Rececho de macho montés en Ronda y Sierra Nevada
20 diciembre, 2017 Trofeocaza . 5110 Visualizaciones

Caza mayor nacional

Rececho de macho montés en Ronda y Sierra Nevada

Abatir una macho mont√©s, una de las especies aut√≥ctonas m√°s emblem√°ticas de nuestro territorio nacional, es una experiencia √ļnica. Incluso muchos experimentados recechistas afirman que es de los retos cineg√©ticos m√°s exigentes si tenemos en cuenta el gran esfuerzo f√≠sico que requiere seguir sus pasos entre riscos y barrancos. El autor de este art√≠culo puede dar fe de ello, pues acompa√Ī√≥ en sendas aventuras a un cazador estadounidense en pos de este majestuoso animal.

Acababa de llegar de montear en Las Mesas, la finca de Lolo Mialdea, el pasado 1 de noviembre cuando recibo una llamada de mi buen amigo Luis Miguel de la Rubia, gerente de spanishibex.com, pregunt√°ndome si quer√≠a acompa√Īarle para realizar un reportaje fotogr√°fico de unos recechos de cabra mont√©s en dos parajes andaluces, la Serran√≠a de Ronda y Sierra Nevada.

No lo dud√© ni un momento: ‚Äú¬ŅCuando salimos?‚ÄĚ, le pregunt√©. ‚ÄúMa√Īana te espero en Ronda‚ÄĚ, me respondi√≥. Solt√© los b√°rtulos de la monter√≠a, busqu√© los de rececho, prepar√© mis c√°maras y, tras una buena ducha, me march√© a la cama, pues al d√≠a siguiente tocaba de nuevo ponerse en carretera camino de la sierra.

TRAS EL GRAN “EMPERADOR” EN LA SERRAN√ćA DE RONDA

Luis Miguel lleg√≥ por la tarde procedente de Madrid, donde hab√≠a ido a recoger a su cliente, Ryan, un simp√°tico y amable estadounidense que ya conoc√≠a Espa√Īa de anteriores recechos de cabras. El viaje desde su Wyoming natal hab√≠a sido largo, pero no quer√≠a perder ni un minuto de su estancia aqu√≠, aunque el jetlag le estaba pasando factura.

Aunque ya estaba avanzada la tarde, decidimos dar una vuelta para conocer el tiradero y, de camino, intentar abatir la primera cabra, en este caso un selectivo, siguiendo el plan de caza previsto: una cabra selectiva en Ronda y después intentar cobrar un trofeo en Sierra Nevada. Para ello disponíamos de cuatro días, tiempo que Luis estimaba suficiente para abatir las dos cabras, pues no hay que olvidar que íbamos a cazar en fincas abiertas.

EL TIEMPO NOS RESPET√ď FINALMENTE¬†

Conforme íbamos subiendo a la zona de caza, las nubes bajas empezaron a rodearnos, aunque la visibilidad era buena, lo que permitía ver con claridad a más de 300 metros. En eso estábamos cuando, tras doblar una cerrada curva de la pista forestal por la que transitábamos, una cabra seguida de su cría se nos atravesó de repente parándose delante nuestra.

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Cabra montesa con su cría

La cara de alegr√≠a de Ryan al verlas nos dejaba claro que el rececho comenzaba con buen pie. A izquierda y derecha vislumbramos peque√Īos grupos de hembras con alg√ļn joven macho, pero no vimos ning√ļn animal que cumpliese lo que and√°bamos buscando: un macho selectivo de no m√°s de siete a√Īos de edad.

El celo de las cabras ya se empezaba a notar por estas serran√≠as, un poco tard√≠o trat√°ndose de la latitud y las fechas en que nos encontr√°bamos. Ya nos hab√≠a comentado Antonio, nuestro gu√≠a, que esta temporada se estaba retrasando algo, sin verse a√ļn a los grandes machos acercarse a las hembras, si acaso alg√ļn ejemplar joven.

