El fin de la caza de la perdiz pardilla en Espa√Īa
23 abril, 2018 Trofeocaza . 2810 Visualizaciones

Caza menor nacional

El fin de la caza de la perdiz pardilla en Espa√Īa

LA CAZA EN ALTA MONTA√ĎA

La caza de pardillas en nuestro pa√≠s parece abocada a desaparecer. Su caza, como es la tendencia de las actividades cineg√©ticas marginales, est√° prohibida en la pr√°ctica totalidad del territorio espa√Īol, y en la actualidad solo puede cazarse en Catalu√Īa.

Ofrecemos a continuaci√≥n unos apuntes sobre esta ave, incluyendo algunos sobre su caza, seguramente m√°s nost√°lgicos que pr√°cticos, aunque en general aplicables a la caza de perdices rojas en monta√Īa.

Hace un tiempo acudimos algunos miembros de esta redacci√≥n varios a√Īos seguidos al valle de Laciana, convocados por Guillermo Palomero, presidente de la Fundaci√≥n Oso Pardo, para tratar asuntos de cooperacion entre la organizaci√≥n que representa y los cazadores.

En estas visitas aprovechamos para cazar corzos y perdices pardillas en los cotos que gestionaba la Fundación para proteger al oso en los montes de la comarca.

Ya entonces tener la posibilidad de cazar charrelas era todo un privilegio ya que su distribuci√≥n peninsular se limitaba a las altas cumbres del Pirineo, la cordillera Cant√°brica y, de forma m√°s dispersa, a puntos de Zamora, Le√≥n ‚Äďen Pe√Īa Trevinca y la Cabrera‚Äď, y en el sistema Ib√©rico ‚Äďen la sierra de la Demanda, en Burgos‚Äď, as√≠ que estas visitas supon√≠an un aut√©ntico acontecimiento para los cazadores naturalistas de la cuadrilla.

Las cacerías eran dirigidas por los guardas de la Fundación, que conocían a la perfección la ubicación y composición de los bandos y tenían una idea clara de cuántos ejemplares debían arrebatar a cada grupo para que la población de perdices pardas prosperara; así que seguíamos un bando hasta quitarle un par de aves y nos desplazábamos a otra zona en busca de otro.

Luego he tenido la oportunidad de cazarlas en Zamora (con poco éxito) y en León, en la Cabrera, donde sí acudimos con cierta asiduidad a cazar perdices rojas; y antes también las pardillas, con las que allí comparten territorio.

Trat√°ndose de la misma especie, las perdices pardillas peninsulares poco tienen que ver con las del resto de Europa. El comportamiento de estas √ļltimas recuerda m√°s al de nuestra perdiz roja de zonas cerealistas, dado el medio similar que ocupan y al que se han adaptado.

CAZA EN ALTA MONTA√ĎA

1. En alta monta√Īa, el cazador rastrea en primer lugar los pastizales m√°s altos, cuerdas, collados y otras querencias conocidas, dejando trabajar al perro, que si est√° bien ense√Īado cazar√° largo y batiendo mucho terreno. Las perdices, una vez localizadas, aguantar√°n bastante bien la muestra.

2. El bando ha volado ladera abajo y el cazador lo sigue con la vista para ver dónde se posa; al menos intentará calcularlo aproximadamente, aunque no es fácil localizarlo tras el primer vuelo en este entorno.

Las perdices buscar√°n refugio por lo general en zonas m√°s espesas. Con uno o dos vuelos, las perdices ser√°n a√ļn m√°s remisas a levantarse y el perro tendr√° la oportunidad de dar con el rastro fresco y, sigui√©ndolo, hacer la muestra de nuevo.

CARACTER√ćSTICAS Y DISTRIBUCI√ďN DE LA PERDIZ GRIS / PARDILLA

perdiz-pardilla-imagen

Castellano: Pardilla, serre√Īa
Inglés: Grey partridge
Francés: Perdrix grise Alemán: Rebhuhn
Italiano: Starna
Euskera: Eper ggrisa
Gallego: Charra, charrela Catal√°n: Perdiu xerra

perdiz-pardilla-comparada-roja

Originaria de Asia central, la perdiz gris (pardilla) ocupaba allí las yermas estepas de altura antes de extenderse hacia el oeste y colonizar Europa llegando con las glaciaciones hasta la península ibérica.

Al retirarse los hielos, las perdices se adaptaron al nuevo hábitat europeo y, más tarde, a la revolución agrícola del Neolítico. Pero no así la pardilla patria, que parece permanecer fiel a sus costumbres ancestrales especializándose en la vida en las alturas, enclaves relictos de fríos pasados.

