El alcohol y la caza no son buenos compa√Īeros
16 agosto, 2018 Trofeocaza . 1586 Visualizaciones

Opinión Santiago Ballesteros

El alcohol y la caza no son buenos compa√Īeros

Decía Juan Delibes que es partidario de los controles de alcoholemia en monterías y jornadas de caza. Con matices, pero la esencia creo que era esa.  No le falta razón y me sumo a esta opinión, que es por otro lado la mía.

Lo escribí en 1999 en Caza y Pesca cuando la llevaban Cesáreo Martín y Adolfo Sanz. Ellos dos veteranos periodistas, yo un recién licenciado en Derecho que garabateaba cosas de caza.

Mucho han cambiado los hábitos, la ropa, la situación de las especies, los coches y hasta nuestra forma de cazar. Del cuatro latas hemos pasado al Ranger sin darnos cuenta. De la escopeta y las postas al express. Del jersey raído  y el loden a la ropa técnica y al camuflaje más sofisticado.

Sin embargo, ese h√°bito de la copa de an√≠s, el co√Īac, ‚Ķ sigue en algunos lugares y foros de cazadores demasiado arraigado.

Es cierto que muchos cazadores no huelen siquiera el alcohol, pero donde concurren rifles jabalíes y cientos de disparos, la costumbre social de tomar una copa (o dos) debería cuando menos ser susceptible de ser controlada por los agentes de la autoridad.

En la carretera lo es y conducci√≥n y caza comparten el rasgo com√ļn de ser una actividad de riesgo. La prueba es que ambas requieren de un seguro obligatorio y que cada a√Īo tenemos decenas de muertos, mutilados y miles de heridos de diversa consideraci√≥n.

La seguridad en la caza, especialmente en las monterías, exige un el esfuerzo de todos. Una actividad de riesgo debería requerir cuando menos un mínimo de diligencia en el monte, un básico de escuela, y desde luego el adiós para siempre del doblar o triplar puesto.

Hace dos a√Īos, a pesar de la prohibici√≥n de doblar puesto en Castilla-La Mancha tuve que compartir cacer√≠a con vecinos que doblaban o triplaban sus posturas.

Desde luego, la costumbre de la copa tampoco fomenta la seguridad, cuando menos la reduce y desde luego debería controlarse sin que nadie se pueda rasgar las vestiduras porque algunos cazadores exijamos compartir batida con gente que esté en condiciones y sin tener sus facultades mermadas por el anís, el vino o el sol y sombra.

La fragmentaci√≥n de las leyes de caza en diecisiete estados cineg√©ticos no abona el terreno de una obligaci√≥n armonizada y com√ļn en este sentido. La prohibici√≥n de fumar en los bares nos parec√≠a algo imposible. A la postre a resultado un beneficio para todos.

Reducir o limitar el consumo de alcohol antes de una acci√≥n en la que intervienen armas deber√≠a ser una cosa de todos, y en su caso, de una forma proporcional y ponderada controlada por las administraciones p√ļblicas.

Después, en la comida, cada uno que haga lo quiera.

Santiago Ballesteros

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