Rececho con arco de rebeco pirenaico, un lance memorable
13 septiembre, 2018 Trofeocaza .

Reportajes caza con arco

Rececho con arco de rebeco pirenaico, un lance memorable

Si la caza con arco es un reto en s√≠ misma, practicada en monta√Īa tras una especie como el rebeco hace que el √©xito de la empresa sea, cuando menos, muy dudoso.

El autor relata en este artículo su primer intento de abatir un rebeco con arco, una cacería sufrida que fue justamente recompensada.

El rebeco pirenaico (Rupicapra pirenaica), llamado tambi√©n ‚Äėisard‚Äô en el Pirineo catal√°n, o ‚Äėsarrio‚Äô en el aragon√©s, se distribuye por todo el Pirineo junto a su hermano peque√Īo el rebeco cant√°brico (Rupicapra parava), que habita en toda la cornisa cant√°brica, son las especies reinas de la caza en alta monta√Īa de nuestra pen√≠nsula.

Su ‚Äėmodesto‚Äô trofeo, comparado con algunos de nuestras especies de caza mayor, es compensado con creces por la belleza de los parajes donde se desarrolla su caza.

Lo astuto, esquivo y √°gil del peque√Īo b√≥vido, que no suele pasar de los 20-25 kg las hembras y 25-30 kg en el caso de los machos, hace que muchas veces el cazador se tenga que conformar en ver c√≥mo se escurre trepando paredes casi verticales con asombrosa facilidad.

Su caza se puede practicar en algunas zonas en primavera, pero lo m√°s com√ļn es en oto√Īo y principios de invierno, siendo esta √ļltima estaci√≥n la id√≥nea para ver mejores trofeos, puesto que es justo cuando empieza el periodo de celo haciendo que los machos pierdan su timidez para cortejar a su ed√©n de hembras y protegerlas de otros machos rivales.

Otro factor que favorece su caza es que se pueden recechar pr√°cticamente durante todo el d√≠a, si bien mengua su actividad en las horas centrales y aumenta esta durante la ma√Īana y √ļltima hora de la tarde.

En zonas de Pirineos el pestivirus y la sarna mermaron su población a menos de la mitad, pero una correcta gestión cinegética y el control poblacional están ayudando a que el sarrio siga siendo el rey de nuestras cumbres pirenaicas.

vistas-del-cazadero

Vistas del cazadero

 

Debido a su recuperaci√≥n despu√©s del pestivirus, la Administraci√≥n cada a√Īo va otorgando m√°s precintos para su caza, factor que favorece a la rotaci√≥n de los permisos nominales para los socios.

En esta ocasión disponíamos de un precinto para su abate. Con una sola jornada para intentarlo, ya sea con rifle o con arco, teníamos que escoger bien nuestro día de caza, ya que si abatir un buen sarrio cumplido con el rifle era complicado, con el arco se tornaba una ardua tarea.

As√≠ que decid√≠ esperar los √ļltimos d√≠as de temporada para coger algo de celo y ver m√°s movimiento de machos, que guiados por los calores del amor eran m√°s descuidados, y as√≠ ser√≠a m√°s ‚Äėsencillo‚Äô tener alguna oportunidad.

Las primeras nevadas de la temporada se adelantaron más de la cuenta, pero para finales de semana parecía que el tiempo daba una tregua; era hora de sacar el precinto.

Con todos los trámites burocráticos hechos, tocaba esperar el ansiado día.

¬°El estridente despertador romp√≠a el silencio de la ma√Īana m√°s en√©rgico de lo habitual y me levanto del c√°lido lecho, aparto la cortina, parece despejado!, aunque alg√ļn copo de nieve se deja ver t√≠midamente.

Mientras me visto, voy repasando de memoria todo mi equipo, cuchillo, cuerda, bolsas, bater√≠as para las c√°maras, frontal, botiqu√≠n ‚Äďprefiero llevarlo y no necesitarlo que lamentarme de que est√© en casa‚Äď, etc. Un ligero desayuno y con los b√°rtulos a la pick up.

A√ļn de noche empiezo a conducir por la emblanquecida pista, -3 grados marca el term√≥metro del coche. Entre dos luces llego a la zona de caza, bastante nevada en la parte alta y con una niebla amenazadora. Tendr√© que buscarlos de media ladera hacia abajo.