El motivo de que esta subespecie se comporte de forma distinta al resto puede tener que ver con la competencia con la perdiz roja, aunque las hemos visto cohabitar en armon√≠a en alguna ocasi√≥n, pero m√°s bien parece que esa predilecci√≥n por las alturas est√© m√°s motivada por el calor y sequedad de las zonas agr√≠colas peninsulares. Se ha demostrado que la escasez de recursos que ocasionan las sequ√≠as provoca una cr√≠a escasa, y un verano con lluvias e insectos beneficia a los bandos del a√Īo, que ser√°n m√°s nutridos.

perdiz-pardilla-distri

Se extiende desde el norte de la península ibérica a Siberia y Xinjiang (China) por Europa central y sur de Escandinavia; y por el sur, hasta Italia, los Balcanes, y Anatolia e Irán. Introducida en Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.

 

Nunca olvidaré la sensación de tener en la mano una de estas aves por primera vez. El nombre científico de la pardilla peninsular es Perdix perdix hispaniensis, y su población se encuentra separada unos 200 km de la más cercana, la francesa P. p. armoricana.

La diferencia más conspicua de nuestra pardilla con el resto es que, al parecer, su plumaje se hace más oscuro a medida que se va desplazando al suroeste, así que las pirenaicas son más oscuras que las francesas y las cantábricas lo son más que las pirenaicas, lo que coincide con el tópico de la coloración de la tez humana en Europa.

Su dorso es pardo y est√° salpicado de l√≠neas y puntos claros, que lo hacen cr√≠ptico, y las plumas laterales de su cola son de un bonito tono rojizo, que se hace patente cuando la despliega en vuelo. Para rematar, su papada naranja y la intensa herradura marr√≥n o negra que adorna el pecho de los machos las hacen √ļnicas.

Pero su anatomía es muy similar a la de la roja, o rubia, como se la conoce en tierras leonesas. Quizás la diferencia más significativa sea que la pardilla carece de espolones que rematen sus patitas grisáceas, lo que le da un aspecto paseriforme más delicado.

perdiz-pardilla-y-roja

En la foto puede compararse una pardilla con una roja, algo m√°s grande.

Esta similitud se manifiesta como meramente formal al cocinarla, pues es ah√≠ donde se hace patente que se trata de un ave completamente diferente. Su carne recuerda m√°s a la de un peque√Īo pavo que a la de una perdiz, encontr√°ndose en sus muslitos varillas largas y duras como las que tienen los protagonistas del D√≠a de Acci√≥n de Gracias. Adem√°s, su carne es m√°s tierna, oscura y jugosa que la de la patirroja, y parece sazonada por los aromas de los frutos del monte que ingiere ‚Äďbayas, grosellas o ar√°ndanos‚Äď, que matizan su sabor.

Pero como digo, su morfolog√≠a es muy parecida a la de la roja, ligeramente menor de tama√Īo ‚Äďraramente supera los 400 gramos, aunque la roja en monta√Īa suele ser tambi√©n m√°s peque√Īa‚Äď pero muy similar; y su vuelo, pr√°cticamente igual, lo que la hace dif√≠cil de diferenciar en el aire a cierta distancia, algo que puede parecer incre√≠ble cuando la vemos de cerca.

La experiencia ayuda a saber si estamos ante una charrela o una rubia; el conocer las querencias en la zona, y quiz√°s su arrancada menos estruendosa, son detalles que ayudan a no infringir la ley en zonas donde no est√° permitida su caza y solo se puede disparar sobre la rojas.

Dadas las caracter√≠sticas del terreno y el comportamiento de las perdices, que suelen arrancarse cerca, se puede utilizar un perdig√≥n fino y el de octava o novena es una opci√≥n com√ļn en monta√Īa.

Los bandos est√°n compuestos por la pareja y la cr√≠a del a√Īo, aunque pueden unirse varios en invierno para defenderse del fr√≠o y los predadores. Para distinguir los pollos de los adultos en esta √©poca, lo podemos hacer fij√°ndonos en el color del pico, que es claro en los adultos y oscuro en los pollos, al contrario que ocurre con sus patas, m√°s claras en los ejemplares juveniles.

Las hembras pueden tener tambi√©n herradura, aunque menos llamativa, y el color naranja de su cara es m√°s apagado. Lo que las hace inconfundibles es la llamada ‚Äėcruz de Lorena‚Äô, un barrado perpendicular al raquis de las plumas escapulares exclusivo de las hembras. Tambi√©n su comportamiento puede dar alguna pista, siendo casi siempre machos los que permanecen vigilantes mientras pollos y hembras campean.

En cuanto a sus querencias ‚Äďaunque esto no es una regla fija y las he visto ocupando lugares de campeo m√°s propios de perdices rojas en zonas muy bajas‚Äď, a poco m√°s de 1.000 metros sobre el nivel del mar las charrelas prefieren por lo general las fr√≠as alturas por encima de los 1500 metros. Una curiosa adaptaci√≥n de esta perdiz a los montes nevados es su capacidad de excavar huras en la nieve para defenderse de las bajas temperaturas, como hacen algunas tetra√≥nidas.

