De rececho en Kirguizia tras los pasos del Marco Polo
19 octubre, 2017 Trofeocaza . 2325 Visualizaciones

Caza mayor internacional

De rececho en Kirguizia tras los pasos del Marco Polo

El rey de los carneros era el principal objetivo de unos intrépidos cazadores que viajaron hasta el corazón de Asia Central atraídos por la majestuosidad del argali y la dificultad de su caza. Y además tenían la posibilidad de cazar a ibex y lobo. La emoción estaba asegurada.

Fruto de varias reuniones para ultimar el viaje a tierras kirguizias con el grupo de cazadores, Mario, Edu, Paco, Mill√°n y Jes√ļs, dejamos la fecha fijada para finales de febrero con la intenci√≥n de ir reservando vuelos y empezar a preparar el ansiado viaje a las monta√Īas del Tien Shan. Empezamos la tarea burocr√°tica de invitaciones, armas, permisos, equipaje‚Ķ con unos pocos meses de antelaci√≥n para evitar¬† as√≠ los cl√°sicos imprevistos de √ļltima hora.

Llegando las semanas previas a la salida, dejamos todo cerrado en una amigable comida en Madrid organizada por Luis M. de la Rubia, gerente de L.M.R. Caza, con todos los participantes de la expedición, cambiando impresiones sobre el tiempo previsto y la ropa necesaria.

COMIENZA LA AVENTURA

Tres horas antes de la salida prevista nos vimos en la terminal T4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, para volar hacia Estambul (Turqu√≠a), en el primer ‚Äúsalto‚ÄĚ de lo que ser√≠a el inicio de nuestro viaje de siete d√≠as al pa√≠s kirguizio. Con todo facturado a Biskek (Turqu√≠a), llegamos a la capital turca, donde pernoctamos y cenamos, junto al B√≥sforo.

Al día siguiente, antes de la salida del vuelo a Biskek tuvimos tiempo de visitar Estambul, la preciosa y emblemática capital turca, realizando las típicas compras en el Gran Bazar y en el Bazar de las Especias, también llamado Bazar Egipcio.

Tomando la segunda parte del vuelo, llegamos de madrugada a Biskek, donde teníamos contratado el servicio VIP con nuestro operador. Tras una breve espera que aprovechamos para tomar un café, nos llegaron los pasaportes con los visados y nuestras armas. Los equipajes ya nos esperaban en el Mercedes a la entrada del parking. El viaje empezaba bien.

Tras comer algo, iniciamos la primera parte de nuestra aventura, que nos conducir√≠a hasta el lago Isikul (Isel-Kul o ‚ÄúLago caliente‚ÄĚ), a mitad de camino de nuestra zona de caza. A√ļn nos quedaban otras cuatro horas de viaje, que aprovechamos para dormir un poco.

A la llegada transportamos los equipajes al camión que nos llevaría a los campamentos de caza. Solo quedaban 170 kilómetros para llegar a nuestro destino, aunque las carreteras, totalmente nevadas, obligaban a los conductores de los vehículos a conducir extremadamente despacio.

La zona de caza tiene de media unos 3.500 metros de altura. Los recechos se realizan a caballo, animales peque√Īos y fuertes muy adaptados a estas alturas. Una vez llegados al primer campamento dividimos al grupo en dos para as√≠ tener m√°s oportunidades de conseguir los cinco Marco Polos buscados en primera instancia‚Ķ m√°s los ibex y, por qu√© no, alg√ļn lobo.

Al segundo campamento se trasladaron tres miembros del grupo. Nuestro campamento era muy b√°sico: vagones de tren adaptados con ruedas. Uno, utilizado como cocina y comedor; otro, de dormitorio con camas bien limpias y calientes; el tercero era ba√Īo y sauna. Y el resto de vagones estaban destinados a los gu√≠as de caza y dem√°s participantes en el rececho.

CAZANDO EN “EL TECHO DEL MUNDO”

La antigua Rep√ļblica Sovi√©tica de Kirguizia est√° situada en el coraz√≥n de Asia Central. Est√° ocupada en toda su parte del

Impresionante paisaje helado. Cazar en estas condiciones climatológicas es realmente complicado.

sudeste por las monta√Īas de Tien Shan, que hacen frontera con China. En esta cordillera se encuentra el m√≠tico carnero Marco Polo y los ibex m√°s grandes de Asia.

