Alces en Bielorrusia
9 enero, 2023 Trofeocaza .

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Alces en Bielorrusia

Equipo técnico

Rifle: Blaser R8 Professional cal .300
Visor: Blaser 2.8 -20×50
Prism√°ticos: Blaser 8×30
Muncición: Norma Oryx 200 grains

Objetivo: Alce europeo.
Trofeo: 9 kg, pendiente de homologación.

Si bien es cierto que el nombre de Bielorrusia deriva del eslavo Rutenia Blanca, Rusia Blanca: Biely = Blanco + Rus (nombre de los Rus la poblaci√≥n hist√≥rica del Jaganato de Rus), tambi√©n lo es que bien podr√≠a derivar de Bellarusia, pues lo cierto es que nos encontramos ante un escenario de una diversidad, antig√ľedad y riqueza que nos dejar√° con la boca abierta, al menos en cuanto a lo cineg√©tico se refiere.

Limitando al norte con Lituania y Letonia, al este con la Rusia, al sur con Ucrania y al oeste con Polonia, su capital es Minsk, y all√≠ habr√≠amos volado directamente sino fuera por el conflicto internacional pol√≠tico que mantiene inoperativo este aeropuerto para los vuelos procedentes o con destino UE. Por tanto, en el √ļltimo momento tuvimos que optar por entrar a Bielorrusia a trav√©s de la frontera letona, aterrizando para ello en la fr√≠a y h√ļmeda Riga. El cambio de aeropuerto no nos ven√≠a tan mal, ya que nuestro cazadero se encontraba casi en la frontera entrambos pa√≠ses, al norte de Bielorrusia, en los l√≠mites del Parque Nacional de los Lagos de Braslaw.

Siendo un país completamente llano, no supera los 300 metros sobre el nivel del mar, está dividido en tres zonas geográficas bien diferenciadas: la del norte, abundante en lagos, donde nos encontrábamos; la meseta boscosa central y la parte sur, muy pantanosa y deshabitada, llamada Marismas de Pinsk, y que fue la que sufrió la mayor parte de las consecuencias del accidente de Chernobil (Ucrania).

Con respecto a la fauna y flora nos sorprendi√≥ much√≠simo su gran diversidad, con el agua como factor desencadenante de la explosi√≥n de vida all√° donde dirijas tu mirada, y siendo un aut√©ntico para√≠so tanto para la mayor (corzos, venados, alces, bisontes, lobos y una poblaci√≥n de jabal√≠ que comienza ya a recuperarse de pasados epid√©micos) como para la menor‚Ķes llamativo el alt√≠simo n√ļmero de acu√°ticas y de grullas, con algunos bandos de hasta medio millar de p√°jaros.

Los bosques de Bielorrusia ocupan más del 40 % de la superficie del país y pertenecen al Estado. Por lo general, están bastante limpios y correctamente administrados, estando la tala muy regulada para mantener una cubierta forestal estable y muchas zonas están protegidas permitiendo ello una gran biodiversidad como consecuencia directa. Ello, unido a la decadencia del llamado colectivismo agrario, ha dejado un escenario perfecto para que todo tipo de animales salvajes encuentren en Bielorrusia un auténtico paraíso para su desarrollo.

Mi primer alce

Algunas veces, solo algunas y muy pocas, la suerte se al√≠a con el saber hacer y los proyectos que uno afronta, por dif√≠ciles que parezcan en su acometida, tienen el √©xito como resultado. Este es el caso de la √ļltima expedici√≥n de la serie Blaser World Challenge de la que he tenido la fortuna de formar parte. Un viaje dif√≠cil en el que de la mano de los profesionales que lo organizaban ha salido todo a pedir de boca, incluso parec√≠a seguir toda una escaleta cinematogr√°fica en la que cada hito de la aventura se iba superando justo en el momento y condiciones l√≠mites e id√≥neas‚Ķ

Pocos instantes despu√©s de bajar del avi√≥n de vuelta de mi esperad√≠sima luna de miel, recib√≠ una llamada de Luis de la Torriente, entonces de IberaliaGo, confirm√°ndome lo que llevaba dos a√Īos so√Īando y es que, ¬°hab√≠an seleccionado mi solicitud para la Blaser World Challenge de Alces en Bielorrusia!

‚ÄúUno de esos sorteos que no tocan nunca‚ÄĚ dijo mi mujer, como es l√≥gico, algo recelosa de la noticia. Sin embargo, no pasaron ni 24 horas cuando ella misma me dio ese empuj√≥n necesario para aceptar la invitaci√≥n superando as√≠ mis miedos a lo internacional.

