No todos los conejos de monte son iguales
18 mayo, 2017 Trofeocaza . 1449 Visualizaciones

Caza menor nacional

No todos los conejos de monte son iguales

Implicaciones para la gestión y conservación de la especie

Un trabajo fruto de la colaboraci√≥n entre diversas instituciones, como la Universidad de Trent (Canad√°), el IREC (Ciudad Real), el CIBIO (Portugal) y el IESA (C√≥rdoba) ha comprobado que las dos subespecies de este lagomorfo son diferentes morfol√≥gicamente: la algirus, t√≠pica de la mitad suroeste de la Pen√≠nsula Ib√©rica, es m√°s peque√Īa, con orejas y patas m√°s cortas, y tiene un menor peso corporal.

El conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) se encuentra actualmente distribuido por buena parte del mundo al haber sido introducido por el hombre desde su lugar de origen: la Península Ibérica. En esta región, el conejo juega un papel fundamental en los ecosistemas mediterráneos tal y como los conocemos hoy en día.

Por ello, esta especie tiene una enorme importancia para el sector conservacionista, adem√°s de su reconocida relevancia para los sectores cineg√©tico, como especie de caza menor, y agr√≠cola, por los da√Īos que puede causar a los cultivos en determinadas situaciones.

Sin embargo, a pesar de ser el conejo una especie familiar de nuestra fauna que despierta m√ļltiples intereses, hay aspectos b√°sicos de su biolog√≠a que siguen siendo desconocidos. Inicialmente, el conejo de monte fue clasificado como un roedor por el bot√°nico suizo Carl Linnaeus.

Sin embargo, esta especie se caracteriza por la presencia de dos pares de dientes incisivos superiores que sólo aparecen en los conejos, liebres y picas, por lo que taxonómicamente están incluidos en el orden de los lagomorfos.

A pesar de ello, todavía hoy mucha gente sigue cometiendo el error de llamarlos roedores.

LAS SUBESPECIES DEL CONEJO

Desde principios del siglo XX, diversos naturalistas han sugerido que no todos los conejos son iguales, se√Īalando diferencias comportamentales, pero sobre todo morfol√≥gicas (de tama√Īo corporal, color del pelaje), para justificarlo.

Por ejemplo, en 1914 el zo√≥logo espa√Īol √Āngel Cabrera consideraba la existencia de dos ‚Äúrazas‚ÄĚ silvestres de conejo y suger√≠a que la raza de la Pen√≠nsula Ib√©rica era de menor tama√Īo que la de Europa Central, de la que tambi√©n dec√≠a que era m√°s ‚Äúresistente‚ÄĚ a las condiciones ambientales.

De manera similar, Charles Darwin se√Īal√≥ en 1868 que los conejos de la isla de Porto Santo (Madeira, Portugal) eran de menor tama√Īo y su color de pelaje distinto al de los conejos brit√°nicos.En aquel momento, el renombrado naturalista ingl√©s atribuy√≥ estas diferencias a mecanismos de evoluci√≥n por el aislamiento insular.

No fue hasta 1921 cuando el zoólogo británico Theodore Cockerell llamó la atención sobre el hecho de que las características apuntadas por Darwin eran similares a las de los conejos del sur de la Península Ibérica, reforzando la idea de que el conejo de Porto Santo y el del sur de la Península eran en realidad el mismo y que ambos eran diferentes del conejo del norte de Europa.

Por tanto, las diferencias morfológicas apuntadas por los naturalistas de finales del siglo XIX y principios del XX ya sugerían la existencia de dos tipos o subespecies de conejo. Sin embargo, esta división no ha sido siempre consensuada y las variaciones no han sido reconocidas formalmente por todos los académicos y naturalistas.

Estas diferencias tampoco han pasado desapercibidas para muchos gestores y cazadores. Dentro del mundo cinegético, se han atribuido frecuentemente a, por ejemplo, diferencias naturales de dieta, clima o color y tipo de tierra.

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EL conejo juega un papel fundamental en los ecosistemas mediterr√°neos y tiene una gran importancia para todos los sectores relacionados con el medio ambiente

En casos extremos se ha llegado a especular si podría tratarse de conejos de otra especie, como por ejemplo el conejo de Florida (Sylvilagus floridanus), que fue introducido en otros países europeos como Italia.

Sin embargo, los conejos Sylvilagus nunca han sido detectados en la Península Ibérica afortunadamente, por lo que los conejos observados por los naturalistas y cazadores, aunque aparentemente algo distintos, no dejaban de ser los nuestros.