El Pamir es una gran cordillera asiática, una de las más altas del mundo, situada entre los límites de Asia Central y Meridional y lindante al este con el Himalaya. Está compuesta por la unión de las cordilleras Tian Shan, Karakórum, Kulun y el Hindu Kush.

Por ser un punto de reuni√≥n de varias cordilleras es tambi√©n conocido como ‚Äúnudo del Pamir‚ÄĚ y, junto al Tibet, era denominado en tiempos victorianos como ‚Äúel techo del mundo‚ÄĚ (Roof of the World) en una traducci√≥n aproximada del t√©rmino persa.

Sus dos monta√Īas m√°s altas son el pico Ismail Samani (conocido entre los a√Īos 1932 y 1962 como pico Stalin y entre 1962 y 1998 como pico del Comunismo), con una altura de 7.495 metros; y el pico Lenin, que mide 7.165 metros. En el Pamir hay muchos glaciares, incluyendo el Fedchenko, que mide 77 kil√≥metros de largo, el m√°s grande en la antigua URSS.

UN GU√ćA DE LUJO

Sanjar era uno de los gu√≠as mongoles que iba a acompa√Īarnos en nuestro grupo. Era la cuarta cacer√≠a que realizaba con L.M.R. Caza y, una vez m√°s, nos demostrar√≠a por qu√© es uno de los mejores en aquellas monta√Īas.

Luis estuvo comentando con él la posible ubicación de los grupos de Marco Polos vistos en los pasados días. Como habíamos llegado a medio día, decidimos comer algo, cargar todos los bártulos en los caballos e iniciar la subida a un fly camp para, al día siguiente, a primera hora, tener a los Marco Polos más cerca.

Cuatro horas a caballo de dura ascensi√≥n por los valles y r√≠os helados nos separaban del campamento elegido para pernoctar esa noche. Poco a poco nos fuimos adentrando en la zona. Al poco pudimos contemplar con los catalejos los primeros indicios de presencia de caza en las partes altas de las monta√Īas‚Ķ pero ya estaba cayendo la noche.

Un peque√Īo refugio ser√≠a nuestra casa durante esa primera noche fr√≠a, aunque gracias a una peque√Īa estufa dormimos calientes en nuestros sacos de dormir. Amaneci√≥ un impresionante d√≠a azul con -12 ¬ļC y casi nada de viento. Indescriptible el reflejo de la luz en la nieve y en los hielos azulados de las impresionantes monta√Īas. Un desayuno compuesto de caf√© y unos bollos sent√≥ perfecto para empezar la fr√≠a ma√Īana.

Uno de los guías mongoles ya había realizado una prospección, localizando a una hora de caballo del refugio a un grupo de machos en el que había dos buenos ejemplares.

EN BUSCA DEL PRECIADO MACHO 

Rececho-en-Kirguizia-marco-polo-despiLuis y Mill√°n decidieron intentarlo con ese primer grupo, mientras que Jes√ļs, con los otros dos gu√≠as, ir√≠an a revisar una zona en la que se conoc√≠a la existencia de una gran cantidad de buenos machos.

Una hora m√°s tarde, el grupo de Mill√°n ya divisaba con los catalejos a los seis Marco Polos, tumbados, tranquilos y sole√°ndose. Dejamos los caballos y, tapados por los innumerables valles que nos rodeaban, logramos situarnos a 250 metros de ellos con el aire de cara y sin que se percatasen de nuestra presencia.

Situados sobre una gran piedra, Millán coloca su mochila para apoyar su rifle de 7 mm.. Se prepara. Toca elegir el mejor macho del grupo y esperar a que se mejorase en su posición de disparo. Transcurren 20 minutos y el grupo se levanta de careo para comer. Todos teníamos claro a cuál debía disparar.

