Recechos de venado en berrea
26 julio, 2016 Trofeocaza . 870 Visualizaciones

Caza mayor nacional

Recechos de venado en berrea

‚ÄúSi algo puede salir bien, saldr√° bien‚ÄĚ. S√≠, no nos hemos equivocado. Es lo que pens√≥ el autor de esta cr√≥nica cuando, contra todo pron√≥stico, consigui√≥ abatir dos incre√≠bles ciervos en dos reservas separadas por 250 kil√≥metros de distancia‚Ķ ¬°en el mismo d√≠a! Y es que a veces la fe mueve monta√Īas‚Ķ

Por desgracia, todos conocemos la famosa ‚ÄúLey de Murphy‚ÄĚ. S√≠, suele cumplirse casi siempre y viene a decir que si algo desfavorable puede ocurrir, aunque tenga pocas posibilidades para ello, ocurrir√°. Sin embargo, en estos tiempos de tribulaciones de todos los sentidos, debemos ser optimistas y pensar que tambi√©n puede darse la contraria, la cual me he permitido bautizar como la ‚Äúno Ley de Murphy‚ÄĚ. Podr√≠a resumirse de la siguiente forma: si hay fe y tambi√©n mucha suerte, las cosas buenas con poqu√≠sima probabilidad de que ocurran se hacen realidad.

Rececho en Berrea_page5_image9Lo anterior nos permite introducirnos en lo que me aconteció el pasado 2014 cuando, aunque no soy un habitual, me decidí a probar la caza de ciervo en berrea en reservas nacionales. A priori, los recechos de este tipo en fincas cerradas no me gustan, pero finalmente decidí que lo mejor era probar y luego opinar.

Consegu√≠ un permiso en la Sierra de la Culebra para un ciervo trofeo, pues todo el mundo me dec√≠a que all√≠ hab√≠a posibilidad segura de cazar un buen trofeo. Antes hab√≠a pujado por otro ciervo trofeo en la zona norte de Le√≥n, en Oseja de Sajambre. S√≠, en la alta monta√Īa, muy cerca de los Picos de Europa, donde nace el r√≠o Sella. Sin duda, contaba con el aliciente de cazar en un lugar √ļnico, aunque de sobra sab√≠a que all√≠ los trofeos no eran como los de La Culebra.

Por esas casualidades que ocurren a veces, me adjudicaron los dos animales, uno para los d√≠as 31 de septiembre y 1 y 2 de octubre, y el otro para los d√≠as 3, 4, y 5 de octubre. Algo apretado pero factible, teniendo en cuenta que de La Culebra a Oseja hay 250 kil√≥metros aproximadamente. Pero la cosa comenz√≥ a torcerse cuando un √≠ntimo amigo me comunic√≥ la buena nueva de que su hijo se casaba (invitaci√≥n inexcusable, por supuesto) el d√≠a 6 de octubre por la ma√Īana. La boda era en Bilbao y, como es l√≥gico, deb√≠a acudir con mi familia (esposa, hijas, etc.)

TODO SE COMPLICABA

La ecuaci√≥n ten√≠a una soluci√≥n muy dif√≠cil‚Ķ y la berrea es como es. Adem√°s, en monta√Īa es un poco m√°s tardana, por lo que adelantar las fechas no era la soluci√≥n m√°s aconsejable. Llegados a este extremo, habl√© con los dos guardas y decidimos que a La Culebra ir√≠a el 30, mientras que el guarda de Oseja, mi buen amigo To√Īo, me coment√≥ que ten√≠a cazadores los d√≠as 29, 30, 31 y 1, pero que si acababa pronto en La Culebra, le avisara para intentar hacerme un hueco. Mi domicilio se encuentra en Huesca, por lo que no era el mejor plan ir hasta Bilbao con toda la indumentaria de caza (rifle, munici√≥n, botas‚Ķ), ni tampoco, por supuesto, ir a recechar de etiqueta. Las cartas, como en el p√≥ker, estaban servidas y hab√≠a que confiar o desconfiar en Murphy.

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Jes√ļs con el venado que consigui√≥ abatir en Oseja de Sajambre. Debajo, el espect√°culo de la berrea es √ļnico e incomparable.

