La aventura de cazar el primer macho montés de la reserva de Mampodre
2 agosto, 2018 Trofeocaza . 873 Visualizaciones

Caza mayor nacional

La aventura de cazar el primer macho montés de la reserva de Mampodre

La exitosa reintroducci√≥n de cabra mont√©s en reservas de caza de Castilla y Le√≥n es un hecho. A la de Ria√Īo en el a√Īo 1991, donde en primavera se ha batido el r√©cord del mundo al cazarse un macho de 303 puntos CIC, sigui√≥ en 1999 la de los Ancares.

Entre 2005 y 2007 le llegó el turno de reintroducción de cabra montés a la reserva de caza a Mampodre y ahora se ha cobrado el primer ejemplar. Este es el relato de esta cacería.

No s√© muy bien la raz√≥n original, pero Octavio siempre ha tenido una enorme afici√≥n por las monteses; es m√°s, esa afici√≥n se ha ido transformando con los a√Īos en una aut√©ntica pasi√≥n.

Pasi√≥n que le ha llevado, como celador de la reserva, a emplear interminables horas de vigilancia y observaci√≥n de los machos que se introdujeron, hace ya 12 a√Īos, en la Reserva Regional de Caza de Mampodre, en Le√≥n.

La Direcci√≥n T√©cnica de las reservas de caza de Le√≥n, liderada por su director Juan Carlos Peral desde hace 25 a√Īos, siempre asistido por su inseparable ayudante, C√©sar G√≥mez, y todo el equipo, ya ten√≠a experiencias anteriores en la introducci√≥n o reintroducci√≥n de las monteses en otras dos reservas, Ria√Īo en el a√Īo 1991 y Ancares de Le√≥n en el a√Īo 1999. Sin duda, dos experiencias de √©xito.

– En Ria√Īo se ha llegado a conseguir el r√©cord del mundo de macho mont√©s, con la incre√≠ble puntuaci√≥n de ¬°nada m√°s que 303 CIC! e innumerables trofeos de enorme calidad, superando con creces los 250/260 CIC.

– En Ancares, donde las condiciones han sido de total libertad, tambi√©n ha sido todo un √©xito la introducci√≥n de la especie, que se est√° cazando desde hace 12 a√Īos, con una poblaci√≥n sana y en expansi√≥n y que a buen seguro en unos a√Īos m√°s nos deparar√° grandes trofeos.

En ambas reservas, con la suelta de las cabras, se ha aportado un enorme valor faun√≠stico y cineg√©tico, al haber sido dotadas de una especie end√©mica de nuestro pa√≠s, un prestigio que ha traspasado nuestras fronteras; y, desde luego, se ha conseguido un gran valor econ√≥mico a√Īadido, que ha revalorizado, y mucho, las ya prestigiosas reservas leonesas.

Especialmente en los a√Īos duros de la epidemia de sarna en Ria√Īo, cuando la poblaci√≥n de rebecos estuvo seriamente afectada y la falta de ingresos por su caza se vio muy disminuida, si bien ampliamente suplida por los importantes ingresos provenientes de la venta de los permisos de macho mont√©s.

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Momento de suelta de cabras en Mampodre en 2007

Hay que destacar que los ingresos económicos directamente recibidos por los propietarios (ayuntamientos, juntas vecinales y particulares) han sido muy elevados.

Ria√Īo ha generado para los propietarios casi 1,1 millones de euros en estos a√Īos (2006-2016).

Ancares, casi 175.000‚ÄČ‚ā¨ (2006-2016)

En Mampodre, este primer macho cazado ha llegado hasta casi los 4000‚ÄČ‚ā¨.

Lógicamente sin contar los ingresos indirectos en forma de alojamientos, restauración, taxidermia y otros servicios; ingresos importantes que generamos los cazadores en las áreas donde ejercemos la actividad venatoria.

Desgraciadamente la crisis econ√≥mica de los √ļltimos 10 a√Īos, con la dr√°stica reducci√≥n o desaparici√≥n en la pr√°ctica de la financiaci√≥n necesaria para mantener este gran proyecto, unido a la terrible sarna; y, sobre todo, la incomprensi√≥n, ignorancia, incompetencia, falta de inter√©s y cortedad de miras de algunos responsables pol√≠ticos y cargos de la Administraci√≥n local, provincial y auton√≥mica, han devenido en un forzado abandono del proyecto, tirando por la borda todos estos a√Īos de esfuerzo e ilusi√≥n.

