La Enfermedad Hemorrágico Vírica, nuevos datos
13 agosto, 2018 Trofeocaza . 3489 Visualizaciones

Caza menor nacional

La Enfermedad Hemorrágico Vírica, nuevos datos

Si la importancia del conejo de monte como modulador del paisaje mediterráneo es indiscutible, un factor limitante de sus poblaciones como es el virus de la RHD lo es, sin duda, también.

Las repercusiones económicas, cinegéticas y sociales de esta enfermedad son notables y controvertidas. Mientras unos la ven como una bendición, a otros les parece una catástrofe. Pero ¿conocemos bien esta enfermedad?

No por repetido es menos cierto que el conejo silvestre es una de las especies de vertebrados más importantes de nuestros ecosistemas. No solo porque sea presa de un buen número de depredadores, sino también porque el impacto que produce sobre el hábitat que le rodea es fundamental para que los ecosistemas mediterráneos sean lo que son.

La herbivoría, la construcción de madrigueras o la diseminación de semillas tienen un efecto de primer orden sobre el entorno, de tal manera que son los conejos quienes, en gran medida, modelan este tipo de ecosistemas, de ahí su importancia en la conservación.

La vertiente negativa de esta cualidad es, como todos sabemos, su capacidad para producir daños a la agricultura, lo que convierte a esta especie en problemática en muchas áreas conejeras en las que se practica una agricultura sensible a la acción de los conejos.

Tampoco es menos cierto que el conejo silvestre es una especie cinegética de gran importancia. Su amplia distribución geográfica y el elevado número de ejemplares cazados la convierten en una de las principales especies de caza menor (si no la principal).

Es capaz de soportar una elevada carga del impacto cinegético y posibilita la práctica de la caza a un elevado número de cazadores que pueden, gracias al conejo, disfrutar de un buen número de inolvidables jornadas practicando su afición favorita.

Estas razones ya son suficientes para dejar clara la singularidad de esta especie. No obstante, existen otros motivos por los que el conejo silvestre se puede considerar una especie todavía más peculiar e interesante.

Entre estos destacaría la existencia de sus enfermedades víricas, en especial la enfermedad hemorrágica RHD, puesto que el conejo es un ejemplo muy especial de cómo una especie con amplia distribución geográfica convive (o sobrelleva) una enfermedad tan transmisible y letal como es la RHD.

El conejo silvestre y el virus de la RHD constituyen un binomio extremadamente interesante porque la velocidad de renovación de las poblaciones cunícolas combinada con la elevada transmisibilidad del virus posibilitan observar interacciones entre ellos a una escala temporal fácilmente perceptible.

Cualquiera que frecuente el campo con asiduidad (cazando o simplemente paseando) habrá percibido en alguna ocasión cómo de un año para otro, o simplemente en unos pocos meses, las poblaciones de conejo que le son conocidas oscilan en tamaño y distribución.

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Ahora crecen, al cabo de un tiempo parece que han menguado; en la presente temporada parece que los conejos han cambiado de lugar y en el mejor cazadero del año pasado hay ahora muchas  madrigueras vacías mientras que, por el contrario, hay más conejos donde el año pasado había pocos, etc.

Como muchos suponen, una gran parte de estas variaciones son debidas al impacto de la RHD, y es algo que no es posible percibir con tanta facilidad en otras enfermedades infecciosas que afectan a otras especies, tanto silvestres como domésticas. Esto hace que el conejo silvestre sea una especie muy atractiva e interesante desde el punto de vista de la epidemiología.

Por todo ello, la especie que nos ocupa, y por ende, la RHD, despiertan el interés en el mundo de la conservación, el cinegético y el científico. Y si uno tiene afición por varios de estos mundillos, es claro que el interés se multiplica.

Es tal el impacto de la RHD en las poblaciones de conejos que, entre los lectores, seguramente hay muchos aficionados a la caza que habrán participado, con una buena dosis de voluntariedad como suele pasar en las asociaciones de caza, en actuaciones dirigidas a paliar los efectos de esta enfermedad.

