Cacerias de gansos y patos en los cinco continentes
20 noviembre, 2016 Trofeocaza . 4132 Visualizaciones

Caza menor internacional

Cacerias de gansos y patos en los cinco continentes

De la mano de Pablo Capote recorremos los principales destinos del mundo para cazar gansos y patos con el objetivo de conocer las características de estas grandes anátidas y rememorar aquellas inolvidables jornadas cinegéticas repletas de divertidas anécdotas y de lances inolvidables con estas aves como protagonistas.

CACER√ćAS VARIOPINTAS DE GANSOS Y PATOS

Seguramente el hecho de haber nacido en Espa√Īa haya tenido mucho que ver en la fascinaci√≥n que he sentido siempre por las acu√°ticas. Sin duda vivimos en un pa√≠s sobresaliente en cuanto a la cantidad y variedad de an√°tidas que pueblan sus aguas, tanto sedentarias como migratorias. La Pen√≠nsula Ib√©rica es un lugar de refugio invernal ideal para estas aves debido a su ubicaci√≥n y clima. Pero los cazadores espa√Īoles tenemos m√°s dificultades en hacernos con un pato salvaje que otros cazadores en otras partes del mundo menos privilegiadas. Los pateros de mi generaci√≥n hemos sido testigos de c√≥mo en los √ļltimos a√Īos las limitaciones y prohibiciones en relaci√≥n con la caza de acu√°ticas han ido en aumento, y recuerdo con nostalgia los tiempos en los que ten√≠as a tu disposici√≥n varios humedales libres para cazar acu√°ticas y bastaba con echar la Zodiac y los cimbeles al coche para preparar una tirada.

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la expedición al completo en una de las salidas a los picazos, que tuvimos la suerte de aderezar con unos pecaríes.

La caza de aves migratorias en puesto fijo tiene un encanto especial. Pensar de dónde pueden haber venido, la incertidumbre de los resultados y el trabajo requerido para tener exito la convierten en una de las modalidades de caza más auténticas y puras. Otro aliciente es la variedad de especies distintas con las que uno se puede encontrar. Una caza ideal para el cazador naturalista.

Dice Eduardo Aranzadi, con el que he compartido alguna cacer√≠a de becacinas cuando se pod√≠a, en el pr√≥logo de ‚ÄúGansos y Patos. Gu√≠a de especies de inter√©s cineg√©tico del mundo‚ÄĚ, que el cazador de acu√°ticas tiene fama de ser raro o estar loco. Creo que no le voy a quitar la raz√≥n con los relatos de las cacer√≠as que traigo en esta ocasi√≥n a las p√°ginas de Trofeo.

En ellas, el objetivo ha sido alguna especie de an√°tida de gran tama√Īo. No es que piense que sea mejor el pato grande ‚Äú√°nade o no √°nade‚ÄĚ, al contrario, creo sinceramente que el tama√Īo en esto no importa y seguramente cobrar una cerceta tenga m√°s enjundia que muchos de estos ‚Äúpatazos‚ÄĚ, pero ha sido una forma de agrupar bajo un denominador com√ļn estas cacer√≠as, alguna se ellas un tanto disparatada, dicho sea de paso.

Alguna de estas cacerías es al estilo de las partidas de caza que se organizaban para nutrir las salas de los museos de ciencias en siglos pasados. En ocasiones la experiencia cinegética fue de altísima calidad, en otras ha primado el fin antes que los medios. El bregar con lo desconocido, la autoorganización, la continua improvisación y lo incierto del resultado hicieron que no perdieran ese punto de aventura que algunas sin duda tienen.

Ya que en Espa√Īa es dif√≠cil cobrar un ganso, vamos a viajar al extranjero a buscar unas cuantas de estas especies.

Alguien tenía que pagar el pato.

EL PICAZO DEL CHACO PARAGUAYO, CAIRINA MOSCHATA, EL PATO M√ĀS GRANDE DEL MUNDO

Podemos encontrarlo en su versión doméstica por todo el mundo, pero en estado salvaje habita en las zonas llanas encharcadas de los bosques tropicales centro y sudamericanos.

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Con Miguelito el cocinero y su ayudante tras la primera salida.

El picazo o pato criollo es un pato arborícola verdaderamente grande, seguramente esa sea una de las razones por la que se le ha seleccionado y criado para el consumo. Los machos pesan casi cuatro kilos y pueden tener más de un metro y medio de envergadura, además es una interesante especie cinegética.