Fueron los estudios moleculares los que pusieron fin al debate, al menos desde el punto de vista cient√≠fico, demostrando que no todos los conejos son iguales entre s√≠. As√≠, en los a√Īos 1980- 90, los primeros an√°lisis gen√©ticos confirmaron que efectivamente hay tipos de conejos diferentes en la Pen√≠nsula Ib√©rica, en base a sus caracter√≠sticas gen√©ticas, y que estas diferencias eran compatibles con la existencia de dos subespecies de conejo.

El origen de estas subespecies se remonta al aislamiento prolongado que, durante las glaciaciones del Pleistoceno (hace 1,8 millones de a√Īos aproximadamente) sufrieron dos poblaciones de conejos en dos refugios separados, uno al suroeste y otro al nordeste de la Pen√≠nsula.

Poblaciones de otras especies quedaron igualmente aisladas en refugios glaciales en la Península dando origen a numerosos casos de especiación (formación de nuevas especies, por ejemplo, las liebres ibérica, europea y piornal, Lepus granatensis, L. europaeus y L. castroviejoi, respectivamente) y/o de otros grupos/subespecies (por ej. el topillo campesino, Microtus arvalis, y el pino silvestre, Pinus sylvestris).

Durante el tiempo que quedaron aisladas las poblaciones de conejo, éstas habrían evolucionado separadamente, dando lugar a las dos subespecies actualmente reconocidas: O. c. algirus y O. c. cuniculus.

Hoy en día, estas dos subespecies se distribuyen, respectivamente, por la parte occidental y la parte oriental de la Península, contactando en una zona central donde se mezclan de forma natural.

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Mapa de distribución de las dos subespecies de conejos y zona de contacto.

 

Es por ello que esta zona se caracteriza por una fuerte presencia de conejos híbridos. La introducción del conejo de monte, inicialmente en buena parte de Europa por los romanos, partió seguramente desde las inmediaciones de los puertos de Carthago, Valentia, Saguntum, Dertosa (Tortosa), Tarraco, etc.

Como todos estos puertos estaban en √°reas de la subespecie O. c. cuniculus, actualmente s√≥lo esta subespecie se encuentra fuera de la Pen√≠nsula, salvo peque√Īas excepciones. Las pruebas cient√≠ficas han demostrado tambi√©n que todas las variedades de los conejos dom√©sticos proceden de esta subespecie.

A pesar de que estudios genéticos han confirmado repetidamente esta división en dos subespecies de conejo, no está todavía claro si dichas diferencias genéticas se manifiestan a otros niveles (por ej. morfológicos, reproductivos, comportamentales, etc).

En ese sentido, estudios sobre el tama√Īo de los huesos del cr√°neo y del esqueleto han revelado que los conejos de la subespecie algirus son en general significativamente m√°s peque√Īos que los de la subespecie cuniculus.

Sin embargo, en cuanto al peso de los animales las evidencias no son tan contundentes, habiendo estudios que muestran diferencias claras entre los conejos de ambas subespecies y otros que no.

Investigaciones a nivel reproductivo parecen sugerir que hay diferencias en la longitud del per√≠odo reproductor (m√°s largo en algirus) y en los tama√Īos promedios de camada entre las dos subespecies. Los algirus suelen tener en promedio 3-4 embriones por camada, mientras que los cuniculus entre 4 y 6.

En cualquier caso, la gran mayor√≠a de estos estudios se basa en conejos asignados a una u otra subespecie sin ning√ļn tipo de validaci√≥n gen√©tica, por lo que siempre queda la duda de si estos resultados reflejan realmente diferencias entre ambas subespecies.

RAZONES QUE EXPLICAN LAS DIFERENCIAS BIOM√ČTRICAS

Modelos estadísticos revelaron que las diferencias morfológicas se debían, además de a la subespecie, a la localización geográfica y, en el caso del peso corporal, al sexo de los conejos estudiados.

En general, los conejos del norte de la Pen√≠nsula presentaron en promedio tama√Īos mayores que los del sur y las hembras pesaron por t√©rmino medio m√°s que los machos.

En el caso de la localizaci√≥n geogr√°fica, las diferencias clim√°ticas y ecol√≥gicas entre regiones de la Pen√≠nsula Ib√©rica podr√≠an explicar la variaci√≥n de tama√Īo de los conejos entre las mismas. Aunque parezca una nimiedad, una diferencia en casi un 20% en el tama√Īo entre una y otra subespecie puede ser crucial, por ejemplo termodin√°micamente.

Para los conejos, el gasto energ√©tico correspondiente a la termorregulaci√≥n puede ser muy elevado si la temperatura ambiental es muy distinta a la corporal (aproximadamente, 40¬įC). As√≠, los conejos menores soportar√°n mejor altas temperaturas (ej. en verano), mientras las bajas ser√°n mejor soportadas por los conejos mayores.

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Gráfica que muestra las diferencia morfológicas de ambas subespecies en los dos sexos.