¿Cuántos de los lectores habrán vacunado a algún conejo con la esperanza de que sobreviva más tiempo? ¿Cuántos habrán colaborado en la traslocación de conejos con la intención de repoblar de nuevo su coto, o cuántos habrán dedicado tiempo a limpiar o ‘desinfectar’ madrigueras en el vano intento de controlar la infección?

Seguramente muchos, por no hablar del tiempo y esfuerzo dedicados a otras actividades como la mejora de hábitat, el control de depredadores o incluso la autolimitación de la caza en un intento de fomentar el crecimiento de las poblaciones conejeras.

Tampoco hay que olvidar, ya más recientemente, los esfuerzos de numerosos colectivos de cazadores intentando controlar los daños a la agricultura causados por poblaciones de conejos en las que parece que la RHD estuviese ausente, o en las que, al menos, no se percibe ningún impacto negativo de la misma.

Muchas de ellas son poblaciones a las que se les ha dejado proliferar en exceso, evitando gestionarlas y controlarlas adecuadamente en su momento simplemente por la costumbre y/o el temor de que la RHD las pudiese volver a esquilmar.

Así pues, si echamos la vista atrás, realmente nos daremos cuenta de cuánto ha influido esta enfermedad en el manejo de las poblaciones de conejo silvestre y, en consecuencia, en la gestión y aprovechamiento de muchos cotos

La RHD entró en nuestro país hace ya casi tres décadas creando una alarma generalizada más que justificada, pero, a día de hoy, ¿qué se conoce de ella? ¿Cuánto ha cambiado desde entonces? A pesar del tiempo transcurrido, las respuestas a estas cuestiones siguen siendo respectivamente: «algo más, pero no mucho» y «bastante, pero no tanto».

Como se sabe, la RHD está causada por un virus y es una enfermedad que, básicamente, es una hepatitis aguda. De hecho, el conejo y la RHD se están utilizando como modelos para el conocimiento de algunas hepatitis fulminantes que afectan a humanos.

LA ENFERMEDAD

conejo-rhd-virusLa Enfermedad Hemorrágica del Conejo, Enfermedad Hemorrágico Vírica , Enfermedad de Calicivirus del Conejo, Fiebre Hemorrágica Viral, Hepatitis Viral Necrotizante o Calcivirus (RVHD, VHD, RCD o RHD) es una enfermedad que está causada por un virus, que puede llegar a matar a la práctica totalidad de una población de conejos.

El calcivirus se propaga fácilmente y es muy resistente al frío o al calor. El periodo de incubación es de uno a tres días. Dependiendo de las cepas y de las características del conejo, el virus afecta de distinta manera a los animales. Puede ser muy agudo matando al conejo fulminantemente; o puede dejar de comer, tener dificultad respiratoria, fiebre alta y enfriamiento antes de morir.

Otros síntomas son el sangrado de nariz y el arqueamiento de la espalda, fase que también preludia la muerte.

Pero, como veremos, también puede pasar la enfermedad y volverse inmune, aunque portador del virus.

¿CÓMO TRABAJA EL VIRUS?

Desde la aparición de la RHD en nuestro país, el virus que la causaba (llamémoslo coloquialmente como virus clásico) se ha caracterizado por matar prácticamente al 90-100 % de los conejos que ha infectado, siempre y cuando estos tuviesen más de 8 semanas de vida.

Por debajo de esta edad, el virus ha tenido problemas para infectar eficazmente a los animales más jóvenes, por lo que ha solido cursar como una enfermedad muy leve o inaparente, hasta el punto de que por debajo de las 4 semanas de vida la supervivencia de los gazapos ha sido prácticamente del 100 .

Esta característica ha hecho que el impacto de la RHD haya sido un poco peculiar en las poblaciones de conejo, ya que, dependiendo de a qué edad ha infectado a los animales, el impacto sobre la población de conejos ha sido mayor o menor.