Hab√≠amos le√≠do que en Sudam√©rica pod√≠a cazarse el pato m√°s grande del mundo cuando prepar√°bamos un viaje de caza a Argentina. Eran los a√Īos ochenta y la caza en estos pa√≠ses estaba por explotar. No sab√≠amos de organizaciones de caza; la verdad, tampoco nos interesaba y salimos de Espa√Īa con las escopetas al hombro como quie dice, unos cuantos cartuchos y poco m√°s. En C√≥rdoba contactamos con Mario Batist√≥n, un cazador local que nos dijo que las mejores zonas de caza estaban en Formosa, al norte, en el m√≠tico Chaco, ‚Äúel impenetrable‚ÄĚ. Nada nos pod√≠a hacer m√°s ilusi√≥n conocer. Nos hicimos con unas tiendas de campa√Īa y con una pickup, y organizamos una expedici√≥n en toda regla en busca del picazo.

Una vez en Formosa contratamos a un cocinero, Miguelito, y a otro nativo del que no recuerdo el nombre, que haría las veces de conductor y ayudaría en el campamento. También se vino con nosotros, no sé bien por qué, el director de la cadena de televisión local. Alquilamos una barca y remontamos el río Pilcomayo, afluente del Paraguay, que nace en los Andes bolivianos y más al suroeste hace frontera ente Argentina y Paraguay y divide el Chaco Boreal y el Chaco Central.

En la traves√≠a hicimos algunas tiradas de patos, pescamos, nos comieron los ‚Äújejenes‚ÄĚ y los ‚Äúpolvorines‚ÄĚ, mosquitos y garrapatas para entendernos, pero ni rastro de picazos. Al fin llegamos a una extensa zona encharcada cubierta de √°rboles y matorrales espinosos anexa a una laguna de ‚Äúyuyos‚ÄĚ, o vegetaci√≥n acu√°tica, donde encontramos plumas y otras evidencias de haber estado all√≠ los picazos, y decidimos acampar y probar suerte por la ma√Īana.

Al día siguiente nos repartimos, todavía de noche, alrededor de la charca y a esperar.

Al alba, primero el sonido de las alas cortando el aire, luego unas siluetas más negras que el cielo sobrevuelan mi cabeza girando entre las copas de los árboles, sin darme tiempo a disparar. Al fin consigo encararme y tirar casi a tenazón sobre uno, y tras el tiro, oigo el chorreo de perdigones que impactan en su pechuga, el crujido de las ramas rotas por el cuerpo inerte del ave en caída libre y el chapotazo al estrellarse contra el suelo encharcado. Después de varios días de duro viaje, de vivir en remojo y otras penurias a cientos de kilómetros de la gente normal, consigo abatir un picazo. Tras unos minutos contemplándolo a la luz de la linterna, el paso siguiente es importante. No tenemos cimbeles, así que hay que improvisar uno apuntalando con ramitas el cadáver del pato muerto y así ir colocándolos a medida que van cayendo.

Pasamos varios d√≠as por la zona cazando picazos y otras especies, entrando y saliendo de varios pa√≠ses, recorriendo ramales laber√≠nticos del r√≠o que bi√©n pod√≠a haberse llamado igual que el uruguayo ‚ÄúSalsipuedes‚ÄĚ, acampando donde mejor nos parec√≠a y comiendo de lo que cobr√°bamos.

Otro aliciente era la libertad de cazar con pocas restriciones, leyes como las autonómicas podrían habernos llevado a situaciones absurdas:

-¬ŅSabes si la yaguasa cariblanca se puede cazar en Bolivia? Porque seguimos en Bolivia, ¬Ņno?

-No, la orilla izquierda es Paraguay; si pasa alguna tírala en la margen derecha, que en Argentina se puede seguro.

Aunque queríamos cazar y pescar también en los Andes y la Patagonia, no había prisa, teníamos un mes para hacerlo. Pero uno de los días una espina de un palmo atravesó mi bota y casi mi pie, y sin la posibilidad de desinfectar, ni siquiera limpiar la herida, y tras varios días empapada sin ver la luz, acabó infectándose seriamente, lo que nos obligó a trasladarnos por precaución a una zona más civilizada, ya que llegado el caso el más cualificado para amputar un pie era Miguelito.