Estos ingresos habr√≠an ido en aumento progresivo cada a√Īo, como pasar√° sin duda en Ancares y con suerte en Mampodre.

Toda esta ingente labor ha sido posible gracias al esfuerzo y dedicación de todo el equipo humano de las reservas, con su director a la cabeza; pero, sin duda y especialmente de la guardería de estas reservas, que han dedicado muchas horas y desvelos a cuidar y vigilar con mimo, las poblaciones de monteses.

Es verdad que se invirtieron muchos recursos econ√≥micos , porque los hab√≠a y se supieron aprovechar, pero no es menos cierto que en pocos rincones de Espa√Īa ha habido iniciativas de esta envergadura; y es justo, por lo tanto, reconocer el m√©rito que han tenido.

Desde hace a√Īos, Octavio, siempre que tuvo ocasi√≥n, le recordaba y ‚Äėreprochaba‚Äô a su director que no se soltasen cabras tambi√©n en Mampodre. Por fin, entre los a√Īos 2005, 2006 y 2007, se soltaron un total de 23 ejemplares.

La verdad es que siempre se quiso hacer, y si se fue retrasando fue por la incertidumbre que generaba para el √©xito de la introducci√≥n la temible epidemia de sarna en los rebecos, que venimos sufriendo hace ya m√°s de 25 a√Īos y que podr√≠a dar al traste con todo el proyecto.

El permiso de caza fue adquirido en subasta, bastante re√Īida, por cierto.

LLEG√ď EL MOMENTO DE LA CACER√ćA

Lorenzo, que es el celador mayor de la reserva, había convocado para la ocasión a toda la guardería disponible para echar una mano.

La verdad es que fue una cacería de todos, porque a todos les hacía mucha ilusión la caza del primer macho de la Reserva.

Todos los convocados acudieron con enorme ilusión, allí estaba todo el mundo con ganas de participar de la experiencia irrepetible de la caza del primer macho de la reserva.

Hasta Víctor, uno de los celadores, con una lesión de rodilla quiso estar para compartir la experiencia y ayudar en lo que pudo.

All√≠ reinaba un ambiente de camarader√≠a y amistad, y todos est√°bamos dispuestos a pasar un gran d√≠a de caza en la monta√Īa.

Los machos son solo un grupete de 8-10 ejemplares, con dos machos adultos √ļnicamente, y uno que era el que est√°bamos buscando.

Era un macho de 12 a√Īos, bonito, con las tres curvas de una perfecta lira t√≠pica de los machos de Gredos, de donde provienen en origen.

El macho estaba rematado sin mucho potencial ya de crecimiento; pero sí un enorme riesgo de que, como otros anteriormente, se contagiara y muriera de sarna.

Por lo tanto, la dificultad de la cacer√≠a radicaba precisamente en que no se trataba de cazar cualquier macho, sino que ten√≠amos solo una opci√≥n ‚Äďo ese o ninguno‚Äď, ya que los dem√°s eran demasiado j√≥venes.

Llevaba Octavio viéndolos en el mismo sitio bastantes días; estaban también las hembras y chivos, grupo que en total no superaba la treintena.

Todos los días anteriores se les veía alrededor de un pino solitario en la ladera de Entrevados. Allí estuvieron, en efecto, hasta tres días antes de la cacería, fecha en la que se habían esfumado.

De hecho, Octavio, con una disculpa retrasó un día la cacería; la razón real era que no encontraban el grupo de cabras. Razón de más para la convocatoria de Lorenzo a los celadores, ya que la zona es enorme y harían falta muchos ojos para dominar el terreno donde podrían estar.

El Pico de San Justo, de 1955 m, corona un enorme cerro aislado del resto y circundado por un lado por el valle de Pinzon al norte y el valle de Langreo y Entrevados por la cara sureste. Es linde con tres cuarteles de la reserva:

  • Lillo por el sur
  • Isoba por el noroeste
  • Cofi√Īal por el noreste.

Incluso se da vista desde Mara√Īa.

Todos nos citamos en el lago de Isoba, de origen glaciar, que está ubicado al sur de San Justo, a 1400 m; desde allí teníamos a la vista todo el laderón encima de Langreo, donde habían estado los machos los días anteriores.

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Carlos Chamorro, gran cazador además de guarda de Gredos, aportó su gran experiencia con las cabras. En la foto, descansa en la ladera que domina Langreo.