Así, en poblaciones en que ha habido pocos conejos, o en las que la reproducción no ha sido muy intensa porque el medio no es lo más adecuado (pocas camadas o de poco tamaño), el virus se ha transmitido más lentamente, de tal manera que los pobres gazapos han ido creciendo sin haber contactado con él, y cuando lo han hecho han tenido ya una edad en la que la infección por el virus ha sido mortal.

conejo-rhd-evolucion-gazapoEs decir, en estas poblaciones un elevado porcentaje de los nuevos conejos que han nacido cada año han acabado muriendo antes de llegar a reproducirse. La RHD ha tenido, por lo tanto, un impacto muy alto. Por el contrario, en poblaciones en las que ha habido muchos conejos y/o han criado muy bien (ha habido muchos gazapos durante la época de reproducción), el virus ha tenido mucha facilidad para transmitirse, así que los gazapos se han infectado pronto, no han muerto y han quedado protegidos de por vida para poder reproducirse. En estas poblaciones el impacto de la RHD ha sido mínimo.

Este mecanismo es el que se ha asumido como responsable de que haya habido poblaciones densas causantes de problemas a la agricultura y en las cuales pareciera que la RHD hubiera estado ausente, y se ha asumido como la ‘piedra angular’ de la gestión para la recuperación de poblaciones de conejo.

En definitiva, si conseguimos tener más conejos, el impacto de la RHD será menor. La idea es clara, pero… ¿qué se puede hacer para tener más conejos si es la RHD precisamente uno de los factores que lo impiden?

Está claro que medidas como la mejora del hábitat, la reducción de otros factores de mortalidad (depredación o caza) o incluso el refuerzo poblacional mediante translocaciones (exquisitamente bien hechas, eso sí) ayudan, pero al no ir directamente contra el impacto de la enfermedad, los resultados finales son variables y nada seguros debido a que la incidencia de la RHD en ese proceso de recuperación es incierto y, con toda seguridad, muy alto.

Y ¿qué hay de la vacunación? Mucho se ha escrito sobre ello, pero la vacunación como herramienta para gestionar poblaciones silvestres es inútil y puede ser incluso perjudicial, salvo en situaciones muy concretas que no se suelen dar en la gestión normal de la especie. Entonces ¿qué otras opciones hay? No muchas, ciertamente.

Hasta aquí, los lectores se habrán dado cuenta de que el efecto de la RHD es similar (hasta cierto punto) al del sarampión en humanos. El sarampión en los niños es una enfermedad leve, pero en el caso de los adultos puede llegar incluso a ser mortal.

Antes de que existiesen las vacunas contra el sarampión y que se implementase la vacunación del 100  de los niños, todos recordarán que lo mejor que se podía hacer cuando en una familia uno de los hijos caía enfermo era, simplemente, poner a todos los hermanos juntos en la cama para que se contagiasen y pasasen la enfermedad a la vez.

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UN EXPERIMENTO REVELADOR

Era esa una sabia forma de asegurarse de que el sarampión se pasaba siendo niño, cuando no había riesgo de enfermedad grave, y es un mecanismo que se podría utilizar para luchar contra la RHD en cualquier tipo de población de conejos, independientemente de su densidad.

Esta idea sirvió como inspiración para una experiencia llevada a cabo a través de un convenio de colaboración entre el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria del Gobierno de Aragón (CITA) y la Gerencia de Control de Enfermedades de la empresa Tecnologías y Servicios Agrarios, S.A. (TRAGSATEC).

En esta experiencia se trató de emular este mecanismo mediante el incremento controlado de la carga vírica en el ambiente en varias poblaciones experimentales de conejo silvestre mantenidas en cercados. Ya que no es posible juntar a los conejos para que se transmitan mejor el virus, la filosofía de la experiencia fue incrementar temporalmente la cantidad de virus para que infectase a los gazapos cuanto antes.

Para ello, simplemente se distribuyeron, durante la época de reproducción, cebos impregnados con los mismos virus aislados en el campo. Los resultados obtenidos fueron acordes a lo esperado, ya que la producción de nuevos conejos, todos ellos inmunizados de forma natural frente a la RHD, fue un 170%  superior en las poblaciones con mayor carga vírica que en las poblaciones control, ilustrando claramente el fuerte impacto de este proceso epidemiológico, así como la relativa facilidad para emularlo de forma controlada.

