4 errores frecuentes en las esperas y 4 consejos para corregirlos
3 mayo, 2018 Trofeocaza . 2395 Visualizaciones

Caza mayor nacional

4 errores frecuentes en las esperas y 4 consejos para corregirlos

Las esperas no tienen un término medio, o gustan o no gustan. El que nos aficionemos a ellas depende de la suerte y del éxito en los primeros intentos; pero también de saber cómo solventar los muchos errores que cometeremos hasta conocerlos, solucionarlos y llegar a dominar la técnica requerida para triunfar.

DOMINAR EL AIRE

La frase: ¬ęEs de tontos hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes¬Ľ es de Albert Einstein y explica a las mil maravillas el principal defecto de los esperistas cuando comienzan a practicar esta modalidad.

Hace varias temporadas decidí hacer un puesto en un lugar que, en principio, parecía tener buenas condiciones para las esperas. Era una explanada de olivos perdida, rodeada por un pinar y varios bancales de olivos cultivados más altos, a la que los jabalís bajaban desde ellos.

Tras colocar ma√≠z los jabal√≠s pronto hicieron acto de presencia y comenzaron a llevar el puesto, tardando muy poco tiempo en dejar un ruedo de tierra y polvo rodeando el bid√≥n. La cosa parec√≠a prometer y me hice el puesto, primero en una peque√Īa caseta cerrada a nivel del cebadero que los jabal√≠s llevaban a diario. Creyendo que los resultados llegar√≠an pronto, comenc√© las esperas y una tras otra fueron todas un fracaso.

Los jabalís entraban casi todas las noches, pero precisamente las noches en las que yo permanecía de espera no aparecían. Decidí dejar el coche más lejos por si oían el ruido del motor al llegar, probé varias estrategias más, pero la cosa continuó igual hasta final de temporada. A la temporada siguiente decidí cambiar mi puesto alejándolo más, pero todo continuó igual y los jabalís entraban siempre menos cuando yo estaba en el puesto.

Pensé entonces que estaba haciendo siempre lo mismo, mantener el puesto al mismo nivel del cebadero en la parte baja y que por esa regla no podía esperar que los resultados cambiasen. Probé a ponerme una noche en uno de los bancales altos junto a un bajador por el que los jabalís entraban; el resultado fue inmediato, en la segunda espera conseguí cazar el primer jabalí que, como estaba previsto, entró sin titubear. A las pocas noches conseguí el segundo, un macho que sin ser una maravilla tenía una boca merecedora de tabla. Había dado con la solución.

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Si tener en cuenta el aire es importante en cualquier modalidad de caza y con cualquier especie, en el caso de las esperas y el jabalí esta cuestión se vuelve prioritaria.

El problema de este puesto era que, al estar en un punto bajo, el aire creaba remolinos que llevaban mi olor a los jabal√≠s que entraban desde los lugares m√°s altos que el m√≠o, en los que estaban encamados. A menudo este es uno de los problemas m√°s frecuentes y complicados de solucionar seg√ļn la naturaleza de los puestos.

Siempre es preferible estar en lugares altos en los que el aire no les dé y desde los que podamos tener una visión lo mejor posible de los alrededores del cebadero.

Un puesto que en principio puede parecer bueno deja de serlo si no tiene un lugar donde colocarnos sin darles el aire. Lo mejor en estos casos es desecharlo y buscar otro.
Aun así, el aire, aunque suela venir la mayoría de las veces desde el mismo sitio, hay veces en que cambia y se nos vuelve en contra.

Es frecuente en ocasiones que los jabal√≠s nos entren por detr√°s o por un lateral y que nos huelan, mostrando una actitud un tanto desafiante intentando con sus bufidos que nos vayamos. En estos casos es bueno tener un plan B y tener otro puesto en el que colocarnos seg√ļn la direcci√≥n del viento. Aqu√≠ interviene otro punto muy importante: conocer las inmediaciones del puesto y los entraderos de los jabal√≠s.

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CONOCER LA ZONA Y LOS ENTRADEROS

Siempre que elijo un puesto para las esperas hago una inspecci√≥n por la zona. Aprovecho para ello una ma√Īana en la que, sin prisas, recorro los alrededores buscando rastros, viendo los canilleros por los que los animales deambulan en sus andanzas nocturnas, los posibles encames y dem√°s cosas que me puedan aportar informaci√≥n para decidir d√≥nde ponerme, como rascaderos, ba√Īas, etc.

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Otra se√Īal frecuente en las inmediaciones del puesto son los rascaderos que los jabal√≠s tienen en algunos pinos, como el de la imagen

Normalmente los entraderos siempre los vamos a tener delante de nosotros o en los laterales del cebadero.

Esto es así la mayoría de las veces; pero a veces, los más resabiados nos entran por detrás dándonos la vuelta.

En estos casos siempre les damos el aire, como hemos comentado anteriormente, y se quedan parados bufando y gru√Īendo para invitarnos a salir del puesto.

