13 Consejos para cazar perdices de altura
8 enero, 2018 Trofeocaza . 4730 Visualizaciones

Caza menor nacional

13 Consejos para cazar perdices de altura

Caza al salto en alta monta√Īa

La gran dureza del terreno y las inclemencias del tiempo exigen al cazador encontrarse en un buen estado de forma para afrontar un dif√≠cil reto en el que el trabajo del perro cobra una especial importancia. A continuaci√≥n, a trav√©s de an√©cdotas y experiencias vividas, el autor nos ofrece algunas pautas y consejos para afrontar este desaf√≠o √ļnico tras las m√°s esquivas patirrojas salvajes.

Caza-al-Salto-en-alta-montana_page8_image14

Con Javier ‚ÄúFerte‚ÄĚ y Melba, en la sierra de Guadarrama. En estos cazaderos, un par de perdices es un ‚Äúperch√≥n‚ÄĚ.

Me sugiere nuestro director que escriba un art√≠culo sobre perdices, sin dejarme ni siquiera que me estrene este a√Īo. La verdad es que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa aparte de que tengo los ri√Īones en carne viva.

Tengo a una cachorrilla en custodia en casa hasta que se la mande a un amigo a los Pirineos y ha debido ‚Äėprestarme‚Äô alguna pulga. Hay que ver la guerra que dan los perros a veces. ¬ŅEscribo sobre lo da√Īino que son las sueltas de perdices de granja?

La verdad es que hace tiempo que ni pienso en ello, creo que hay que resignarse y nos podemos dar con un canto en los dientes si al menos se hace con las mínimas garantías de sanidad y de pureza genética.

A poco más se puede aspirar. Sé que es un tema que ya aburre, pero la verdad es que es, de una forma o de otra, inevitable. La forma de cazar en nuestros días está en consonancia con la sociedad industrial en la que vivimos, y motivaciones como la rentabilidad y la urgencia, que están presentes en cualquier actividad, lo están también en la caza.

Mientras me rasco el lomo como un oso contra el respaldo de la silla, pienso en los paralelismos entre la cr√≠a de perdices y la producci√≥n en cadena de las f√°bricas, y recuerdo una frase de Karl Marx, en la que advert√≠a de las consecuencias negativas de la revoluci√≥n industrial, que dec√≠a: ‚Äú(…) la producci√≥n de demasiadas cosas √ļtiles da lugar a demasiada gente in√ļtil‚ÄĚ.

Dejando a un lado si la industrializaci√≥n cineg√©tica ha provocado que los cazadores seamos m√°s torpes hoy, lo que s√≠ creo es que estamos en general m√°s insatisfechos. Ahora mismo no recuerdo ning√ļn cazador que confiese que le gusta m√°s cazar perdices de granja antes que salvajes, aunque afortunadamente, quej√°ndose o no, el 90% se dedica fundamentalmente a las de ‚Äúbote‚ÄĚ.

Caza-al-Salto-en-alta-montana_page8_image7La verdad es que para cazar perdices salvajes hay que estar dispuesto a superar trabas tales como el precio, la escasez de cazaderos y aves, incluso, alguna concerniente a la propia conciencia, y los que nos decidimos a hacelo debemos tener claro que hay que tomar medidas para poder seguir disfrutando de la caza natural.

Es necesario saber diferenciar unas y otras claramente. Las criadas son como clones, seres impersonales como salidos de un juego de ordenador, mientras que cada perdiz salvaje es un tesoro y no un n√ļmero, son distintas unas de otras y su caza no tiene nada de virtual.

Individualizarlas creo que ayuda a darles el valor que merecen. Estudiar su entorno natural y sus costumbres sirve para conocerlas mejor y respetarlas, además de enriquecer así al naturalista que todo cazador lleva dentro.

Para seguir pensando que cobrar una perdiz es un acontecimiento digno de orgullo, necesito que se cumplan una serie de requisitos: Las perdices salvajes lo son, porque han nacido y vivido en un entorno también salvaje, así que el terreno imponga unos límites creo que es también necesario para gozar de la caza.

Igualmente, que no haya mucha densidad de aves para no saturarme con demasiados lances y poder apreciar cada uno. Preciso disponer de tiempo antes y después de los mismos; de esta manera, además de disfrutarlos más, noto que cazo mucho más fino.

Que sean trabajados y fruto del esfuerzo es otro factor importante. No importa si todo esto implica no cobrar nada; recuerdo días de caza irrepetibles en los que he cobrado, como decía aquel, una o ninguna.

En las grandes extensiones cerealistas de Tierra de Campos o La Mancha, la aparente bonanza del cazadero se compensa con los kil√≥metros que se recorren cazando. Aqu√≠, para acercarse a una de esas bravas perdices de llanura m√°s vale cambiar el perro de muestra y sus pulgas por un galgo y las piernas por las de Abebe Bikila, pero donde el terreno impone verdaderamente unos l√≠mites es en los cazaderos norte√Īos de alta monta√Īa.