Además, en este estudio se observó que dentro de cada una de las subespecies, las poblaciones de zonas meridionales y, por tanto, más cálidas presentaban orejas más largas, lo que les puede ayudar a soportar mejor el calor al tener mayor superficie de transpiración.

Otras diferencias geogr√°ficas, por ejemplo en la composici√≥n y abundancia de las comunidades de depredadores en distintas zonas de la Pen√≠nsula Ib√©rica (y, por lo tanto, en el nivel de riesgo de depredaci√≥n) podr√≠an explicar tambi√©n, en parte, las diferencias de tama√Īo observadas entre las dos subespecies de conejo.

De hecho, los ancestros de conejos actuales han ido disminuyendo en tama√Īo a lo largo de su historia evolutiva, lo que ha sido achacado a un intento de evitar a los depredadores.

Este trabajo confirm√≥ adem√°s que en ambas subespecies las hembras son sistem√°ticamente m√°s pesadas que los machos (aunque esta diferencia de tama√Īo entre machos y hembras tiende a ser m√°s peque√Īa en la subespecie cuniculus).

Este patr√≥n es curioso, ya que no es muy com√ļn en mam√≠feros, aunque s√≠ que se ha observado en otros lagomorfos, como conejos americanos y liebres.

El aparente mayor tama√Īo corporal de las hembras podr√≠a ser ventajoso a la hora de, por ejemplo, acceder a machos, alimento o refugio, de defender la madriguera y a los gazapos, o de cara a tener una mayor fecundidad.

De momento, no se conocen diferencias en los sistemas de emparejamiento o estrategias de alimentación entre las dos subespecies, por lo que las razones sobre estas diferencias entre sexos no dejan de ser especulativas.

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LAS DIFERENCIAS SON REALES

En un trabajo reciente, fruto de la colaboración entre diversas instituciones como la Universidad de Trent (Canadá), el IREC (Ciudad Real), el CIBIO (Portugal) y el IESA (Córdoba), entre otras, se ha comprobado que, efectivamente, los conejos de las dos subespecies son también diferentes morfológicamente.

El trabajo se basó en la medición de la longitud de las patas posteriores, orejas y el peso corporal de casi 1.000 conejos adultos de ambas subespecies, procedentes de 27 poblaciones distribuidas por toda la Península Ibérica.

Se utilizaron las medidas biométricas porque se considera que es la mejor manera (y la menos invasiva) para estudiar las variaciones morfológicas entre individuos, y se escogieron específicamente las medidas de las patas, orejas y peso porque estas han sido tomadas de forma consistente entre todas las poblaciones estudiadas.

Este trabajo confirm√≥ que la subespecie algirus, t√≠pica de la mitad suroeste de la Pen√≠nsula Ib√©rica, es en general m√°s peque√Īa, con orejas y patas m√°s cortas, y menor peso corporal.

El promedio de la longitud de oreja los conejos algirus midió casi 6 mm menos que las de los cuniculus (72,8 mm frente a 78,8 mm). Igualmente, la pata posterior de los algirus tuvo una longitud media de alrededor de 3 mm menos que la de los cuniculus (56,3 mm frente a 59,4 mm).

El peso corporal promedio de los algirus super√≥ por poco el kilo (1.043,3 g), mientras que los cuniculus fueron considerablemente m√°s pesados (en promedio, 1234,5 g). ‚ÄĘ

EXHAUSTIVA COMPROBACI√ďN DE LAS DIFERENCIAS ¬†BIOM√ČTRICAS

Todos estos animales fueron analizados genéticamente para comprobar sin lugar a dudas la subespecie a la que pertenecían.

Dado que en el estudio se buscaban diferencias entre las subespecies puras, se excluyeron de los análisis los conejos híbridos.

Tambi√©n se excluyeron los conejos juveniles y las hembras pre√Īadas o lactantes porque, al estar en fase de desarrollo (de crecimiento corporal y de gestaci√≥n, respectivamente), podr√≠an sesgar artificialmente los resultados.

IMPLICACIONES PARA LA GESTI√ďN Y CONSERVACI√ďN DEL CONEJO DE MONTE

Las poblaciones de conejo de monte han sufrido fuertes declives en los √ļltimos a√Īos, especialmente como consecuencia de dos enfermedades v√≠ricas. La baja densidad de muchas poblaciones hace que sean m√°s vulnerables a factores estoc√°sticos, como el cambio clim√°tico y/o la aparici√≥n de nuevas enfermedades o variantes de las ya conocidas.

El hecho de que sea la primera vez que se confirman las diferencias biométricas entre las dos subespecies de conejo de monte de forma inequívoca es crucial para la gestión de esta especie, tan valorada por los sectores cinegético, agrícola y conservacionista.

