El rececho nocturno de jabalí vs. La espera
7 agosto, 2017 Trofeocaza . 818 Visualizaciones

Caza mayor nacional

El rececho nocturno de jabalí vs. La espera

El rececho es una modalidad que consiste en el acercamiento sigiloso al animal para capturarlo o, m√°s frecuentemente, para darle muerte.

Es, quizás, la modalidad más extendida en el mundo y probablemente la más antigua, practicándose desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan las pinturas rupestres del hombre prehistórico en persecución de las piezas de caza.

Sin embargo, el rececho se ha asociado y se asocia habitualmente a una modalidad diurna, que supone recorrer un terreno, generalmente a pie y muchas veces no exento de un esfuerzo f√≠sico importante. La caza en ausencia o escasez de luz diurna a√Īade una importante dificultad.

Ha sido, precisamente, esa falta de visibilidad, a la cual el hombre est√° escasamente adaptado, la que ha hecho que especies de h√°bitos anta√Īo fundamentalmente diurnos (como los c√©rvidos) hayan transformado sus costumbres en evitaci√≥n de nuestra presencia.

En la caza nocturna, de hecho, se requiere una mínima luminosidad que permita, en primer lugar, saber qué terreno pisamos y, en segundo, qué animales nos rodean. La identificación animal en la noche se puede hacer muy ardua, máxime si se quiere ir más allá.

Distinguir sexos, estados de madurez, clases de edad o trofeos se puede convertir en tareas ímprobas bajo una escena de escasa luminosidad.

LA LUZ LUNAR.

Por ello, es lógico que la caza nocturna se apoye en la principal fuente luminosa durante la noche, nuestra imprescindible luna.

Si bien la luz de luna no es igual que la luz solar, aunque sea reflejo de ésta, pues su potencia y radiación es infinitamente menor (hacen falta aproximadamente 450.000 lunas llenas para igualar la luz solar que llega a la Tierra) pero suficiente para vislumbrar objetos, aunque dejemos de apreciar los colores.

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Hablar de caza con luna es hacerlo casi siempre de espera, siendo el rececho nocturno una modalidad poco conocida en Espa√Īa.

Adem√°s, la luminosidad de la luna var√≠a con la fase en la que se encuentre y con su posici√≥n en el cielo (sale 50 minutos m√°s tarde cada d√≠a), lo que hace a√ļn m√°s intrigante la caza nocturna.

Esto, unido a factores como la nubosidad, la duración de la noche, el reflejo o albedo del terreno (por ejemplo un barbecho frente a un rastrojo) o las sombras producidas por un follaje del arbolado más o menos denso, hacen que los factores que participan de la caza con luna sean numerosos aunque en este caso muchos de ellos puedan ser fácilmente predecibles (por ejemplo la hora de salida de la luna, la duración de la noche, la nubosidad, etc.).

Otros muchos serán impredecibles o inciertos (abundancia poblacional, movilidad de los individuos, sex ratio de la población, experiencia del animal, abundancia y distribución del alimento, presencia de especies competidoras, depredadores, rachas de viento local, etc.).

Esto consigue que los factores implicados en la caza nocturna sean los comunes a la caza diurna, m√ļltiples y muchas veces impredecibles, pero con el a√Īadido del factor ‚Äúluz‚ÄĚ que cuando aparentemente todos los factores est√°n de cara, √©ste puede determinar el destino final del animal.

Es, precisamente, por esa escasa luminosidad por lo que la caza nocturna no es apta para muchas especies cinegéticas (como los cérvidos), ya que el trofeo del macho es muchas veces difícil o imposible de apreciar.

Sin embargo, otras especies como el jabalí, de muy difícil observación a plena luz del día, son más propensas a su caza en la noche. La prueba está en que el jabalí en nuestras tierras se caza habitualmente a la espera o aguardo y la caza a rececho (nocturno) queda limitada a pocas zonas donde es costumbre practicar la ronda (rececho nocturno con ayuda de perros).

De hecho, en muchas comunidades aut√≥nomas la √ļnica caza nocturna autorizada es la espera o aguardo al jabal√≠, quedando el rececho relegado desde una hora antes del amanecer hasta una hora despu√©s del ocaso.

Asimismo, no ha existido nunca una fuerte tradici√≥n al rececho nocturno, al menos en Espa√Īa, mientras que en otros pa√≠ses s√≠ se estila esta modalidad, como es el caso de Turqu√≠a o Argentina.

LA ESENCIA DE LA CAZA NOCTURNA

La caza con luna permite adentrase en un mundo desconocido, contemplar especies esquivas, difíciles de observar a plena luz y disfrutar del silencio o de los ruidos de la noche.