Aparco el 4×4 y empiezo a otear una vertiente boscosa rota por unas canales de piedra, muy querenciosas cuando hace mal tiempo y la nieve cubre las zonas m√°s altas del monte, donde tengo conocimiento de un par de reba√Īos de hembras con cr√≠as: es f√°cil que alg√ļn macho las corteje, ¬°pero de momento ni rastro de los sarrios!

rececho-de-rebeco-oteando

Con todo dispuesto, empiezo a remontar la ladera: los avellanos van dejando paso a los primeros hayedos, que con esta capita de nieve parecen de cristal, y estos al bosque alpino de pe√Īas y canales recubiertas de pinos retorcidos al antojo de la pesada nieve de los √ļltimos inviernos.

A la hora y media de marcha, llego a una pe√Īa que asoma a la cara opuesta de un barranco, me siento; prism√°ticos en mano, no dejo de otear la ladera de enfrente que, medio cubierta por la niebla, no se muestra en su totalidad, en busca de rastros en la nieve o alg√ļn movimiento de los animales.

Como si de una aparición se tratase, allí está un sarrio tumbado en una palita limpia de nieve pegada a un derrumbe de rocas; por el pelaje parece macho.

Un escalofrío recorre mi cuerpo mientras la niebla lo envuelve todo de nuevo sin darme tiempo para valorar su trofeo.

Escurriéndome por el roto bosque, le gano algunos metros para intentar que cuando aclare lo pueda valorar mejor y decidir si merece la pena intentar entrarle.

Mientras espero a que esto ocurra, el rodar de unas piedras a mi derecha me pone en alerta: un hembra con su cría que, tímidamente, van cruzando la canal a menos de 30 metros; seguramente el resto de la cabrada no andará lejos.

Pierdo unos segundos en grabar esta bonita estampa de los sarrios con el suelo medio cubierto por la nieve mientras la niebla los va engullendo.

Ahora toda mi atención se focaliza hacia la posición donde estaba el animal tumbado; despeja de nuevo y allí sigue.

Coloco una flecha y apoyo los prismáticos en la polea del arco para valorarlo, es un macho adulto precioso con la típica crin de matrero que lucen en el celo; y su trofeo, ESPECTACULAR, muy abierto, bastante largo y bien cumplido; por la referencia de sus orejas es un plata seguro, ¡tengo que intentarlo!

Le echo el medidor: 75‚ÄČm, 20‚ÄČm, 80‚ÄČm, 50‚ÄČm; la niebla no deja rebotar bien el l√°ser y me da distancias muy err√≥neas, tengo que acercarme un poco m√°s.

Golpeo una ramita de pino llena de nieve para ver la dirección del viento, lo tengo de cara y un poco hacia arriba, ideal para que el animal no me huela.

A escasos metros de donde está el macho hay un paso escarpado que cruza el angosto barranco; si el terreno no está muy helado intentaré pasar por allí para salirle justo encima, la niebla aparece de nuevo, tengo el terreno tan grabado en mi mente que podría llegar a él en la noche más oscura.

Empiezo a hacerle la entrada, mido cada paso que doy para no hacer ruido avanzando con la m√°xima cautela, estoy casi a su altura pero la niebla sigue cubriendo la zona, clarea de nuevo, ya no est√° tumbado donde lo vi por √ļltima vez, agudizo mi vista y con los prism√°ticos escaneo cada palmo de terreno para dar con √©l, no puede andar muy lejos pues no lo he o√≠do silbar ni tampoco romper monte en su huida; adem√°s la hembra con su cr√≠a siguen donde las vi.

¡Ahora sí, ya lo veo!

Lo tengo de frente delante de m√≠. Con suavidad cambio los prism√°ticos por el medidor, 35‚ÄČm; el animal, a sabiendas de que la hembra con la cr√≠a, y probablemente el resto de la cabrada, estaban en esa ladera se hab√≠a movido tras sus pasos.

Lo veo parcialmente tapado por un tronco mientras pasta los brotes secos medio cubiertos por la nieve. El corazón me empieza a latir cada vez más fuerte, corrijo el punto del visor; tan pronto lo vea un poco más de lomo le tiro.

El animal deja de pastar, levanta la cabeza ¬°y se me queda mirando fijamente!

sarrio-lejosQu√© bonito es, m√°s abierto de lo que pensaba. Sutilmente aparto la mirada del animal haciendo que la visera de mi gorra tape la √ļnica parte de mi piel que est√° al descubierto; mientras lo hago me doy cuenta de que a mi izquierda, a escasos metros, tengo una corza que desde otro √°ngulo no me quita ojo; estoy al descubierto, de pie, con el arco medio levantado, solo puedo confiar en la eficacia de mi camuflaje y que el aire se mantenga como est√° para no dar al traste con el lance.

La corza empieza andar acerc√°ndose a m√≠; se tapa por un tronco, momento que aprovecho para encender la c√°mara. Asoma de nuevo y me clava la mirada , ¬ę¬°me ladrara seguro!¬Ľ, pienso mientras intento controlar mi pulso; a esta distancia creo que pod√≠a escuchar mi acelerado latir.

