Selección de la mejor munición para cazar en montería y espera de jabalí
8 noviembre, 2017 Trofeocaza . 406 Visualizaciones

Reportajes armas y municiones

Selección de la mejor munición para cazar en montería y espera de jabalí

Una vez que hemos hablado en artículos anteriores de las características ópticas que se le debe exigir a un visor para cazar el jabalí en montería (Los mejores visores para cazar el jabalí en montería)o en espera (¿Cómo elegir el mejor visor para esperas de jabalí?), nos centramos en esta ocasión en las armas y, especialmente, en las municiones más adecuadas para practicar ambas modalidades de caza.

En montería no solo es normal que tengamos que disparar sobre el jabalí en movimiento, sino que es frecuente que tengamos que resolver lances muy difíciles en los que solo tenemos tiempo para encarar y disparar, a veces tan solo un tiro, antes de que sobrepase nuestro puesto y se oculte.

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Rifle Semiautomático, de cañones basculantes o de repetición por sistema de cerrojo, palanca o corredera. Todos sirven para montear siempre que el diseño del arma (y su retroceso) nos permita encararlo y recargarlo rápidamente.

Por esta razón, el primer requisito que hay que pedirle al rifle que utilicemos es que podamos encararlo, apuntarlo y recargarlo con la rapidez que requiere este tipo de lances. Y para ello el arma, independientemente de su calibre, tiene que tener un sistema de repetición rápido y fiable y unas medidas y peso que se adapten a nuestras medidas anatómicas.

Si no es así, utilizaremos un rifle con el que nos sentiremos incómodos al encarar, que en los lances más difíciles no nos permitirá reaccionar a tiempo y con el que fallaremos más e incluso no podremos repetir a tiempo el disparo.

Los tiradores y cazadores experimentados que usan escopetas dicen con razón que «la culata es la que mata», pero curiosamente muchos monteros no tienen en cuenta esta máxima al elegir un rifle con el que pretenden acertarle con un solo proyectil disparado a tenazón o casi a una pieza que corre y salta a gran velocidad y, en muchas ocasiones, medio tapada además por el matorral.

Incluso cuando se montea en escenarios abiertos donde da tiempo a apuntar y no se necesita realizar disparos tan rápidos, se consiguen mejores resultados si utilizamos un rifle equilibrado con el que podamos encarar y seguir la pieza con la cara pegada a la culata, porque nuestros disparos serán más precisos.

Los rifles semiautomáticos son los que poseen el sistema de repetición más rápido y útil para cazar en esta modalidad, en la que, sin embargo, se han utilizado siempre más rifles de repetición manual por sistema de cerrojo (y muy pocos de corredera o palanca) al desear muchos cazadores utilizar el mismo arma para cazar en todas las modalidades, entre otras razones.

También son muy útiles los rifles de dos cañones basculantes porque permiten disparar muy rápido dos tiros. Cualquiera vale siempre que su diseño nos permita encarar y recargar rápidamente.

MUNICIÓN POTENTE Y EXPANSIVA

Otra gran dificultad añadida que tiene la caza del jabalí en montería es que es una pieza muy resistente. Tanto que a veces no suele servir de nada herirlo porque, salvo que lo agarren los perros, no solo no lo cobraremos sino que puede que ni siquiera notemos que lo hemos alcanzado. Y, lamentablemente, debido a la dificultad de algunos lances, es muy fácil que el tiro quede más corto, alto o bajo de lo necesario.

Por todo ello, además de utilizar en montería un arma que nos permita encarar y disparar rápido, es conveniente que también dispare una munición que sea lo suficientemente potente como para que sea capaz de ocasionarle heridas muy importantes.

Y nótese que digo que «sea potente y capaz», porque muchas personas suelen creer que la mayor potencia es siempre sinónimo de mayores heridas letales y no es así. Las heridas que provoca un proyectil de rifle son el resultado de la cesión de energía de la bala en el cuerpo del animal y esta cesión de energía depende a su vez de la capacidad que tiene la bala para expandir correctamente y frenarse dentro del cuerpo a medida que lo atraviesa.

Por esta razón, un cartucho más potente, como el .300 Win. Mag. si se utiliza con una bala poco expansiva puede ser menos efectivo que otro del .30-06 que dispare una bala muy expansiva. Hay personas que se compran un 9,3×62 o un .338 Win. Mag. porque están hartos de pinchar jabalíes con otro rifle menos potente, los usan con balas muy pesadas y al final se desesperan porque tampoco consiguen resultados, etc.