Estos resultados no solo se debieron a que los conejos jóvenes fuesen de forma natural resistentes a la enfermedad, sino también a que al nacer de conejas que habían superado la RHD, estas les pasaron anticuerpos a través de la leche durante la lactación, por lo que los gazapos se encontraron doblemente protegidos para afrontar con las mejores garantías la infección natural del virus.

Este mecanismo, entre otras cosas, es el que está llevando actualmente de cabeza a los técnicos australianos encargados de controlar las poblaciones de conejos en aquel continente.  Como los lectores conocerán, al ser el conejo una especie introducida en Australia se la considera plaga en muchas zonas, por lo que desde hace algunos años se viene utilizando un virus clásico de RHD para tratar de controlar a esta especie.

Obviamente en el momento en que este virus se extendió por primera vez en las poblaciones de conejos australianas, el impacto fue notable (no tan dramático como en las poblaciones de la península ibérica) y produjo importantes beneficios económicos y ecológicos.

Lógicamente, a costa de utilizar el mismo virus una y otra vez como método de control, este ha perdido eficacia, tanto porque los conejos parecen haber desarrollado cierto grado de resistencia genética a ese virus como por el hecho de que cada vez es más difícil lograr que la diseminación del mismo mediante cebos acabe produciendo grandes mortalidades en las poblaciones silvestres.

Al fin y al cabo, si el virus ya está circulando de forma natural, a poca densidad de conejos que haya, si incrementas artificialmente la carga vírica en el ambiente… ya sabemos lo que pasa, que puedes lograr el efecto contrario, esto es, tener más conejos y mejor protegidos contra el virus. Por eso, en los últimos años los técnicos australianos han tratado de afinar mucho en cómo y cuándo distribuyen el cebo impregnado de virus.

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LA “NUEVA VARIANTE” DEL VIRUS RHD

Ante esta situación, en Australia se ha tomado la decisión de utilizar un nuevo virus RHD, aislado por primera vez en Corea, sobre el cual, seguramente muchos de los lectores lo recordarán, se han publicado numerosas noticias y artículos en diferentes medios de nuestro país dándole un carácter de potencial hecatombe en el caso de que dicho virus llegase a España.

La descripción que se ha hecho de este virus en la prensa ha sido la de un virus extremadamente letal, se le ha comparado con el ébola y prácticamente se le ha puesto la etiqueta de ser un exterminador, cuando, en realidad, esas características son comunes a todos los virus RHD, ni más ni menos.

Este virus, no por proceder de un país tan lejano, es muy diferente a otros virus RHD existentes en países cercanos al nuestro, y, coloquialmente hablando, se le puede considerar un hermano de los virus clásicos que hemos ‘disfrutado’ durante estas décadas.

Mantiene algunas pequeñas diferencias antigénicas con estos, de tal manera que se ha comprobado que es capaz de infectar a conejos que no están eficazmente inmunizados contra los virus clásicos; y aunque es cierto que existe en algunas poblaciones silvestres en países europeos, normalmente es un tipo de virus que se suele encontrar afectando a granjas cunícolas y que con el uso de vacunas normales frente al virus clásico se le ha mantenido a raya sin grandes problemas. De hecho, hace algunos años, un virus de este tipo ya fue detectado en España en una granja, sin que saltase ninguna alarma.

Por ello creemos que los resultados que vayan a obtener en Australia no van a ser espectaculares y que seguramente ya están preparando otras alternativas complementarias para el control biológico de los conejos. De hecho, si hemos de hablar de auténticos exterminadores, en nuestros estudios hemos aislado cepas de virus clásico con capacidad para matar a prácticamente el 80  de gazapos en conejo doméstico, algo nunca descrito.

Estas cepas han estado circulando en nuestro país durante los últimos años en poblaciones de conejo silvestre a elevada densidad sin que nos hayamos percatado de que algo había cambiado, lo que seguramente demuestra la capacidad de nuestros conejos para adaptarse y contrarrestar estas variaciones en la patogenia de los virus RHD.

Sin embargo, a pesar de la elevada patogenia de estos virus clásicos circulando en nuestras poblaciones de conejos silvestres, de todos es conocido que de poco les ha valido ante la aparición de un nuevo virus en 2010 en Francia e identificado posteriormente en España en 2011, el cual los ha barrido del mapa en poco tiempo, tanto en las poblaciones silvestres como en granjas.

