Cómo identificar los rastros y las huellas del Jabalí
24 mayo, 2018 Trofeocaza . 8641 Visualizaciones

Caza mayor nacional

Cómo identificar los rastros y las huellas del Jabalí

Seguramente sea el jabalí la especie cinegética que deje en el terreno unos indicios más claros para poder constatar su presencia. A continuación veremos algunos de estos rastros tan evidentes y algunos que no lo son tanto.

LA PEZUÑA Y LA HUELLA

Antes de existir los análisis genéticos, la estructura de la terminación de las extremidades de las distintas especies animales era uno de los parámetros que servían para clasificarlas taxonómicamente, ya que mediante las similitudes de esta parte de su anatomía podía establecerse su cercanía evolutiva.

El jabalí es un ungulado, es decir, un mamífero placentario que se apoya al caminar (o desciende de otra especie que lo hacía) en el extremo de los dedos, que están generalmente recubiertos de pezuñas o cascos.

Según el Instituto Smithsoniano, es este el más amplio grupo entre los mamíferos, con 257 especies de ungulados modernos, y entre sus miembros se encuentran, por ejemplo, las ballenas que, al igual que los jabalíes, son integrantes de un orden menor, que se caracteriza por descender de especies que contaban con un número par de dedos, generalmente cuatro: los artiodáctilos, del griego ártios, “par”, y dáktylos, “dedo”.

Las especies que han conservado esta característica suelen contar con cuatro pezuñas, de las que apoyan al menos dos. Curiosamente, el pecarí ha perdido en el camino evolutivo una de sus pezuñas secundarias traseras, lo que evidencia que la cercanía con los jabalíes del viejo mundo es relativa.

Así que la estructura de las pezuñas de los jabalíes consta de cuatro pezuñas agrupadas de forma simétrica en dos secundarias (garrones o guardas, que pueden apoyar o no) y dos primarias o principales, que marcan siempre.

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El jabalí, en su caso, sí suele apoyar las cuatro pezuñas y por eso sus dos guardas son de gran tamaño y se encuentran cercanas a las principales, dispuestas abiertas a los lados de estas con respecto al eje, a diferencia de otros ungulados como los cérvidos.

Esto hace que su área de apoyo se ensanche y encaje en un trapecio, mientras que la de los cérvidos cubre un espacio rectangular más alargado. Otra diferencia entre sus pezuñas es que mientras que las de estos últimos están totalmente divididas a lo largo, las del jabalí están unidas en la base, por lo que en la marca de su huella puede observarse una característica cresta de sustrato.

El peso que soportan los cuartos delanteros de una especie como el jabalí es mucho mayor que el que soportan los cuartos traseros. Por esta razón, las pezuñas de las patas delanteras son algo más anchas, para tener una mayor superficie de apoyo, lo que hace que su huella sea más ancha y profunda

LA VELOCIDAD DE LA MARCHA

Dependiendo de la velocidad del paso, la marca de la huella variará, y mientras a un paso lento y tranquilo las pezuñas aparecen juntas y cerradas, en carrera la pezuña se abre para abarcar mayor superficie de pisada, apareciendo en la huella las pezuñas separadas.

Huellas-y-rastros-jabali-paso

Si el jabalí ha emprendido la carrera comprimirá el sustrato del piso en la parte de atrás de su huella, abriendo grietas delante cuando el terreno lo permite.

Esto también suele ocurrir cuando el animal asciende una ladera. En el caso de bajarla o reducir su marcha, estas grietas se formarán en la parte trasera de la huella.

LA HUELLA Y LA EDAD

Huellas-y-rastros-jabali-edad

Lo primero para diferenciar un ejemplar joven de uno viejo es el tamaño de la huella; esto parece de perogrullo, casi siempre las huellas de ejemplares viejos son grandes y viceversa.