La noche se iba echando rápidamente por las cumbres y decidimos volver a Ronda, donde nos esperaba una buena cena. Tras ella nos retiramos a nuestros alojamientos, no sin antes programar minuciosamente nuestros planes de caza para el día siguiente. La jornada se presentó nublada y con una lluvia fina, aunque sin frío. Tras desayunar rápido, salimos antes de que diesen las 7.30 horas, pues queríamos estar pronto en las cumbres.

MANOS A LA OBRA

Rececho-de-macho-montes-4Llegados al sitio, aparcamos el veh√≠culo en un lateral de la pista forestal y emprendimos el rececho. Por un lado, Ryan, el cazador, acompa√Īado de Antonio, el gu√≠a, y de Luis Miguel; y a cierta distancia, detr√°s de ellos, y para no estorbar, yo con mis c√°maras.

Tras una buena caminata sin observar ninguna cabra de las que √≠bamos buscando, y ya cerca de las 8.30 horas, Antonio vio un grupo de cabras en unas quebradas, a nuestra izquierda, entre las que se encontraban un par de machos ‚Äútirables‚ÄĚ.

Estaban tranquilas, pues a√ļn no nos hab√≠an localizado gracias a nuestra entrada pausada, vigilando siempre el viento y sin hacer el menor ruido. Quedamos en que se acercar√≠an Luis Miguel y Ryan hasta unas rocas situadas a unos centenares de metros por debajo de nosotros para poder desde all√≠ tirar a los machos.

Mientras, Antonio y yo nos situamos tras unas pe√Īas, observando con los prism√°ticos. Tras un acercamiento lento y sin perder de vista a las cabras, lograron situarse en las rocas, a unos 300 metros del grupo de animales que estaban enfrente, un poco m√°s arriba de su posici√≥n.

Luis Miguel le pregunt√≥ a Ryan si quer√≠a disparar, advirti√©ndole que el macho buscado estaba, seg√ļn el tel√©metro, a 340 metros exactos, a lo que Ryan contest√≥ afirmativamente.

Un ligero viento del norte les entraba por su derecha, mientras ca√≠a una leve llovizna. Colocar el rifle encima de la mochila, se√Īalarle Luis Miguel a Ryan cu√°l era el macho al que deb√≠a disparar, regular el visor y apuntar fue cuesti√≥n de un minuto… que se hizo eterno. Al momento, el trallazo del disparo retumbaba por los barrancos, poniendo en alerta al resto de los animales, a los que pill√≥ por sorpresa.

Un peque√Īo encogimiento del macho fue lo √ļnico que acus√≥ la cabra al entrarle por debajo del jam√≥n derecho el proyectil, solamente un ‚Äúsedal‚ÄĚ. Pudimos comprobar con los prism√°ticos c√≥mo la bala dejaba al salir una peque√Īa salpicadura de sangre, pero sin llegar a impactar en la otra pata. Tras ello, desapareci√≥ de nuestra vista.

¬ŅDAR√ćAMOS CON √ČL?¬†

Despu√©s de dar un gran rodeo y subir una buena pendiente, dimos con el lugar del impacto. Unas peque√Īas gotas de sangre denotaban que el animal estaba herido. Con Lola atraillada, la teckel de Luis Miguel, procedimos a ponerla sobre el rastro para intentar encontrar el macho. Despu√©s de m√°s de una hora de pisteo, y en vista de que el macho no solamente dejaba de dar sangre, sino que hu√≠a ladera arriba, desistimos de seguir buscando.

Mal empez√°bamos el d√≠a, pero no perd√≠amos ninguno la esperanza de acabarlo bien, como as√≠ sucedi√≥ m√°s tarde. A√ļn dio tiempo esa ma√Īana a recechar un par de horas m√°s, pero sin suerte. Por ello decidimos tomarnos la comida que hab√≠amos llevado, reg√°ndola con un buen vino, para, tras acabar, montarnos en el todoterreno y bajar hacia otra zona que, seg√ļn Antonio, era muy querenciosa para los machos y donde ten√≠a localizados algunos ejemplares como los que busc√°bamos.

