Cazando jabalíes y corzos en la primavera de los Balcanes
19 abril, 2018 Trofeocaza . 1395 Visualizaciones

Caza mayor internacional

Cazando jabalíes y corzos en la primavera de los Balcanes

Es curioso el caso de Stiliyan Kadrev, un excelente productor de pel√≠culas de caza b√ļlgaro, sin duda uno de los pioneros en el mundo. Tras acompa√Īar a cientos de cazadores por todo el planeta con la c√°mara al hombro, se convenci√≥ de que era mejor negocio que grabar pel√≠culas el comercializar paquetes de caza.

Pol√≠glota y dominando el ruso con soltura, en principio abarc√≥ los pa√≠ses de la antigua Uni√≥n Sovi√©tica, pero hoy vende caza por todo el mundo. No obstante contin√ļa con la c√°mara grabando a sus clientes, porque su verdadera vocaci√≥n es la de director de cine.

√Āngel Hidalgo y yo salimos un d√≠a antes que √ć√Īigo Moreno, equipados de c√°maras de v√≠deo, con idea de grabar una pel√≠cula. Me dijeron que llevase el arco para intentar un rececho de corzo, y se trata de mi √ļnica arma en esta ocasi√≥n.

No tenemos ni idea de qu√© tipo de caza nos espera, y tan solo sabemos que estamos en plena cordillera de los Balcanes. Volamos a Sof√≠a con escala en Roma, y hacemos el camino hasta el √°rea de caza a √ļltima hora de la tarde.

Estamos a finales de marzo y me sorprende ver que la primavera en las monta√Īas b√ļlgaras se halla mucho m√°s adelantada que en las espa√Īolas. Aqu√≠ las hayas y los robles tienen hojas ya bien desarrolladas, y los prados poseen hierba alta.

El verdor de todo el campo es espectacular, y deduzco que el volumen de precipitaciones es mayor. Miro y remiro infructuosamente desde el coche todas las esquinas de los prados, los bordes de las monta√Īas‚Ķ buscando alg√ļn corcito. No hay manera, y me sorprende.

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En un viaje similar en Espa√Īa los hubiese visto con toda seguridad. Al d√≠a siguiente √ć√Īigo me cuenta que ha estado haciendo exactamente lo mismo durante todo el trayecto, sin lograr ver ning√ļn corzo. Lo que no comprendo es c√≥mo los cazadores no tenemos m√°s accidentes puesto que no podemos evitar ir mirando a donde no debemos.

Nuestro int√©rprete y ch√≥fer es un muchacho joven que ha vivido varios a√Īos en Espa√Īa, e incluso ha jugado en las categor√≠as inferiores de la Uni√≥n Deportiva Salamanca. Se trata de un chico encantador y nos dice que vamos a estrenar un hotel reci√©n construido al pie de las monta√Īas.

Nos dice que es todo natural y salvaje, sin cercados ni nada por el estilo. Cuando le preguntamos por el nombre del hotel se queda un rato meditando y nos contesta: ¬ęTres tontos¬Ľ. √Āngel se da por aludido, dado que somos tres los cazadores espa√Īoles que llegamos, pero r√°pidamente nos aclara que los tres socios que lo han fundado son amigos, so√Īadores, cazadores y amantes de la naturaleza que han elegido este original nombre.

Tambi√©n nos dice que el √°rea al que nos dirigimos, cercano a la localidad de Ribarits√°, es una zona de monta√Īa muy tur√≠stica a solo dos horas de Sof√≠a, donde se pueden practicar distintos deportes al aire libre, e incluso la pesca de trucha. Ni qu√© decir tiene que llevo una peque√Īa ca√Īa de mosca y todos los enseres en el equipaje.

LA DIFICULTAD DE LA CAZA CON ARCO 

Tocan diana antes de amanecer. Embarcamos en un excelente todoterreno y nos dirigimos hacia las monta√Īas. La jornada amanece muy cubierta y con amenaza de lluvia.

Como toda arma llevo mi arco y flechas. Partimos en silencio por una senda entre robledales y hayedos, aunque lo cierto es que constituimos una comitiva numerosa que oposita al fracaso en la caza con arco.