Pero con abundancia de comida puede que jabalíes jóvenes se desarrollen más de la cuenta y se hagan bastante grandes y entonces, generalmente, tienen las puntas de las pezuñas más agudas que los viejos, que por lo general las han desgastado (sobre todo la interior) y son más redondeadas.

 

Los ejemplares jóvenes marcan más tenuemente o no marcan los garrones, ya que pueden aguantar su peso perfectamente andando sobre sus pezuñas principales.

DIFERENCIAS CON LOS CÉRVIDOS

Comparando la huella del jabalí con la de un cérvido, en este caso un corzo que ha marcado sus pezuñas secundarias, se aprecia que la huella de este último es más alargada, ya que dichas pezuñas se encuentran más juntas entre ellas y más separadas de las primarias. En el caso del jabalí, las guardas están más bajas, son más grandes en proporción y sobresalen de forma apreciable de los lados de las primarias.

Huellas-y-rastros-jabali-CERVIDO

Otra diferencia es que las pezuñas principales de los cérvidos están separadas por completo y las de los jabalíes están unidas en su base por una almohadilla plantar de la que los otros carecen, marcando así estos generalmente su palma en la huella que une las dos pezuñas.

Esto provoca que las típicas crestas de sustrato interdigitales que producen al pisar sean distintas, y mientras que en el ciervo dividen la huella completamente a lo largo, las del jabalí solo se forman de la mitad a la punta de las pezuñas. Esta es una forma de diferenciarlas, donde no se han marcado los garrones. Además, las puntas de las pezuñas primarias del jabalí suelen ser más redondeadas que las de los cérvidos.

EL TROTE SU PASO NATURAL

El ritmo es diferente en cada especie, ya que debe ajustarse a la anatomía de cada una, aportando la mayor eficacia en el desplazamiento con el menor coste energético.

En el caso del jabalí, es el conocido vulgarmente como trote cochinero, que es un trote en registro directo, es decir, que en su marcha, el jabalí marca la huella de su pie solapando la de su mano. El jabalí puede adoptar otros tipos de pasos y puede andar al paso si está tranquilamente comiendo o galopar si siente alguna amenaza, pero en sus desplazamientos cotidianos para ir de un sitio a otro adoptará el trote.

La forma de marcar la mano y el pie del mismo lado implica un cambio de velocidad: si el pie queda por delante de la mano la marcha es lenta. El registro directo es muestra de una velocidad normal, y si el pie supera a la mano es porque la marcha es más rápida de lo habitual

BAÑAS Y RASCADEROSHuellas-y-rastros-jabali-bañas

Al jabalí le gusta revolcarse en el barro para eliminar parásitos y prevenir su aparición.

Esto lo puede hacer en revolcaderos ocasionales, en los que una precipitación ha propiciado la formación de barro y que el guarro aprovecha para darse un “baño”, o en bañas que toma año tras año cuando las condiciones son propicias.

Los primeros, los revolcaderos ocasionales, no son puntos muy claros para encontrar al jabalí de un día para otro, ya que puede cambiarlos con frecuencia, pero sus bañas habituales, cuando las toma, son puntos bastante fijos para esperar a que vuelva.

En las cercanías de estas bañas es frecuente encontrar rascaderos en los troncos de los árboles, que a la vez de servir al jabalí como complemento de su aseo, los utiliza como marcaje territorial.

En ellos es frecuente encontrar sus inconfundibles cerdas, largos y recios pelos, por lo general abiertos en sus puntas.

HOZADURAS

Son los rastros más conspicuos de la presencia del jabalí. El guarro levanta el suelo con su jeta en busca de alimento, dejando una clara muestra de su paso por la zona.

Las características de este tipo de muestras las hace fácilmente datables; la presencia de tierra suelta, la humedad del sustrato o la frescura de las hierbas arrancadas ayudan a conocer el tiempo transcurrido desde que el guarro las produjo, todavía mejor que atendiendo a una huella o una baña.