LA CAZA EN ALTA MONTA√ĎA Y EL PERRO

Yo, que como dir√≠a el otro Marx, Groucho: ‚Äúdebo confesar que nac√≠ a una edad muy temprana‚ÄĚ, he asimilado con los a√Īos que donde me siento m√°s agusto es cazando en la alta monta√Īa, al menos por ahora.

Uno de los grandes alicientes de cazar en las cumbres es que se disfruta del perro como en ninguna otra parte. Su colaboración no se limita a cobrar alguna perdiz de ala, y sin ellos el levantar los bandos es realmente difícil.

Mi perra Julia con un par de perdicillas de las sierras zamoranas.

Mi perra Julia con un par de perdicillas de las sierras zamoranas.

La quebrada orografía, la espesura del monte y las grandes extensiones hacen que su trabajo sea imprescindible. Quien haya cazado en cazaderos más convencionales sabe lo desesperante que es que el perro, propio o ajeno, se alargue y levante las perdices fuera de tiro o justo antes de una asomada, dejándonos la sensación de que los perros son un estorbo.

Por el contrario, en monta√Īa esto suele ser una bendici√≥n. Ver una perdiz volando, aunque sea a 200 metros, es un ‚Äúasalto‚ÄĚ ganado, a los puntos, pero ganado. Al menos con eso el cazador sabe que hay como m√≠nimo una en los alrededores y que ha volado en una direcci√≥n determinada.

Algo que en otras circunstancias puede carecer de relevancia, en la alta monta√Īa suele ser decisivo. Los rastros, ya sea por la poca densidad de aves, por la vegetaci√≥n o la humedad, parece que son m√°s patentes para el perro y los sigue con m√°s facilidad, tanto a la hora de cobrar como para levantar la caza.

Las perdices al amparo del matorral aguantan mejor su cercan√≠a y las muestras son m√°s frecuentes. Aqu√≠, en alta monta√Īa, se les perdonar√≠a hasta lo de las pulgas. Las inclemencias del tiempo es otro factor a superar.

Un d√≠a radiante puede cambiar en minutos y convertir una dura cacer√≠a de monta√Īa en ‚Äú√©pica‚ÄĚ. La lluvia, el fr√≠o y el viento, como en las pel√≠culas de Kurosawa, aportan dramatismo a la experiencia.

Una sucinta mano de dos o tres cazadores es lo ideal. Las dificultades se acent√ļan al cazar en solitario y el m√©rito de cobrar una perdiz puede ser mayor, pero poder compartir esos momentos con alg√ļn amigo no tiene precio; adem√°s, en el caso de sufrir un percance, algo que nunca se puede descartar en este terreno, m√°s vale tener a alguien al lado.

LA IDENTIDAD DE LAS PERDICES DE MONTA√ĎA

Existen dos subespecies aut√≥ctonas de perdiz roja en Espa√Īa: la alectoris rufa intercedens, en el este y sur peninsular, y la alectoris rufa hisp√°nica, propia del norte y oeste. Debido al aislamiento de muchas poblaciones en la alta monta√Īa, no es raro encontrar particularidades f√≠sicas de las aves propias de las distintas zonas.

Caza al Salto en alta monta√Īa_page8_image12

Un par de perdices serranas y un conejo despistado.

Creo que no me equivoco si digo que en general son m√°s peque√Īas las de monta√Īa que sus equivalentes de llanura. Recuerdo las que caz√°bamos en los altos de la sierra de Velilla, en Muelas de los Caballeros, que eran unas perdicitas enjutas de patas muy rojas y plumaje suave y rojizo, muy espeso, dir√≠a que ‚Äúpeludas‚ÄĚ, como Platero.

 Creo que si me topara  con una de ellas en los Cárpatos, no dudaría de su procedencia zamorana. También las de la vertiente segoviana de la sierra del Guadarrama, perdices de altura, he cobrado alguna a 2.000 metros, que, al igual que los conejos y corderos de la zona, llegaron a tener fama en la cuadrilla por su ternura y sabor.

O las menudas y renegridas perdicillas de las peladas cumbres cant√°bricas, cuando adem√°s entonces se pod√≠a adornar la percha con alguna pardilla. Recuerdo con especial nostalgia las primeras perdices de monta√Īa con las que me top√© como imberbe cazador: fue a finales de los 70 en las sierras abulenses cazando con mi padre, mi amigo Jorge Bernad, mi primo y mi t√≠o Manolo.

¬†Perdices recias como pocas veces he visto, que para llevar la contraria eran como gallos de pelea de grandes, o por lo menos as√≠ me parec√≠an compar√°ndolas con mi tama√Īo de entonces o con los gorriones, que era lo que sol√≠a cazar.

Las √ļltimas con las que he bregado han sido en la Cabrera leonesa. El a√Īo pasado sal√≠ un par de veces yo solo con mi perra despu√©s de cazar el jabal√≠. El primer d√≠a, tras una agotadora subida al alto, levantamos una pareja que estaba junto a unas pe√Īas en la misma cuerda, sin que pudiera tirarles.

Un par de semanas después, me acerqué una tarde a un pastizal en el que había visto en la berrea un bando de seis o siete. Después de otra penosa escalada con el viento cortándome la cara, llegué a sus inmediaciones.