Nos referimos al inicialmente llamado virus «nueva variante», aunque más recientemente ya se ha alcanzado el consenso de que no es una simple variante, sino más bien un nuevo virus perteneciente a otro genotipo, es decir, sería como un primo lejano de los virus clásicos, aunque por comodidad lo seguiremos llamando aquí nueva variante. Ante esta capacidad para desplazar a los virus clásicos, parece lógico suponer (dentro de la ‘lógica’ tan impredecible de estos virus) que es muy probable que el virus ‘exterminador’ australiano tuviera pocas posibilidades de persistir y transmitirse entre nuestros conejos silvestres en la actualidad.

El origen de este virus nueva variante, al igual que el de todos los anteriores, es desconocido. Causa la misma enfermedad que los virus clásicos, pero mata tanto a conejos jóvenes como adultos, independientemente de su edad; es capaz de infectar a conejos que han sobrevivido a la infección del virus clásico (y viceversa), es decir no hay protección cruzada, por lo que las vacunas frente a uno apenas protegen frente a la infección por el otro; es capaz de infectar de forma natural a diferentes especies de liebres y, esta es otra diferencia importante, la mortalidad que produce es inferior a la que producían los virus clásicos: más o menos un 40-50  de media, pero eso sí, con una variabilidad muy alta, de tal manera que dependiendo del momento y de la población, el virus puede transmitirse sin producir casi mortalidad o llegar a matar a más del 70  de los animales. Las causas de esta variación se desconocen a día de hoy.

Además de esta reducida mortalidad, la diferencia más notable de este nuevo virus respecto de los virus clásicos (o al menos de lo que creíamos conocer de los virus clásicos) es su capacidad de infectar y matar a gazapos. Esta característica, en combinación con que la protección cruzada con los virus clásicos es bastante pobre, ha hecho que el impacto inicial de este virus haya sido bastante negativo en muchas poblaciones de conejo silvestre, las cuales, como se dice coloquialmente, se han vuelto a venir abajo.

Las poblaciones más densas han soportado mucho mejor este primer embate, y aunque parece que disminuyeron su densidad una media del 30 , la mayoría de ellas siguen manteniéndose a elevada densidad o incluso algunas siguen creciendo. Así que parece que las poblaciones menos densas son las que se han llevado, de nuevo, la peor parte.

Con este nuevo virus dominando el escenario de la RHD en el conejo silvestre, ¿qué opciones hay para gestionar sus poblaciones? ¿Siguen vigentes las mismas herramientas que cuando predominaban los virus clásicos? En principio todas las medidas generalistas de gestión, tales como la mejora del hábitat o la reducción de otros factores de mortalidad, obviamente deberían ser útiles. Y ¿qué ocurre con su impacto a nivel poblacional? ¿Sigue este dependiendo de la densidad de conejos y de la edad a la que se infectan, teniendo en cuenta que es capaz de matar también a gazapos?

conejo-rhd-virus-2Para dirimir esta cuestión, crucial para entender qué está pasando con la nueva RHD y qué directrices se pueden seguir para gestionar las poblaciones, la Gerencia de Control de Enfermedades de la empresa Tecnologías y Servicios Agrarios, S.A. (TRAGSATEC), a través de un nuevo convenio de colaboración entre el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria del Gobierno de Aragón (CITA) ha vuelto a replicar la misma experiencia realizada anteriormente con los virus clásicos, pero en esta ocasión con el virus nueva variante y durante cuatro años consecutivos.

En esta ocasión se ha podido comprobar que en aquellas poblaciones en las que se ha incrementado la carga vírica con el virus nueva variante han producido un 100  más de nuevos conejos, todos inmunizados de forma natural frente a este virus, que las poblaciones control, en las que se ha dejado que el virus circulase sin ninguna intervención. Estos resultados demuestran que el impacto de la nueva RHD seguirá estando modulado por la densidad de conejos, aunque quizá en menor grado que con los virus clásicos.