Se trataba de un peque√Īo llano, con unos cultivos a nuestra espalda y enrente de un circo formado por tres cerros escarpados en cuyo fondo se encontraban unas peque√Īas encinas rodeadas de una vegetaci√≥n muy tupida. Dejando el veh√≠culo aparcado fuera de la vista, nos acercamos para observar en los alrededores por si logr√°bamos ver la cabra que and√°bamos buscando.

¬ŅESTA VEZ S√ć?

En eso estábamos cuando Antonio divisó cómo, por encima de nosotros y casi en la cumbre del cerro central, se estaba dejando caer un macho que cojeaba ostensiblemente. Era un poco más grande de lo que andábamos buscando, pero Luis Miguel decidió que era a ese al que íbamos a intentar abatir.

Esperamos más de media hora cuando por fin apareció el macho detrás de una chaparra, por encima de nosotros. Para entonces ya estaba Ryan colocado en una roca, preparado para disparar, y a su lado Luis Miguel, dándole instrucciones sobre cuándo debía hacerlo. Esta vez Ryan se tomó su tiempo, apuntando cuidadosamente y esperando a que el macho estuviera más descubierto para poder disparar.

En vista de que no nos daba el costado y que la distancia a la que estaba era de 155 metros, optó por disparar. Esta vez la bala le entró por el pecho limpiamente. La cabra dio unos pasos y desapareció en la vegetación, pero no la vimos salir por donde se suponía que era su huida, así que esperamos un rato para que se enfriase.

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Ryan con el macho montés que abatió en Ronda

Esta vez Lola no tuvo mucho trabajo. Fue subir la pendiente e irse directamente al macho, que yacía abatido en unas rocas. La alegría de Ryan era inmensa. Sonrisas para todos y abrazos por doquier. ¡Lo habíamos logrado! Las fotografías de rigor, más abrazos y felicitaciones, tras lo cual bajamos al macho, que después de ponerle el preceptivo precinto, procedimos a desollar. Aquí fue Ryan el encargado de hacerlo, ya que nos comentó que en su tierra siempre lo hace con las reses que cobra. ¡Una buena costumbre!

La noche nos cay√≥ ya de vuelta a Ronda. A√ļn ten√≠amos que cenar, pues a la ma√Īana siguiente nos pondr√≠amos de camino, muy temprano, hacia Sierra Nevada.

SERRAN√ćA DE RONDA, UN PARA√ćSO PARA LAS MONTESES

La Serran√≠a de Ronda ocupa una extensi√≥n de 1.385 kil√≥metros cuadrados y se sit√ļa al suroeste de la provincia de M√°laga, en el l√≠mite con las sierras gaditanas de Ubrique y Grazalema. ¬†Hacia el sur se extiende hasta la comarca de Estepona, ya cerca de la costa, y limita al norte y al este con las comarcas malague√Īas de Antequera y del Guadalhorce, respectivamente. El paisaje de la comarca est√° definido por un conjunto de sierras con orientaci√≥n noreste-suroeste, entre las cuales se sit√ļan los valles de los r√≠os Genal y Guadiaro, as√≠ como la Depresi√≥n de Ronda.

La altitud media de la zona varía entre 500 y 700 metros y los puntos más elevados se encuentran en las sierras de Tolox y de Las Nieves (Pico Torrecilla, 1.918 metros).  En las zonas más altas de la serranía (Sierra de Las Nieves), caracterizadas por mayores rigores invernales, está presente la sabina rastrera, formando un abigarrado matorral que alterna con zonas de pastizal y algunas de pinares. En esta zona encontramos también matorrales almohadillados adaptados para resistir las difíciles condiciones climáticas de las altas cumbres (vientos, nieve y heladas).

