El corzo y sus par√°sitos
15 julio, 2021 Trofeocaza .

Reportajes caza mayor

El corzo y sus par√°sitos

 

El corzo es, de entre nuestras especies de caza mayor, la segunda en cuanto a extensi√≥n y √©xito demogr√°fico. Desde su m√≠nima expresi√≥n espacial a finales de la mitad de la primera mitad del S. XX, hemos pasado a su expansi√≥n a casi todos los ecosistemas aptos en Espa√Īa y Europa, siendo el ungulado que tiene el rango de distribuci√≥n m√°s amplio, llegando desde latitudes boreales a las mismas orillas del estrecho de Gibraltar. Una parte importante de este √©xito se ha debido a su situaci√≥n sanitaria. Pocos pat√≥genos compartidos, un comportamiento poco gregario, lo que no favorece los contagios, y una situaci√≥n de partida muy limpia.

Con el paso de los a√Īos, el aumento de la abundancia y ciertos comportamientos inadecuados por parte de la comunidad de cazadores, han cobrado importancia algunos par√°sitos, alterando el ritmo de crecimiento de las poblaciones de corzos en Espa√Īa y en distintas zonas de Europa.

De entre los parásitos específicos del corzo ha sido Cephenemyia stimulator el que ha cobrado mayor notoriedad, tanto por la espectacularidad de sus infestaciones como por los demoledores efectos demográficos que ha tenido en algunas zonas peninsulares y de Europa occidental.

Otros resultan menos conspicuos, pero no por ello menos interesantes para entender la evolución de la distribución de la abundancia. En concreto hay una parasitosis ocasionada por protozoos, los sarcosporidios, cuyos hospedadores definitivos son los vertebrados carnívoros. La intensidad de la parasitación de nuestros corzos tiene un enorme paralelismo con la distribución y densidad de depredadores clave como el lobo.

Otros parásitos están cobrando interés, si bien los efectos en las poblaciones no son relevantes, al menos en las condiciones actuales. En concreto ha sido importante el hallazgo de que un parásito propio de los ciervos ha realizado un salto de especie afectando a algunos corzos.

Se trata de Hypoderma actaeon, que durante la caza invernal de las corzas est√° causando una honda preocupaci√≥n en buena parte de Sistema ib√©rico. Discriminar si se trata de este par√°sito o de su pariente pr√≥ximo H. diana solo est√° al alcance de verdaderos especialista en entomolog√≠a parasitaria. Ambas especies se han diagnosticado en Espa√Īa.

 

La mosca de la nariz del corzo: Cephenemyia stimulator.

Dibjo corzo con Cephenemyia

Garganta de corzo totalmente infectada por las larvas de Cephenemyia stimulator

 

Este d√≠ptero tiene una amplia distribuci√≥n en Europa, encontr√°ndose en un episodio de franca expansi√≥n. Son recientes las comunicaciones de los primeros casos en el Reino Unido, Dinamarca o Suecia, que al igual que en Espa√Īa, no conoc√≠an su existencia previa.

El incremento de su rango espacial tiene que ver tanto con el cambio clim√°tico, como con el aumento de la movilidad de personas y mercanc√≠as. La introducci√≥n en Espa√Īa estuvo ligada a la llegada irregular de corzos portadores del par√°sito.

El movimiento de animales vivos es un grave problema de seguridad sanitaria, como recientemente se ha demostrado en la aparici√≥n del brote de peste porcina africana en B√©lgica, donde se introdujo con jabal√≠es infectados procedentes del este de Europa. La cefenemiosis est√° ocasionando serios problemas demogr√°ficos en los corzos de ciertas partes de Espa√Īa, como se ha constatado en Asturias, Galicia, Le√≥n y Cantabria, donde las poblaciones corceras se han visto reducidas hasta en el 80% de sus efectivos en los 10 a√Īos siguientes a la detecci√≥n de primer brote.

 

El efecto sobre los corzos.

Las moscas hembras de Cephenemyia, al acercarse a los corzos para depositar las larvas, les causan estrés e inquietud, lo que interfiere negativamente sobre la ingestión y absorción de alimentos.

No obstante, en zonas endémicas se ha observado un cambio en el comportamiento de los corzos, evitando los espacios abiertos en las horas en que las moscas presentan mayor actividad de vuelo y alimentándose en zonas con mayor cubierta vegetal.