A esta cacer√≠a me acompa√Īaba, adem√°s, mi gran amigo y ‚Äėmaestro‚Äô, Carlos Chamorro, celador mayor de la vertiente norte de la reserva de Gredos, jubilado hace un par de a√Īos y guarda durante mas de 40.

He tenido el privilegio de cazar mucho con Carlos, y puedo decir que lo poco o mucho que sé de las monteses, sin duda alguna, lo he aprendido de él.

Su experiencia con las cabras es inigualable y la gestión que ha hecho en Gredos es excelente, con unos resultados probablemente irrepetibles; pero, además, Carlos es un magnífico cazador y guía, e iba a sernos de gran ayuda en esta aventura.

Ha venido en los √ļltimos a√Īos en varias ocasiones a nuestras monta√Īas leonesas, que le han cautivado como a todos los que aman la monta√Īa y han pasado por all√≠.

Me consta que le hac√≠a gran ilusi√≥n estar en este especial acontecimiento. Adem√°s, sus compa√Īeros de Mampodre le tienen gran aprecio y tambi√©n valoran y respetan mucho su gran experiencia y conocimiento de las monteses; ellos est√°n siempre abiertos a aprender alguna cosa m√°s.

A las 8:00‚ÄČh est√°bamos todos en el lago Isoba; Javi, el celador del cuartel de Mara√Īa, se hab√≠a quedado en la caseta de Las Bra√Īicas para vigilar desde all√≠ toda la ladera noreste de San Justo: las monteses no estaban donde se supon√≠a que estaban habitualmente y entonces hab√≠a que cubrir mucho terreno para intentar encontrarlas.

Octavio, Carlos y yo descenderíamos por el valle de Langreo cruzando el río Isoba, para ir bajando por Entrevados, gemeleando ambas laderas del valle porque en cualquier sitio se nos podrían haber quedado.

Lorenzo y Jos√© Ignacio se quedaron en el lago de Isoba, y Paco y V√≠ctor fueron a Cofi√Īal para divisar la cara que da a los prados de San Justo.

Nos llev√≥ una hora larga la preciosa traves√≠a que se hace por Entrevados hasta dar cara a Cofi√Īal: es una vereda grande y muy f√°cil de andar, muy popular por los monta√Īeros que hacen esta bonita ruta con asiduidad.

Había que detenerse con atención a revisar minuciosamente cada reguero, cada vallejo y cada canal a ambos lados de las escarpadas laderas del valle, ya que los machos podían estar en cualquier sitio.

Al ser tan pocos, la dificultad de localizarlos aumenta. Las vistas sobre el río y las diferentes pozas que va formando son una belleza.

Solo al final de la vereda, ya en los prados de San Justo, Octavio vio unas cabras, y Paco y Víctor confirmaron el avistamiento.

Estaban en lo m√°s alto de San Justo, entre unos pe√Īones negros que, desde all√≠ abajo y con un desnivel de mas 700/800 metros, parec√≠an inalcanzables.

Al principio solo veíamos hembras; más adelante, y a base de buscar y rebuscar, fuimos capaces de divisar al grupo de machos, que estaban más a la izquierda en una garganta de caliza en lo más alto… Desde allí era muy difícil iniciar el rececho. La ascensión por el monte de urces y piornos es casi imposible.

Tomaron la decisi√≥n de venir a buscarnos en los coches, regresar a Isoba y desde all√≠ planear el rececho. Paco y V√≠ctor se quedar√≠an vigilando el careo de los machos; Javi, desde su privilegiada posici√≥n en Las Bra√Īicas, nos cubr√≠a una eventual retirada de los machos al noreste; y Lorenzo y Jos√© Ignacio vendr√≠an con nosotros.

Desde Isoba pueblo alcanzamos el valle de Pinzón, ascenderíamos a pico hasta el alto por Las Cortinas, laderón muy pendiente pero que se anda bien.

Alguien se tenía que quedar a vigilar aquella ladera por si los machos se cambiaban de nuevo. José Ignacio, con su generosidad habitual, se ofreció a quedarse a pesar de la ilusión que sé le hacía haber subido con nosotros.

Iniciamos la penosa ascensión Octavio, Lorenzo, Carlos y yo. Por precaución echamos algo de comer y agua…; menos mal ¡porque entonces no sabíamos la que nos esperaba¡

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Despu√©s de superar unos 400 m de desnivel y al llegar al primer alto, asomamos al valle de Langreo: no se ve√≠a nada. El terreno, como siempre, enga√Īa: de lo que se ve desde abajo a la cantidad de regueros y peque√Īas gargantas donde se pueden quedar los machos y que no se ven desde ning√ļn sitio.

