La ciudad contra el campo
10 mayo, 2018 Trofeocaza . 706 Visualizaciones

Javier Hidalgo Opinión

La ciudad contra el campo

Sir Peter Scott (1909-1989), aquel famoso pintor de patos y √°nsares y gran naturalista, me pregunt√≥ un d√≠a por Do√Īana. Cazador, amigo y contempor√°neo de mi padre, hijo del capit√°n Scott, que muri√≥ tr√°gicamente en la Ant√°rtida pocos d√≠as despu√©s de que el noruego Roal Amundsen se le adelantara en el descubrimiento del Polo Sur a principios del siglo XX, Peter obtuvo el favor de la corona brit√°nica en forma de la financiaci√≥n de sus estudios superiores en la Escuela de Arte.

Consigui√≥ una medalla ol√≠mpica en vela para su pa√≠s y fue campe√≥n nacional de saltos en ala delta. Convertido en reconocido artista con una especial inclinaci√≥n por las ciencias naturales, se volc√≥ en la dif√≠cil tarea de la conservaci√≥n y fund√≥ varias instituciones, como el Wildfowl Trust y, lo que pocas personas conocen, fue art√≠fice principal, con un grupo de amigos, en la creaci√≥n del World Wildlife Fund, WWF, con el prop√≥sito de comprar unos terrenos en Do√Īana para dedicarlos a reserva biol√≥gica.

Efectivamente, la organizaci√≥n que tiene por logo al oso panda fue instituida para recaudar fondos y comprar con ellos los terrenos que luego integraron la Estaci√≥n Biol√≥gica de Do√Īana.

Pues bien, en aquella ocasi√≥n en que sir Peter me pregunt√≥ por Do√Īana, est√°bamos en Norfolk, Inglaterra, en la inauguraci√≥n de una reserva de patos por parte del pr√≠ncipe Felipe, duque de Edimburgo, y deb√≠a ser por los a√Īos ochenta del siglo pasado.

Yo le contest√© que segu√≠amos con los problemas de siempre en Do√Īana y Peter me dijo que era el primero y el √ļnico proyecto del WWF que nunca terminaba de cuajar‚Ķ Me parece que Peter era consciente de la absoluta indiferencia que los gobernantes mediterr√°neos muestran hacia los asuntos de la conservaci√≥n del medio ambiente.

Cuando ese pu√Īado de conservacionistas cre√≥ el WWF para conseguir dinero y comprar un pedazo del humedal m√°s importante de Europa, las dos especies nativas de all√≠ que m√°s llamaron su atenci√≥n fueron el √°guila imperial y el lince.

Hoy, 54 a√Īos despu√©s y tras haberse declarado parque nacional todo Do√Īana y Las Marismas del Guadalquivir, tras haberse invertido ingentes cantidades de dinero p√ļblico en su conservaci√≥n, tras haberse prohibido la caza desde los a√Īos ochenta, los linces han poco menos que desaparecido del viejo cazadero real y las √°guilas imperiales han preferido irse a vivir a los terrenos privados dedicados a cotos de caza, hasta el punto de que el 80 por ciento de la poblaci√≥n total actual ‚Äďunas 500 parejas‚Äď vive en estos terrenos.

Ante estas circunstancias, resulta chocante constatar la animadversión que hoy día despierta el gremio cazador entre la población urbana y que se traduce en continuos ataques y rechazo generalizado hacia la caza y sus practicantes, cuando aquella y estos son precisamente los que han propiciado que llegaran hasta nuestros días los pocos espacios naturales inalterados que nos quedan y con ello han evitado la desaparición de muchas especies animales.

Ah√≠ est√°n las Tablas de Daimiel, Caba√Īeros, Do√Īana, el Delta del Ebro, etc., todos espacios preservados a lo largo de generaciones por sus propietarios y ahora convertidos en terrenos p√ļblicos protegidos, cuya mala gesti√≥n les ha tra√≠do una serie de amenazas que atentan contra su integridad y la de las especies de animales salvajes que los pueblan.

Esa animadversión de los habitantes urbanos, como todos los radicalismos, se sustenta en la ignorancia. Y en estos tiempos aparece incentivada por las corrientes populistas.

Porque una mayoría de ciudadanos cree que las hamburguesas, los deditos de pescado y otros alimentos de origen animal se crean en el supermercado y desconocen el campo y sus circunstancias, así como la vasta cultura y las prácticas tradicionales que están ligadas y condicionan la vida y los hábitos rurales.

Es la desagradecida reacción hacia una minoría, los habitantes del campo y sus simpatizantes, que a lo largo de la historia de la humanidad ha provisto las mesas del Homo sapiens.

Y si el ciudadano medio desconoce estos extremos, no digamos a qué nivel llega su ignorancia acerca de la positiva influencia que la caza ha tenido y tiene en los mecanismos del mantenimiento de los espacios y las especies. Ha sido y es el mejor instrumento para conservarlos.

Ahora surgen noticias acerca de la recuperaci√≥n de nuestro lince, el felino m√°s amenazado del planeta. Se ha invertido mucho dinero p√ļblico en el proyecto de cr√≠a en cautividad y reintroducci√≥n. Pero finalmente, donde el gato est√° reapareciendo es en los terrenos privados gestionados para la caza por parte de sus propietarios, porque aqu√≠ es donde encuentra mayor disponibilidad de alimento.

Mientras exista animadversión de la ciudad hacia el campo y la caza, la integridad de nuestros sistemas naturales estará en peligro.

Javier Hidalgo

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