Luis, que est√° a su lado, le indica a Mill√°n cu√°l es el ejemplar y en dos segundos el majestuoso animal cae tras un tiro perfecto. Impresionante la cara de satisfacci√≥n del afortunado cazador al contemplar su trofeo y admirar el entorno donde nos hall√°bamos. Felicitaciones, abrazos, fotograf√≠as y los cl√°sicos comentarios del lance vivido.Como a√ļn era muy temprano y parte del trabajo ya estaba hecho, decidimos comer algo mientras los gu√≠as sacaban la piel del animal y la salaban en el campo.

EL MARCO POLO, EL CARNERO M√ĀS DESEADO

El argali o carnero de Marco Polo (Ovis ammon polii) es una subespecie de Ovis ammon que habita en las monta√Īas del Pamir. Su √°rea de distribuci√≥n es Tayikist√°n, Kirguist√°n y China. La denominaci√≥n de carnero de Marco Polo se debe a que este explorador fue el primer occidental en describirla, all√° por el a√Īo 1273.

Es de gran tama√Īo, su pelaje va de un marr√≥n rojizo a un marr√≥n oscuro y su pelo en el cuello es relativamente corto. Sus caderas son de color claro con manchas muy difusas y su cola es bastante larga. La capa es pr√°cticamente uniforme con poca diferencia entre los flancos superiores e inferiores. Sus cuernos son grandes y poderosos con una secci√≥n triangular y forman una espiral a ambos lados de la cabeza. Miden entre 120 y 135 cent√≠metros y pesan entre 120 y 130 kilogramos.

Rececho-en-Kirguizia-marco-polo-2Vuelta a los caballos y, de camino al campamento, decidimos poner nuestra atenci√≥n en un valle donde los gu√≠as sab√≠an de la querencia de los ibex. Dos horas de caballo, pie a tierra‚Ķ y a escudri√Īar hasta los m√≠nimos rincones de las monta√Īas en busca del precioso y preciado ibex.

Despu√©s de bajarnos en tres o cuatro ocasiones del caballo y tras horas escudri√Īando las monta√Īas, divisamos al fin a un grupo de machos comiendo en una escarpada pared a unos 1,5 kil√≥metros de distancia.

Planificamos el rececho y nos aproximamos a unos 600 metros, dejando los caballos ocultos en un peque√Īo desfiladero y acerc√°ndonos a pie hasta una pared para, desde all√≠, efectuar el disparo.

Tras una hora de marcha por riscos, rocas, nieve y alguna que otra caída, llegamos a la cima de la pared que nos situaba frente a los ibex, comprobando antes de coronar que un precioso macho que llegaba al grupo nos miraba desde un puntal de riscos, a unos 300 metros de nosotros, obligándonos a detenernos y permanecer inmóviles.

Luis ya estaba con el catalejo apostado. Comprobando que el trofeo era bueno y se podía tirar, le indicó a Millán que buscase posición de tiro apoyando la mochila en una roca. Apuntó detenidamente y, tras una breve mirada a Luis para confirmar el tiro, disparó.

De manera increíble, el macho rodó en décimas de segundo. Había sido un tiro perfecto. Felicitaciones y las fotografías de rigor siguieron a este bonito lance. Sin duda, un día bien aprovechado.

EL TURNO DEL IBEX 

Al día siguiente amaneció todo nevado. Hacía muchísimo frío. Esta vez sería Miguel quien intentaría abatir un ibex, aunque las condiciones meteorológicas no eran las más apropiadas para su caza.

A primera hora de la ma√Īana la visibilidad era muy reducida, con nieblas y nieve constante, aunque los caballos se portaron francamente bien teniendo en cuenta que el suelo se encontraba totalmente tapado por la nieve. Siguiendo las indicaciones del gu√≠a, decidimos subir a una zona donde hab√≠a un grupo grande de ibex que ten√≠an controlados los gu√≠as. Unos 100 ejemplares con buenos machos entre ellos.

Nos llevamos caballos de reserva para cualquier eventualidad que se nos presentase en el rececho e íbamos equipados con unos impermeables blancos que nos facilitaron en el campamento para mimetizar el verde de nuestros monos térmicos de caza. La subida con los caballos fue perfecta durante la primera hora, pero la nieve se iba acumulando muy rápidamente… ¡Incluso les llegaba a la tripa a los caballos! Así que tuvimos que mover los estribos hacia atrás para salvar el contacto de los mismos con la nieve.