SIERRA NEVADA,¬†EL “CIELO DE ESPA√ĎA”

El Espacio Natural de Sierra Nevada est√° integrado por el parque nacional y natural del mismo nombre. Impresiona por ser un extenso macizo monta√Īoso con un relieve compacto y por tener la cima m√°s alta de la Pen√≠nsula Ib√©rica, el Mulhac√©n, con 3.479 metros. Integrado en la Cordillera Penib√©tica, se extiende desde el sudeste de Granada hasta el extremo occidental de Almer√≠a. Comprende terrenos de 44 municipios, 15 de Almer√≠a y 29 de Granada.

EL M√ĀS DIF√ćCIL TODAV√ćA: SIERRA NEVADA, LA CIMA DE LA PEN√ćNSULA¬†

El viaje hasta Sierra Nevada se hizo pesado, aunque por suerte la lluvia nos dio un descanso. No así el viento, que arreciaba por momentos. Llegamos al hotel rural en el que nos alojaríamos, en un bello pueblo de Las Alpujarras.Deshicimos las maletas, nos aseamos un poco y ya estábamos en el comedor para poder llegar pronto esa tarde al cazadero. De repente empezó a llover copiosamente y el viento a arreciar cada vez más fuerte, pero Luis Miguel comentó que la historia no la habían escrito nunca los cobardes… y allá que nos fuimos a las cumbres a buscar el trofeo que veníamos buscando desde tan lejos.

Esta vez nuestro gu√≠a era Antonio El Zocato, un perfecto conocedor de la zona que lleva m√°s de 15 a√Īos en estos menesteres. Su maestr√≠a y buen hacer quedaron patentes, al igual que su experiencia en estas lides.

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Grupo de monteses de Sierra Nevada

EL TIEMPO, NUESTRO ALIADO 

Conforme subíamos a los más de 2.500 metros del tiradero, lindante con el Parque Nacional, el tiempo se volvía más frío, pero milagrosamente la lluvia cesó y hasta el viento se moderó. ¡La suerte siempre se alía con los audaces! No hay duda.Esta vez sí vimos buenos machos, mucho mejores que los de Ronda, pero ninguno de ellos era medallable. Grupos de cuatro, cinco y hasta siete machos juntos se dejaban ver por los visos, laderas y barrancos de la zona.

La vegetaci√≥n era escasa: aqu√≠ y all√° alguna sabina o pino aislado, ya muy cerca de los ‚Äúborreguiles‚ÄĚ, que es como se denomina aqu√≠ a los pastos de alta monta√Īa.Un par de acercamientos infructuosos a las cabras fue lo m√°s rese√Īable de aquella tarde, pero Antonio nos asegur√≥ que ten√≠a localizados un par de buenos ejemplares y que al d√≠a siguiente seguro que dar√≠amos con ellos.Con esa esperanza, y cansados de tanto andar, ca√≠mos esa noche reventados en la cama, eso s√≠, tras cenar espl√©ndidamente la buena comida de esta tierra. No eran a√ļn las 7.00 horas cuando and√°bamos ya desayunando unas buenas tostadas con jam√≥n serrano y un caf√© caliente para coger fuerzas.

El día se presentó radiante. En estas alturas el tiempo cambia muy rápido, y lo mismo estás con el sol encima que, diez minutos después, andas tiritando y rodeado de una espesa niebla.

Y LLEG√ď LA HORA

Tras rodar por una pista de monta√Īa cerca de una hora, al fin paramos y nos dispusimos a empezar el rececho. Esta vez Antonio nos demostr√≥, una vez m√°s, sus profundos conocimientos sobre la fauna, y en especial sobre las cabras monteses.Viendo el magn√≠fico d√≠a que se hab√≠a puesto, dedujo que las cabras que busc√°bamos deber√≠an estar sole√°ndose en unos tajos no lejos del lugar en el que nos encontr√°bamos, como as√≠ sucedi√≥.