Así pues, la ‘piedra angular’ de la gestión parece seguir siendo la misma. Hay que tener más conejos para que el impacto de la RHD sea menor, aunque el problema también sigue siendo el mismo, pues para tener más conejos, antes hay que superar el impacto negativo y los vaivenes impuestos por la RHD.

El incremento controlado de la carga vírica podría ser una herramienta para lograr este objetivo y, sobre todo, sería una medida altamente eficaz para evitar que poblaciones de conejos de nueva creación, como las que se forman a partir de conejos traslocados, comiencen a crecer sin que el virus circule, ya que en estos casos, cuando el virus hace su aparición (uno o varios años después, según el aislamiento geográfico de la población) suele tener efectos catastróficos.

Es mejor asegurarse de que el virus está presente desde el principio y, además, asegurarse de que circula en las mejores condiciones posibles para que infecte a los conejos cuando son muy jóvenes, reduciendo el impacto de la RHD mientras la población crece y alcanza densidades adecuadas.

La gran ventaja de esta aproximación es que se utiliza el mismo virus campo para luchar contra los efectos negativos de la RHD. Se aprovecha su elevada transmisibilidad, la cual se potencia todavía más, y así se posibilita que el virus infecte a los conejos cuando son muy jóvenes, minimizando la mortalidad que causa en la población.

Esta aproximación tiene grandes ventajas sobre, por ejemplo, las campañas de vacunación. En estas el virus vacunal está inactivado, no tiene capacidad de transmitirse, por lo que únicamente se pueden inmunizar vacunalmente aquellos animales que se pueden capturar para inocularles la vacuna, así que es prácticamente imposible que se logre ganar al virus campo en la carrera por infectar a los conejos.

Únicamente, en la utópica situación de que existiese una vacuna que se pudiese administrar, por ejemplo, con cebos, se podría llegar a inmunizar vacunalmente a una proporción interesante de gazapos, y así durante varios años hasta lograr una densidad de conejos adecuada. No obstante, el uso masivo y continuado de vacunas (si estas son eficaces, desde luego) presenta un problema muy importante, y es que se podría llegar a erradicar temporalmente a los virus campo de la población vacunada.

Eso significaría que tendríamos una población con muchos conejos, todos ellos inmunizados de forma vacunal, en la que el virus campo no está circulando. Está claro que en algún momento habría que dejar de vacunar.

¿Qué pasaría entonces? Simplemente el virus campo volvería a aparecer tarde o temprano, pero si lo hiciese un poco tarde, digamos que uno o dos años después, cuando muchos de los conejos vacunados ya han muerto por otras causas y los que hay son conejos nuevos sin inmunidad, nos podemos imaginar la catástrofe. Sería un ‘volver a empezar’, salvo que tuviésemos la precaución de que nada más dejar de vacunar, nos preocupásemos de que el virus campo volviese a circular como y cuando nos interesa, es decir, deberíamos de volver a reintroducir el virus e incrementar su carga vírica de forma controlada tal y como ya se ha descrito.

Como se ve, el virus nueva variante ha supuesto un cambio importante para la RHD; sin embargo, no ha implicado un cambio sustancial en la forma de funcionar de la enfermedad en el campo, por lo que las directrices de gestión no deberían de cambiar mucho.

La gran suerte de la aparición de este virus es que ha propiciado una nueva ola de trabajos de investigación que nos depararán, esperamos, nuevos y sorprendentes conocimientos sobre esta enfermedad y su impacto en el conejo silvestre. Esperemos que sepamos aprovechar las oportunidades que nos brinden estos nuevos hallazgos.

Antonio J. Calvo*, Fernando Monroy*, Manuel Mendoza*,

María Pilar Sarto Aured**, Jorge H. Calvo** y Carlos Calvete Margolles**

*Tecnología y Servicios Agrarios, S.A., S.M.E., M.P. (Tragsatec)

**Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)

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2 comentarios

  1. Trofeocaza .
    marzo 18, 12:42
    Muchas Gracias por tu comentario Jaime
  2. Jaime
    marzo 16, 08:43
    Fantastico articulo, explicado de una forma clara y sencilla, con el repaso a una situacion que lleva muchos años produciendose. Muy buen trabajo. Un saludo Jaime Veiga

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