LA ENERGÍA “ÚTIL” ES LA QUE MATA

Pero, ¿de qué depende que una bala expanda bien o mal?

En primer lugar es preciso aclarar que se considera que una bala expande bien cuando se deforma en forma de hongo a medida que penetra en el cuerpo de la pieza sin que pierda mucho peso porque se fragmente, ya que cuando esto sucede está comprobado que se produce la mayor cesión de energía a la pieza y por tanto la bala causa las heridas de mayor importancia.

Que la expansión sea correcta depende de muchos factores:

  • Del calibre de la bala.
  • De su peso
  • De la velocidad en el momento del impacto.
  • De su diseño interno y externo

De modo que, a igualdad de peso y diseño interno, cuando más grande es su calibre, más plana su punta y más velocidad tiene en el momento de chocar contra el blanco mejor suele expandir el proyectil y más energía cede a la presa.

Digo «suele» porque puede ocurrir que si la velocidad es excesiva, el proyectil más ligero de lo conveniente o se den ambas circunstancias, la bala se desintegre al chocar o por lo menos que se fragmente en varios trozos. Y si esto pasa los fragmentos puede que no penetren lo suficiente y se detengan antes de alcanzar los órganos vitales y sin producir heridas internas importantes.

Por esta razón, en cada pieza, dependiendo de su peso y de la modalidad en la que se caza, se consiguen mejores resultados con ciertos calibres, pesos y diseños de proyectil.

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Secuencia correcta de expansión: el proyectil se deforma pero no se fragmenta. Como en montería y en esperas se tira cerca se deben usar balas que se deformen correctamente a corta distancia.

 

En el caso concreto del jabalí, si se tira a corta distancia (montería o espera) con calibres menores de 7 mm, aunque sean veloces y por tanto potentes, la bala puede expandir más de la cuenta por falta de peso aunque el mismo cartucho con la misma bala (imaginemos un 6,5×55, por ejemplo) utilizado mientras se rececha a un corzo, sea capaz de dejar ‘seco’ al jabalí a 100 o más metros porque, a medida que la bala se aleja del cañón, pierde velocidad y, por tanto, capacidad de expandir (y además el jabalí tampoco está en alerta ni huye estresado, acosado por los perros).

El mismo efecto de sobrexpansión ocurre cuando se utilizan a distancias cortas calibres más grandes y potentes, cuando se disparan con balas muy ligeras o, no siéndolo, poseen un diseño externo muy expansivo.

Por ejemplo, las balas tipo tip, ideadas para que expandan bien cuando se utilizan para recechar a grandes distancias, literalmente se pueden hacer añicos cuando chocan contra el cuerpo de un jabalí grande a 25 metros, sobre todo si la disparamos en un calibre medio o pequeño que sea muy rápido, como un .270 Win., .270 WSM, 7 mm Remigton Magnum, etc.

Y al contrario, si disparamos un proyectil muy pesado y grande, porque ha sido diseñado para que expanda bien al chocar contra animales más corpulentos que los jabalíes y venados que podemos cazar en España, no expandirá lo suficiente. Y si no expande no hay cesión de energía y por muy potente que sea el cartucho puede que no le cause heridas de importancia al jabalí.

Es lo que suele suceder cuando se caza en montería con calibres como el 9,3×62 con balas más pesadas de 250 grains o con el .338 Winchester Magnum con balas de peso superior a los 200 grains, por ejemplo. Digo suele porque evidentemente una bala más pesada también puede matar a una pieza si tenemos la suerte de acertarle en un punto vital, ya que aunque no se deforme sí penetra y en su camino puede romper huesos y atravesar cualquier órgano.

¿CALIBRES ESTÁNDAR O MAGNUM?

En teoría, cualquier cartucho que genera una potencia igual o superior a la .270 Winchester, se puede utilizar en montería si se dispara con un cartucho cargado con un proyectil que expanda bien.

Sin embargo, para cazar jabalíes en esta modalidad es preferible utilizar calibres más grandes y potentes, aunque sin pasarnos, porque utilizar municiones más potentes que el.338 Win. Mag. no tiene sentido. Y conste que durante años lo hice con un .375 H&H Mag., aunque con el tiempo me di cuenta de que era demasiado grande y pesado para mí y dejé de utilizarlo.

Por ejemplo, calibres estándar como el .30-06 (el más popular en España sin duda), el 8×57 JS, el 9,3×62 o cualquier otro calibre que genere una potencia similar a los mencionados (.308 Win.; .35 Whelen, etc.), así como los cartuchos para armas de cañones basculantes, 8×57 JRS y 9,3×74 R, son buenas opciones para cazar en montería. En el caso de utilizar armas de palanca clásicas, los mejores resultados se obtienen con cartuchos más potentes que el .30-30 Winchester, caso del .444 Marlin.