Coronamos el alto justo cuando cesaba el aire e intent√© parar y tomar resuello, pero Melba, mi drahthaar, se pic√≥ acelerando a√ļn m√°s mis pulsaciones. Me llev√≥ con el coraz√≥n en la boca a lo largo del borde del pajonal, m√°s tensa que la cuerda de un viol√≠n, par√°ndose cada poco, hasta que se qued√≥ clavada.

Tras unos segundos, cinco perdices rompieron el silencio ensordecedor al arrancar a mi derecha fuera de tiro. La perra no enmend√≥ la muestra hasta que la √ļltima rezagada sal√≠o m√°s cercana a nosotros. La apunt√© cruzada, a placer, le largu√© los dos tiros y la marr√©. La segu√≠ con la vista hasta perderla en las sombras que ya ocultaban los bajos de Valdelauz. Sencillamente, apote√≥sico. ‚ÄĘ

CAZANDO PERDICES DE MONTA√ĎA

  • Pastizales de altura : Las perdices pasan mucho tiempo en los pastizales. Son zonas donde encuentran alimento y pueden orearse al sol. Adem√°s la ausencia de matorral y su ubicaci√≥n en las peque√Īas planicies de los altos les permite advertir el peligro y apeonar o volar c√≥modamente.
  • Las asomadas: Aunque por supuesto hay que estar atento en las asomadas, no son tan decisivas como en media o baja monta√Īa .
  • Los valles: En monta√Īa, las perdices suelen preferir los altos, aunque con mal tiempo pueden buscar all√≠ refugio. Tambi√©n puede establecerse en el fondo de los valles alg√ļn bando si encuentra alimento disponible.
  • El vuelo: Lo m√°s frecuente es que las perdices al levantar el vuelo se dirijan ladera alante o incluso m√°s frecuentemente valle abajo. El viento tambi√©n puede modificar las querencias y hacer que la perdiz remonte la ladera, incluso que se vuelva sobre el cazador.
  • El perro: El perro en este terreno es indispensable y su colaboraci√≥n en la caza no se limita al cobro. Su papel m√°s importante seguramente sea el de levantar la caza, y que corra y mueva mucho terreno es de agradecer. A l contrario que en otros cazaderos, no importa que se alargue, mejor si as√≠ lo hace, ya que habr√° m√°s posibilidades de dar con las perdices. Una vez levantadas, el cazador puede intentar abatir alguna en un segundo vuelo. La menor densidad de aves y el tipo de vegetaci√≥n hacen que los rastros sean m√°s claros para el perro y las muestras y seguimientos de rastros son frecuentes. En lugares como este es donde el cazador disfruta realmente de todas las capacidades de su colaborador.
  • Puntos calientes Estos ser√≠an lugares para registrar: Altos con pastizales no muy cerrados de monte, con escobas en los alrededores y bordeado por un camino. Para frotarse las manos.
  • Escobas: Las escobas o piornales tambi√©n suelen ser querenciosos para la perdiz, al menos m√°s que los brezales, el otro matorral predominante en estos pagos. Su suelo m√°s claro es m√°s del gusto de la perdiz.
  • Pistas y caminos: Es muy frecuente ver a las perdices a pe√≥n por los caminos. A no ser que se vean amenazadas, las perdices campean en zonas limpias de monte antes que en lo cerrado y se sienten c√≥modas en los caminos.
  • El viento: Aqu√≠ tambi√©n, siempre que se pueda conviene cazar en contra del viento, por un lado las perdices aguantan m√°s y por otro el perro caza mejor. A la hora de volar, la perdiz tiende a hacerlo cuando puede a favor del viento
  • Las querencias: Las perdices son muy fieles a sus querencias y donde se las levante un d√≠a se las puede encontrar en el futuro. Incluso en los a√Īos venideros.
  • La vista: Es importante aguzar la vista cuando se levanta un bando. Los vuelos de las perdices son largos, y si el cazador consigue ver aunque sea aproximadamente d√≥nde se dan las perdices tras volar, tendr√° mucho ganado. Llegando a las cercan√≠as, el perro podr√° dar con alg√ļn rastro reciente.
  • A pe√≥n: Las perdices, despu√©s de un vuelo o cuando est√°n avisadas, suelen apeonar hacia arriba.
  • Brezales Las zonas de brezo son en principio menos querenciosas, los pies del matorral tan apretados impiden a la perdiz apeonar. Adem√°s, si es un poco alto impide que la luz y el calor del sol lleguen al suelo y el alimento es escaso.

Aunque, por otro lado, su espesura lo hace ideal para que la perdiz busque refugio tras un vuelo. Esto cambia por completo cuando se trata de brezales quemados.

Los brotes nuevos son un alimento excelente, no solo para la perdiz; para toda la fauna salvaje. El fuego clarea el monte y lo regenera. En muchos lugares del norte de Europa se realizan quemas controladas del brezo encaminadas a la mejora del h√°bitat de la perdiz.

Pablo Capote y Carlos Ramos

También te puede interesar...

0 comentarios

No hay comentarios

Puedes ser el primero Comenta este post

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.