Predadores predados
12 julio, 2018 Trofeocaza . 152 Visualizaciones

Opinión Pablo Capote

Predadores predados

Fredy es miembro de la tercera generación de una familia de origen alemán afincada en Namibia.

Cuando su abuelo se estableció en sus tierras no había muchos antílopes en ellas y a lo largo de su vida abatió un par de leopardos.

Su hijo, el padre de Fredy, hizo algunas mejoras en sus cotos de caza y fueron alrededor de una decena los leopardos que cazó.

Cuando visité a Fredy en los años ochenta, los territorios abiertos y libres que gestionaba rebosaban vida. Había establecido muchos puntos de agua en distintas zonas mediante pozos con bombas accionadas eólicamente y abundaban los antílopes.

En ese momento los felinos convivían con los ungulados y Fredy había abatido controladamente con sus clientes más de medio centenar de leopardos. Recuerdo que en el tiempo que pasamos allí maté el único chacal que vimos.

Poco después me invitaron a cazar en unos cotos sudafricanos que explotaba un exmilitar bóer. La gestión cinegética de los mismos, igual que en los colindantes, era bastante artificial.

Fincas cercadas más o menos grandes con cantidad y variedad de antílopes locales y foráneos.

El control de predadores que se llevaba a cabo en ellas era, digamos, muy ‘tradicional’ y consistía básicamente en intentar exterminar todo carnívoro de entre cuatro y ninguna pata sin remilgos.

Por supuesto, los grandes predadores habían desaparecido hacía décadas. Una noche nuestro anfitrión nos invitó a cazar con un amigo suyo en lo que él llamaba la Kiling Machine, una pick up a la que había instalado unos potentes focos móviles de distintos colores; un equipo de sonido portátil accionado por control remoto con reclamos variados grabados, que colocaba a una distancia prudencial del vehículo; y una silla giratoria al estilo de las de los barberos, en la que se acomodaba el tirador.

Viendo la cantidad de chacales, gatos salvajes y cimarrones que podían eliminarse con aquel artilugio, era fácil entender que ese hombre hubiera cambiado su antigua profesión de policía en Soweto por la más lucrativa y tranquila de ‘alimañero’ en las fincas del entorno, un negocio boyante y con futuro, ya que por muchos chacales y gatos que sacrificara seguía teniendo trabajo año tras año de forma sostenible.

Hoy pocos dudan de la necesidad del control de predadores, incluso los más reputados conservacionistas se muestran a favor, pero cualquiera que esté ligado al campo sabe de la dificultad física y administrativa para reducir el número de zorros, jabalíes, gatos asilvestrados, urracas o cigüeñas que pueblan nuestros campos.

En la historia de la lucha contra ‘las alimañas’ en Europa nunca se hizo distinción entre grandes y pequeños predadores, lo que condujo a la casi extinción de los primeros. Hoy, a algunos se les empieza a echar de menos y empieza a vérselos como valiosos aliados.

Publicamos este mes dos artículos que ilustran el papel de un gran predador como el lince en su entorno, como elemento de control de otros predadores más pequeños, adaptables, abundantes y por lo tanto más conflictivos.

En el primero, dos naturalistas y un guarda nos relatan la historia de un lince imaginario, compuesta a base de retazos de documentaciones reales, en la que abordan esa faceta de su comportamiento.

El segundo trabajo, de carácter más técnico, está firmado por científicos del Instituto de Biología de la Conservación (IBiCo) y de la World Wildlife Fund (WWF) y en él nos muestran al felino como el mejor aliado de la caza menor, por su acción predadora sobre zorros, gatos y meloncillos principalmente, en una investigación para determinar sus densidades basada en la frecuencia de detección de unos y otros en distintos lugares y momentos por medio de 500 cámaras trampa.

Parece claro que conseguir una población sana de grandes predadores nos ayudará a mantener el equilibrio ecológico en los ecosistemas naturales y a limitar excesos de población no deseados, sin duda una buena noticia para cualquier cazador conservacionista, aunque no hay que olvidar que, llegado el caso, también es nuestra la responsabilidad de controlarlos a ellos.

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