Asomados a aquel primer collado, Carlos vio enfrente nuestro, a unos 350 metros y asomando a la cuerda, un macho, ya de color oscuro, que nos hizo pensar en un primer momento que era el que and√°bamos buscando; pero hab√≠a otro macho adulto de unos 10 a√Īos con una cuerna muy poco desarrollada, y era √©l: despu√©s de asomarse se retir√≥ hacia atr√°s.

Lo que fue en principio una peque√Īa decepci√≥n, era una noticia positiva: quer√≠a decir que los machos estaban all√≠. Solo hab√≠a que descender algo, cruzar aquella olla grande, ascender a la cuerda; y al volcar, all√≠ ten√≠an que estar…Eso era al menos la teor√≠a.

Ya apretaba el calor. Traspusimos el collado y bajamos atravesando la olla en lo alto del valle para llegar a la siguiente cuerda, que es pr√°cticamente el alto del Pico de San Justo.

Nos asomamos todos con gran expectaci√≥n a unos riscos que dan sobre la cara este de San Justo mirando hacia Cofi√Īal: all√≠ deber√≠an de estar‚Ķ pero solo nos encontramos‚Ķ abundancia mineral y ausencia animal‚Ķ
Octavio y yo nos asomamos por esa ladera entre los farallones de caliza para intentar ver m√°s abajo, ya que la pendiente era muy pronunciada y hacia dentro y no nos dejaba ver debajo de nosotros.

Conseguimos atisbar unas cabras y el machete que había asomado por la cuerda.

El sitio era inexpugnable, una chimenea casi vertical y tapada de toda vista, que ten√≠a una serie de peque√Īas terrazas; y all√≠, sole√°ndose, estaban las monteses.

Solo se veían algunas, no era posible acercarse más y era del todo imposible ponerse a tiro. Ante esta situación y la hora que era ya, cerca de las 14:00 y con mucho calor, decidimos comer algo y esperar a que empezaran el careo de la tarde, a ver si daban oportunidad.

Despu√©s de m√°s de una hora tost√°ndonos al sol y tomar un bocado escaso ‚Äďllevamos solo un exiguo taco pensando que aquello iba a ser ¬ęcoser y cantar¬Ľ‚Äď, y con el agua casi terminada, hab√≠a que tomar decisiones.

Allí asomados, especulamos con las diferentes vías que podían tomar los machos si se movían y calculamos distancias para ver si se pondrían a tiro desde esta posición.

A excepci√≥n de un par de sitios, o bien era muy lejos (mas de 500 metros) o bien no d√°bamos vista a los posibles pasos. Hab√≠a, pues, que intentar descender y encontrar alg√ļn saliente o terraza desde donde pudi√©ramos localizarlos.

Bajamos por una de esas chimeneas. Todav√≠a hab√≠a neveros que negociamos con precauci√≥n y no poca prevenci√≥n ‚Äďa m√≠ el v√©rtigo me pod√≠a, pero con algo de ayuda lo pude sortear‚Äď, bajamos hasta un saliente y se asom√≥ Octavio; y desde all√≠ s√≠ pod√≠a ver algunos ejemplares m√°s abajo.

El problema era que tampoco hab√≠a un tiro claro y adem√°s a m√≠, con mi v√©rtigo, me resultaba imposible. Otra vez canal arriba, otra vez el nevero y la hierba esa que llamamos all√≠ ¬ęrebequera¬Ľ ‚Äď que parece que tenga grasa por lo que patina‚Äď: ascensi√≥n complicada.

Decidimos subir a la cuerda de nuevo y desde allí, a ver si descendiendo por la canal siguiente, que era también muy pendiente pero mejor terreno, volvíamos a dar vista.

Octavio se adelant√≥ y, en efecto, saltando por un peque√Īo sierro se pod√≠a asomar uno a una terraza y desde all√≠ las pudo ver ya de careo abajo, casi en vertical.

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Ladera donde se cazó el macho, sobre los prados de San Justo.

 

Era el grupo de machos y estaba el nuestro. Otra vez un reto insuperable para mi vértigo, decidimos descender por una canal muy pendiente pero que se podía negociar.