Cuando detectan la presencia de las moscas, y para evitar que estas depositen las larvas L1 alrededor de sus ollares, los corzos se defienden bajando y sacudiendo la cabeza, estornudando, coceando e incluso emprenden largas carreras y saltos.

La presencia de los diferentes estados larvarios de C. stimulator en las vías respiratorias altas origina sinusitis, estornudos, descarga nasal, tos, disnea y problemas de deglución. Además, si la intensidad de la infestación es elevada, puede producir la muerte de los animales.

No obstante, la gravedad del proceso est√° √≠ntimamente ligada al n√ļmero de larvas que alberguen los individuos, calcul√°ndose que entre 30 y 80 larvas producen efectos muy negativos en la supervivencia de los corzos, ya que en estas cantidades los animales presentan una pobre condici√≥n corporal, debilidad, apat√≠a y escasa vitalidad.

Corzo con larva

La elevada tasa de mortalidad de las zonas de estudio ha originado el descenso del n√ļmero de capturas y del tama√Īo de los trofeos

Las larvas van aumentando de tama√Īo, lo que produce un incremento de volumen de los sacos far√≠ngeos y lesiones por los ganchos cef√°licos de las larvas.

El cambio de tama√Īo llega a ser de aproximadamente 500 veces. En los corzos intensamente infestados por C. stimulator, las larvas se agrupan en forma de pi√Īa; la parte anterior de la larva se fija en el interior de la foseta y el extremo posterior se orienta hacia la apertura del receso.

Ocasionalmente, se produce aspiración de las larvas de C. stimulator desde los recesos faríngeos al pulmón, produciendo una neumonía que ocasiona la muerte del animal.

 

La importancia de Cephenemyia stimulator en la caza del corzo.

La bibliograf√≠a cineg√©tica espa√Īola no recoge ninguna descripci√≥n hist√≥rica de esta afecci√≥n en los corzos, en tanto que s√≠ lo hace de otra similar que se produce en los ciervos. Puede ser fruto de nuestra secular desatenci√≥n al corzo o puede ser que en efecto haya sido una enfermedad ausente en Espa√Īa durante un largo periodo de tiempo. En todo caso s√≠ da la impresi√≥n de que el par√°sito ha ejercido en esta especie, en todo su rango de distribuci√≥n, una importante influencia.

En especial, parece que el comportamiento que tanto incomoda al cazador primaveral de corzos, ese hacerse invisible y frecuentar la espesura durante las horas de luz desde mayo a octubre, bien pudiera deberse a la presión ejercida durante milenios por el díptero, de forma, que incluso ausente, los corzos tienden a conservar la estrategia vital de evitar exponerse al vuelo de las moscas dispuestas a infestarles durante las horas de luz en la fase de vuelo de los insectos adultos.

Con la aparici√≥n del par√°sito este comportamiento se acent√ļa de forma m√°s que notable, resultando una tarea casi imposible el dar vista a los corzos desde el mes mayo en las zonas afectadas. La elevada tasa de mortalidad detectada en la mayor√≠a de las zonas de estudio ha originado tambi√©n el descenso del n√ļmero de capturas y del tama√Īo de los trofeos.

Las poblaciones remanentes est√°n constituidas por ejemplares j√≥venes, y necesitan algunos a√Īos tras su recuperaci√≥n para poder expresar adecuadamente su capacidad para proporcionar cuernas que tengan valor de trofeo.

La abundancia de corzos previa al brote epidémico descrito ha sido, sin  lugar a dudas, una circunstancia que ha favorecido la extensión y agudeza del mismo. Con menos corzos y en mejores condiciones de salud es probable que el efecto de la epidemia hubiera sido de menor importancia, de ahí que insistamos en llevar una gestión razonable de esta especie, con el fin de prevenir nuevas recaídas.

Igualmente, y con el fin de evitar la extensión del proceso a territorios distantes, es necesario considerar la adopción de algunas cautelas en el traslado de los trofeos obtenidos en las zonas afectadas. Dado que en la temporada de caza es previsible que las L3 estén próximas a pupar, sería recomendable el traslado de las cabezas congeladas o previamente cocidas, de manera que las larvas hayan muerto.

 

La sarcosporidiosis, un tercero interesado entre corzos y lobos.

La sarcosporidiosis es la enfermedad parasitaria ocasionada por distintas especies de protozoos del g√©nero Sarcocystis. Este pat√≥geno tiene un complejo ciclo biol√≥gico, siendo su hospedador definitivo un carn√≠voro en el que por lo general no ocasiona ning√ļn efecto pernicioso, y un hospedador intermediario, generalmente un ungulado, en el que s√≠ es capaz de originar efectos nocivos.

