Entrevista a Lucas Llanes Borrero, uno de nuestros homologadores más veteranos
8 noviembre, 2017 Trofeocaza . 350 Visualizaciones

Caza mayor nacional

Entrevista a Lucas Llanes Borrero, uno de nuestros homologadores más veteranos

De los 62.500 trofeos valorados en los 65 años de la historia de la homologación en España, el 16 por ciento de ellos han pasado por las manos de nuestro entrevistado, representante de la Comisión Andaluza. Un cazador romántico que defiende que cualquier trofeo debe nacer y morir en el campo sin perder nunca su salvajismo.

P.- ¿Cuál cree que es el objetivo final de la homologación?

R.- Conocer la evolución, desde la realidad y con base científica, de las especies de mayor en el mapa cinegético nacional, siendo uno de sus objetivos primordiales el salvaguardar la pureza genética de las mismas. La homologación constituye un indicador muy significativo en la gestión de los acotados que pretendan la superación y el equilibrio de los trofeos, lo que se traduce en la mejora del hábitat y la conservación de los territorios.

Al mismo tiempo, los conocimientos de las fórmulas para la medición, hacen profundizar al cazador tanto en su cultura cinegética como en su exigencia venatoria. En definitiva, la valoración de los trofeos conlleva un registro detallado sobre la gestión que nos ocupa de la caza en España, donde son interpretables las variaciones ambientales que inciden a lo largo del tiempo sobre nuestra fauna de caza mayor. Siendo estos archivos imprescindibles para una mejor comprensión de las estructuras y funcionamiento de estos seres vivos.

No podemos olvidar lo que nos anunció Theodosius Dobzhansky:

“Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la teoría evolutiva”

¿Pero las fichas de homologación no recoge ni explica por qué determinado animal es por ejemplo récord nacional o cómo ha influido en ello su ecosistema?

Así es, en las fichas actualmente tan sólo se recoge si el trofeo procede de coto abierto o cerrado, aclarándose si dicha procedencia es de terrenos cinegéticos abiertos o cerrados y en ambos casos para cualquiera que sea su superficie.

Todo lo que sea abundar —como usted apunta— en el currículo del trofeo, sobre todo en su grado de salvajismo y pureza, redundará tanto en la ética de la práctica venatoria como en los datos informativos a manejar por la comunidad científica.

Cómo cree que ha sido la evolución de la homologación en España ¿Cree que el cazador español la toma más en serio?

Personalmente opino que, en la actualidad, la caza mayor ha pasado de ser una actividad en donde las privaciones y el esfuerzo eran sus características más acusadas, a una práctica en la que a veces hay que buscar una justificación —si es que la hay— a la caza de animales procedentes de granja o en cercones.

Porque si no encontramos argumentos sólidos —los económicos sólo están vinculados a una producción pecuaria— lo más ético sería que a esta práctica superintensiva, cuasi-ganadera, se le diera una denominación concreta… ¡Y cuánto antes mejor!

Así a la sociedad le sería más fácil volver a reconocer la caza —con mayúscula— como una herramienta de gestión del medio natural que se implica en fortalecer los pilares sobre los que ha de sustentarse el desarrollo de ese mundo rural que todos debemos pretender conservar… Y en todo esto, tanto la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza (JNHTC) como las Comisiones Regionales de la misma, tienen que seguir implicándose.

En cuanto a la opinión del cazador español, estimo que en la actualidad existe un punto de inflexión en la misma como consecuencia del acuerdo 08-2013 adoptado por la JNHTC, en el sentido que los trofeos homologados de cualquier especie, cuando procedan de terrenos cercados, no podrán optar a ser récord de la especie (tanto nacional como anual), y sólo accederán aquellos procedentes de terrenos abiertos. Con lo que, en definitiva, se pretende retornar a la floresta primitiva de la filosofía homologadora.

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Panel de la JNHTC en Cinegética 2015, en el que se aprecian los récord nacionales de las distintas especies.

 

¿Pero esto no cierra las puertas a que cualquier finca cercada, la mayoría en la mitad sur de la Península, aunque tenga un ecosistema muy adecuado y una extensión enorme? ¿No debería haber excepciones en función de la extensión de la finca?

Entiendo que sí, ya que sin dar nombres conocemos una serie de acotados que por su extensión y singularidad natural se escapan del contexto metodológico que definen a una finca cerrada, sobre todo por el grado de salvajismo de su fauna cinegética, por lo que debería de ser un caso a estudiar.