NO CONFUNDIR CON EL CREST√ďN

En algunas zonas de Argentina llaman picazo al crest√≥n (Netta peposaca), un pato tambi√©n de alto valor cineg√©tico pero que no tiene nada que ver con √©ste. El crest√≥n es pariente del pato colorado (Netta rufina) y, aunque de colorido af√≠n al picazo (tambi√©n urraco), es una tercera parte del tama√Īo de √©ste, como un azul√≥n de grande. Adem√°s no es un pato arbor√≠cola y ocupa otros h√°bitats de aguas abiertas en lagunas, esteros y r√≠os.

EL GANSO DE ESPOLONES, PLECTROPTERUS GAMBENSIS, EL QUEENMERY DE LAS AN√ĀTIDAS

El ganso m√°s grande de √Āfrica ciertamente es de un tama√Īo colosal. Oriundo del √Āfrica subsahariana, los machos alcanzan f√°cilmente la altura de un metro y casi dos de envergadura y pueden pesar entre seis y siete kilos. El ganso de espolones debe su nombre a las u√Īas que luce en el hueso carpiano del ala. Su nombre cient√≠fico tambi√©n alude a esta caracter√≠stica: ‚Äúplectron‚ÄĚ significa en griego espol√≥n de gallo; ‚Äúpterus‚ÄĚ, alado; y ‚Äúgambensis‚ÄĚ, de Gambia.

Caza menor reportajes internacional de ganso y patos en los cinco continentes Ganso de espolones

El ‚Äúurrac√≥n‚ÄĚ del relato. A la derecha, el aut√©ntico ganso urraco (Anseranas semipalmata), oriundo del norte de Australia, que no tiene nada que ver con el de Gambia. Este no llega a los tres kilos y es el √ļnico miembro de la familia Anseranas, de ‚Äúanser‚ÄĚ (ganso) y ‚Äúanas‚ÄĚ (pato).

Su vuelo es lento y no muy √°gil, y aunque su car√°cter es bastante receloso, se puede sorprender a primera hora de la ma√Īana o al atardecer, cuando vuela entre el dormidero y la zona elegida para alimentarse, que suelen ser pastizales, siembras o riberas de vegetaci√≥n acu√°tica.

Cazar un ganso de Gambia no era en principio el objetivo del safari en el que me encontraba, en el que and√°bamos detr√°s de algunos ant√≠lopes en la ribera de un r√≠o sudafricano. Acab√°bamos de cobrar un duiker cuando vimos uno de estos gansos en una curva del r√≠o. Mi anfitri√≥n era un soldado de fortuna curtido en todas las guerras de la zona, que hab√≠a acabado all√≠ como cazador despu√©s de su √ļltima misi√≥n. Me contaba con detalle y con toda frialdad c√≥mo mataba soldados cubanos acech√°ndolos desde un √°rbol en la guerra de Angola, y resulta que no entend√≠a que yo quisiera hacerme con aquel pajarraco. A m√≠ sinceramente me atra√≠a m√°s el ‚Äúurrac√≥n‚ÄĚ aquel que los impalas y los √Īus, quer√≠a examinarlo, hacerle fotos y si era posible guisarlo y com√©rmelo. Ante mi insistencia accedi√≥, al fin y al cabo era una pieza cineg√©tica, y como caza mayor que era lo cobramos tras un corto rececho de un tiro en el codillo.

LA ‚ÄúAVUTARDA‚ÄĚ O GANSO DE MAGALLANES, CHLOEPHAGA PICTA, CAUQUENSES PATAG√ďNICOS

Conocidos vulgarmente como avutardas, nombre dado por los primeros colonizadores espa√Īoles por su colorido y barrado similar, su peso es de unos dos kilos en el caso del cauqu√©n colorado (C. rubidiceps), dos y¬† medio el cabeza gris (C. poliocephala), y unos tres el mayor (C. picta).

Caza-menor-reportajes-internacional-cacerias-de-gansos-y-patos-en-los-cinco-continentes-20Se cazan de forma similar que a los gansos en Europa, siluetas o cimbeles colocados en las querencias y puestos cavados o con redes de camuflaje, aunque su comportamiento es m√°s inocente y su vuelo m√°s lento. Esto, unido a que fue declarado plaga a principios del siglo pasado y a la alteraci√≥n de su h√°bitat, ha llevado en las √ļltimas d√©cadas a una disminucion dr√°stica de las poblaciones de las tres especies mencionadas, sobre todo la del colorado y a la prohibici√≥n de su caza en distintos puntos de su √°rea de distribuci√≥n.