Nuestros corzos est√°n demostrando ser un hospedador intermediario competente y preferente para al menos tres especies de sarcosporidios. En los trabajos que ha venido desarrollando INVESAGA en los √ļltimos veinte a√Īos se ha comprobado un progresivo aumento de la prevalencia (porcentaje de animales infestados) as√≠ como de la intensidad (cantidad de par√°sitos por unidad de muestra).

Los sarcosporidios han demostrado su poder pat√≥geno ocasionando casos de deterioro org√°nico al afectar a √≥rganos como el coraz√≥n, ri√Ī√≥n o cerebro. Hay hallazgos de corzos j√≥venes que han muerto por el efecto de quistes masivos.

Se cree también que el deterioro favorece la depredación, algo que tiene lógica si tenemos en cuenta que el parásito necesita que un carnívoro consuma los quistes para lograr cerrar el ciclo.

Por los trabajos de nuestro grupo de investigación sabemos que la tasa de incidencia en los lobos se ha incrementado en paralelo a lo que está pasando en los corzos, lo que viene a coincidir con lo descrito en un reciente trabajo de revisión sobre el impacto de la expansión del lobo en Europa en la prevalencia e intensidad de esta enfermedad en los ungulados silvestres.

Grupo de corzos

 

Merced al trabajo de colaboraci√≥n con la Asociaci√≥n del Corzo Espa√Īol, se comprueba que esta enfermedad es m√°s relevante en los corzos que viven en las regiones en las que los lobos son abundantes o se est√°n expandiendo, en tanto que en aquellas en las que los lobos no est√°n presentes es de escasa o nula relevancia.

Este hecho abunda en la idea de que la sarcosporidiosis en el los ungulados silvestres depende m√°s de la existencia de depredadores clave, como el lobo, que de los mesodepredadores, como el zorro. Estos √ļltimos, en los que tambi√©n se cierra el ciclo biol√≥gico tienden a depredar en animales con un menor n√ļmero de quistes, como es el caso de las cr√≠as de corzo en sus primeros d√≠as de vida, frente a lo que hacen los lobos.

Queda por conocer el mecanismo íntimo que origina la curiosa relación depredador -parásito- presa, bien estudiada en otros protozoos emparentados, como Toxoplasma gondii, en el que se ha comprobado que el parásito modifica la relación de algunos neurotransmisores en el hospedador intermediario lo que favorece el éxito del toxoplasma.

 

Oportunidades para la mejora de los procesos parasitarios.

De forma recurrente, cazadores y gestores, nos preguntan sobre la posibilidad de establecer alguna terapia que mejore o erradique la situaci√≥n parasitaria de la fauna silvestre. Debemos reconocer que en el mercado existen tratamientos capaces de controlar estos par√°sitos pero a la vez hay que se√Īalar que el tratamiento farmacol√≥gico de los corzos en libertad no es posible ni deseable.

En el mejor de los casos tan solo retrasar√≠a lo inevitable, supondr√≠a a√Īadir un problema serio de residuos en la carne de caza y otro de contaminaci√≥n ambiental, por no mencionar el desarrollo de resistencias a los f√°rmacos de inter√©s m√©dico o veterinario. Las experiencias realizadas en el este de Europa no han sido alentadoras en este sentido. Los logros han sido exiguos y no justifican su uso en ning√ļn caso. Adem√°s con la norma espa√Īola sobre uso racional del medicamento veterinario no se aprecia un encaje legal para su utilizaci√≥n.

Lo mejor que podemos hacer como cazadores es contribuir a que las especies bajo nuestro control tengan un crecimiento ordenado, tanto en n√ļmero de efectivos como en distribuci√≥n de sexos y edades, mediante la redacci√≥n de planes de caza correctos y su adecuada consecuci√≥n, a la vez que contribuimos con planes de seguimiento sanitario como los desarrollados por la Asociaci√≥n del Corzo Espa√Īol.

Por √ļltimo indicar que estas afecciones parasitarias no afectan a la aptitud de la carne de los animales cazados, de modo que es perfectamente consumible.

 

 

Gerardo Pajares Bernaldo de Quirós y Patrocinio Morrondo Pelayo

Doctor en veterinaria (INVESAGA) y Catedr√°tica del √°rea de patologia Anmal (USC. INVESAGA)

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