No obstante, el Consejo Internacional de la Caza apoyándose en la opinión de la presidencia de la División de Ciencia del mismo, considera que con independencia de superficies y otras connotaciones de carácter biológicas, los cerramientos cinegéticos abortan las posibilidades de las migraciones estacionales.

Pero vuelvo a insistir que hay fincas, sobre todo en la España centro-meridional que deben de ser objeto de estudio al respecto por usted planteado.

En este sentido la hipergestión (desparasitaciones, piensos ricos en vitaminas, sangre procedente de ejemplares alóctonos y más grandes) en algunas fincas ha conseguido desvirtuar el fin de la homologación. ¿No?

Hay que aclarar que nuestro cometido es simplemente evaluativo y nunca policial. Sentada esta premisa, lo primero es verificar la procedencia del trofeo y si éste pertenece a la especie que se supone; cosa que ya se hace con el venado (Cervus elaphus hispanicus) a través de la prueba de ADN. También en los muflones de cuernos demasiado abiertos —tipo argali— se rechazan los trofeos, por posible hibridación, cuando el cociente resultante de dividir la envergadura por la distancia de separación entre puntas es inferior a 0,7.

Con la salvedad de nuestra Cabra Montés —aunque ya las subespecies tienen baremos diferenciados—, el procedimiento más determinante con el resto de las especies sería a través del ADN.

Para que la hipergestión no desvirtúe esta práctica valorativa, a mi juicio las actuales técnicas de gestión deben ir encaminadas exclusivamente a la mejora del medio natural.

Los animales han de nacer y morir en el campo, respetándose siempre su innato salvajismo y estar exento en todo momento de cualquier tipo de manipulación. No es de recibo que el trofeo de un animal con nombre, apellidos, numeración e incluso apodo o mote se incluya en ranking alguno, porque todos estamos obligados a velar por nuestro silvestre patrimonio nacional.

¿Qué medidas ha adoptado últimamente la Junta Nacional para que la homologación no pierda su sentido o mejor, recupere su prestigio? Si de usted dependiese, ¿Qué otras medidas pondría en práctica?

Como ya he esbozado con anterioridad, la JNHTC en su reunión de 16 de septiembre de 2013 adoptó por unanimidad que a partir de dicha fecha ningún trofeo de especies procedentes de terrenos cercados podrá ostentar la condición de récord, tanto nacional como anual.

Dicho acuerdo, en mi opinión, ha llegado tarde… pero afortunadamente -para mí- ha llegado. Y digo esto porque no aporta nada nuevo bajo el sol homologador, ya que el Consejo Internacional de la Caza (CIC), al que pertenece la JNHTC, siempre ha exigido reglamentariamente que en los registros de trofeos homologados se distinga si provienen de abierto o cerrado y sólo reconoce como trofeos con categoría de medalla de oro o trofeos con categoría de excepcionales (los llamados CIC Grand Prix Awards) aquéllos que procedan de terrenos abiertos, ya que las cercas restringen la movilidad y las migraciones estacionales.

No sé si soy un romántico, pero pretendo seguir enarbolando la bandera de la caza en toda su pureza y por supuesto sobre animales salvajes. Por todo ello propondría una drástica higiene cinegética, con carácter permanente, sobre aquellos estafadores que abusan en cuanto a homologación se refiere de los cazadores de buena fe, así como sobre los “garbanzos negros” del gremio cazador que pretenden engañar a los aplicados jueces homologadores con “trofeos” manipulados o contaminados.

Usted escribió un libro titulado Manual de Homologación de Trofeos de Caza Mayor en España. ¿Qué pretendió con él y a su parecer qué tenía de especial comparado sobre otros libros en la materia?

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Portada del Manual de Homologación de Trofeos de Caza Mayor en España. Precio: 20 €(más gastos de envío). Información y pedidos: 660 664 913 y 670 422 700.

El hecho felicitario de que la homologación de los trofeos de caza haya despertado interés en el ámbito universitario, propició que esta práctica tomara la consideración de asignatura en el Máster en Gestión Cinegética —que ya va por su quinta edición— en la Universidad de Huelva.

Como profesor titular de dicha disciplina académica —Homologación de Trofeos— me vi en la obligatoriedad de confeccionar los oportunos apuntes, que a la postre constituyeron el germen de la edición de dicha publicación. Por lo que mi pretensión fue esa: formar, enseñar, documentar, culturizar…; lo que para mí representa una forma más de seguir cazando.

Creo que su singularidad estriba en las secuencias fotográficas, tanto por su desarrollo como señalización de las mismas, y también en los supuestos prácticos planteados y resueltos.

