Razones en defensa de las esperas de jabalí
12 abril, 2018 Trofeocaza . 613 Visualizaciones

Caza mayor nacional

Razones en defensa de las esperas de jabalí

A algunos cazadores de reconocido prestigio no les duelen prendas en criticar las esperas. Y lo hacen con diferentes excusas: que en ellos √ļnicamente se abaten los mejores ejemplares, que el esperista juega con ventaja con respecto al jabal√≠, que no es tan emocionante como la caza menor.

Sin embargo, para Alfredo Martín, apasionado de las esperas, nada está más lejos de la realidad, y lo justifica con varios argumentos de peso. La gran selectividad de esta modalidad o la magia que la rodea son algunos de ellos. Por eso pide que cada uno se divierta como pueda y quiera, pero siempre sin perjudicar a los demás.

Los esperistas estamos acostumbrados a que nos critique una sociedad urbanita que sigue anclada en los postulados de Walt Disney y que está cada vez más desorientada en su relación con la naturaleza.

Tampoco nos coge por sorpresa que gente del √°mbito rural, que deber√≠a saber algo m√°s del asunto, siga pensando que cazar de noche es ‚Äúpecado‚ÄĚ y sin√≥nimo de furtiveo. Pero que los que nos llamamos cazadores tiremos piedras a nuestro propio tejado‚Ķ ¬°es de juzgado de guardia!

Esto viene a cuento porque sigo leyendo cr√≠ticas sobre los aguardos en algunas revistas del sector, llegando a tacharlos de da√Īinos para la especie o de ‚Äúencubierta segunda temporada de caza‚ÄĚ.

ANTE TODO, RESPETO 

Ya lo he dicho otras veces: cada uno cazará en su finca de acuerdo con sus preferencias, eligiendo la modalidad que más le guste y siempre respetando la legalidad vigente, los cupos que establezca la Administración y a los vecinos.

¬ŅQui√©n puede criticar que un grupo de amigos arrendemos un coto y lo cacemos s√≥lo en aguardos y recechos sin dar monter√≠as ni ganchos?

Desde luego no enga√Īamos a nadie ni damos una cacer√≠a en una finca donde, te√≥ricamente, se han abatido los mejores cochinos. Nosotros somos los que gestionamos nuestro coto, intent√°ndolo hacer de la mejor forma posible, y no nos metemos, por ejemplo, con el n√ļmero ni con el sexo de las reses que se cobran en una monter√≠a en otras fincas.

¡Que cada uno se divierta como pueda y quiera, sin perjudicar a los demás! Abundando sobre el tema y recién acabada la temporada montera, pensaba aquellos días en algo que me preocupa pero que tiene una difícil solución.

En las monter√≠as que se dan a finales de temporada, se abaten, normalmente, una mayor proporci√≥n de jabalinas que de machos, y pr√°cticamente est√°n todas pre√Īadas y a punto de parir. Entiendo que, de momento, ni se va a adelantar la veda ni somos capaces, en bastantes ocasiones, de determinar con certeza el sexo del jabal√≠ que pasa como una centella por nuestro puesto.

Pero lo que s√≠ hago desde aqu√≠ es defender que las esperas son mucho m√°s selectivas que estas batidas de los dos √ļltimos meses de la temporada. Los que no saben mucho de esto nos critican a los esperistas porque matamos buenos ejemplares, pero‚Ķ ¬Ņqu√© hace m√°s da√Īo? Y eso no quita para que sea un apasionado de la monter√≠a desde hace m√°s de 35 a√Īos.

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Un inmenso macareno con unas magn√≠ficas defensas. Seg√ļn el autor las esperas son m√°s selectivas.

 

LAS COMPARACIONES SON ODIOSAS 

En ocasiones he escuchado a otros cazadores decir :

“No se pueden comparar los quiebros de una agachadiza, los zigzagueos de las¬†t√≥rtolas¬†o las perdices de nuestras sierras, esos misiles que te anuncian con el zumbido de sus reactores que se descuelgan de los riscos, con un jabal√≠ o un venado que cien metros antes te avisa al romper monte. Lo esperas en el claro, lo metes en la cruz‚Ķ y no tienes m√°s que apretar el gatillo.”

Seg√ļn el autor, en las esperas no se abaten siempre los mejores guarros, aunque s√≠ es una modalidad muy selectiva. Este comentario es casi mejor que el anterior. No sab√≠a yo, despu√©s de llevar cuarenta y tantos a√Īos monteando, que es tan f√°cil abatir un guarro o un venado.

O soy muy malo, o yo no lo veo tan sencillo, y por eso me sigue subiendo la adrenalina cuando, efectivamente, escucho el acercamiento de la posible pieza. Al menos unas cuantas se me han ido a criar sin haberlas rozado ni un pelo. Y que yo sepa ese cazador no le ha hecho nunca ascos a pegarle un balazo a un jabalí, a un venado, a un corzo o a un macho montés.