Uno de los caballos se tumb√≥ en la nieve, dando se√Īales de que ya no pod√≠a m√°s. Desmontando y subiendo a un nuevo caballo conseguimos ascender a lo alto de aquella loma, en la que esperamos a que el d√≠a abriese un poco.

Comimos algo y echamos una cabezadita para dejar pasar el tiempo esperando a que las condiciones climatol√≥gicas mejorasen algo. Tras aproximadamente dos horas, la niebla por fin comenz√≥ a disiparse, ofreci√©ndonos un mayor campo de visi√≥n. Manos a la obra: a trav√©s de los prism√°ticos intentamos localizar alg√ļn buen ejemplar.

rececho en kirquizia ibez

Uno de los cazadores con dos majestuosos Ibex

 

NO ESTABA EN EL GUI√ďN

De repente sucede algo muy extra√Īo: desde nuestra perspectiva no se aprecia ning√ļn movimiento de los ibex. Sanjar, el gu√≠a, nos aclara el misterio: en las inmediaciones hay un lobo. ¬ŅUn lobo? ¬ŅD√≥nde? Sanjar nos indica que miremos hacia el fondo del valle: ‚Äú¬°All√≠ est√°! Es un lobo solitario, grande‚Ķ ¬°y macho!‚ÄĚ.

Debido a la gran distancia a la que se encontraba nos cuesta mucho trabajo localizarle. Está a más de dos kilómetros de nosotros. Luis le indica a Miguel, que se emociona al verlo, la posición exacta del animal.

Siempre impresiona ver un lobo en su entorno cazando y rastreando. Luis le pregunta al gu√≠a si hay alguna posibilidad de entrarle‚Ķ ‚Äú¬°Por supuesto!‚ÄĚ, le responde Sanjar. ‚ÄúNo te preocupes, vamos a buscar una posici√≥n de tiro en ese collado y te lo traigo‚ÄĚ, le indica Sanjar al cazador.

Rececho-en-Kirguizia-loboTras buscar una buena ubicación para efectuar el disparo, Sanjar se tumba y empieza a aullar al lobo. Mientras tanto, nosotros observamos con los prismáticos al animal, que se encuentra a más de 1,5 kilómetros.

De repente, el lobo sube la cabeza, como aullando, y a los pocos segundo oímos claramente su respuesta. Un escalofrío nos recorrió el cuerpo. Unas 10 ó 12 veces le aulló y unas 10 ó 12 veces le contestó el lobo. Cada vez más cerca. El corazón se nos aceleraba.

No sé el tiempo que estuvimos reclamándole, quizás no más de 10 minutos, pero se nos hizo eterno. Y ahí estaba el lobo con la cabeza en el suelo, rastreando y aproximándose a nosotros. Suerte que habíamos entrado al collado desde otra zona y no podía cortar nuestro rastro.

En ese momento Luis le indicó a Miguel que lo tenía centrado en el visor, que en el primer punto donde se parase le tirase. A no más de 30 pasos, el lobo se para en seco mirando hacia donde nos encontrábamos y Miguel no duda en apretar el gatillo.

El lobo sale corriendo ladera abajo, entre la nieve. Iba bien pegado, de codillo, y aun as√≠ tuvo tiempo de correr un minuto sin reaccionar aparentemente al disparo. Todos nos miramos como queriendo decir: ‚ÄúNo te preocupes, Miguel, el lobo es nuestro‚ÄĚ.

Salimos hacia el lugar donde lo disparó y encontramos un buen rastro de sangre. Tocaba pistear: sangre y más sangre, y a unos 100 metros… ¡el lobo estaba ahí! Alegría y felicitaciones por el trabajo tan bien hecho. Nuestro lobo, que hace un momento estaba a unos dos kilómetros, yacía ante nosotros en la nieve. ¡Fantástico!

A REMATAR LA FAENA

Una vez en el campamento, con una magnifica sensaci√≥n tras un estupendo d√≠a de caza, era el momento de entrar en la sauna y de disfrutar de una cena caliente para irnos a la cama y so√Īar con aquel inolvidable lance con el lobo como protagonista.