Tras una breve caminata, dimos vista a unos profundos tajos situados a nuestra derecha. Antonio nos dijo que nos detuvi√©semos y, tras observar unos momentos con los prism√°ticos, nos se√Īal√≥ una gran pe√Īa plana, a media altura sobre el tajo.¬°Y all√≠ estaban! Dos preciosos machos recostados y dej√°ndose calentar por el sol. Era dif√≠cil distinguir cu√°l de ellos era mejor, pero Antonio no lo dud√≥ ni un momento: el que estaba situado un poco m√°s cerca de nosotros era el que busc√°bamos.

EL MOMENTO DE LA APROXIMACI√ďN

Así que ahora quedaba lo más difícil: acercarnos sin que nos vieran. La suerte continuó de nuestra parte y Ryan y Luis Miguel lograron situarse a 200 metros de ellos sin ser detectados. De repente las cabras se levantan y empiezan a moverse lentamente hacia el valle.¡Es el momento! Ryan se prepara y, en cuanto el macho se para un instante ofreciendo su flanco, dispara, acertando de pleno en el codillo.

El animal da unos pasos, pero, herido de muerte, no logra ir muy lejos. Se detiene e instantes después rueda por la ladera. ¡Lo logramos de nuevo! Abrazos y felicitaciones se suceden sin descanso.Nos acercamos al macho y comprobamos su gran envergadura. Es una cuerna típica de Sierra Nevada, perfecta y hermosa. La medimos y nos da una puntuación de plata alta. No parece que pueda ser oro, pero nunca se sabe.

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Antonio, el guía, posa con el macho medalla de plata abatido en Sierra Nevada por Ryan.

¬°HASTA LA PR√ďXIMA!

Tras la consabida sesi√≥n de fotos, toca bajar al macho hasta el veh√≠culo, cosa nada f√°cil por lo escarpado del terreno, pero Antonio, una vez m√°s, nos demuestra c√≥mo hacer f√°cil lo que parece dif√≠cil.Volvemos al hotel y es el momento de las despedidas. Primero digo adi√≥s a Ryan, un gran cazador y mejor persona; despu√©s a Antonio, que me obsequia con una bolsa de sus tomates ecol√≥gicos cherrys, criados en lo m√°s alto de la sierra; y por √ļltimo a Luis Miguel de la Rubia, genial gestor y buen amigo.

Gracias a todos por estos buenos días pasados con vosotros.

Habr√° que volver por estas sierras de nuevo. ¬°Ya lo estoy deseando! ‚ÄĘ

EL EQUIPO IDEAL PARA RECECHO DE MACHO MONT√ČS¬†equipo-mancho-montes

Para el rececho usamos un rifle de cerrojo Blaser R8 Professional con culata sint√©tica del calibre .270 WSM y balas de 130 grains, equipado con un visor Swarovski Z6 2,5-15×56 P, ideal
para malas condiciones de luz.

El calibre .270 WSM resulta id√≥neo para situaciones de monta√Īa o de llanura limpia, para ser empleado sobre animales de piel fina, de no m√°s de 200 kilogramos, y siempre teniendo cuidado al escoger las puntas con las que se carga. En nuestro caso usamos la bala de 130 grains Ballistic Silvertip, con una velocidad en boca de 3.275 p/s.

Se dice que el .270 WSM cargado con puntas de 130 grains posee la misma trayectoria que el .300 Remington Ultra Mágnum con puntas de 180 grains (pero no la misma energía) y con un retroceso más moderado.Basado en su antecesor, el .300 WSM, el cartucho del .270 WSM difiere del primero solamente en el diámetro interno del cuello (.270 contra .308 de pulgada), adaptado para recibir una punta de ese calibre.Incluso mantiene las restantes medidas de la vaina del .300 WSM, la longitud total del cartucho cargado y el mismo ángulo del hombro medido en grados.

El .270 WSM trabaja con presiones elevadas, en el orden de los 65.000 p.s.i., dentro de los parámetros aceptados por el Sporting Arms and Ammunition Manufacturers Institute (SAAMI). Para completar la equipación, fuimos provistos de un catalejo Swarovski y unos prismáticos Zeiss 2,5 x 10 x 52.

Textos y Fotos: Félix Sánchez Montes

golimbreando@gmail.com

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