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Perdiguero de Burgos

Última actualización 01/05/2006@00:00:00 GMT+1
Junto con el pachón navarro, el perdiguero de Burgos es nuestro genuino perro de muestra y del que además derivan muchos de los actuales perros de muestra.

Aunque en los últimos años ha estado muy desprestigiado, a veces con razón, en la actualidad y gracias a las dos asociaciones cinófilas que lo promocionan y mejoran, el perdiguero de Burgos vuelve a recuperar un protagonismo como perro de caza todoterreno.
Todos los cazadores españoles aficionados a la menor han oído hablar alguna vez del perdiguero de Burgos, pero probablemente serán menos los que puedan describir cómo es uno o qué tal cazan si se les pregunta. El perdiguero de Burgos, que junto con el pachón navarro son las dos únicas razas de muestra de nuestro país, es un gran desconocido en el panorama cinegético.

El haber estado a punto de desaparecer hace unas décadas, con su consecuente escasez, y la aparente superioridad que muestran otros perros como pointers o bracos a los ojos de quien no conoce la raza, pueden haber sido algunas de las causas, pero el hecho es que estamos ante un magnífico perro de muestra al que no tiene por qué hacer sombra ninguna otra raza, ya sea británica o continental –de hecho es el ancestro de muchas de ellas–, y que actualmente seleccionan y promocionan dos asociaciones caninas: la Asociación Española del Perro Perdiguero de Burgos (Aeppb) y el Club Español de Amigos del Perro Perdiguero de Burgos (Ceappb).

Un poco de historia
No se sabe a ciencia cierta cuáles son los orígenes del perdiguero de Burgos, probablemente porque siempre fue un perro vinculado al pueblo llano, muchas veces analfabeto y poco dado a registros y papeleos. Esta es una de las razones que pueden haber desacreditado a la raza y el argumento esgrimido por sus detractores.

En la España de siglos pasados –e incluso bastante avanzado el XX– el campesino tenía que velar por llevarse un mendrugo de pan a la boca y estos perros no se habrían conservado de no haber sido útiles para conseguir un poco más de ese pan en forma de caza.

Tratadistas latinos como Plinio y Salustio ya reseñaban la importancia de los perros procedentes de Hispania –hablamos del siglo primero–, perros de muestra que se empleaban para cazar aves con red. En los libros clásicos que tratan sobre la caza es común la denominación “perdiguero” para los perros utilizados en la caza de la perdiz, pero no es muy probable que se refirieran necesariamente a la raza actual.

Arkwright, al estudiar los perros de muestra peninsulares, cita la obra El Arte de Ballestería y Montería (1644) de Martínez del Espinar, un Ballestero Mayor de Felipe IV, y asegura que “había en España dos tipos de perros: el pesado y cilíndrico...” al que denomina “ventor”, porque caza “pico al viento”, que sitúa en la zona de Navarra. Añade que “son muy doblados y de mucha fortaleza y tienen muchos vientos y muchos pies”. Y menciona a otro “...tan ligero que parecía volar como el viento”. Se cree que el más pesado dio origen al pachón navarro y el otro al perdiguero portugués, ambos perros del mismo tipo que la raza que nos ocupa.

El perdiguero de Burgos tendría unos orígenes más recientes, descendiente, según algunos entendidos, de cruces entre “perros de punta” españoles, raza ya desaparecida que podría corresponderse con el actual podenco y de la que se fija su fecha de introducción en Gran Bretaña en el año 1700 y, o bien pachones, o bien sabuesos. Los ingleses que estuvieron en España en la Guerra de Sucesión seguramente cazaron, y seguramente lo hicieron con perros españoles, y es muy probable que al terminar la contienda se llevaran a su país algunos de los ejemplares que tan buenos ratos les hicieron pasar.

Muchos de los pointers más antiguos llevan nombres españoles, como Pero o Don Sancho y algunos escritos parecen indicarnos que estos perros se asemejaban a los existentes en la zona de Navarra y de los que desciende tanto el pointer como la mayoría de los bracos franceses.

La primera representación del perdiguero de la que se tiene constancia es un cuadro de 1790 en el que aparece el Infante D. Luis, hermano de Carlos IV, con dos “perdigueros harineros”, aquellos en los que el manto está dominado por el color blanco, que no se salen de estándar a pesar de lo que algunos piensan, a los que se les aprecia ectropión, un defecto por el cual las bolsas de los ojos les cuelgan demasiado y contra el que actualmente se está luchando mediante procesos de selección.

