Zorzales desde el punto de vista de un perdicero
5 noviembre, 2018 Trofeocaza . 2848 Visualizaciones

Caza menor nacional

Zorzales desde el punto de vista de un perdicero

Los menores de la menor

Hubo un tiempo en el que su caza era marginal y apenas exist√≠an cazadores dispuestos a ‚Äúgastar‚ÄĚ un cartucho en tal diminuta avecilla. Sin embargo, poco a poco, fue ganando adeptos entre los venadores que un buen d√≠a decidieron probarla y desde entonces permanecen ‚Äúenganchados‚ÄĚ . Es el caso, por ejemplo, del autor de este art√≠culo, un perdicero empedernido que jam√°s imagin√≥ que sentir√≠a tanta atracci√≥n por este ‚Äúpajarito‚ÄĚ.

Si me llegan a decir hace unos a√Īos lo que valoro ahora mismo una cacer√≠a de zorzales, no lo habr√≠a cre√≠do. Hubo un tiempo en el que nadie habr√≠a podido convencerme de que un pajarito de ese tama√Īo mereciera desperdiciar un cartucho.

En aquel entonces era un perdicero testarudo y pas√© a√Īos en mis trece sin ir nunca exprofeso a los zorzales. La caza en puesto, salvo la de acu√°ticas, nunca me ha apasionado y, a pesar de la insistencia de algunos compa√Īeros de cuadrilla a que les acompa√Īara alg√ļn d√≠a, yo no daba mi brazo a torcer.

Seguro que esto ha contribu√≠do a engrandecer mi fama de tozudo y que alguno de ellos acabara dirigi√©ndose a m√≠ al tratar el tema como Pablo ‚Äúm√°rmol‚ÄĚ, adem√°s de proponer un nuevo t√©rmino a la ling√ľ√≠stica castellana, que es sin√≥nimo de ‚Äúcerrarse en banda‚ÄĚ, como es el de ‚Äúencapotarse‚ÄĚ.

 ALGUNAS COSAS A SU FAVOR 

Era consciente de que la caza de aves migratorias siempre tiene atractivos a√Īadidos. Por un lado, la incertidumbre, algo que creo indisociable de una caza de calidad; tambi√©n la garant√≠a de que se cazan piezas aut√©nticas y salvajes.

En el caso de los zorzales se puede contar con que unos d√≠as m√°s y otros menos, lo normal es no fracasar estrepitosamente, si se programa en el lugar y en la √©poca adecuados. Como en el caso de otras migratorias, el fr√≠o en Europa determina las oleadas de migraci√≥n, ya que limita la disponibilidad de alimento, y Espa√Īa es uno de los destinos preferidos, si no el predilecto.

Zorzales_distri

Un perro bien ense√Īado siempre es de gran ayuda en el cobro. Que sea de muestra es indiferente en este tipo de cacer√≠as.

En inviernos fríos llegan a concentrarse gran cantidad de estas aves en los olivares del centro y sur peninsular buscando la codiciada aceituna. En sus inmediaciones es donde con más garantías se puede practicar su caza.

Tambi√©n saber que es delicioso en el plato era un punto a su favor. Pero estas argumentaciones no acababan de convencerme. Por fin un d√≠a Jos√© Ignacio √Ďudi y Rafa Gonz√°lez me engatusaron para acompa√Īarlos a una cacer√≠a de zorzales dici√©ndome que lo har√≠amos en mano.

Asistí sobre todo por corroborar mis ideas sobre el asunto y dejar claro de una vez por todas que eso de cazar pajaritos era una pérdida de tiempo, aunque reconozco que con un punto de curiosidad por lo de cazarlos al salto, y fuimos juntos a un coto de Toledo.

Se animaron tambi√©n Juan Francisco Par√≠s, Jorge Bernad y Juan Delibes, estos dos √ļltimos algo esc√©pticos como yo. Bast√≥ la primera vuelta para empezar a ver las cosas de otra manera y, en poco tiempo, quiz√°s sin reconocer abiertamente el craso error de haber menospreciado a estas aves, s√≠ empec√© a cambiar de tema cuando sal√≠a en la cuadrilla. Pasamos el d√≠a entero cazando, maneando los olivares y los enmara√Īados arroyos para terminar a la ca√≠da del sol en los dormideros, cobrando m√°s de 500 p√°jaros.

