Opinión Eduardo Coca Vita

Miguel Delibes, profeta de libro

Entre las muchas cualidades de Delibes, susceptibles cada una del adjetivo «irrepetible», está la de certero profeta para el malaventurado porvenir de la perdiz, hoy demostrable con la mera observación, pero no tan claro entre los sesenta y ochenta, cuando su declive y posterior desastre eran vaticinados por el patriarca de las letras, la caza y la vida.

Perros, hombres y tontos

Lo de los perros vueltos personas es tema sobado que no me apasiona ni simplemente me gusta tocar. Pero hoy me voy a saltar la regla alentado por unas declaraciones de Jesús Caballero, el artículo de Javier Marías en El País Semanal

Rendición argumental por empacho legal

Al cabo de más de un año de gobernar en CLM, los nuevos mandatarios anuncian la reforma de la ley de caza aprobada in extremis por los anteriores en solitario y bajo promesa contraria de cambiarla a las primeras, por lo que, llegado el momento, algunos que piensan como yo me invitaron a seguir con la batalla por lo no logrado entonces: dotar de espíritu más natural, deportivo y social a la legislación cinegética de esta mi región.

El tiempo entre contrastes

En la novela El perfume (RBA Editores, S. A. y Seix Barral, S. A, Barcelona 1992) se leen unas meditaciones de Patrick Süskind, su autor alemán, puestas en boca de uno de los personajes –de identidad indiferente al caso– como abstracción general sobre el origen de las peores supersticiones en lo más remoto y pagano, «cuando los hombres aún vivían como animales, no poseían la vista aguda, no conocían los colores, pero se creían capaces de oler la sangre y de distinguir por el olor entre amigos y enemigos, se veían a sí mismos husmeados por gigantes caníbales, hombres lobos y Furias, y ofrecían a sus horribles dioses holocaustos apestosos y humeantes».

El parto de los despachos

Ahora que la temperatura nocturna es más apacible y los jabalíes acuden más a sembrados y comederos, un montón de cazadores se apuntan a las esperas, que no es otra cosa que esperar que algún jabalí acuda al lugar donde lo esperamos y abatirlo, siempre por la noche, simplemente porque el jabalí tiene la manía de moverse a esta hora.

Conmigo que no cuenten

Por los días en que esto escribo, me llegan peticiones para sumar mi firma a las de otros cuantos que las van acumulando en protesta “preventiva” por una posible prohibición del tiro de pichón y codorniz. Son pocos y endebles los argumentos que manejan sus promotores, corroborándose la debilidad de la fundamentación en los comentarios incluidos debajo de las invitaciones para adherirse al manifiesto.