Más tarde hay menciones, como la que hace el mayor Ludlow Beanish, soldado británico que luchó contra Napoleón en la Guerra de la Independencia y que estuvo acantonado en Burgos. De regreso a su país, cita en el inventario de embarque ejemplares de perdiguero de Burgos.

Ya en 1911 se funda la Sociedad Canina de Madrid y la raza queda reconocida, ya que era muy apreciada por los cazadores de la época. En la Guerra Civil se pierden los registros y en los 60 el perdiguero entra en una grave crisis porque los criadores abusan, primero, de la consanguinidad y después del mestizaje para intentar corregirla. Hasta que en los 80 se crean dos asociaciones para salvarlo y difundirlo: Víctor Alonso Varona logra el reconocimiento oficial del Club Español de Amigos del Perro Perdiguero de Burgos (Ceappb) y José Manuel Sanz Timón el de la Asociación Española del Perro Perdiguero de Burgos (Aeppb).

La Asociación y el Club
Estos dos colectivos son fundados de manera oficial en agosto del 83 (Aeppb) y en la primavera del 85 (Ceappb), aunque ambos llevaban ya algún tiempo funcionando.

La primera de ellas tiene la sede en Roa de Duero (Burgos) y cuenta con más de 300 socios distribuidos por toda la geografía española: toledanos, valencianos, leridanos, albaceteños y vecinos de muchas otras provincias que han probado las virtudes del perdiguero y no han querido desvincularse de esta raza.

Todos los criadores de la Aeppb mantuvieron en el mes de enero una reunión en Calatayud, en la que también estuvo presente José Manuel Sanz Timón, experto en la raza, durante la cual planificaron las montas que se van a realizar este año 2006.

La Aeppb hace una cuidada selección para decidir qué perros son aptos para la reproducción. Este método puede parecer un poco extremista, pero es completamente necesario en una raza que hasta hace poco presentaba una serie de defectos –ectropión, displasia de cadera, consanguinidad…– que no suponían otra cosa que un obstáculo para que desarrollara todas sus facultades cinegéticas, que no son pocas.

Han calculado que se obtendrán unos 200 cachorros. Algunos de ellos se venderán, pero siempre intentando que los compradores sean personas que estén dispuestas a vincularse de alguna manera a la Asociación para que se pueda hacer un seguimiento de esos perros, es decir, que concurran a las pruebas organizadas por la Asociación para comprobar si la selección de reproductores ha sido acertada y, si es así, para que un día esos cachorros puedan servir para mejorar la raza siendo ellos mismos los padres de nuevas camadas.

Además, intentarán conseguir una subvención de la Diputación Provincial de Burgos para hacer frente a algunos ambiciosos proyectos que tienen en mente para este año 2006, entre los que se encuentra un acuerdo con la facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza que, sin duda, beneficiará a la raza.

En el caso del Ceappb, su sede está en la misma cuidad de Burgos y cuentan con algo más de 100 socios, muchos de ellos de fuera de esta provincia. También sigue estrictos criterios en la cría para obtener perros que cacen y además estén dentro del estándar morfológico. Por eso, al igual que en la Aeppb, las montas de los perros de los socios son supervisadas por el club y, aunque el propio Ceappb no vende cachorros, cada socio puede venderlos, alcanzando precios muy altos en el mercado.

El Ceappb entrega todos los años el trofeo Perdiguero de Oro, un galardón que consigue quien vence en el cómputo general de tres pruebas que se celebran a lo largo del año: una de ellas que se centra en la morfología, otra es una prueba práctica sobre codorniz sembrada y la tercera es otra competición de caza práctica sobre perdiz salvaje.

Entre los dos colectivos existe controversia. Unos, el Ceappb, asegura que la Aeppb ha introducido sangre de braco en las líneas de perdiguero, algo que la Asociación admite haber hecho en ocasiones buscando retemplar y conseguir perros más ligeros y con menos defectos que no pierden en absoluto la impronta de la raza, es decir, buscando perros con más movilidad. Por otra parte, la Aeppb tilda a los perros del Club de demasiado pesados y masivos, algo con lo que habrá quien esté de acuerdo y quien no. El hecho es que sí existe cierta diferencia entre unos animales y otros, pero ahí debe ser cada cazador quien decida qué es lo que prefiere.

La raza
El perdiguero de Burgos, según José Manuel Sanz Timón, “es una raza canina pero no tiene uniformidad, como tampoco tiene la mayoría de razas”. Una cosa es la impronta y otra el concepto racial, en el que quedan englobados su utilidad, el medio en el que vive, la selección que se opera sobre la raza, la alimentación que recibe y la adaptación al medio.