Alguna vez los he tenido a pocos metros de mi espalda, en una situación que pone los pelos de punta; lo mejor es siempre permanecer quietos para no delatarnos más de lo que lo hace el aire, al ver que no nos convence será él el que abandonará el lugar y posiblemente vuelva otra noche.

Ante esto nos quedan varias opciones:

– Si el entradero lo permite, es cerrarlo con alg√ļn tronco o rama grande tumbada que impida el paso. Esto es mejor hacerlo, siempre que se pueda, fuera de temporada ya que es una acci√≥n un tanto agresiva y el animal puede recelar al principio y dejar de entrar.

РOtra opción, complementaria de la anterior, es cerrar el puesto por detrás para impedir meterles el aire. Lo podemos hacer con unas varillas de ferralla y moqueta que luego disimularemos camuflándolas.

Si la temporada está empezada es mejor pensar en cambiar nuestra ubicación buscando otra alternativa.

Esto me ocurrió hace dos temporadas. En las dos primeras esperas los jabalís cogieron la costumbre de entrarme por el monte a mi derecha a pocos metros de mí. No di lugar a que ocurriera una tercera vez y habilité otro puesto alternativo en el lado opuesto, que luego ha pasado a ser definitivo. A partir de ese momento disfruté viéndolos entrar confiados por el mismo lugar y bajar hasta el bidón antes de disparar.

El puesto ha terminado siendo el definitivo y los jabalís abatidos desde él dan muestra de su eficacia y del acierto en el cambio.

CONOCER LAS DISTANCIAS DE TIRO

En todos los puestos que tengo o he tenido mido siempre con un telémetro la distancia al cebadero y a los entraderos o puntos en los que se puede dar la circunstancia de tener que disparar.

Muchos esperistas piensan que, como con el rifle se puede hacer blanco a distancias largas, hay que colocar el cebadero lejos de nuestro puesto. Oigo decir muchas veces que disparan a 150 o 200 metros… Me parece una salvajada, y no digo con ello que no se pueda hacer, pero de noche dudo mucho de la eficacia de estos disparos que de día no deben suponer un problema.

Hay que pensar que la oscuridad de la noche dificulta el disparo, aunque a veces para otras cosas suponga una ventaja. Disparar entre luces o con la luz de la linterna a distancias largas es muy complicado.

Las distancias de tiro en las que me gusta moverme est√°n siempre entre los 50 y 70 metros, aunque pueda tener puntos que lleguen a los 100 en casos extremos. Prefiero hacer que el animal se ponga en estas distancias antes que disparar a distancias mayores en la que lo m√°s normal es errar el tiro.

A estas distancias es mejor tener el visor centrado a 0 a 100 metros en vez de, como muchas veces lo hacemos, 4 o 6 cm por encima del 0. El motivo es que dentro de la gama de distancias entre 50 y 100 metros la variaci√≥n puede ser, a 50 metros, de menos de un cent√≠metro por debajo del 0. Esta m√≠nima diferencia nos va a permitir disparar con mucha precisi√≥n en condiciones complicadas y a animales, como el zorro, que ofrecen un blanco mucho m√°s peque√Īo que un jabal√≠.

Si adem√°s nuestro visor cuenta con una torreta de altura que permita una puesta a 0, podremos subir lo necesario para elevar el 0 si cambiamos de modalidad de caza y necesitamos tenerlo centrado a mayor distancia.

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ORGANIZAR EL PUESTO

errores-esperas-puestoOtra buena práctica es la de tener el puesto organizado de forma que tengamos lo necesario a mano y sepamos dónde está cada cosa. Con ello evitaremos andar buscando en la oscuridad la linterna, las gafas, el monocular o cualquier otra cosa que vayamos a necesitar.

Alguno puede interpretar esto como una manía o una exageración; pero cuando de noche a oscuras intentamos buscar algo y no lo encontramos, hacemos ruido por tropezar con la mochila, o se nos cae el monocular nocturno que no sabemos que teníamos al lado, nos acordaremos de lo importante que es tener todo a mano y organizado.

En cualquier momento, en una espera, la tranquilidad y la monoton√≠a de la noche pueden cambiar en un segundo con el ruido de los jabal√≠s que deambulan cerca del puesto, haciendo que afloren los nervios y con ellos las posibilidades de cometer alg√ļn fallo.

Intentar tenerlo todo bien atado, aunque siempre exista una posibilidad de error, es una buena pr√°ctica si queremos salir airosos de estas situaciones, m√°xime si vamos solos y un fallo puede pasarnos una cara factura.

Roberto Coll Alcalde

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1 comentario

  1. Ramon Sancho Fuertes
    mayo 09, 15:15
    personalmente, una vez instalado tras la primera linea del bosque ,pongo delante mío un paraguas abierto verde oscuro al que le aplico las redes de camuflaje por delante. Esto me permite tener una pantalla opaca detrás de la cual puedo permitirme cierto grado de movimientos que no son percibidos desde enfrente

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