Opinión Javier Hidalgo

La ignorancia de los anticaza acerca de las cosas del campo.

Los dos mejores alegatos conservacionistas que conozco son la carta que los González-Gordon escribieron al Caudillo en 1953 para obtener su apoyo en la detención del proyecto de transformación de Doñana en una plantación de eucaliptos, y el discurso de ingreso de Miguel Delibes cuando fue elegido miembro de la RAE. Qué extraña coincidencia: en ambos casos los alegatos vienen de cazadores.

Perdiz en los cotos de caza mayor

En el pasado he tenido el privilegio de cazar perdices en dos grandes cotos de montería, muy diferentes entre sí pero ambos con gran abundancia de patirrojas en aquella época: uno de ellos en Doñana, el otro en la Sierra de Hornachuelos.

La caza ilegal

En los tiempos de mi infancia y puesto que entonces, al igual que ahora, vivía en el campo, y desciendo de una estirpe de naturalistas y cazadores, tuve la ocasión de aprender los más diversos métodos de caza y captura de animales, especialmente aves.

La vuelta al estado salvaje

Grandes extensiones de terrenos han sido transformados y cultivados intensamente. Ello, junto con las construcciones y otras muchas actividades llevadas a cabo por una población humana que no ha dejado de crecer, ha producido efectos no deseados, como la desaparición de especies de seres vivos y la alteración total de los ecosistemas.