Miro hacia el macho de sarrio que, sin parpadear, no me quita ojo intentando adivinar qué es ese bulto alargado que tiene enfrente.

Los minutos (8 en concreto) me parecen horas y parece que ninguno de los tres tenemos la intención de movernos, ¡yo por lo menos!

Empiezo a notar cómo el sudor de mi espalda se va enfriando y cómo el peso del arco va haciendo mella en la musculatura de mi brazo; muy lentamente intento apoyar la polea en mi pierna para descansarlo un poco, ¡un seco ladrido hace que se me corte la respiración!

El sarrio aparta la mirada de mí y la dirige hacia la corza, momento que aprovecho para abrir el arco iniciando mi secuencia de tiro: cargo toda la tensión en la espalda y sigo empujando la mano del arco para llevar el nivel a su sito.

Mientras colimo el peep con la llamativa esfera de mi visor, el sarrio silba y, guiado por su curiosidad, se muestra ante mí con todo su esplendor, da dos brincos y se para con la zona vital cubierta por el bifurcado tronco de un escuálido pino.

Toda mi atenci√≥n se centra en parar el pin en ese peque√Īo espacio, abrazo el gatillo y empiezo a relajar las manos; el FUUB de mi arco me sorprende mientras a c√°mara lenta veo c√≥mo las azules plumas de mi saeta libran el tronco y se pierden entre la caja del animal, quiz√° un poco adelantado ¬°pero en su sitio!

El sarrio acusa el impacto, da un brinco y emprende una ruidosa carrera cuesta abajo en dirección al barranco, intenta remontar la otra ladera, pero ya no lo consigue, cayendo por la escarpada pared.

Tembloroso y jadeante por la tensión del momento, me arrodillo, aparto la máscara de mi rostro para poder respirar mejor, dejo el arco en el suelo y cierro los ojos unos segundos…

Sé que el animal yace muerto en el barranco, pero alargo todo lo posible el cobro para saborear y analizar lo sucedido.

Qu√© gozada de lance, ¬°QU√Č GOZADA DE LANCE!, voy repitiendo en mi interior mientras apago la c√°mara, fiel testigo de lo acontecido.

Me incorporo y, poco a poco, voy al lugar donde la emplumada alcanzó al sarrio y con la cámara de mano intento documentarlo todo: la encuentro clavada con ahínco en el suelo, cubierta de sangre rosada con burbujas; la limpio con la nieve y la coloco de nuevo en el carcaj.

El rastro es abundante y claro; con el blanco tapiz de la ladera medio nevada lo sigo escasos metros, y al levantar la mirada ya veo al sarrio en el fondo del barranco.

Con cautela de no resbalar, desciendo la pared; por fin puedo tocarlo con mis manos.

rechecho-con-arco-de-rebecoUna mezcla de emoción y tristeza me inunda mientras, contemplando la belleza del animal, acaricio su tupido pelo en muestra de agradecimiento por el bonito lance que me acaba de brindar, ¡es más bonito si cabe de lo que me pensaba!

Un macho de 13 a√Īos con una trofeo precioso alto y muy abierto con la parte alta de los ganchos como si fuese a perder la vaina de su cuerna, quiz√° le falta grosor ¬°pero andar√° cerca del oro! Un ‚Äėpar‚Äô de fotos y le coloco el precinto para poder moverlo de forma legal.

Lo meto entero en la mochila, con la √©poca de fr√≠o en la que entramos aprovechar√© toda su carne, jamones, chorizo, embutidos, pat√©s, etc., que degustaremos en casa durante buena parte del a√Īo.

Este es el fin más importante de nuestro arte venatorio y la mejor muestra de respeto al animal abatido; si no, la caza perdería todo el sentido para mí.

Con el sarrio ya en el morral, y todo recogido, desciendo la ladera que me trae de vuelta hacia la pista forestal, donde a primera hora dej√© el 4×4.

Mientras deshago el camino mi pensamiento se traslada a las noches anteriores a una jornada de caza, cuando en sue√Īos imaginas un lance m√°gico sobre un gran, astuto y viejo animal que muchas veces solo est√° presente en nuestra imaginaci√≥n; pero por fortuna, hoy, en esta fr√≠a ma√Īana de noviembre ese sue√Īo es una realidad.

Puntuado el trofeo en verde nos dio 97,8 puntos, ¡un oro! Tendría que esperar a la medición oficial y a su homologación una vez transcurrido el periodo de secado del trofeo para corroborar esa puntuación.

Joan Espa√Īa

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