Al día siguiente decidimos cambiar de zona en busca nuevamente de los Marco Polos. La jornada se presentó abierta, fría pero sin nieve. Con las fuerzas intactas después de un buen desayuno, volvimos a montar a caballo y comenzamos lentamente la ascensión hacia unos valles donde los guías habían localizado a unos grupos de carneros.

A no m√°s de dos horas del campamento, en una ladera, vimos un macho tumbado en la nieve, sole√°ndose. Estaba solo. Sacamos el catalejo y comprobamos que era ‚Äútirable‚ÄĚ. Pero la distancia era enorme: 600 √≥ 700 metros. A pie, tapados por un peque√Īo valle, decidimos restar metros hasta llegar a una loma. Logramos situarnos a unos 300 metros de ellos, con un valle nevado y muy amplio, para poder repetir el tiro en caso de fallar el primero.

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El guía con el Marco Polo

Saliendo al punto elegido y buscando un lugar de apoyo en la nieve sobre la mochila, procedimos a levantar al gran Marco Polo. Después de dos o tres silbidos, sentó sus cuatro patas sobre la nieve y nos miró.

El primer disparo se quedó bajo, formando una polvareda en la nieve. El animal corrió desorientado unos metros hacia nosotros y se volvió a parar unos segundos.

En ese momento restalla el segundo disparo, que le alcanza en el hueso de la mano, a la altura del hombro.

El animal corre ladera abajo y le perdemos de vista. En unos minutos le volvemos a ver… ¡pero a más de un kilómetro! Corre mucho más despacio y parece perder mucha sangre.

Decidimos esperar a que se tumbase. Tras aguardar durante 30 minutos, comenzamos el descenso de la ladera a caballo en busca del √ļltimo punto donde le hab√≠amos visto.

Llegados all√≠, prism√°ticos en mano, por fin lo encontramos. Yac√≠a inerte en el fondo del barranco. Se hab√≠a despe√Īado por un precipicio hasta unas rocas que se encontraban en el fondo.

Después de dar un rodeo de casi una hora, llegamos al carnero. Solamente se había despuntado un cuerno. Intentamos sin éxito localizar el trozo que le faltaba. Mala suerte, aunque en la taxidermia nos proporcionaron un trozo de cuerno para su arreglo. Abrazos y la alegría que conlleva el lance y el trofeo conseguido.

Y DE REGRESO… ¬°VAYA SUSTO!¬†

El trabajo estaba ya realizado. Todos los cazadores, con sus expectativas cumplidas y de vuelta al campamento en el √ļltimo d√≠a de caza, s√≥lo pensaban en preparar las maletas y volver a Espa√Īa. Eso s√≠, con la nostalgia de dejar aquellas majestuosas monta√Īas de Kirguizia en nuestro viaje de retorno a Biskek.

El d√≠a de regreso se present√≥ con una fuerte nevada. El camino de la monta√Īa que ten√≠amos que tomar atraviesa varios r√≠os que en ciertas √©pocas del a√Īo bajan muy crecidos y caudalosos, mientras que en otras se hielan completamente.

Pues bien, en nuestro camino de vuelta nos encontramos con un r√≠o medio helado. Intentamos atravesarlo, pero nuestro cami√≥n parti√≥ el hielo con las ruedas traseras, que quedaron hundidas. La cosa no pintaba nada bien. Sin embargo, a base de esfuerzos, piedras, palas y dem√°s, conseguimos sacarlo tras dos horas de duro trabajo por parte del equipo que nos acompa√Īaba. Una an√©cdota m√°s para sumar a este incre√≠ble viaje.

Sin m√°s demora llegamos a Biskek, donde cenamos. Ya de madrugada, dorm√≠amos pl√°cidamente en el vuelo de regreso, so√Īando con volver de nuevo alg√ļn d√≠a a aquellas monta√Īas que tanto nos hab√≠an dado.

Texto: Félix Sánchez Montes

golimbreando@gmail.com

Fotos: L. M. de la Rubia y autor

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