No obstante, como autor, no soy la persona más indicada para su análisis crítico, prefiero dar a conocer la impresión que el presidente de la Asociación Nacional de Taxidermistas (ANTAX) transmitió a sus asociados:

“Considero este Libro de Homologación de Trofeos el mejor editado hasta la fecha, donde resulta muy fácil comprender todas las explicaciones y muy bueno en cuanto a fotos que nos ayudan a comprender mejor los pasos para medir los trofeos.”

Todo ello junto a las reseñas aparecidas en las redes sociales han debido de influir para que prácticamente ya se esté agotando la 2ª edición.

 

Me figuro que en sus muchos años homologando trofeos habrá visto alguna picaresca. Cuénteme los casos más sonados.

Algo le puedo referir de algunos balones que conseguí parar, porque de los goles todavía no me he enterado. Ya le he comentado que los jueces no somos policías, pero cuando salta a la vista que el trofeo no es de dónde es geográficamente hablando, que incluso puede haber traspasado fronteras internacionales, hay que ser implacables en la exigencia documental de su procedencia; así como si se vislumbra contaminación genética, que como ya anticipé con el ciervo ya se actúa a través del ADN.

El dar color artificial se ha considerado un pecado venial, por lo que el trofeo sí se homologa pero con valor cero en el correspondiente casillero del color. También ha habido trabajos de “carpintería fina” en reposiciones de roturas con restos procedentes de otros animales de la especie en cuestión. Con materiales sintéticos se ha pretendido incrementar perímetros o anchuras (colmillo de jabalí)… Pero permítame usted no continuar, para no dar más pistas.

Fue usted quien, mediante un estudio, logró que el zorro también fuese homologado como trofeo de caza ¿Cómo ha sido acogida la medida, máxime cuando algunos colegas la considerasen una excentricidad?

Efectivamente, durante una década disfruté también del campo elaborando el estudio preliminar para la homologación del zorro. Gracias a la Comisión Regional Andaluza, que supo conducir mi trabajo con acierto en todos los foros que fueron precisos, la JNHTC dio el visto bueno para que el zorro se homologara oficialmente en Andalucía desde el 1 de julio de 2010, con independencia de que las capturas se produzcan en cualquier terreno con régimen cinegético del territorio nacional. Así, el actual récord nacional fue cazado en Barberá de la Conca (Tarragona), que a su vez ocupa el segundo puesto en el ranking europeo.

Desde que se homologó oficialmente el primer trofeo, en octubre de 2010 en la IV Feria Internacional de Caza, Pesca y Turismo Rural en Los Barrios (Cádiz) —siendo titular del mismo el director honorífico de TROFEO— hasta la actualidad son muy numerosos los trofeos homologados. En consecuencia, a los que nos tacharon de excéntrico le hemos debido de convencer con los argumentos que conllevaban nuestra propuesta; al menos es así como contundentemente se ha pronunciado José Ramón de Camps Golobart en su magistral libro El Zorro, Pasión por su Caza.

¿Haría alguna reforma en las actuales fórmulas de homologación?

En aras a la exactitud propondría eliminar las apreciaciones subjetivas, como son determinados puntos inherentes a la belleza y en particular a lo relativo al color en los trofeos de los cérvidos. Aunque en el color pueden influir condicionantes intrínsecos como la mineralización de la cuerna (aspereza y rugosidad) y la oxidación del torrente sanguíneo en la formación de la misma; los demás son factores externos, como los taninos de los jugos corticales de los diferentes estratos botánicos donde frotan las cuernas.

También influyen la textura y la estructura edáfica, sobre todo en suelos arcillosos tipo ácido-húmicos que dan tonalidades más oscuras, que a su vez quedan más acusadas en los trofeos mejor perlados y ranurados. Todo ello también ayudado a través de la grasa epidérmica durante el aseo corporal del animal, así como por la acción de la luz ultravioleta.

A mi parecer y para evitar conflictos a nivel de paletas de colores y otras subjetividades, se deberían unificar criterios en un sentido exclusivamente instrumental a base de balanza, dinamómetro, flexómetro, calibrador, calibre digital, compás de ramas curvas, cubeta, etc. Es decir, a través de exactas acciones medibles puramente objetivas.

En el jabalí procuraría buscar un equilibrio en el binomio longitud-anchura de sus colmillos, ya que la longitud se mide en centímetros y multiplica por 1, mientras que la anchura se aprecia en milímetros y multiplica por 3, o lo que es lo mismo: 1 mm de anchura equivale a 3 cm de longitud. Esto me parece desproporcionado, ya que en valores porcentuales la longitud acapara aproximadamente el 17% y la anchura el 67% de la valoración total del trofeo.

Tío Calañas

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