31 octubre, 2016 Trofeocaza . 1563 Visualizaciones

Juan Pascual Opinión

¿Qué estamos haciendo mal?

Esta pregunta me surgió el otro día mientras veía en la televisión un debate sobre si los menores de 16 años debían o no entrar en las corridas de toros. Por el momento, como todo en España, cada comunidad autónoma marca su política al respecto; y así, por ejemplo, en Baleares estaba prohibida la entrada a menores de 16 a la plaza; sin embargo la infanta Elena había acudido con su hija, creo recordar que de 15 años de edad y que cumple los 16 en septiembre.

Como siempre, había tertulianos abanderados de la verdad, que se definen como progres y animalistas, pero que poco tienen de respetuosos con los que pensamos diferente, y que nada saben de animales, pidiendo por ello la cabeza de la infanta, criticando a la monarquía ya de paso y poniendo el grito en el cielo. Lo ponen porque una ‘niña’ de 15 años y 10 meses, a falta de dos meses para hacerlo de forma legal, entraba a los toros.

Pero no dicen nada por las matanzas de niños inocentes en muchas partes del mundo o porque una cría menor pudiera abortar…; es curioso. Esto no es más que una de las muchas puntas de un iceberg con el que vamos a toparnos al más puro estilo del Titanic. La corriente ‘cultural’ que en estos tiempos arrasa entre los jóvenes, y no tan jóvenes, es incompatible con los usos y las tradiciones del medio rural que hasta hoy conocemos.

Además venden humo, como en tantos otros campos, sin base científica ni técnica alguna; pero la gente lo compra, cierto sector de la ciudadanía que, visto lo visto, ni va sobrado de nivel cultural ni son aficionados a pensar; pero el problema es que su voto vale igual que el de cualquiera de nosotros. Ya no digo la caza, la ganadería, los usos forestales, incluso la agricultura puede estar en peligro a medio plazo.

Este sector de la ciudadanía tiene una característica curiosa: aunque presumen de defender la libertad, son totalmente intolerantes con aquellos que no apoyan sus teorías y que piensan diferente. Y muchas veces ponen incluso el derecho animal, o el tan de moda «bienestar animal» por delante de nuestras libertades o derechos humanos. Una gran falta de cultura y sentido común, una malformación cultural masiva.

En aquel programa de televisión que citaba al principio, el torero Óscar Higares planteaba algo tan normal como que a los toros vaya quien quiera, y el que no quiera que no vaya. Cuando deje de ser rentable, la actividad cesará. Una postura mucho más respetuosa y progresista, desde luego. Este tipo de movimiento no suele llegar al poder, pero si llega es para ponerse a temblar.

Pero su mensaje va calando, principalmente en las nuevas generaciones, lo que nos augura un futuro complicado. Prohibir la caza y los toros son para ellos prioridades, pero afirmaciones como «el campo es de todos» o «no al maltrato animal», entendiendo el mismo como cualquier sometimiento, son frases tremendamente peligrosas. No debemos resignarnos, hay que formar e informar a los jóvenes sobre la realidad del campo y la caza, para que opinen con criterio y decidan desde su libertad el practicarla o no.

Juan Pascual Herrera Coronado

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