CISNE CUELLO NEGRO, CISNE CUELLO BLANCO…ALEGR√ćA Y LLANTO

Hubo una época en la que ser blanco y bonito no era óbice para no llevarse un tiro y este cisne fue perseguido por su carne y sus apreciadas plumas.

El cisne de cuello negro (Cygnus melancoryphus), a pesar de ser el representante m√°s peque√Īo de la familia de los Cygnus, es con su metro veinte de alzada y sus siete kilos de peso la mayor an√°tida de Sudam√©rica y en otro tiempo objetivo del cazador.

Era la primera vez que visitaba el continente sudamericano y llevaba unos días cazando acuáticas en unos esteros, sin salir de mi asombro ante la cantidad y variedad de anátidas que entraban en los puestos. No recuerdo cuál era el cupo de patos, creo que veinticinco, pero sí que solíamos dejar alguno de reserva para cazar las orillas de las lagunas en mano.

El conocer nuevas especies para fotografiarlas, coger plumas para pescar y probar su carne siempre ha primado antes que cazar grandes cantidades.

Hab√≠a tenido la oportunidad de ver alg√ļn cisne y ten√≠a la intenci√≥n de cobrar al menos uno, y una ma√Īana se present√≥ la ocasi√≥n. Cazando las orillas de una laguna grande, vi uno nadando en el centro de la misma. No hab√≠a muchas opciones y decid√≠ intentar tirarlo con las dos balas que ten√≠a preparadas para alg√ļn pecar√≠ o carpincho distra√≠do. As√≠ que cargu√© los dos ca√Īones y rodilla en tierra apunt√©, levant√© un poco el tiro y dispar√© el ca√Īo derecho. El cisne se encontraba m√°s lejos de lo que pensaba y la bala, a pesar de la correcci√≥n, qued√≥ corta, aunque al ir muy rasa hizo la rana y pas√≥ botando un par de palmos a la izquierda del ave, que ante mi asombro segu√≠a nadando indiferente. Tras el moment√°neo desconcierto volv√≠ a apuntar y… ¬°fuego el dos! Pum, y se repitieron los hechos, pasando la bala botando esta vez al lado derecho del cisne, que ni siquiera mir√≥ en mi direcci√≥n, quedando as√≠ demostrado que mi paralela no lo era tanto como yo cre√≠a. Si hubiera tirado con una superpuesta seguro que no faltar√≠an plumas blancas para que montaran moscas varias generaciones de mis descendientes.

COMÚN, CARETO Y PIQUICORTO, ANSER ANSER, A. ALBIFRONS Y A. BRACHYRBYNCHUS, ALGUNOS GANSOS DEL VIEJO MUNDO

Los √°nsares son las mayores an√°tidas indoeuropeas con un peso de entre dos kilos y medio que tiene el piquicorto a los m√°s de cuatro que pesa el com√ļn, y con una envergadura de que va de uno veinte a uno setenta metros.

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Recogiendo las siluetas después de terminar una tirada en Grenlaecur.

Siempre recordar√© cuando de ni√Īo los ve√≠a pasar en formaci√≥n en ‚ÄúV‚ÄĚ sobrevolando la sierra de Guadarrama emitiendo su trompeteo caracter√≠stico y, aunque me da la sensaci√≥n de que esto es cada vez menos frecuente, al parecer sus poblaciones a nivel internacional siguen en aumento, al menos as√≠ me consta que era hace unos a√Īos, cuando un amigo island√©s, Arni Baldusson, nos invit√≥ a un grupo de tres cazadores a cazarlos y pescar en su pa√≠s.

El cultivo de cereales y la prohibición de la venta de carne de ganso en las Islas Británicas, que es donde inverna la gran mayoría de los gansos islandeses, parece que fue la causa de este aumento de la población en la isla.

La caza de gansos en Islandia es barata, los propietarios de las tierras suelen mostrarse encantados de que se reduzca el impacto que estas aves tienen en sus cosechas y, desde mediados de agosto en el caso del ganso com√ļn y piquicorto y un poco m√°s tarde, el uno de septiembre en el caso del careto grande y la barnacla cariblanca, se pueden hacer incre√≠bles tiradas.

