Rehalas, el alma de la montería
3 octubre, 2017 Trofeocaza . 2435 Visualizaciones

Monterías

Rehalas, el alma de la montería

La montería tradicional depende de las rehalas, sin ellas no existiría y es la afición de rehaleros perreros, auxiliares y perros lo que permite disfrutar al montero. Relato que demuestra la importancia de las rehalas en el éxito de la montería.

El d√≠a se presentaba fr√≠o y lluvioso, aunque por fortuna con muy poco viento. A√ļn no se hab√≠an escuchado disparos en el monte, a pesar de haber soltado las rehalas hac√≠a ya un rato por delante de m√≠; es lo que tiene que te toque un puesto de una armada de recula, en los que se supone que ser√°s de los primeros en ver las reses, aunque hoy no parec√≠a ser el caso.

La mancha estaba muy tomada por las reses, por lo que se había tenido la precaución de montar la armada muy temprano, ya que, al tratarse de una finca abierta, se corría el peligro de que se vaciase.

Enfrente, un monte muy espeso de madro√Īas, jaras y lentisco, y a mi izquierda, un peque√Īo cortadero por el que esperaba que cruzasen las reses, a poder ser, un buen navajero que me quitase el bolo que llevaba arrastrando toda la temporada. De repente, y muy cerca de m√≠, un ‚Äėatravesao‚Äô, del que solamente distingu√≠a su capa blanca y negra en el lomo, se puso a latir de parada; sus ladridos alegraban la sierra y atra√≠an a m√°s perros de la rehala; al momento se form√≥ una gran algarab√≠a alrededor de un lentisco donde, enmontado en su encame, un solitario se resist√≠a a abandonar su refugio, haci√©ndole cara a los perros.

Un arrollón en el monte y el abaleo del cochino mientras rompía monte, y la ladra de huida me indicó que el marrano se me echaba encima sin ventearme. Fue aparecer el cochino en el cortadero y voltear el viento, dando un tornillazo y volviendo sobre sus pasos, pero ya estaba yo preparado; y tras meter la cara y correr la mano le solté un tirazcón a tenazón, viendo como lo alcanzaba certeramente.

Aun as√≠, le dio tiempo a internase en el monte, ¬°qu√© duros que son estos guarros!, seguido muy de cerca por los perros; al momento, un latido de parada y el agarre; el navajero intentaba defenderse de los perros asestando cuchilladas a su alrededor, mientras no dejaba de gru√Īir. El perrero, que acudi√≥ r√°pido, dio fin a la vida del jabal√≠ con un certero remate.

Le pedí que marcase la res y, tras ello, se acercó al puesto para indicarme que se trataba de un buen macho; le ofrecí agua y tras beber un trago me dijo que no estaba mal para empezar el día.

Todo este lance no hubiese tenido lugar sin la intervención de la rehala, sin lugar a dudas el alma de la montería. Y también lo es en las demás modalidades venatorias, en la que los perros están presentes. Sin el apoyo de estos sería imposible montear.

El binomio monteros-rehaleros hace de la monter√≠a tradicional lo que es, algo √ļnico y original en el mundo.

Félix Sánchez Montes

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