Adem√°s del gu√≠a y el cazador, nos acompa√Īan √Āngel Hidalgo y Stiliyan con la c√°mara y el tr√≠pode. Vemos una pareja de corzos huyendo de nosotros nada m√°s salir del coche. Estamos cazando en las laderas m√°s puras de los Balcanes y agradezco que sea una caza totalmente natural, aunque un sexto sentido me dice que va a ser tan aut√©ntica que‚Ķ las posibilidades de √©xito con arco van a ser m√°s bien remotas.

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Perseguimos tirar alg√ļn corzo, que para m√≠ es probablemente la pieza m√°s complicada de cazar con arco. Si dif√≠cil es acercarte a distancia de tiro y que el animal no recele mientras abres el arco, adem√°s se da la circunstancia de que con mucha frecuencia el corzo escucha el ruido de la cuerda al soltar la flecha, mira hacia el cazador y ve venir la flecha volando, d√°ndole tiempo a retirarse y esquivarla.

Es algo que me ha pasado con harta frecuencia en Espa√Īa. Tampoco desde√Īamos las posibilidades de que se despiste alg√ļn jabal√≠ durante el rececho, y las abundantes muestras recientes que observamos durante el rececho nos hacen concebir esperanzas. Creo que el jabal√≠ es una pieza mucho m√°s accesible que el corzo para el cazador con arco.

Al cabo de un par de horas he sacado la conclusi√≥n de que estamos en un √°rea de monta√Īa muy pura en la que la abundancia de corzos es m√°s baja que en la mayor parte de las zonas que recechamos en Espa√Īa. Adem√°s de corzos hay ciervos, jabal√≠es, lobos y osos.

No se ven cagarrutas de corzos, las huellas son escasas y hay pocas zonas escodadas por los machos. A lo largo de toda una ma√Īana hemos tenido alguna posibilidad de aproximarnos a un par de ejemplares, pero no ha sido posible.

Compruebo que tienen puntos donde probablemente aportan comida a ciervos y jabalíes. También tienen una piedra de sal en un tronco de algo más de un metro de altura. Al irse diluyendo con la lluvia la piedra, la sal va cayendo por el tronco, y es frecuente que los corzos acudan a chupar la sal de la propia madera.

Después de un almuerzo copioso les pido que me lleven a alguna zona donde pueda intentar pescar alguna trucha. Me sorprende que se hallan bastante perdidos, y a pesar de ser paisanos locales no tienen ni idea de dónde puedo encontrar peces. La zona tiene un río principal con buena pinta y varios tributarios.

Me llevan a tomar un café a una zona baja del río mayor. A pesar de que es bonita y la pesco con ninfas, rápidamente me doy cuenta de que, o no hay truchas, o son escasísimas. Pesco prácticamente en un centro urbano, con lo que no descarto que estén furtiveadas y pescadas con todas las fórmulas posibles, como más tarde me confirman.

Por la tarde comienza a lloviznar, en principio suavemente, pero claramente in crescendo. Quizás el propio guía se ha dado cuenta de la dificultad de tirar un corzo con arco y me propone hacer una espera de jabalí.

Acepto encantado porque me consta que por estos lares puedes encontrar el guarro de tu vida, adem√°s de que veo m√°s probabilidades que con los corzos. El problema es que las torretas de espera est√°n pensadas para rifle y la m√°s cercana est√° a casi 50 metros de la sal, el agua y el alimento. Pero como llueve cada vez m√°s y adem√°s el gu√≠a no puede acompa√Īarme, all√≠ nos vamos Stiliyan y yo acompa√Īados de un joven muchacho.

La querencia de los animales se halla entre 40 y 50 metros, lo que me excluye la posibilidad de tirar de noche. Con el arco a esa distancia solo lo puedo hacer de día. Veo una senda a mi izquierda más cercana, e intuyo que si me entra por ella tendría la posibilidad de un tiro rápido más cercano.

Va cayendo la tarde y ya con poca luz atisbo la sombra de un cochino junto a las ba√Īas. Mala suerte, son varios y‚Ķ acompa√Īados de rayones. Tres madres comienzan a comistrajear acompa√Īadas por una legi√≥n de tostoncillos que juegan y se restriegan contra los troncos de roble.

Durante veinte minutos, y a medida que se apaga el día y arrecia la lluvia, disfrutamos viéndolos comer. Suenan fuertes truenos y nos deslumbra el fulgor de los relámpagos. Con el primero los cochinos se asustan, pero a partir de entonces renuevan su quehacer despreocupados.