Espero que, por su bien, acabe aclarando sus ideas. Pero el colmo es cuando otro cazador, de las mismas ‚Äúcaracter√≠sticas‚ÄĚse atreve a decir textualmente:

“No me gustan los aguardos, ni me gusta que los dem√°s aguarden a esos cochinos que en veda son nuestros amigos y socios que nos alegrar√°n la temporada que viene. Y menos me gustan las t√©cnicas para ganarle ventajas al campo, las miras telesc√≥picas de visi√≥n nocturna me parecen m√°s para las pel√≠culas de guerra que para cazar a ley.

No llego al arco, pero entiendo cuando mi abuelo dec√≠a que las reses se disfrutaban a tiro de escopeta. Y recordad que la veda est√° para respetarla, menos aguardos y m√°s pasear, disfrutar del sol sobre el verde de la primavera y cuando cae la noche, a la chimenea, simplemente ver la sierra desde el otro lado.”

A este se√Īor le dir√≠a que el peso de su apellido para m√≠ es sin√≥nimo de caballerosidad en la sierra, pero quiz√°s lo que le falta son a√Īos y experiencia, y sobre todo conocer aquello que se critica.

Hombre, que diga que lo que m√°s le gusta es la monter√≠a, vale, pues lo entiendo y respeto… pero que base su argumentaci√≥n en el derecho de estigmatizar a las esperas me parece fuera de todo lugar. Si a usted no le gustan los aguardos, es su problema. No los realice, pero son exactamente tan legales, honestos, emocionantes y deportivos como cualquier batida, gancho o monter√≠a. Y si me apura, como ya he se√Īalado, bastante m√°s selectivos.

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LAS ESPERAS SON UNA MODALIDAD TRADICIONAL 

Defender√© siempre los aguardos a los cochinos como una aut√©ntica y noble modalidad de caza mayor, arraigada en nuestro ser desde la misma noche de los tiempos, en los que el √ļnico testigo es la luna y nosotros mismos nuestro propio juez.

De esa conjunci√≥n de √©tica, sosiego, sacrificio y superaci√≥n personal saldr√° nuestra mayor esperanza e ilusi√≥n cuando miremos por las noches el cielo, donde una rebanada de blanca luna est√° ya empezando a crecer. En definitiva, alimentando sue√Īos.

Veraneantes, amigos y familiares del cazador rural que en verano est√°n en el pueblo serrano se animan a acompa√Īarle a hacer una espera a los ‚Äújabalines‚ÄĚ (muchas veces sin los oportunos permisos) en las templadas noches estivales.

Pero esos neófitos, además de soportar a los pesados insectos, suelen obtener normalmente resultados nulos, o cuando menos indiscriminados, consiguiendo, eso sí, variar las querencias de los cochinos.

Esas noches se escuchan ruidos por doquier y vehículos por todas partes hasta tal punto que aquello parece una feria nocturna-campestre que no beneficia en nada al equilibrio del monte y a lo que entendemos debe ser la caza en aguardo del jabalí, que para nosotros es algo bastante más serio.

Entretanto, y un a√Īo m√°s, la mayor√≠a de los cazadores, en esas fechas, estamos ya de vacaciones, dedicando un tiempo a nuestra familia que, de verdad, bien se lo merece. Intentamos aparentar normalidad e incluso bienestar, pero en el fondo estamos ‚Äújodidos‚ÄĚ porque nos encontramos lejos de nuestras sierras.

Con avidez, devoramos la portada de la revista, y al abrirla llega una bocanada de olor serrano se mezcla con el del salitre del mar. Cuando la vamos leyendo, el sonido de las gaviotas empieza a recordarnos vagamente a una et√©rea ladra, y entonces, con un escalofr√≠o y el vello de punta, volvemos a estar de nuevo ‚Äúen lo nuestro‚ÄĚ.

Intentamos disimular para que la familia no nos llame (con raz√≥n y una vez m√°s) pesado y loco, pero nuestra venganza es que, aqu√≠ y ahora, seguimos ‚Äúcogidos por la luna‚ÄĚ, como dir√≠a Pepe Murillo.

Y est√©n donde est√©n, en lo alto de la monta√Īa, respirando el aire puro como un cristal, o al borde del mar, escuchando cantos de sirenas que juegan con los delfines, les ruego que echen por las noches un vistazo a la luna y seguro que les llegar√°n los aromas dulzones de jaras, lentiscos y romeros.

Y si escuchan atentamente, quiz√°s consigan percibir el arruar del cochino que os est√° ‚Äúguardando la ausencia‚ÄĚ. Ahora s√≥lo me queda que me permitan aconsejarles que lo lleven con la mejor resignaci√≥n posible y con buena cara, para que no se note mucho‚Ķ

Alfredo Martín González

www.webtioluna.com

Foto de apertura: Nacho Izquierdo

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