Y entre los magnum podríamos citar el 7 mm Remigton Mag., 300 Win. Mag. y .338 Win. Mag, y demás municiones similares (como el .300 WSM o el 8×68 S).

Los calibres estándar presentan sobre los magnum tres ventajas:

  1. Normalmente los rifles de repetición que los disparan son más manejables y ligeros porque utilizan cañones más cortos.
  2. Sus balas, sobre todo si son de calibre superior a 8 mm, tienden a desviarse menos si chocan con alguna rama cuando disparamos sobre una pieza medio tapada por el matorral.
  3.  Además tienen menos retroceso.

Sin embargo, los magnum son más potentes y presentan la ventaja de que al ser más rápidos facilitan el adelanto que hay que dar a la pieza o, lo que es lo mismo, utilizándolos es más difícil quedarse cortos por lo que especialmente son útiles cuando no se dispara muy cerca.

Los rifles semiautomáticos de calibre magnum y estándar suelen utilizar el mismo largo de cañón, por lo que la ventaja que tenemos al elegirlo en un calibre estándar solo es su menor retroceso. Que no es pequeña, porque el mayor retroceso desencara más el rifle y dificulta repetir el disparo.

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Un .30-06 comparado con los tres magnum más populares: 7 mm. Rem. Mag; .300 y .338 Win. Mag. Los calibres magnum tienen más retroceso y su uso a corta distancia en un semiautomático, si necesitamos repetir el tiro muy rápido, puede ser contraproducente.

 

¿Y CON QUÉ TIPO Y PESO DE BALA?

Más que el calibre, elegir el tipo de bala es el gran problema que tiene que resolver el cazador porque, como hemos dicho, de poco sirve el calibre que utilicemos si no lo disparamos con una bala que expanda bien y ceda suficiente energía.

Y, como veremos, no es además un problema fácil de resolver porque para cada calibre se fabrican numerosos tipos de balas que se diferencian no solo por su peso sino también por su diseño interno y externo.

Lo primero que hay que saber es que básicamente hay dos categorías de balas de caza expansivas:

  1. Las de diseño clásico, que expanden exclusivamente (o casi exclusivamente, porque la forma de la punta también influye) por efecto de la velocidad y del peso del proyectil.
  2. Las que lo hacen de forma controlada por su diseño, además de por el peso y la velocidad.

Las primeras se eligen, según la modalidad de caza, tamaño de la pieza a cazar y el calibre utilizado, en función del peso de la bala.

PESOS DE BALA ADECUADOS PARA EL JABALÍ EN MONTERÍA

  • .270 Winchester: 150 grains.
  • 7 mm Remington Magnum: Balas de peso comprendido entre 150-175 grains. Dependiendo de su diseño, las de150 pueden expandir demasiado si se usan a corta distancia. Y las de 175 menos de lo necesario.
  • .30-06: Balas de peso comprendido entre 150 y 180 grains. Dependiendo de su diseño, las de 150 grains pueden expandir demasiado si se usan a corta distancia. Y las de 180 menos de lo necesario.
  • .300 Winchester Magnum: 170-180 grains. 170 grains a corta distancia solo si se utilizan proyectiles con el núcleo soldado o diseñados para evitar que el proyectil se desorganice al impacto.
  • 8×57 JS: 185-196 grains. Dependiendo de su diseño, las de 185 grains (y peso similar, como las de 187) pueden ser demasido expansivas a corta distancia.
  • .338 Winchester Magnum: 200-225 grains. Dependiendo de su diseño, las de 225 grains pueden expandir menos de lo necesario.
  • 9,3 x 62 (y 9,3×74): 232-255 grains. Las más pesadas de 255 grains suelen expandir menos de lo deseable salvo que se trate de balas especialmente desarrolladas para favorecer la expansión.

Notas: Las balas del mismo diseño, diámetro y peso expanden más cuando se disparan en un calibre de rifle rápido. Por ejemplo, en un .300 Win. Mag, en vez de en un .30-06.  A igualdad de calibre, de peso y diseño del proyectil, a corta distancia los cartuchos que disparan balas de punta redondeada o chata ceden más energía que los cargados con puntas agudas.