En un momento dado desaparecen por completo. Pasan unos minutos y me digo a m√≠ mismo que si apareciese la sombra de un cochino solitario le voy a tirar. Es pr√°cticamente de noche, y no tiene mucha explicaci√≥n el hecho de que las hembras y los rayones hayan desaparecido s√ļbitamente. ¬ŅSer√° por la presencia de un macho?

Parece que lo he presentido. Sin luz ninguna ya, atisbo una sombra por la senda de la izquierda. El guía y Stiliyan prácticamente dormitan y como sé que estos lances tienen que ser rápidos por fuerza estoy decidido a tirar.

Abro el arco y el animal debe intuir algo raro y se para al pie de un árbol que tenía medido previamente: 30 metros. Como es de noche, antes de abrir he encendido la luz del punto de mira del arco, y en el momento de tirar… ¡se apaga ella sola! Demasiado tarde, no es momento de destensar y volver a encenderla.

Tengo el arco abierto e intuyo que el pin está bien puesto en la caja torácica del cochino. Suelto la flecha para susto y desconcierto absoluto de Stiliyan y el guía, que yo creo que ni se imaginan lo que está ocurriendo.

Tras el disparo el jabalí arranca ladera arriba en vertical, lo cual me parece un mal síntoma y no presagia que esté gravemente herido. Esperamos unos minutos y salimos a buscar. Diluvia.

En el lugar de los hechos mi potente linterna dice que no quiere trabajar y tengo que quedarme a expensas de lo que haga el guía con la suya. A los dos minutos pronuncia unas palabras en su idioma y me da con el codo. Hay sangre, bastante sangre. Intento seguirla pero el muchacho me dice que es very dangerous y no me deja.

Al momento encuentra la flecha. Casi ya no tiene sangre por la fuerte lluvia que arrecia, pero la suficiente para darme cuenta de que el animal est√° atravesado. Llama por el m√≥vil a un compa√Īero y al cuarto de hora aparece otro muchacho con un sabueso de Hannover.

Estamos empapados pero empieza el rastreo. No tenemos que avanzar ni 20 metros. Allí está el cochino muerto. Está claro que al elegir la huida cuesta arriba con un disparo letal, la muerte le ha sobrevenido mucho más cerca que si hubiese huido cuesta abajo. Alegría porque el lance no era fácil y se ha resuelto perfectamente, pero decepción porque se trata de otra cochina.

Cochino cobrado con arco en espera nocturna en pleno temporal de agua y nieve. Entró solo y Juan lo tiró intuyendo que podría ser un macho.

 

ESPERAS DE JABAL√ćES¬†

La idea era hacer una espera de cochino con rifle en la √ļltima hora del d√≠a, lo cual resulta muy atractivo. Nos han ense√Īado algunos trofeos de jabal√≠ cazados por ellos en los √ļltimos a√Īos, e √ć√Īigo ha medido uno, comprobando que se halla entre los mejores del mundo.

Sin embargo, ante el asombro del gu√≠a, comenzamos a discutir porque √ć√Īigo se empe√Īa en que √©l ya no quiere tirar m√°s por hoy y que me cede gentilmente el arma. Yo le digo que estoy encantado grab√°ndole y disfrutando tanto o m√°s que √©l, pero no hay manera.

Tras un tira y afloja me encasqueta el rifle y partimos para una torreta situada en un collado alto completamente nevado. El lugar es precioso y vemos las huellas frescas de dos lobos en la nieve. Nos dicen que frecuentan ese lugar, aumentando la emoción del aguardo.

El cebadero est√° a unos 90 metros en la nieve. Todav√≠a con algo de luz sale un cochino del monte. √ć√Īigo y yo nos echamos los prism√°ticos a la cara y decimos simult√°neamente: ¬ę¬°macho!¬Ľ.

No es grande de cuerpo, ni se le atisban navajas por fuera, pero se le ve claramente el pincel. El animal, muy precavido, rodea el comedero y camina en un arco extenso hasta que se topa con nuestro rastro. El guía, a todo esto, permanece impasible observando con los prismáticos, pero sin decir nada.

