visualizaciones

Reportajes caza con arco

Mi primer macho montés con arco

Hace unos años la caza con arco era una modalidad cinegética muy poco extendida, y las ofertas comerciales para practicarla eran casi inexistentes, quedando la posibilidad de hacerse con algunas especies al alcance de muy pocos cazadores.

Sin duda, una de las especies cuya caza resultaba imposible plantearse con un arco era la más emblemática del rececho de montaña en España, el macho montés. En la actualidad esto ha cambiado radicalmente y es posible encontrar opciones para cazar con arco la totalidad, o casi, de la fauna española, si bien que el guía cuente con experiencia previa o con algunos conocimientos básicos es bastante importante.

Por eso, cuando dos guías profesionales que practican esta forma de caza te comentan que tienen disponibles precintos de macho montés selectivo en la zona de Tortosa, no hay duda alguna, has de elegir las fechas, preparar el material y aprovechar la ocasión de dar caza al animal más espectacular de la montaña española.

LA CAZA DE MONTAÑA CON ARCO

Todos sabemos que la caza de montaña es realmente complicada, dura tanto en lo físico como en lo anímico, especial, solitaria; y que por eso y mucho más despierta locura y pasión. Si a todo esto le sumamos las limitaciones del arco como arma de caza, podemos imaginarnos que la cosa se pone aún más complicada.

Aun con los modernos arcos de poleas, podríamos decir que la distancia de tiro máxima ronda los 45 o 50 metros. En el caso de usar arcos tradicionales, 30 metros ya es bastante.

Evidentemente la destreza y entrenamiento del arquero tienen mucho que decir, pero esos números dan una idea de las limitaciones del arma. Esto implica ser capaz de, en su terreno, colocarse a esos metros de un macho montés, algo complicado no solo por sus sentidos sino porque el solo hecho de andar en algunas de esas laderas ya tiene mérito, no digamos hacerlo en silencio. Además, a la dificultad de la caza en sí se unen las administrativas del permiso en cuestión, que marca un límite en los años del ejemplar.

Una cosa que queda clara de inmediato es que, muchas veces, el ver un animal no implica poder rececharlo. El lugar en el que se encuentra a veces impide el acercamiento a distancia de tiro de forma segura, y lo único que podemos hacer es observarlo y esperar a que se mueva.

Esto es muy fácil de decir pero hay que tener mucha paciencia para ver un macho montés a doscientos metros, sentarse y esperar mientras vemos que se acerca la noche y se acaba la cacería. En esta ocasión, gracias a que la zona de caza de Hunt’Ers goza de buena densidad, muchas veces optábamos por continuar la marcha y buscar ejemplares en las zonas que considerábamos más apropiadas para el arco.

Vimos varios ejemplares que se ajustaban a lo que buscábamos, pero no hubo oportunidad alguna de tiro, algunas veces porque los animales nos localizaban y otras porque las distancias de tiro resultaban demasiado lejanas.

Con esto, con algo de mal tiempo y tras ocho horas andando arriba y abajo, decidimos hacer lo que hay que hacer: esperar, sentarse, sacar los telescopios y buscar y buscar. Como suele decirse: «cazar con el culo».

Tras un buen rato localizamos un ejemplar solitario, que se movía cerca de un pequeño sendero que permitía acercarse con mucha facilidad, rapidez y silencio. El viento era bastante fuerte, lo que ayuda a disimular el ruido. Una rápida aproximación nos colocó a unos 70 metros, momento en el cual el guía decide dejarme entrar solo al animal. A escasos 20 metros tan solo veía las puntas de la cornamenta del macho ya que la vegetación era muy espesa; y así estuvimos un par de minutos hasta que asomó elevándose sobre una pequeña roca.

En ese momento pude abrir el arco y disparar. La flecha impactó un poco alta, pero resultó un tiro muy efectivo ya que el animal recorrió menos de 20 metros antes de caer desplomado al suelo.

Abrazos, fotos de rigor y un par de gritos de alegría: mi primer macho montés con arco. En un entorno de montaña típico de la especie, tras un bonito, largo y duro día de caza, poco más se puede pedir. Agradecer a Carlos, Jesús y Leticia Liñán, los tres hermanos que están detrás de Hunt’Ers, la paciencia, ilusión y buen hacer que demuestran día tras día.

EL MATERIAL NECESARIO PARA LA CAZA CON ARCO DE MONTAÑA

Cazar en ese terreno montañoso implica adaptar el arco, flecha y materiales a las características de la montaña y de las especies que en ella viven. Lo normal es optar por flechas mas o menos ligeras, 400-450 grains, con puntas mecánicas de caza. Este tipo de punta tiene la gran ventaja de volar extraordinariamente bien a esas distancias algo mas largas, con fuertes rachas de viento y de perdonar mucho los errores del tirador. Antes eran puntas polémicas y problemáticas pero la realidad es que se abaten infinidad de animales con ellas.

En cuanto a los arcos, lo más importante es que sean poco críticos y que perdonen nuestros errores. Las potencias habituales en caza 60-70 libras, son suficientes y prestar especial atención a un visor de calida. Importante, un telémetro con compensación de ángulo ya que conocer la distancia real compensada cuando tiramos en montaña, tiros ladera arriba y abajo, es de vital importancia.

En la actualidad existen unos prismáticos que constan de telémetro integrado, aunque no tengo experiencia personal con ellos, se antojan como una opción ideal.

En cuanto a la ropa, los modernos materiales técnicos, cómodos, ligeros, versátiles y eficaces son la mejor opción. Por poner un ejemplo, un plumífero y un conjunto de chaqueta y pantalón impermeables de la marca Kuiu pesa unos 450 gramos. Esto hace que siempre vayan en la mochila y a mano cuando el tiempo empeora o si te paras a localizar algún ejemplar. La elasticidad, ligereza, comodidad y tiempo de secado de la ropa técnica puede marcar la diferencia en una cacería complicada.

La mochila merece mención especial ya que todos los cazadores llevamos una en la montaña. Nos vale para llevar la ropa extra, el almuerzo, los permisos, la óptica y porque no, bajar al animal al campamento. No todas las mochilas nos permiten hacerlo con comodidad e higiene.

Por otro lado, si bien no es habitual en nuestro país, creo que el poder sacar el trofeo y la carne del monte por uno mismo, no el guía, es importante y muestra respeto al animal y a la caza en sí.

Jorge Amador

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