Tanto las rubias como las charrelas que pueblan estas zonas frecuentemente ocupan los pastizales ubicados en los collados más altos y las camperas de arándanos y genciana en los Pirineos, campas intercaladas en mosaico con zonas de mayor cobertura, donde encuentran protección y alimento. Estas querencias pueden cambiar, y en días de frío y viento es habitual que se encuentren en zonas más resguardadas.

Al ser sorprendidas, las pardas en ocasiones pueden volar con potencia hacia arriba o hacer picados en zonas escarpadas propios de una rapaz, aunque es de esperar que vuelen como las rojas ladera abajo para echarse en el matorral m√°s espeso, que en estas cotas suele estar compuesto principalmente de brezos y piornos.

Buscar tanto pardas como rojas de entrada en los brezos no suele dar buen resultado y lo m√°s productivo es hacerlo en los pastizales de altura y en zonas intercaladas con escobas, claramente m√°s de su gusto que las urces de brezo, las cuales generalmente solo les sirven como refugio ocasional. Las pardas tienden a mantener el bando unido m√°s que las rojas.

Otra diferencia fundamental en el comportamiento de las pardillas es que estas son más remisas a volar que las rojas. Esto, unido a la orografía y vegetación de su hábitat peninsular y a la escasez de aves, hace imprescindible la colaboración del perro. La caza de pardillas con perro de muestra es seguramente una de las más selectas y apasionantes de la caza de pluma, ya reservada solo a los recuerdo y a unos pocos afortunados catalanes.

Como suele ocurrir con las actividades cinegéticas más marginales llegó la prohibición de su caza y dejamos de cobrar las pocas pardillas que ocasionalmente adornaban las perchas.

Es un hecho que sus poblaciones se redujeron y se concentraron en su día. Se han apuntado como las causas de su regresión, principalmente:

La modificación de su hábitat, en este caso debido a las reforestaciones para la explotación maderera.

  • El abandono de cultivos herb√°ceos
  • La mala gesti√≥n cineg√©tica de la especie.
  • Los incendios.
  • La apertura de pistas forestales.
  • El cambio clim√°tico.

Las quemas controladas que favorec√≠an el renuevo del matorral eran muy beneficiosas para casi toda la fauna de alta monta√Īa, siendo los brotes tiernos una bendici√≥n en primavera.

Esto es algo que conoc√≠an bien los antiguos pastores, ganaderos y cazadores. Ahora el abandono de la ganader√≠a extensiva, que ya no clarea ni abona los pastizales de monta√Īa; los desbroces, que apenas se hacen; y las quemas, que se han convertido en incendios descontrolados que suelen producirse en primavera y verano, es decir, en √©poca de cr√≠a, son factores que se suman al cambio clim√°tico. Tambi√©n la dependencia de los insectos de todas las gallin√°ceas en los estadios iniciales de su vida es otro problema, dada la guerra que libran los modernos agricultores contra ellos.

No s√© si ser√° cierto eso de que ¬ęromper los bandos¬Ľ al cazar las pardillas favorece el emparejamiento y la cr√≠a, lo he o√≠do muchas veces; lo que s√≠ parece claro es que desde la prohibici√≥n de su caza en 1998 parece que sus poblaciones no hayan medrado mucho, salvo en el Pirineo catal√°n que, a pesar de ser el √ļnico sitio donde puede cazarse, mantiene unas saludables poblaciones.

Existen multitud de ejemplos de que el dar un valor cinegético a las especies es la mejor acción posible para su conservación. Una gestión cinegética correcta, encaminada a la mejora y el mantenimiento de los hábitas y el control de predadores, incide de forma directa en el incremento de las poblaciones, más en entornos dominados por el brezo. De hecho, lo primero que se está haciendo para eliminar las especies alóctonas invasoras es prohibir su caza.

En el caso de la perdiz pardilla se hace patente el desinterés general por su cuidado. En el Pirineo son pocas las actuaciones que se requieren, pero la transformación de su hábitat en el resto de sus enclaves peninsulares, dada su situación más meridional y de menos altura, es más patente, por lo que serían necesarias otras medidas más allá de borrarla de la lista de especies cazables, lo que seguramente haya ido en contra de la conservación de esta joya de nuestra fauna.

LAS SUBESPECIES DE LA PERDIZ GRIS

P. p. armoricana
Francia.

P. p. hispaniensis
NE Portugal y N Espa√Īa.

P. p. perdix
Islas brit√°nicas y sur de Escandinavia a los Alpes, Italia y los Balcanes.

P. p. sphangnetorum
N Holanda y NO Alemania.

P. p. robusta
Montes Urales al SO Siberia y NO China.

P. p. canescens
Turquía hasta el Cáucaso, Transcaucasia y NO Irán.

P. p. lucida
Finlandia al este hasta los Urales, y al sur hasta el mar Negro y el norte del C√°ucaso.

También te puede interesar...

0 comentarios

No hay comentarios

Puedes ser el primero Comenta este post

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.