El jabalí se altera visiblemente al contacto con nuestro olor y por unos momentos no sabe si decidirse a huir en dirección a un lado u otro del collado. Al fin lo hace por el nuestro iniciando un trote ligero.

Cuando le faltan 30 metros para alcanzar el bosque el gu√≠a masculla: ¬ę¬°shoot!¬Ľ. Menuda papeleta, ni siquiera tengo el rifle en las manos. Lo cojo lo m√°s r√°pido que puedo y hago un disparo afortunado que fulmina al guarro sobre la nieve. Cuando llegamos al cuerpo observamos el tiro en el cuello, pero tambi√©n que tiene unas defensas excelentes, lo cual nos sorprendi√≥ y alegr√≥ sobremanera. Una de las navajas estaba rota, pero se trataba de un precioso jabal√≠.

Animado por el √©xito, y por lo que nos muestran las c√°maras trampa que tienen puestas por el monte, √ć√Īigo decide apostar por el jabal√≠. El gu√≠a y los gestores tienen bien controlados a los animales con c√°maras trampa dispuestas en lugares estrat√©gicos. Me comentan que a los lobos casi no los fotograf√≠an porque se asustan de la leve luz infrarroja que por la noche emite el flash de la c√°mara.

Los lobos desconfían, e incluso apenas pasan ya por ese lugar durante el día. Algo parecido les ocurre a los osos, aunque tienen algunos vídeos y fotos de osazos espectaculares.

Los grandes cochinos son probablemente la mayor atracci√≥n de los cazadores en estas zonas agrestes: √ć√Īigo midi√≥ el trofeo que nos muestra, comprobando que se trata de uno de los mayores del mundo

Pero quiz√°s lo que m√°s nos impresionaron fueron las fotos de los cochinos gigantes.

Ello, unido a los trofeos de jabal√≠ que ellos mismos ten√≠an cobrados en los √ļltimos a√Īos, nos hizo ver que lo m√°s atractivo pod√≠an ser los cochinos.

También se cobran grandes venados en berrea: ciervos europeos de pocas puntas pero de un grosor y un peso descomunales.

√Āngel llevaba dos d√≠as intentando tirar un corzo con rifle en rececho

. Da idea de la relativa escasez de los mismos el hecho de que en dos jornadas no consiguiese tirar.

Yo el tercer día intenté pescar en el arroyo que pasaba justamente por el hotel, haciendo bingo.

Despu√©s de haber buscado truchas a varios kil√≥metros sin √©xito, resulta que en la puerta de casa las hab√≠a, y de un tama√Īo algo superior a lo que esperaba.

Se trataba de un regato peque√Īo y bastante crecido de agua, que supuse que en verano casi se secar√≠a y por tanto no tendr√≠a truchas, o de haberlas ser√≠an muy peque√Īas.

Pero me llev√© gratas sorpresas con el tama√Īo. Las primeras que pesqu√© con ninfas las liber√©, pero √ć√Īigo me dijo que le har√≠a ilusi√≥n cenar trucha.

Parece que la idea no disgust√≥ a √Āngel, que al rato me pidi√≥ otra. Al final llevamos una para cada uno y otra para Stiliyan, y la verdad es que bien fritas resultaron deliciosas.

Esa misma noche √ć√Īigo consigui√≥ un buen cochino en espera, grande de cuerpo y bonito de defensas, aunque no un gran trofeo.

El √ļltimo d√≠a acompa√Ī√© a √Āngel, que consigui√≥ su corzo, un bonito ejemplar en un entorno de monta√Īa envidiable. El lugar me produjo una excelente impresi√≥n.

Había cazado en Bulgaria previamente pero en finca cercada y en circunstancias diferentes. Sin duda esa zona de los Balcanes es uno de los santuarios más agrestes y de caza auténtica que quedan en Europa. Linda con el Parque Nacional de los Balcanes Centrales, que tiene nada menos que 72.000 hectáreas y poblaciones florecientes de osos, lobos, rebecos y otras especies.

Espor√°dicamente se cazan osos y alg√ļn lobo, de acuerdo a los permisos concedidos por la Administraci√≥n, y quitan el hipo los grandes cochinos e incluso los venados. Si a ello unimos que la estancia en el hotel Tres Tontos fue superlativa‚Ķ pensar√≠a, creo que sin riesgo de equivocarme, que hay altas probabilidades de que regrese.

Juan Delibes 

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