Poco despu√©s, el equipo de Venare Hunting dirigido por Juan Salvador, pas√≥ a darme los detalles de un viaje a un pa√≠s en cuya capital se haya un monumental cuartel general de la KGB en la Plaza de la Independencia. ‚Äú¬ŅDe verdad el viaje es a Bielorrusia?‚ÄĚ, pues s√≠, le respond√≠a a mi familia, mientras tragaba un poco de saliva y es que, como much√≠simos de vosotros, soy cazador de menor y mayor, y lo m√°ximo que tengo es la famosa licencia interauton√≥mica, en cuanto a menesteres administrativos se refiere.

Dicho y hecho. La BWC daba comienzo en Bielorrusia, con un equipo capitaneado por Luis y con Antonio Adán por Excopesa. Allí estaba yo, entre cazadores experimentadísimos, viendo de refilón a dos sospechosos cámaras que intentarían plasmar en un documental lo mejor de un viaje, cuanto menos, peculiar.

Ya en el campo, tras superar la tediosa frontera, empezaba a sentirme algo m√°s c√≥modo, no sin dejar de mirar, un poco estupefacto, a aquellos gu√≠as vestidos de militar que nos acompa√Īar√≠an. ‚Äú¬ŅHab√≠a un traductor?‚ÄĚ S√≠, claro que lo hab√≠a, pero √©ramos tres equipos diferentes en la zona de Priyatsky de 80.000 hect√°reas y Rom√°n no pod√≠a estar en todos lados, as√≠ que era misi√≥n de cada cazador, hacerse entender con Sasha, Yuri o Dimitry, en mi caso.

Poco despu√©s de las presentaciones y ya acompa√Īado por mi ahora amigo Pepe, uno de esos sospechosos c√°maras de IberaliaGO!, comenz√≥ la aventura en aquella vasta extensi√≥n llena de altibajos pantanosos, adornados con plantas arom√°ticas que hac√≠an del rececho, una oportunidad √ļnica e irrepetible.

Hasta aquí todo iba sobre ruedas, concretamente, sobre unas camionetas marca UAZ que recordaban a tiempos pasados y cuyo interior mostraba signos de haber pasado bastantes infortunios. El guía que se me había asignado, Dimitry, a pesar de ser un experto en la caza del alce en Europa, se apoyaba en guías locales para buscar la oportunidad que justificaba este viaje.

El tiempo no acompa√Īaba ya que el fuerte aire dificultaba la localizaci√≥n de los alces y la lluvia lastraba nuestros pasos por aquellos humedales. Aun as√≠, Dimitry, vestido de camuflaje y t√©rmico al cuello, muy confiado en sus habilidades, sacaba de cada entrada lo mejor de los valles.

En ese primer d√≠a, tuve la fortuna de ver varias hembras y alg√ļn joven macho que me previno del tama√Īo de estos enormes c√©rvidos, pero no fue hasta el segundo d√≠a cuando tuve mi oportunidad.

Despu√©s de pasar una ma√Īana dif√≠cil en lo f√≠sico y complicada en lo meteorol√≥gico, comenzamos la tarde con el objetivo de cambiar de estrategia, buscando un gran valle que estuviese protegido del viento, donde poder emular los sonidos de la hembra de alce sin que el viento se llevase nuestras d√©biles voces. Una vez encontrado el sitio y atestiguando con nuestras caras el fr√≠o que hac√≠a, Dimitry recibi√≥ una llamada de Yuri, el gu√≠a local, en la que aseguraba haber visto un gran macho a muy poca distancia de all√≠.

Eran ya las siete de la tarde y la luz empezaba poco a poco a atenuarse, mientras Pepe y yo hacíamos lo posible por correr sin perder ninguno de los archiperres que habíamos preparado para la espera.

Por fin llegamos a la zona en cuesti√≥n, empapados hasta la cintura y con la respiraci√≥n acelerad√≠sima. Fue en aquel momento en el que Pepe me record√≥ que llevaba mi linterna en la mochila y que ser√≠a interesante ponerla en el rifle. A pesar de que parec√≠a una buena idea, no pude detenerme ya que el rececho no nos daba respiro alguno y no dej√°bamos de caminar aceleradamente. Es cierto que quedaba algo de luz, aunque el sol ya no nos acompa√Īaba.

‚Äú¬ŅY el alce?‚ÄĚ el alce no estaba en el valle, pero s√≠ hab√≠a una hembra en el pecho de enfrente. Dimitry, buscaba incesantemente con la ayuda de su t√©rmico, aunque de poco serv√≠a puesto que la zona boscosa que nos separaba de la hembra era muy cerrada. Fue ah√≠ cuando Dimitry empez√≥ a llamar al posible macho que pudiera estar por la zona ‚ÄėOahhh, oahhh‚Äô. Tras tres intentos, algo se movi√≥ en el denso bosque. Las ramas cruj√≠an fuertemente d√°ndonos a entender que all√≠ hab√≠a alguien cabreado y, finalmente, ¬°el alce respondi√≥ a Dimitry!

