Mayo, mes de la cría para la perdiz
7 mayo, 2018 Trofeocaza . 2490 Visualizaciones

Perdiz con Reclamo

Mayo, mes de la cría para la perdiz

Cerrada ya la caza de esta tradicional modalidad, y mientras el reclamista aguarda ansioso el momento en el que pueda volver a colgar, son muchos los cuidados, el entrenamiento y la preparación que requieren sus pájaros. Por ello, hemos querido iniciar esta serie de artículos, en los que iremos recorriendo cada una de las labores que un buen cuquillero debería realizar para poner a punto a sus caseras. Comenzamos con la cría y alimentación de los polluelos.

La claridad despuntaba con tintes de fuego. El sol asomó tímido por encima de los collados empujando las sombras hacia el oeste. Otra mañana de mayo verá la luz.

Poco tardarán los machos de perdiz en proclamar a los cuatro vientos su presencia y sus instintos, mientras sus hembras, en el nido, permanecerán sumisas en tanto que sus galanes buscarán nuevas aventuras anunciando sus supuestas solterías para las pajarillas que no hayan encontrado pareja con las que procrear.

Este ardor del reclamo era aprovechado antaño, cuando esta caza estaba prohibida, para colgar a la hembra, a la cual se le echaba un pollo de gallina que adoptaba como suyo y se llevaba al puesto donde se le quitaba el polluelo.

Éste no paraba de piar, y su supuesta madre lo llamaba reclamando sin cesar. Acudían entonces los solitarios machos, produciendo en breve el consabido cortejo y el posterior desenlace…

LA ECLOSIÓN DE LOS HUEVOS DE PERDIZ 

Mayo suele ser el de los despertares a la vida, el conocido mes de las flores, en el que nuestros campos se engalanan mostrando toda su hermosura y esplendor.

Las perdices de nuestro relato, que habrán terminado la puesta de 12 a 15 huevos aproximadamente, permanecerán incubando durante 23 días, en los que es muy posible que colabore el macho. Y si ningún depredador interrumpe este proceso, nacerán los perdigoncillos a partir de la segunda quincena de este mes.

Al ser aves nidífugas, abandonan el nido a las pocas horas de venir al mundo, para ser conducidos por su madre a posibles hormigueros y, más tarde, capturar saltamontes y otros pequeños insectos.

El macho ayudará en esta labor y buscará oteaderos desde donde vigilará el tránsito de su prole anunciando con sus notas características la presencia de rapaces y de cualquier otro peligro.

A camuflarse de sus numerosos enemigos les ayudará el mimetismo de su plumón y la astucia que desarrollarán en sus movimientos y en su quietud.

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SUS PRIMEROS PASOS 

En los inicios de su vida aprenderán, conducidos por su madre, a desparasitarse. Para ello se darán baños de tierra, que les ayudarán a mantener en buen estado su plumón y a lucir su mejor estampa. Es cierto el refrán que dice: “La perdiz muere donde nace”.

Por ello, el nuevo bando no abandonará el hábitat donde ha nacido y en él permanecerá durante el desarrollo y crecimiento de todos sus miembros.

Desgraciadamente, son momentos peligrosos para los perdigoncillos, ya que, al no volar, pueden ser presas fáciles de arrendajos, rabilargos, urracas y otras aves y mamíferos ansiosos por incorporarlos a su menú cotidiano, siendo en estos momentos cuando más bajas pueden producirse.

Las tormentas de mayo también originan grandes mermas en nidos y polluelos, pues si a los nacidos los puede cubrir la madre en caso de mal tiempo, la hierba crecida y mojada será un peligro para los pequeñuelos, ya que pueden morir mojados y ateridos por el frío.

LOS TERRENOS, LIMPIOS 

Terminado el celo del reclamo, es frecuente que los cuquilleros pasemos nuestros pájaros a los terreros, donde estarán más holgados que en las jaulas de la cuelga, por lo que en mayo ya llevarán semanas en los pelechaderos, siendo conveniente cambiarles la tierra cada dos o tres semanas.

El buen aficionado, el amante de sus reclamos, es el que está pendiente de ellos durante los 12 meses del año, atendiendo a sus necesidades y mimándolos con muchísimos cuidados.

Aquéllos que se olvidan o desatienden a su perdices en esta época no merecen el calificativo de reclamistas y sí de colgadores de ocasión, los cuales pierden la mayor parte del interés por sus pájaros cuando termina la temporada de caza.

Manuel Jerónimo Lluch Lluch

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