Las razas fluctúan hasta que no se realiza un proceso de selección y eso es lo que ahora están intentando la Aeppb y el Ceappb. Tras la Guerra Civil, en los años 60, se comienzan a premiar en las competiciones perros masivos porque eran más vistosos, más llamativos; quién no tiene en mente ese perdiguero de enorme cabeza, belfos caídos y ojos rojos.

Y fue ahí donde comenzó el declive de la raza. Esos perros presentaban displasias, epilepsias, macrocefalias..., defectos que hacían que vivieran no más de 5 ó 6 años.

Con un cuarto de siglo de trabajo de estas dos asociaciones, estos fallos se van corrigiendo y el perdiguero se está convirtiendo poco a poco en lo que debe ser: un gran perro de muestra.

Actualmente su estándar morfológico está bien definido y en él se encuentran características que tratan de corregir errores del pasado. Por ejemplo, se dice que los párpados inferiores deben estar todo lo adheridos que sea posible al globo ocular, algo que los perros con ectropión no cumplen. También exige que la línea superior sea recta y horizontal para evitar los ensillamientos. Para desterrar los codos despegados, otro problema antaño frecuente, el estándar marca que las extremidades anteriores deben ser rectas, paralelas y perfectamente aplomadas. Es decir, hoy en día se definen como defectos características que se llegaron a creer propias de la raza: conjuntiva visible (ectropión), belfos o papadas excesivas, corvejones de vaca, etc.

Un perro polivalente
En cuanto al estándar de trabajo, es decir, cómo caza, el perdiguero no tiene nada que envidiar al resto de razas de muestra. Su andadura debe ser el trote, que quedará interrumpido con algunas fases de galope; en cualquier caso se desplaza con pasión, con ganas de cazar. Se trata de un perro que quizá no cubra tanto terreno como un pointer o un setter, pero es muy difícil que deje caza en la zona que registra. Además, tiene la ventaja de que no se alarga demasiado y caza siempre pendiente de su dueño, variando su radio de acción en función del tipo de cazadero.

A un cachorro de perdiguero debemos dejarle que en las salidas al campo en sus primeros meses se explaye y se aleje todo lo que quiera. Si se corrige esto demasiado pronto es posible que consigamos un perro que no se despegue de nuestros pies.

Es a partir del año cuando tenemos que enseñarle que debe cazar para nosotros, no por su cuenta, y esto es una tarea mucho más fácil que con otras razas debido a su gran inteligencia y docilidad.

Y esa inteligencia la muestra también durante la búsqueda; sabrá perfectamente identificar los accidentes del terreno y la vegetación donde más probablemente se puede esconder la caza y dedicará su tiempo a registrarlos.

Tiene también la ventaja de que hace a todo tipo de piezas, tanto al pelo como a la pluma; de hecho se dice que el sabueso tiene algo que ver en la conformación de la raza porque muestra una gran afición al pelo y puede ser usado incluso como perro de rastro para caza mayor.

Caza muy bien la codorniz y es valiente a la hora de entrar en arroyos y ribazos, algo muy útil en estos tiempos en los que esta avecilla se levanta en estos lugares más a menudo que en los rastrojos, muchas veces porque sencillamente brillan por su ausencia. También es apto para la becada y cada vez va siendo menos extraño encontrarnos a esta raza en competiciones con esta especie migratoria como protagonista.

Pero su pieza por antonomasia, como no podía ser de otra manera llevando el nombre que lleva, es la perdiz roja. Se trata de un perro ideal para cazar esta especie, ya sea en mano o en solitario, a rabo o al salto. Todo aficionado a la perdiz sabe que lo que más falta hace para matarlas son piernas y, de hecho, hay quien opina que para esta gallinácea no hacen falta perros. Pero si se llevan, sus principales funciones son marcar la presencia de las aves sin alargarse y saber cobrar. Y estas dos cosas el perdiguero de Burgos las hace a las mil maravillas. Cuando nota la emanación se lo hace saber a su dueño, pero sin asomarse a ese morro ni registrar esas jaras antes de que estén el alcance de la escopeta. Y a la hora de cobrar realizará una búsqueda tan meticulosa que muy pocas patirrojas se le escaparán; y eso por no mencionar que nos traerá la pieza a la mano desde muy tierna edad, habilidad innata en la mayoría de los perdigueros.
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  • Nuestro perro de muestra

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    943 | carlos - 02/01/2011 @ 16:15:01 (GMT+1)
    Hola gente como puedo hacer para entrenar a mi cachorro de perdiguero a marcar
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