Llegamos a La Culebra el d√≠a 30 con un objetivo claro: como muy tarde, el d√≠a 3 por la noche hab√≠a que regresar a Huesca para que, el 5 por la ma√Īana, partiese hacia Bilbao y as√≠ poder estar presente en la ceremonia del d√≠a 6. La ma√Īana del 31, muy temprano, lo intentamos con un excelente ciervo que el guarda ten√≠a controlado. Llegamos a verlo y era realmente bueno‚Ķ Sin embargo, se encontraba a 500 metros de distancia y pronto se escabull√≥. Por la tarde lo esperamos en su zona querenciosa, pero, como suele pasar, no dio la cara. La ma√Īana del d√≠a 1 intentamos localizar otro, aunque no encontramos uno que estuviese a la altura de lo que busc√°bamos. Por la tarde volvimos a por el del primer d√≠a, pero no apareci√≥. Puf, no pintaba nada bien. Al llegar al hotel comprob√© que ten√≠a una llamada de To√Īo desde Oseja. Se la devolv√≠ y me comunic√≥ que √©l hab√≠a cazado ya y esperaba mi llegada. Le dije que el tema estaba algo ‚Äúchungo‚ÄĚ, aunque, no obstante, seguir√≠a confiando en que se cumpliese la ‚Äúno Ley de Murphy‚ÄĚ.

El d√≠a 2, bromeando con los guardas de La Culebra, les dije que ten√≠a todo programado: por la ma√Īana temprano cazar√≠amos un ‚Äúpavo‚ÄĚ en la reserva, despu√©s me marchar√≠a a comer cerca de Ria√Īo y por la tarde cazar√≠a el ciervo de Oseja. De esa manera, al d√≠a siguiente, el 3 por la ma√Īana, estar√≠a ya en Huesca. Ese era m√°s o menos el enunciado de la ‚Äúno Ley de Murphy‚ÄĚ: lo que tiene muy pocas posibilidades de ocurrir y adem√°s es beneficioso para m√≠‚Ķ ¬°ocurrir√°! Seguro que s√≠.

EN BUSCA DEL TROFEO

Con este esp√≠ritu comenzamos al amanecer la b√ļsqueda de nuestro ciervo en la zona de la reserva que linda con la frontera de Portugal, donde es frecuente en esta fase de la berrea encontrarte alg√ļn animal no controlado por los guardas pero que llega buscando hembras a este lado de la frontera. Era pr√°cticamente de noche cuando, al parar el motor del coche, se o√≠an tres o cuatro ciervos berrear en una zona de bosque bastante cerrada en la que es dif√≠cil llegar a divisar los animales. Siempre guiado por Vicente y Rub√©n, llegamos a una enorme explanada cubierta toda ella de escobas de entre 1,40 y 1,60 metros de altura y cuyo l√≠mite en su zona m√°s alta era la linde con el pa√≠s vecino.

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El autor de las crónicas con el venado de la Sierra de la Culebra. ¡Increíble!

Vimos un animal desde el coche que nos pareci√≥ bueno, como a 150 metros dentro del escobar, pero que nos barrunt√≥ y se alej√≥ al trote intern√°ndose en los matorrales. Finalmente decidimos rececharle a pie. Uno de los guardas se qued√≥ controlando la linde del bosque mientras Vicente y yo nos internamos en el escobar, que estaba totalmente mojado. El traje de agua era imprescindible, pues las escobas eran lo m√°s parecido a una ducha ma√Īanera no demasiado placentera. Anduvimos como un cuarto de hora por esa mara√Īa cuando divisamos al macho, que estaba controlando nuestros movimientos como a unos 250 metros. Solo se le ve√≠a la cabeza, pero por la cuerna comprobamos que era el que se hab√≠a internado en el escobar. A unos 80 metros, dos ciervos nos observaban fijamente. No hab√≠a tiempo para m√°s. Puse el tr√≠pode en alto, apunt√© al pecho y‚Ķ ¬°puuuum! Al tiro, Vicente exclam√≥: ‚Äú¬°Bien, creo que lo tenemos!‚ÄĚ. Con semejante maleza, yo no las ten√≠a todas conmigo. Avanzar era dificultoso, por lo que nos dirigimos hacia el tiro.

Hab√≠a zonas en las que las escobas eran m√°s altas que nosotros: buscar una referencia era imposible. Al seguir avanzando, en una peque√Īa depresi√≥n, observamos a seis o siete ciervas y a un vareto. Iban hacia abajo. No vimos correr a nuestro venado. Unos 100 metros m√°s adelante, nos topamos con el animal de pie, parado y muy tocado, caminando muy lentamente. El segundo tiro lo remat√≥. Avisamos raudos a Rub√©n para que viniera en nuestra ayuda. Eran las 09.30 horas y el primer objetivo estaba cumplido. El ciervo era francamente bueno, resultando finalmente ser un oro.