Esto tampoco implica que el jabalí se encuentre seguro en ese momento allí, ya que su área de campeo es grande, aunque siempre habrá más posibilidades de encontrarlo.

LA MARCA INCONFUNDIBLE DE LOS MACHOS

Aparte de las huellas, lo que puede delatar a un macho más fiablemente son las marcas de sus colmillos.

Estas aparecen frecuentemente en los mismos troncos en los que se rascan, a los que propinan unas cuantas colmilladas para reforzar esa marca territorial. Hace pocos días nos juntamos unos amigos para dar una pequeña batida.

En la mancha, un monte de encina bastante grande, encontramos algunas, aunque muy pocas, muestras de jabalí y, dada la dificultad de saber dónde podía haber alguno encamado, optamos por “cubrir” cuatro de nosotros la parte alta de un regato, conocida querencia de otros años, mientras que el otro batía con la quinta parte de una rehala.

Tras una hora de espera aparecieron los primeros perros sin que hubiera oído ni un tiro ni ladra alguna; por eso, al ver a uno de ellos sangrando, pensé en un principio que se habría cortado con algo. Cuando fui consciente de que mi oído ya no es lo que era, me acerqué a examinar al perro que, efectivamente, tenía un corte en el cuello que no paraba de sangrar, inequívocamente producido por las navajas de un guarro.

El perro, después de recibir tantos puntos, que ya los querrían muchos en su carnet de conducir, afortunadamente se recuperó. Esa fue casi la única muestra de jabalí que vimos ese día.

SOBRE LOS MASCAJONES

Huellas-y-rastros-jabali-mascajonesLos chicles o mascajones son las bolas de restos vegetales que el jabalí desecha tras masticar las hojas de algunas gramíneas, como el esparto o el albardín. De este tipo de plantas, el guarro saca el poco “jugo” que puedan tener haciendo una bola como los niños pequeños, que desprecia cuando lo que queda son solo fibras y celulosa mezcladas con saliva.

Es frecuente que se cite este mismo comportamiento asociado al corzo. Reconozco que siempre me ha resultado extraño que un animal tan “fino” comiendo pueda tener unos modales tan ordinarios cuando nadie lo ve, escupiendo amasijos vegetales por ahí; y mientras que de un cerdoso uno se puede esperar cualquier cosa, esto es algo que no me acababa de cuadrar con el corzo, y los desechos de este tipo que ocasionalmente he encontrado se los he adjudicado al jabalí.

Comenté este asunto con mi amigo José Carlos de la Fuente, gran naturalista y autor de las fotos que aparecen aquí, y él tampoco tiene claro que los corzos produzcan este tipo de desechos ya que su sistema digestivo le permite procesar la celulosa. Sin embargo, el otro día me encontraba dando un ganchito al jabalí con los cuatro perros de mi amigo Fernando y le planteé este “espinoso” tema.

Fernando es hombre de campo de gran experiencia y sabía que aportaría luz sobre el asunto. Me dijo que él sí que ha visto este tipo de restos producidos por el corzo, por ejemplo de bayas de enebro masticadas. Yo sabía que el corzo, a pesar de su “sibaritismo”, tiene un estómago a prueba de bombas y que, sobre todo en invierno, consume plantas que son tóxicas para otras especies, como helechos, hiedras o setas, y que no solo las digiere sin problema sino que le son metabólicamente beneficiosas.

Fernando me comentó que los ha visto comer incluso los muy venenosos frutos del muérdago. Además me dio un enfoque distinto del asunto: él opina que más que restos alimenticios, el corzo produce los mascajones como elementos de marcaje territorial, un dato sin duda novedoso que además de explicar este comportamiento, deja a salvo la reputación del corzo como “comensal” exquisito.

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1 comentario

  1. Pepe Pinto
    octubre 26, 18:31
    ¿Buscan lombrices los jabalíes cuando levantan la tierra o es otra cosa por lo que lo hacen ?

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