Octubre, el final del pelecho
8 octubre, 2018 Trofeocaza . 1044 Visualizaciones

Perdiz con Reclamo

Octubre, el final del pelecho

Tras el duro proceso de muda, nuestras perdices lucirán radiantes a la espera del comienzo de una nueva temporada. En el campo, y pese a que lo más frecuente es que este hecho se produzca en los meses previos al celo, algunos viejos machos darán el relevo a los más jóvenes, que pasarán a convertirse en los pájaros dominantes de sus respectivos bandos.

El aire calmo con olor a oto√Īo saludar√° a los que encuentren en su contacto con la naturaleza un motivo m√°s para disfrutar de la vida. Las temperaturas, a√ļn suaves, permitir√°n las frecuentes y largas caminatas de esos otros que por prescripci√≥n facultativa necesitan quemar energ√≠as para que su salud, a veces caprichosa, se mantenga en los niveles m√°s aceptables.

Nuestras perdices lucir√°n lo mejor de su aspecto, habr√°n terminado de pelechar y los pollos en el campo ya estar√°n igualones con sus padres. Al despuntar el alba, saludar√°n al nuevo d√≠a con sus frecuentes cantadas y tambi√©n despedir√°n la jornada con embuchados y pi√Īones para que sus reclamos alcancen la total rotundidad en los meses venideros.

LAS PR√ĀCTICAS DE ANTA√ĎO

Tiempo atrás, cuando la conciencia de lo legal no era tan escrupulosa, con las primeras aguas eran frecuentes las capturas de los nuevos pollos, que serían con posteridad vendidos a los aficionados al reclamo por aquellos que furtivamente invadían fincas y cotos ajenos al objeto de proporcionarse unos ingresos que remediaran sus economías, que nunca eran muy boyantes.

El sistema para atrapar a las referidas perdices era variado, pero predominaba el de los garliteros, los cuales, provistos de una red y acompa√Īados de unas cencerrillas para simular el trasiego del ganado del campo, buscaban las ‚Äúquedas‚ÄĚ de los bandos en el silencio y oscuridad de la noche para echar sobre √©l la mencionada red y capturar a todos sus componentes.

M√°s tarde, negociar√≠an los machos y sacrificar√≠an a las hembras vendi√©ndolas como caza para el consumo dom√©stico. En los a√Īos 80, hablando con el padre de un alumno m√≠o que trabajaba de guarda en Hornachuelos, en una finca acotada para la caza mayor, al saber que yo era amante de la cuelga, exclam√≥ con una sonrisa, a mi entender pre√Īada de.complicidad: ‚ÄúEs bueno el enterarse de que usted es aficionado al p√°jaro‚ÄĚ.

No supe cómo catalogar aquella afirmación, pero lo cierto fue que a las dos o tres semanas se presentó su hijo en mi casa con un pollo de perdiz que era una verdadera pintura por su belleza y trapío.

Al inquirir algunos detalles sobre el asunto, mi pupilo me aclar√≥: ‚ÄúEste p√°jaro lo ha cogido mi abuelo para usted con un garlito, pues √©l es un experto en estos menesteres‚ÄĚ. Y a√Īadi√≥: ‚ÄúEl pollo es el p√°jaro banda, pues, seg√ļn mi abuelo, el macho dominante del grupo duerme solitario a unos metros apartado de √©ste. Mi padre lo ha tenido enjaulado unas semanas antes de tra√©rselo por si se le presentaban zurretas, ya que es frecuente que con el estr√©s de la captura se produzcan estas complicaciones‚ÄĚ.

Al p√°jaro, al que le puse por nombre de Hornachuelos, lo cac√© durante once celos con magn√≠ficos resultados. Tuvo siempre un potente canto de ca√Ī√≥n y un trabajo incansable en el pulpitillo puesto tras puesto.

CAMBIO DE “JEFE”

Despu√©s de esta peque√Īa an√©cdota, comentaremos que ya en octubre suelen presentarse las primeras querellas en los bandos y, aunque permanecer√°n unidos hasta mediados de enero, no tiene nada de particular que algunos de los hijos se conviertan en el p√°jaro dominante, conocido por los aficionados como ‚Äúel p√°jaro banda‚ÄĚ, desplazando al padre a un escalaf√≥n inferior.

Esta situación se acentuará más en los meses previos al celo, pero los primeros indicios ya aparecerán en las fechas mencionadas.

Nuestros reclamos permanecer√°n en los terreros probablemente hasta noviembre, fecha en la que debe estar finalizado el pelecho, siendo el momento de pasarlos a la jaula para que, tras recortarlos, comiencen a encelarse de cara a la venidera temporada, que todos esperaremos con la ilusi√≥n y alegr√≠a con la que se recibe a todo lo bueno que nos llega y nos motiva. ‚ÄĘ

Manuel Jerónimo Lluch Lluch

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