10 tipos de perdiz de reclamo, seg√ļn su comportamiento
12 marzo, 2018 Trofeocaza . 3079 Visualizaciones

Caza menor nacional Perdiz con Reclamo

10 tipos de perdiz de reclamo, seg√ļn su comportamiento

Al igual que ocurre con las personas, cada perdiz es un mundo, y su comportamiento en el pulpitillo difiere muchísimo dependiendo de distintos factores y de las experiencias que ha vivido y que van forjando su carácter.

A continuaci√≥n, un afortunado cuquillero que ha tenido la suerte de disfrutar del trabajo de centenares de p√°jaros se atreve a ‚Äúcatalogar‚ÄĚ los diferentes tipos de reclamos que le han acompa√Īado a lo largo de su trayectoria venatoria atendiendo a sus conductas.

A la hora de clasificar un reclamo, creo que cada aficionado tendr√° un particular criterio, parecidos en ocasiones unos a otros, pero a veces distintos, seg√ļn el modo en que cada cual ve y entiende la caza, que, como alguien dijera, es una forma de vida dif√≠cil de catalogar y complicado de explicar.

En mi humilde opinión, y hablando de reclamos, indicaré que no hay, como animales que son, ninguno perfecto. Nuestros mejores pájaros han tenido defectos, como cualquier ser viviente, y en la medida en que han respondido ante nosotros ocultando sus carencias han sido catalogados clasificando su calidad.

Por otra parte, he de apuntar que mis p√°jaros con quien mejor han respondido en el puesto ha sido conmigo. Imagino que a todos los aficionados les habr√° sucedido algo parecido. Y ello es as√≠ por m√ļltiples motivos, como la forma de colgarlos, la manera de tratarlos y un sinf√≠n de factores que alargar√≠an demasiado esta reflexi√≥n.

De cualquier modo, siguiendo en este escrito las pautas del gran aficionado Manuel Romero, con el que coincido plenamente en estos pareceres, realizaremos una clasificación de las perdices que colgamos atendiendo a su respuesta en el pulpitillo y a la habilidad para seducir a las camperas.

Al igual que las personas act√ļan en ocasiones tan diferentes unas de otras, en los seres irracionales, y en este caso en las perdices, suele suceder algo parecido‚Ķ y as√≠ como decimos que cada persona es un mundo, cada una de nuestras perdices suele parecer y actuar de una forma, de un modo y de una manera, poniendo de manifiesto su propio instinto, su particular ardor, su peculiar casta.

1 PERDICES DE BANDERA

Deben de tener bello aspecto, ser mansos, valientes y efectivos en todos los puestos que les demos. Su canto será atractivo para el campo, sacando partido de él donde otros no han podido hacerlo.

Debe saber intercalar el canto de mayor con el dar de pie y el pi√Īoneo, as√≠ como hacerles a las camperas, para atraerlas, el trabajo que cada una necesita, utilizando todos los recursos de que est√°n dotados para conseguir su objetivo.

Tienen que ser ‚Äúhembreros‚ÄĚ por definici√≥n, empleando con ellas toda suerte de ‚Äútiteos‚ÄĚ y ‚Äúclaqueos‚ÄĚ. Los tiros deben de estimularlos, carg√°ndolos adecuadamente, y no se alterar√°n cuando los erremos y la perdiz que tiramos se va de vuelo o se queda aleteando en la plaza.

No les incomodar√° el paso de perros o ganado, la inesperada presencia de un esparraguero, el avistamiento de las rapaces o cualquier otro inconveniente que pudiera surgir, reanudando su trabajo como si nada hubiera ocurrido una vez pasadas estas circunstancias.

Y como dice el refr√°n, ‚Äúen el primero cantan, en el segundo espantan y en el tercero matan‚ÄĚ. Ser√° a partir del tercer celo cuando maduren como reclamos.

Es difícil encontrar pájaros de estas características. En mi larga trayectoria como jaulero, han sido El Viejo, El Toledano, y El León pájaros que pudieron estar adornados de todas las cualidades antes descritas.

2 LOS BUENOS 

Reclamos de gran calidad que nos harán pasar agradables momentos. Son constantes en su trabajo, cargan bien el tiro y son mansos y tranquilos. No serán tan zalameros con las hembras como los de bandera, aunque sí sabrán seducirlas. Pueden ponerse algo fuertes a finales de temporada.