La luz no estaba de nuestro lado, si bien, acertaba a ver las ramas moverse bruscamente y a escuchar al macho acercándose. Como os imaginaréis, presenciaba atónito aquella lucha de titanes con la piel de gallina y todavía con algo de temblor en las piernas por el esfuerzo realizado.

El alce debi√≥ decir algo parecido a ‚Äė¬°Basta ya!‚Äô cuando sac√≥ la cabeza del bosque y nos ense√Ī√≥ sus impresionantes astas. ‚Äú¬°Wow!‚ÄĚ dije para mis adentros. Aunque era enorme, los nervios, la luz y mi pulso no me permit√≠an identificar un buen disparo puesto que confund√≠a su piel oscura con el monte. ‚Äú¬°Shoot!‚ÄĚ (¬°Dispara!) me espet√≥ Dimitry, ‚Äú¬°shoot!‚ÄĚ volvi√≥ a decir al ver que algo suced√≠a y es que, a pesar de que me acordaba de aquel dicho popular que reza ‚Äúla caza como la da el campo‚ÄĚ, la oportunidad no era para m√≠. Me resist√≠ a intentar abatir al rey europeo sin tener la certeza de que el tiro fuese mortal. Aquellos casi 800 kilos de animal no iban a darme m√°s oportunidades y no ser√≠a yo el que le hiriese.

Tras unos segundos, el alce volvió sobre sus pasos y comenzó a correr río abajo. Mientras, yo sólo distinguía ramas romperse y veía en los rostros de Dimitry y del guía local signos de desconcierto. Fue ahí cuando Dimitry demostró por qué es el mejor guía de Europa empezando a cantar sin cesar, utilizando dos tonos mucho más graves y alargados consiguiendo que el alce, saliera a campo abierto y se situase a pocos metros de su hembra.

Ahora s√≠ que consegu√≠a diferenciar el cuerpo del animal al otro lado del valle rodeado de un pasto alt√≠simo. Escuch√© a Pepe decir ‚Äú¬°lo tengo!‚ÄĚ y dispar√© sin dudarlo. El alce corri√≥ sin mirar hacia atr√°s describiendo, en su huida, una media luna que parec√≠a propia de un animal tocado.

Fue ah√≠ cuando Dimitry nos pidi√≥ a todos que nos pusi√©ramos las linternas de cabeza a la vez que se situaba delante de m√≠ y, dibujando un alce en su mano con algo de barro, me pidi√≥ que le mostrase el lugar exacto del tiro. Su cara lo dec√≠a todo, el tiro era bueno y adem√°s me confes√≥ que el tiro hab√≠a sonado a ‚Äėchicha‚Äô.

A partir de ahí comenzó el que para mí ha sido el pisteo más difícil de mi vida y es que la noche, aquel pasto que me llegaba por el pecho, la más absoluta desorientación y sobre todo las dudas, fueron mis peores enemigos.

Durante las tres horas siguientes pas√© por diferentes fases: exaltaci√≥n, duda y hasta negaci√≥n. No entend√≠a por qu√© nadie se hab√≠a quedado en aquel lado del valle para identificar el lugar exacto del tiro, el rudo bielorruso no cesaba entre los presentes y sus gestos me hac√≠an presagiar lo peor. Por si fuera poco, volvi√≥ a aparecer la lluvia y fue en ese momento en el que, adentr√°ndonos en un bosque, Dimitry me dijo que a partir de ah√≠ s√≥lo proseguir√≠a √©l. ‚Äú¬°Por seguridad!‚ÄĚ me dec√≠a en su b√°sico ingl√©s ante mi cara de incredulidad.

En aquellos momentos di por perdido el alce, sin embargo, fue el propio Pepe quien me anim√≥ diciendo que, lloviese o tronase, a la ma√Īana siguiente volar√≠amos el dron que llevaba en aquella pesada mochila para intentar dar con el animal.

Apareció en escena Sasha, el conductor de la UAZ para insistir en bielorruso en que el animal habría pasado por una trocha concreta de las muchas que había en aquel pasto, sin embargo, las órdenes eran volver a hacer cuadrículas de 10 metros para buscar sangre.

Ya de camino al coche, Sasha volvi√≥ a decir algo en bielorruso como si de un ‚Äėcruzad por aqu√≠ que hay menos agua‚Äô se tratase, cuando en realidad quer√≠a decir, ‚Äú¬°EL ALCE EST√Ā AQU√ć!‚ÄĚ

Mi sorpresa al ver el tama√Īo del animal, mi agradecimiento a todo el equipo local, la tradici√≥n bielorrusa al cazar un alce, mi sonrisa nerviosa, los recuerdos para mi mujer, mis padres y mis cinco hermanos cazadores, los sucesivos abrazos con todo el equipo espa√Īol y alguna que otra lagrimilla, me los guardo para aquel que quiera saber m√°s sobre la BWC.

M. Aparicio

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