AHORA, A POR EL OTRO…

Tras las fotos de rigor, cargamos el animal y marchamos hasta Villaciervos para cumplir los preceptivos tr√°mites burocr√°ticos. A las 11.00 horas llam√© a To√Īo y le avis√© de que all√≠ ya estaba el pescado vendido. Prepar√© todo y part√≠ hacia Oseja. ‚ÄúA las 17.00 horas te recojo en el hotel, as√≠ que aligera‚ÄĚ, me dijo. Dicho y hecho. Carretera, parada para el bocadillo en Ria√Īo, subida al puerto y llegada a Oseja a las 16.30 horas. Todo ello, por supuesto, con mi trofeo de La Culebra en la parte trasera del todoterreno. En el hotel, cambio de indumentaria, botas, rifle‚Ķ y a las 17.00 horas To√Īo aparece. Mi segunda aventura daba comienzo. ‚Äú¬ŅTienes algo visto?‚ÄĚ, le pregunt√© a To√Īo. ‚ÄúHay uno bastante bueno, pero est√° a dos horas de camino. Creo que es mejor dejarlo para ma√Īana por la ma√Īana. Ahora vamos a dar una vuelta porque en berrea y en monta√Īa nunca se sabe‚ÄĚ, me respondi√≥.

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Un segundo y certero disparo derrib√≥ al ciervo de Oseja. A su derecha, zona en la que Jes√ļs abati√≥ al venado de la Sierra de la Culebra (en la foto de abajo).

‚ÄúNo te preocupes por la boda, porque dentro de un rato vuelvo con el otro‚ÄĚ, hab√≠a bromeado con mi mujer en el momento de mi partida. Salimos de Oseja volviendo hacia Ria√Īo. Nada m√°s comenzar a subir el puerto nos encontramos con una cuadrilla de forestales que estaba limpiando maleza en la ladera, junto a la carretera, con sus motosierras. Tras 15 minutos de subida, detuvimos el coche en un ensanchamiento de la carretera. ‚ÄúVamos a mirar en la ladera de enfrente, que es una solana con bosque y escobas y es posible que veamos alguna hembra‚ÄĚ, me dijo To√Īo. Apostados los dos sobre el cap√≥ con nuestros prism√°ticos, como a 1,5 kil√≥metros de distancia y al otro lado del valle, vi una hembra que ramoneaba en un escobar. Un vareto la segu√≠a. A los cinco minutos, To√Īo rompi√≥ el silencio: ‚ÄúOye, del bosque est√° saliendo un macho que no parece malo‚ÄĚ. Lo mir√© y lo volv√≠ a mirar. S√≠, al menos era valorable. Instalamos el telescopio y, efectivamente, no era nada malo. ‚ÄúTo√Īo, ¬Ņtienes visto algo mejor? Me parece bastante bueno, aunque, con la hora que es, llegar hasta all√≠ ser√≠a algo de locos‚Ķ‚ÄĚ, le dije. ‚ÄúEl que yo tengo visto no es mejor que ese. Si quieres intentarlo con el coche, bajamos el puerto y en 20 minutos nos colocaremos bajo √©l a menos de 300 metros‚ÄĚ. Recogimos y a toda velocidad desandamos el camino y comenzamos la subida por una trocha entre √°rboles. Estaba m√°s desorientado que un bosquimano en la Gran Manzana y, sudando como un pollo, llegamos hasta el final de los √°rboles. Entonces, To√Īo se tumb√≥ y me susurr√≥: ‚ÄúAh√≠ lo tienes‚ÄĚ.

¬ŅLA GUINDA DEL PASTEL?

Rececho en Berrea_page5_image14Yo me tumb√© en los helechos, mir√© hacia arriba y, entre una ladera de escobas bastante pendiente, vi las puntas de los cuernos del ‚Äúbicho‚ÄĚ, que segu√≠a buscando a la hembra. El animal estaba tranquilo. El ruido de las motosierras, como a 500 metros m√°s abajo, nos ayudaba. Entonces me dispuse a serenar el cuerpo y prepar√© el disparo apoyado en la ra√≠z de un haya. Era un tiro bastante vertical, a 275 metros de distancia. Solamente le ve√≠a la cabeza. Finalmente, incluso fui testigo de c√≥mo berreaba‚Ķ ¬°Qu√© espect√°culo! Se sent√≠a el due√Īo de su har√©n, levantando el hocico y ejecutando ese gesto que tantas veces hab√≠a visto en los documentales de la tele.
Esper√© como tres o cuatro minutos a que el animal asomara en un peque√Īo clarito de las escobas para poder verle el codillo. Lleg√≥ el momento. Apret√© el disparador y tras el estampido se oy√≥ claramente el ruido del impacto de la bala en su cuerpo. Eran las 18.10 horas y, contra todo pron√≥stico, hab√≠a conseguido mi prop√≥sito: la ‚Äúno Ley de Murphy‚ÄĚ se hab√≠a cumplido.

Supongo que cazar√© m√°s ciervos en mi vida, pero dudo mucho que sea capaz de repetir esta incre√≠ble haza√Īa: dos ciervos oro en un solo d√≠a y en dos reservas diferentes y distantes 250 kil√≥metros una de la otra. ¬°Y para la boda a√ļn me sobraban tres d√≠as! S√≠, va a ser cierto eso de que la fe mueve monta√Īas‚Ķ

Texto y fotos: Jes√ļs Montaner

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