PRIMERAS IMPRESIONES DEL PERDICERO

El cazar zorzales sin pensar que est√°s espantando a las perdices es el primer paso para disfrutar de esta caza. Tras cobrar y fallar los primeros p√°jaros, el perdicero advierte que el tiro tiene m√°s miga de lo que pod√≠a parecer; el zorzal, sobre todo el com√ļn, no da muchas facilidades y tiene la gran habilidad de pasar fuera de tiro, o eso le parece al perdicero.

Algo que, además, le llama la atención en las primeras salidas es que tiene muy mala suerte comparada con la de sus amigos zorzaleros, ya que, indefectiblemente, pega la mitad de tiros en todas las manos.

Identificar el zorzal entre cogujadas, alondras y otros pajaritos le hace perder un tiempo precioso para no ocasionar da√Īos colaterales, y el zorzal se pone r√°pido fuera de tiro, o eso sigue creyendo el perdicero, hasta que el casual disparo a un zorzal muy largo, que hace que este caiga dando vueltas como la semilla de un arce, le hace entender que las referencias que maneja est√°n equivocadas y que un p√°jaro tan peque√Īo vuela m√°s cerca de √©l de lo que se cree.

Esto, unido a que un plomillo suele ser suficiente para abatirlo, hace que se les pueda tirar a distancias incre√≠bles, al menos para el perdicero. A partir de entonces, el n√ļmero de disparos aumenta progresivamente. Otra cosa que llama la atenci√≥n es la forma de llevar la mano de los zorzaleros avezados cuando cazan en las alas de la misma, acelerando y par√°ndose en determinados lugares.

El zorzal, como los aviones de l√≠nea, usan v√≠as a√©reas en sus desplazamientos, y claramente hay algunas que frecuentan m√°s regularmente: pasos m√°s cortos entre un olivar y otro, entre una vi√Īa y un bosquete de pinos, etc. Y la intuici√≥n y experiencia del zorzalero las detecta r√°pidamente, mientras el perdicero se afana en buscar las asomadas y tirar a los zorzales que √©l mismo espanta, opciones claramente menos productivas.

Así que mientras el zorzalero se adelanta ligero a taparse en una de estas querencias y cobra cinco o seis pájaros de una sentada, el perdicero no los ha olido.

En un momento dado, el perdicero cree haber descubierto todos los secretos sobre la caza de zorzales, ya que acaba de hacer un doblete y los pájaros se dirigen a él como si fuera un imán. Al proseguir la marcha empieza a sospechar que algo raro pasa, ya que andando a cuerpo descubierto por un pelado el imán sigue funcionando.

Zorzales_distri2Mira los √ļltimos p√°jaros abatidos y comprende lo sucedido. Se trata de zorzales alirrojos, que son mucho m√°s confiados y toman muchas menos precauciones a la hora de volar sobre el cazador, a veces incluso parece que les pica la curiosidad y van a ver qu√© es ese bulto que hace ese ruido atronador en ese descampado.

Seguramente estas dos aves tengan m√°s diferencias de comportamiento que f√≠sicas. El alirrojo, algo m√°s peque√Īo, se muestra mucho m√°s c√°ndido que el com√ļn a la hora de acercarse al cazador; adem√°s, este √ļltimo es m√°s fuerte y su vuelo es notablemente m√°s recio.

Prosigue la jornada y el perdicero se deleita tirando a los pájaros que levanta al salto de los olivos, todo un ejercicio para los reflejos y un tiro ciertamente difícil. Los zorzales se arrancan zigzagueando entre los árboles con un vuelo que no tiene nada que ver con el vuelo franco y rectilíneo de las perdices y que le proporciona lances variados y emocionantes.

Pero las perchas las engrosan principalmente los p√°jaros que una mano bien organizada proporciona. Esta debe formarse con una clara forma de ‚ÄúU‚ÄĚ y sus miembros deben respetar sus posiciones y mantener cierta separaci√≥n.

Así, los pájaros que las alas levantan serán tirados en el centro de la mano y viceversa. Lo ideal es que el avance no sea uniforme, y conviene que el cazador haga desplazamientos buscando po sibles parapetos donde ocultarse un poco para aguantar allí un minuto y buscar el siguiente.