La mejor √©poca es cuando aprieta el fr√≠o a mediados de septiembre y se congelan o se cubren de nieve los ar√°ndanos que sirven de alimento a los gansos del interior de la isla, sobre todo piquicortos, tambi√©n llamados de monta√Īa. Esto les obliga a desplazarse a las zonas de cultivo cerca del litoral, donde se concentran as√≠ muchas aves de tres o cuatro especies antes de migrar hacia el sur.

Nos desplazamos por el país en la furgoneta de Arni, una especie de camión acondicionado para la vida en el hielo, buscando buenos lugares de pesca de salmón y reo principalmente, y aprovechamos los amaneceres y la caída de la tarde para cazar gansos en tierras cercanas. Esto nos obligaba a movernos con agilidad y rapidez para poder cambiar de cazadero sin impedimentos, por lo que cargábamos cada uno solo con lo imprescindible: unas cuantas siluetas a modo de cimbel, un reclamo de boca y una red de camuflaje que nos ahorraba tener que cabar puestos, así como los vadeadores de pesca, ya que una masa vegetal esponjosa y saturada de agua cubría el suelo.

Los resultados, sin ser los que se conseguirían dedicando todo el tiempo y esfuerzo a la caza, fueron más que suficientes, cobrando de media doce o quince gansos de tres o cuatro especies por salida entre tres o cuatro escopetas.

Coincidiendo con la llegada del fr√≠o, est√°bamos pescando reos en Grenlaecur, una especie de Do√Īana congelada en el sur del pa√≠s, una gran extensi√≥n de marismas inundadas por las escorrent√≠as de un glaciar, donde hicimos algunas buenas tiradas.

Como el trompeteo de los gansos sobre la sierra de Guadarrama, nunca olvidaré el reazo de tres kilos que pescó Perico ese día, que cocinamos y nos cenamos felices.

UNA EXPERIENCIA MANCHEGA

La vida del patero es dura. Los requisitos previos para organizar una tirada son muchos. Lo primero, tener un sitio donde ir en el que haya patos, ver las querencias, planificar las posturas y estar dispuesto a trabajar sin descanso, teniendo siempre claro que todo puede irse al traste en cualquier momento.

Un día me llamó Juan Delibes para decirme que existía la posibilidad de cazar en las orillas de un embalse que pertenecían a un coto del que era socio. Había estado cazando perdices y había aprovechado para marcar un par de puestos con el GPS.

Al fin de semana siguiente llegamos a la orilla del embalse, montamos y cargamos la barca de cimbeles y al agua patos.

El motor fueraborda de la barca de Juan tenía dos posiciones: tortuga y liebre, y para perder el menor tiempo posible accionamos la palanca con fuerza contra la liebre y nos dirigimos en línea recta, todavía de noche, hacia donde indicaba el aparato localizador. No tuvimos en cuenta que las orillas del embalse son irregulares y que entre sus reculas hay tierra firme, y efectivamente la liebre nos dirigía a toda velocidad a una ladera de piedra que se interponía entre nosotros y el primer puesto.

La noche era tan cerrada que no vimos el desastre que se avecinaba y, con la liebre a tope, tomamos tierra en la orilla a toda velocidad. El trompazo fue tremendo, aunque ni el motor ni nosotros sufrimos da√Īos. Tras meter de nuevo a tientas los cimbeles en la maltrecha barca zarpamos de nuevo, esta vez en la posici√≥n de tortuga, y conseguimos llegar a los puestos con la barca desvencijada, donde cavamos un hoyo y esperamos sin √©xito a los patos. No vimos ni uno, pero al final de la ma√Īana cambi√≥ la suerte y empez√≥ a moverse alg√ļn ave en el centro del embalse. ¬°Eran gansos!, y se dirig√≠an a nuestros puestos. Estos momentos justifican la dureza de la vida del patero. Nos entr√≥ una barra, de la que bajamos uno, y luego conseguimos mover otro grupo con la destartalada barca, del que cobramos tres m√°s.

Como decía Mikelin Flint en El  hombre tranquilo: ¡Homérico!

Texto e ilustraciones: Pablo Capote

Fotografías: Juan Delibes y autor

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