Se caracterizan porque poseen un núcleo de plomo rodeado por una envuelta metálica abierta por la punta de la bala y su origen es tan antiguo como la pólvora sin humo: sustituyeron a las de plomo cuando se crearon en el siglo XIX los primeros rifles que disparaban proyectiles a velocidades mayores que las que desarrollaban los rifles de pólvora negra para evitar que, por el rozamiento con las paredes del ánima, se emplomara el cañón.

Y desde entonces hasta nuestros días todos los fabricantes de munición las han seguido produciendo, por lo que su eficacia ha sido más que probada a lo largo del tiempo en todo tipo de piezas de piel fina y modalidades de caza.

No obstante, en casos extremos de uso, cuando la distancia es muy corta (y por tanto la velocidad es muy alta) o se utilizan proyectiles más ligeros de lo conveniente (o impactan en piezas muy pesadas), las balas clásicas tienden a expandir más de lo necesario o incluso pueden fragmentarse y no penetrar lo suficiente. Igualmente, cuando se disparan a distancias muy largas y la velocidad ya es baja se deforman poco y ceden poca energía a la pieza.

Por eso, para mejorar la balística de efectos de estas municiones y evitar que se puedan desorganizar durante el impacto o por lo menos que lo hagan más de lo conveniente, se han desarrollado balas con diseños especiales.

Por ejemplo, con envueltas de espesor decreciente que son más finas en la punta que en la base para que esta no se fragmente y siga penetrando; provistas de pliegues que se internan en el núcleo y detienen la expansión; con el núcleo tabicado o soldado a la camisa electrolíticamente; o incluso con dos núcleos de plomo de distinta dureza, etc.

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Un mismo cartucho puede montar muchos tipos de puntas. Se debe elegir en función del peso y diseño.

 

Y al revés, para que continúen expandiendo bien en piezas de escaso peso o cuando la velocidad sea baja a causa de la distancia, se fabrican proyectiles semiblindados con envueltas especiales muy delgadas y con cortes en la punta o inserciones de otro material que al chocar provoca que se abra el blindaje y se inicie fácilmente la expansión, además de conseguir que el proyectil sea más aerodinámico, caso de las tipo tip, que cada día son más populares en rececho.

Pues bien, para elegir este tipo de balas más ‘modernas’ (entre comillas porque algunas son tan antiguas o casi como las semiblindadas) ya no basta hacerlo según su peso, sino que hay que tener en cuenta también su diseño. Y para ello no queda más remedio que consultar los catálogos o páginas web del fabricante para conocer su diseño y hacernos una idea de cómo se va a comportar el proyectil cuando lo utilicemos en montería o en cualquier otra modalidad.

Es importante no guiarnos exclusivamente por el peso porque se comercializan numerosos tipos de balas con estrucuras internas especiales que pueden tener un aspecto exterior similar a las semiblindadas convencionales; pero son más ‘duras’ porque, por ejemplo, su diseño persigue que no se desorganicen cuando impactan en animales más grandes que nuestros jabalíes.

Igualmente, se comercializan balas que se podrían considerar demasiado pesadas y por tanto descartarse, que, sin embargo, son muy expansivas (caso por ejemplo de las que monta la cartuchería Norma Plastic Point en algunos calibres), etc.

RIFLES Y MUNICIONES PARA ESPERAS

Así como en montería es aconsejable que el arma posea un mecanismo de repetición manual o semiautomático que nos permita repetir el disparo con rapidez, en una espera no es necesario, salvo que deseemos utilizar el rifle también en otras modalidades.

Es más importante que se pueda cargar y asegurar de forma silenciosa; que su culata y monturas nos permitan encarar y apuntar rápidamente a través del visor; y que su mando del seguro no haga ruido al desactivarlo, requisitos que cumplen muchos rifles de cerrojo y muy pocos modelos de otros sistema de repetición manual (palanca y corredera) y semiautomáticos. Especialmente, los cierres de los semiautomáticos son, en general, demasiado ruidosos.

Es muy útil y más seguro que el rifle posea un sistema de armado del mecanismo de percusión silencioso, en vez de un seguro convencional, porque con este mando desactivado no puede dispararse aunque tenga un cartucho en la recámara, por ejemplo si el rifle se nos cae de las manos o al ir a cogerlo.

Cualquier cartucho utilizado en montería es también válido para esta modalidad, pero como normalmente se tira muy cerca hay que tener la precaución de no utilizar proyectiles convencionales que sean muy ligeros ni balas diseñadas para cazar a grandes distancias porque, como se indica en la tabla de pesos de balas para montería, pueden expandir demasiado, sobre todo si tenemos la suerte de tirarle a un jabalí muy grande.

Juan Francisco París

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