Este es otro gran aliciente: un buen trabajo en equipo y una estrategia adecuada dan sus frutos. Al terminar la mano es habitual que las alas se adelanten y se cierren para cortar el paso a los √ļltimos p√°jaros. El paso siguiente es determinar qu√© mancha dar a continuaci√≥n, dependiendo de hacia d√≥nde hayan volado m√°s zorzales.

El perdicero, además, tarda un tiempo en aprender que los zorzales emiten al volar un silbido característico que avisa de su llegada; y mientras el zorzalero se prepara al oírlo y puede abatirlo aunque le entre por detrás, el perdicero suele seguir andando ignorante.

Otro momento para estar bien atento es al oír un tiro, ya que tras él es muy normal que los zorzales, asustados, vuelen en todas direcciones provocando un efecto en cadena; y lo adecuado es pararse, tapado en lo posible.

El cobro de los zorzales es tambi√©n algo que diferencia al zorzalero avezado. Un p√°jaro tan peque√Īo es f√°cil de perder, as√≠ que marcarlos bien es vital. Tambi√©n saber cu√°ntos puede uno memorizar antes de ponerse a cobrar; cuando se empieza a dudar es el momento de hacerlo. M√°s vale no tirar un p√°jaro y cobrar los que est√°n en el suelo que tirarlo y perder alguno.

El perdicero advertir√° que con bastante frecuencia le pasan algunos p√°jaros a tiro mientras cuelga los cobrados por las cintas de cuero de su percha para perdices. En estas met√°licas se introduce la cabeza del ave casi sin mirar, ahorrando un tiempo precioso.

OTROS ZORZALES

Para el cazador naturalista, la familia de los zorzales es muy interesante. Existen en el mundo casi setenta especies del g√©nero Turdus, con representantes en los cinco continentes. Unos migratorios, como el com√ļn, y otros sedentarios, como el zorzal pardo (Turdus grayi), propio de Centroam√©rica, unos de amplia distribuci√≥n, como el alirrojo, y otros que viven √ļnicamente en un monte, como el zorzal de los Taita (Turdus helleri), cuyo h√°bitat se limita a estos montes del sureste de Kenya.

Otros son end√©micos de islas, como el zorzal gorgiblanco (Turdus aurantius), end√©mico de Jamaica. Algunos son monot√≠picos y otros no, como el zorzal insular (Turdus poliocephalus), residente en las islas del sudeste asi√°tico, que cuenta con cincuenta subespecies, y unos tienen inter√©s cineg√©tico y otros no, como el mirlo (Turdus merula), tambi√©n miembro de esta amplia familia. Adem√°s del com√ļn y el alirrojo, el m√°s escaso charlo tambi√©n es una especie cineg√©ticamente interesante para el cazador peninsular.

He encontrado buenos pasos en monta√Īa, en zonas donde los bosques de con√≠feras se mezclan con pastizales alpinos. Aunque su baja densidad no invita a cazarlo en mano o al salto, se pueden hacer tiradas en los pasos del dormidero al comedero y viceversa, dedicando un poco de tiempo a descubrirlos.

Casi como una nota anecdótica, hay que mencionar al zorzal real, que, aunque en la zona norte puede uno toparse con unos cuantos de un golpe migratorio, lo más habitual es que se cobre uno accidentalmente cazando en los olivares. No sé de nadie que salga a cazar teniéndolo como objetivo principal.

Tambi√©n los he encontrado en monta√Īa: recuerdo haber cobrado alguno cazando perdices pardillas en los altos de los Montes de Le√≥n… Qu√© tiempos aquellos. Que sirva este art√≠culo como reconocimiento a estos pajaritos y como purga por no haberlos tenido en otro tiempo en la consideraci√≥n que se merecen.

Desde hace muchos a√Īos hemos institucionalizado estas cacer√≠as de zorzales en mano en la cuadrilla, y salimos asiduamente varias veces por temporada; y cuando alguno me recuerda lo que he renegado de ellos, le contesto como una vez lo hizo un compa√Īero de colegio a un profesor: ‚Äď¬ŅYoooo?… Juro que yo no he sido y que no lo volver√© a hacer.

Pablo Capote Urosa

También te puede interesar...

0 comentarios

No hay comentarios

Puedes ser el primero Comenta este post

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.