Al final empezaba una mata de roble y brezos muy altos, todos tirados por la nieve. Aquello era un infierno; tardamos casi una hora en descender para podernos asomar en un alto desde donde las podríamos avistar de nuevo. Ya eran las 17:00 h.

Llegamos a unas piedras y nos salt√≥ un bonito rebeco macho; no era a lo que est√°bamos: busc√°bamos abajo entre el monte a nuestros machos, y all√≠ aparecieron: a no m√°s de 200 metros ‚Äďdescontado el √°ngulo de la tremenda pendiente‚Äď estaban de careo ramoneando y pastando entre los brezos.

Ya vimos a nuestro macho. Era inconfundible, el m√°s grande de cuerna con mucha diferencia, el pecho y las paletas ya atravesadas por el color negro de los machos adultos.

Tomé posición de tiro, había nervios, le apunto con cuidado esperando a que se destapara completamente; y, una vez que está totalmente atravesado…., patapuuuummm…, el 6,5 Creedmor tronó.

Se amontonan y corren‚Ķ Octavio dice: ¬ęCarga, que no le has tocado¬Ľ. Confusi√≥n total, ¬Ņsi le he tirado perfecto‚Ķ? Se para y le vuelvo a tirar, creo que esta vez s√≠ le fallo y, todav√≠a in extremis, le tiro el tercero, que s√≠ acusa‚Ķ

Se me queda una cara entre de estupefacci√≥n y frustraci√≥n, ¬Ņc√≥mo le he podido fallar el primer tiro?

Vemos que la pelota de machos se va, pero este se queda rezagado tras una peque√Īa sierra, no puede andar, est√° claramente pegado pero solo vemos la cabeza; se echa.

Hay que bajar a rematarlo, tardamos más de 40 minutos en llegar a la sierra detrás de la que se había tapado: aquella bajada fue una pesadilla.

Me asom√© con precauci√≥n y sali√≥ casi de mis pies, lo dej√© cumplir enfrente en una peque√Īa pedriza y lo remat√© sin m√°s.

Llegó la hora de las felicitaciones y las fotos para el recuerdo, después de un larguísimo y duro día de caza.

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Carlos, Lorenzo y Juan Antonio con la primera cabra cazada en Mampodre

 

All√≠ est√°bamos felices Lorenzo, Carlos, Octavio y yo con el primer macho de Mampodre, pero con satisfacci√≥n y alegr√≠a compartidas con todos los celadores, que echaron all√≠ todo el d√≠a ‚Äďellos, por cierto, sin comer‚Äď hasta que le pudimos dar caza y que fueron imprescindibles para el √©xito de la jornada.

El descenso todavía nos llevó un largo rato y llegamos a los prados de San Justo a las 20:45 h. Nos salió a recibir José Ignacio, quien, siempre pendiente de todo, vino con su hijo al encuentro con una bolsa llena de agua y cervezas heladas, ya que sabía que estábamos cansados y sedientos sin casi haber bebido durante todo el día. Gran detalle por su parte, desde luego.

Fotos con todo el grupo porque de todos fue el logro de la cacería del macho de San Justo, el primer macho de Mampodre.

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La expedición al completo con el macho

 

Para m√≠ ha sido una gran satisfacci√≥n haber podido cazar este macho con todos los amigos de la reserva de Mampodre, donde llevo cazando ininterrumpidamente 27 temporadas, y despu√©s haber compartido muchas jornadas de caza y monta√Īa con ellos tras los esquivos corzos leoneses, los majestuosos venados y, sin duda, los que son los reyes de nuestras monta√Īas: los rebecos.

El poder cazar el primer macho de la reserva ha sido todo un privilegio. Muchas gracias de coraz√≥n a todos los amigos celadores de la reserva de Mampodre, especialmente claro a Octavio, que ha sido todos estos a√Īos el que m√°s esfuerzo y dedicaci√≥n ha empleado en el seguimiento de las cabras; a Lorenzo, el celador mayor; a los celadores que all√≠ estuvieron dando el callo, Paco, Javi, V√≠ctor y Jos√© Ignacio; a mi ‚Äėmaestro‚Äô, Carlos Chamorro; y a Juan Carlos Peral, C√©sar G√≥mez y todo su equipo de las reservas de Le√≥n, que han hecho posible que podamos disfrutar ahora de la presencia de las magn√≠ficas monteses en nuestras monta√Īas leonesas.

Juan Antonio García Alonso

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