3 LOS FUERTES 

Suelen tirárseles pocos pájaros en el celo, pues se suben frecuentemente en el canto, convirtiéndose en ocasiones en agresivos y adoleciendo de un exceso de casta. Este proceder provoca que el campo retrase su entrada en plaza por temor a los mensajes sonoros que recibe.

4 LOS SUAVES 

En la pared no se mostrarán pendencieros, permaneciendo la mayor parte del tiempo callados. Al rebajar los mensajes agresivos atraen al campo, pues lo hacen crecer en su valentía.

5 LOS COBARDES

Son así por naturaleza, quedándose aplastados la mayoría de las veces cuando ven el campo. Es curioso observar cómo habitualmente en la pared dan muestras de una total valentía, la cual desaparece cuando están colgados en el pulpitillo.

Son resabios y pueden haber sido protagonistas de una mala faena en el campo: tiros mal pegados, disparados a destiempo… Incluso, a veces, sin saberlo, han llegado a ser plomeados.

¬†6 LOS MU√ĎEQUEROS

Pueden tener un excesivo amaestramiento por parte de los due√Īos, buscando continuamente pelea con √©l. Difiere en ellos normalmente mucho el comportamiento de la casa con el del campo, donde no suelen abrir el pico, mostr√°ndose como aut√©nticos ‚Äúburracos‚ÄĚ.

Pueden enga√Īar al aficionado inexperto, que creer√° que posee un verdadero fen√≥meno, encontr√°ndose a la hora de la verdad con un ‚Äúmochuelo‚ÄĚ de campeonato. Sin querer o sin saber, ha podido ser el due√Īo el causante del comportamiento de estos p√°jaros.

7 LOS IRREGULARES

A veces nos dan una de cal y otra de arena, no pudiendo ir nunca seguros con ellos al puesto por no saber c√≥mo van a responder en √©l. Suelen ser p√°jaros de pared, dando en casa falsas muestras que luego no llevan a cabo en el puesto. Son los que frecuentemente los aficionados denominamos ‚Äúmedias cucharas‚ÄĚ.

8 LOS MUSIQUEROS

Son p√°jaros con un exceso de m√ļsica en el matojo, cantando durante todo el tiempo que dure el puesto. Cantan a su aire y no tienen di√°logo con el campo, d√°ndonos la sensaci√≥n de que cantan para ellos y les gusta escucharse.

Aunque al principio del puesto pueden animar al campo, terminan por aburrirle y éste deja de contestarles. No saben quebrar cuando el campo está cerca, siguiendo con el mismo tono que cuando le cantan lejos. Son pocos efectivos, terminando por aburrir al cuquillero.

9 SIN SALIDA 

Necesitan el estímulo del campo para iniciar sus cantadas, siendo frecuente, en caso de no oír nada, que no abran el pico. Algunos, una vez oído el campo, no paran de cantar conteste o no éste; otros, en cambio, necesitan el estímulo de las camperas para seguir haciéndolo. Algarines

Son p√°jaros cogidos en el campo con m√°s de un celo. Suelen ser reclamos que se vuelven mansos y tranquilos cuando llevan alg√ļn tiempo enjaulados. Aunque algunos pueden convertirse en excelente reclamos, se me viene a la memoria Castelar, de mi buen amigo √Āngel Lozano.

Otros, en cambio, no valen como tales, al haber pisado a las hembras cuando gozaban de libertad, pues suelen bregar cuando los tenemos colgados y escuchan una hembra, pretendiendo salirse de la jaula para irse con ella.

10 LOS BRONCOS 

Suelen ser de nervios excesivos y de casi incurable defecto. Tienen un acentuado instinto salvaje y nunca adquieren una adecuada mansedumbre. Algunos cumplen en el campo, mientras que otros, por cualquier motivo, nos obsequian con un repertorio de botes.

Manuel Jerónimo Lluch Lluch

Fotos: José Francisco Juárez Ruiz

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1 comentario

  1. Conchita
    abril 03, 17:38
    En mi casa teniamos perdices,mi padre y mi tio eran cazadores y junto con otros amigos se iban a cazar. Las perdices estamban dentro de casa ,luego en el patio,recuerdo las jaulas y las capuchas y un d√≠a teniendo yo unos aproximadamente doce a√Īos me f√ļi con mi padre de caza, bueno m√°s bien a ver lo que los cazadores hacian.Ahora vivo en Madrid y algunas veces escucho cantar en algun balcon una perdiz y me emociono.

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