Un mero paseo nocturno o aguardo bajo la luz de la luna hacen disfrutar al cazador de muchas sensaciones nuevas y poco frecuentes, con avistamientos de b√ļhos, gardu√Īas, tejones…, permitiendo disfrutar del esquivo jabal√≠, de su comportamiento y de su proximidad, adentr√°ndose en sus piaras, en las que el hombre empieza a pensar casi como uno de ellos y no como humano.

Ahí radica la esencia de la caza, en el conocimiento exhaustivo del animal para luego, no sin aflicción, dejarnos llevar por nuestro instinto depredador.

RECECHO VS. RONDA.

Hablar de caza con luna es hablar casi siempre de espera, siendo el rececho nocturno una modalidad poco conocida en Espa√Īa. Sin embargo, el rececho (o la ronda) presentan una serie de importantes ventajas con respecto al aguardo.

En primer lugar, el cazador puede jugar con la luna a su antojo, es decir, puede iniciar un rececho a las tres de la ma√Īana cuando la luna, por ejemplo, se encuentre saliendo o en lo m√°s alto del cielo, con la m√°xima luminosidad.

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El rececho nocturno queda reducido a zonas de pastos, dehesas o cultivos, fuera de zonas espesas, donde la escasa visibilidad hacen peligroso cualquier disparo.

En el caso de la espera, y especialmente en comederos, el cazador suele y debe apostarse a la caída de la tarde con el fin de no perturbar la tranquilidad de los animales y asegurarse la menor molestia a los jabalíes que se esperan.

El cazador queda, pues, en la mayoría de los casos, supeditado a noches de cuarto creciente o luna llena (cuando la luna se encuentra en el cielo a la hora del ocaso).

Las noches de cuarto menguante o pasada la luna llena son, por tanto, infrautilizadas en la espera, salvo que se recurra a fuertes contraluces naturales, luz artificial u otros artefactos a√ļn menos √©ticos.

La segunda ventaja la encontramos en que la probabilidad de topar con un gran trofeo de jabalí es, en general, mayor en un rececho que en una espera.

El recelo del jabalí a entrar en un comedero artificial es obviamente mayor que el de campear a su antojo en sus querencias habituales.

En tercer lugar, el cazador puede jugar con el viento más fácilmente al planificar el rececho ad hoc en cada noche e incluso variar el recorrido en función de la dirección del viento en cada momento. ¡Cuántas noches nos hemos quedado sin espera o la hemos echado a perder por culpa del viento!

Por √ļltimo, no se requiere de cebas continuas (diarias) en comederos y esto es especialmente importante cuando abunda el alimento natural (bellotas, hayucos, etc.). En estas circunstancias, los animales no entrar√°n a cebaderos y bien dif√≠cil es, por no decir imposible, predecir a qu√© √°rbol va a acudir un jabal√≠ entre los miles que pueda haber en una dehesa o monte aclarado.

Cierto es que, además, el cazador no sufre de igual manera el rigor climático al estar en movimiento continuo frente a la incomodidad (meritoria) de las frías esperas invernales. Sin embargo, un gran impedimento del rececho nocturno es que, generalmente, no puedes recechar ni tirar en el monte o bosque matorralizado como consecuencia de la falta de visibilidad.

El rececho queda reducido a zonas de pastos, dehesas o cultivos. Por ello, en el rececho nocturno, al contrario que en la espera, es preferible demorar la salida hasta que entre bien la noche y asegurarnos así que los animales hayan salido a los claros en busca de alimento, además de estar más tranquilos que en los primeros momentos de la noche.

RECONOCER AL MEJOR MACHO

El jabal√≠ es una especie de escaso dimorfismo sexual, m√°s a√ļn en la oscuridad de la noche donde s√≥lo se distinguen bultos y siluetas. Su color es especialmente oscuro y lo hace destacar en rastrojos o pastos agostados, pero no tanto en barbechos o con el monte tras √©l.

Rececho-vs-espera-jabali-macho-hembraA veces, en las largas noches de invierno, los jabal√≠es llegan a tumbarse en mitad de los cultivos o bajo √°rboles a descansar, hecho que puede parecer inveros√≠mil para muchos cazadores. Esto es com√ļn en las largas noches de invierno o cuando abunda el alimento, pero raro en las noches de verano por su corta duraci√≥n, donde deben emplear las escasas horas de oscuridad para alimentarse.

La determinación del sexo es bastante compleja y es preciso fijarse tanto o más en el comportamiento del animal que en las posibles diferencias morfológicas. Si el animal está próximo, puede apreciarse la silueta delatora del sexo: ancha en la parte delantera del animal y escurrida de atrás en los machos.