Las repoblaciones de conejo, tanto para la caza como para la conservación de los depredadores, han favorecido las sueltas de ejemplares pertenecientes a una subespecie en el área de distribución de la otra, contribuyendo a la degradación de la integridad genética de la especie.

De momento no se conocen las implicaciones de estas diferencias de tama√Īo entre conejos de diferentes subespecies a nivel ecol√≥gico. Sin embargo, es leg√≠timo asumir que las mismas conllevar√°n a otras muchas diferencias entre las dos subespecies, por ejemplo, en comportamiento, selecci√≥n de h√°bitat y estrategias anti-depredaci√≥n a√ļn poco conocidas, pero no por ello poco importantes.

Adem√°s, las diferencias en tama√Īo de una y otra subespecie podr√≠an hacer necesario un ajuste circadiano distinto para cada subespecie en funci√≥n de su tama√Īo, evitando las horas del d√≠a m√°s distantes de su termo-neutralidad, siendo necesario compensar las diferencias t√©rmicas con energ√≠a (a trav√©s de la ingesta).

Conejos-de-monte_conejoNi que decir tiene que el coste energ√©tico de la reproducci√≥n podr√≠a tambi√©n ser muy distinto, s√≥lo por las diferencias en su tama√Īo corporal. Si es as√≠, el cruce de conejos de ambas subespecies tendr√≠a implicaciones m√°s all√° de la mera mezcla gen√©tica y por eso debe de ser evitada fuera del √°rea de contacto donde existe una hibridaci√≥n natural.

Por otro lado, y desde el punto de vista de la conservación de la especie, estas diferencias biométricas refuerzan la necesidad de llevar a cabo una evaluación diferencial del estatus de conservación de cada una de las subespecies de conejo por separado.

El reconocimiento potencial de las subespecies como diferentes, ‚Äúunidades, significativas, evolutivas‚ÄĚ asegurar√≠a la conservaci√≥n de las particularidades de cada una de las subespecies de conejo, al igual que ha sucedido con otras especies (como el corzo andaluz).

Sin embargo, la posibilidad de utilizar las diferencias biom√©tricas como una herramienta de gesti√≥n es a√ļn prematura, y son necesarios m√°s estudios para verificar con qu√© margen de error ser√≠a seguro utilizar este criterio para distinguir las dos subespecies de conejo, por ejemplo, en el campo.

De momento, los an√°lisis gen√©ticos siguen siendo el m√©todo m√°s eficaz y fiable para distinguir los conejos de ambas subespecies, aunque las investigaciones contin√ļan para intentar desarrollar metodolog√≠as complementarias o alternativas.

Muchos gestores, cazadores y conservacionistas desconocen todavía la existencia de las dos subespecies de conejo. Aunque es comprensible que amparado ante este desconocimiento se hayan realizado movimientos de ejemplares de las áreas de una subespecie a la de la otra, está claro que las diferencias entre ambas subespecies son importantes, y no sólo porque incluso Darwin con un simple vistazo considerase que se trataba de animales muy distintos, sino porque sus adaptaciones al medio también lo serán.

Las repoblaciones, masivas o no, realizadas con ejemplares procedentes del √°rea de distribuci√≥n de la otra subespecie deben ser evitadas, porque en juego est√° el futuro de una de las especies clave m√°s importantes de los ecosistemas naturales ib√©ricos y la especie de caza m√°s cazada de Espa√Īa y Portugal.

En nuestra mano queda ayudar a la conservación del conejo de monte, porque está cada vez más claro que no son iguales todos los conejos.

¬°Pasa la voz!

Catarina Ferreira Departamento de Biología, Universidad de Trent, Peterborough (Canadá). Contacto: catferreira@gmail.com,

Francisca Castro, Fernando Aparicio, Rafael Villafuerte. Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), Córdoba.

Vicente Piorno. Parque Nacional de las Islas Atl√°nticas de Galicia, Vigo.

Isabel C. Barrio. Departamento de Ciencias Biológicas, Universidad de Alberta, Edmonton (Canadá).

Miguel Delibes-Mateos, Paulo C. Alves. InBio – CIBIO, Universidad de Porto, Vair√£o (Portugal).

Carlos Rouco. Landcare Research, Dunedin (Nueva Zelanda).

Luis Enrique M√≠nguez, Jos√© Blanco-Aguiar, Esther Ram√≠rez, Candelaria Iriarte, Jes√ļs Ca√Īadilla, Pablo Ferreras. Instituto de Investigaci√≥n en Recursos Cineg√©ticos (IREC; CSIC-UCLM-JCCM), Ciudad Real.

Carlos R√≠os-Salda√Īa. BioC√≥rima A. C., Coahuila, M√©xico.

Luis Arias de Reyna. Departamento de Zoología, Universidad de Córdoba, Córdoba.

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