El hecho de que se trate de un animal solitario es muchas veces sintomático de que se trata de un macho (salvo algunas hembras en paridera), pero es frecuente encontrar machos que se acerquen a piaras de hembras jóvenes y permanezcan con ellas, especialmente en la época de celo. Entonces habremos de ser muy observadores y pacientes para fijarnos en factores como que el macho siempre va un tanto separado del grupo, echando a jóvenes que le puedan molestar y a menudo tras la hembra dominante de la piara.

A veces en piaras muy grandes pueden coexistir varios machos y el de aparente mayor envergadura, a veces dif√≠cil de apreciar, no es necesariamente el de mayor trofeo. As√≠, es importante observar cu√°l es el macho dominante de la piara (el m√°s viejo) y esto requiere experiencia y paciencia. Esta √ļltima se hace muy dif√≠cil de mantener cuando uno se encuentra a unos pocos pasos de los animales.

CUESTI√ďN DE O√ćDO.

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Aproximarse sigilosamente al gran macho tras identificarlo correctamente resulta fundamental a la hora de asegurar al m√°ximo el resultado del rececho nocturno.

El rececho requiere de una fuerte experiencia en identificar al gran macho y saber aproximarse sigilosamente. Por ello, resulta fundamental llevar un calzado que minimice el ruido, con suela blanda que amortig√ľe bien el terreno al pisarlo.

Cierto es que el oído del jabalí es bastante peor que su olfato, en contra de lo que muchos cazadores puedan creer. Por ejemplo, los cérvidos oyen mejor y habrá que tener especial cuidado si su abundancia es exagerada, pues el cazador andará más pendiente de las reses cervunas (para no espantarlas) que de los propios jabalíes.

As√≠, mientras que uno nunca puede permitirse que el viento vaya ligeramente en contra, pues su sentido del olfato es infalible, s√≠ podemos conceder alg√ļn peque√Īo desliz en cuanto a ruidos se refiere, especialmente mientras el animal est√° enfrascado en su alimentaci√≥n.

El propio masticar del animal o el movimiento de piedras y hojas al hozar se hace suficiente para amortiguar el posible ruido que produzcamos en nuestra singladura hacia el animal. Así, habremos de aprovechar precisamente esos momentos en los que el animal se alimenta para aproximarnos.

Si el rececho se lleva a cabo acompa√Īado de otra persona, por otra algo parte habitual y recomendable, se puede sacar partido de esa compa√Ī√≠a para que mientras uno observa (con los prism√°ticos) si el animal vigila o se alimenta, el otro aprovecha para aproximarse, eso s√≠, mirando de soslayo a su compa√Īero, esperando que √©ste haga una se√Īal (por ejemplo alzando el brazo) en el momento en que el animal levanta la cabeza y as√≠ dejar de caminar con el fin de evitar que el jabal√≠ se percate de nuestra presencia.

LA √ďPTICA ADECUADA ¬†PARA EL RECECHO DE JABAL√ć

Ni qué decir tiene que la óptica ha de ser la mejor para la visión nocturna. Hemos de poder distinguir bien las siluetas de la noche en momentos críticos en los que, por ejemplo, una nube se cruza ante la luna.

Así, los prismáticos han de ser de gran luminosidad (diámetro amplio y bajos aumentos, como 7×50) y necesitaremos un buen visor de gran diámetro para facilitar la entrada de la preciada luz, pero no requerimos muchos aumentos, ya que el lance suele producirse a distancias menores de 50 metros.

Claro está que esto supone llevar más peso (la óptica es más pesada) pero el factor claramente limitante es la luz y hemos de buscar una mejor visión a costa de algunas comodidades.

Una vara de apoyo es siempre √ļtil cuando se va a disparar en zonas abiertas donde no existen √°rboles ni puntos posibles de apoyo, lo que nos permite reducir el efecto del peso del visor, otorgando una mayor estabilidad al arma en el momento del disparo.

Tampoco hemos de preocuparnos por ser vistos (por los jabal√≠es). Su vista es bastante deficiente, no as√≠ la de los c√©rvidos, zorros y b√ļhos, que pueden detectarnos desde lejos.

Especial cuidado hay que tener, de nuevo, con las reses de otras especies, ya que al espantarse ellas alarman a buena parte de la fauna aleda√Īa. Esto se puede reducir con paradas o esperas en zonas sombreadas (bajo √°rboles), mimetiz√°ndonos en la noche con el posible inconveniente de espantar a algunas ruidosas aves (como las palomas) que utilizan esos √°rboles como dormideros.

Ramón Perea García-Calvo  

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