El Conejo de Monte

Conejo de Monte

El Conejo de Monte

El Conejo de Monte 

Creced y multiplicaos

En distintos momentos de la historia o, mejor dicho, de la prehistoria, la pen√≠nsula Ib√©rica ha sido el refugio de distintas especies propiamente europeas, al ser empujadas y quedar aisladas por efecto de las glaciaciones. El caso de los neandertales es un ejemplo, o el del antepasado m√°s reciente del conejo de monte, un antecesor que vivi√≥ hace dos millones de a√Īos y que vio reducida su √°rea de distribuci√≥n a unos peque√Īos enclaves al sur de la pen√≠nsula, desde los cuales evolucion√≥ hasta el que conocemos actualmente.

No existe otro representante de su especie en todo el mundo, un desamparo familiar que el ser humano comparte con √©l; y todos los ‚Äúsubproductos‚ÄĚ dom√©sticos que podamos encontrar por ah√≠ derivan de este conejo salvaje peninsular, as√≠ que podemos decir que junto a la fregona o el chupach√ļs es otra de las aportaciones de nuestra naci√≥n a la humanidad.

El popio nombre de Espa√Īa, Hispania para los romanos, deriva del vocablo ‚Äúsaphan‚ÄĚ, lo que significa ‚Äúdam√°n‚ÄĚ; y ‚ÄúI-Saphan-im‚ÄĚ, ‚Äúcosta de damanes‚ÄĚ, que, a falta de otro bicho m√°s parecido, fue el nombre que los fenicios aplicaron a los conejos. Algo similar a lo que debi√≥ pasar con los gansos de Magallanes en Sudam√©rica, a los que los conquistadores espa√Īoles llamaron ‚Äúavutardas‚ÄĚ.

Su importancia económica es mucha y, si bién es verdad que aquí no hay tradición en la cría del conejo doméstico, en el resto del mundo tiene un mercado importante gracias a su carne blanca, sabrosa y nutritiva, y sobre todo a su fácil y rentable reproducción. Seguramente sea esta la característica más propia de  este lagomorfo, su fertilidad, una forma exponencial de reproducirse que hace que sea capaz de sobrevivir a decenas de especies de predadores y a otras amenazas, como las enfermedades que le afectan. Una estrategia de perpetuación de sus genes que, por el momento, le ha dado buen resultado y que de haber adoptado otra seguramente ahora no existiría.

A pesar de todo, el conejo no está pasando tampoco su mejor momento: la mixomatosis y la NHV en sus distintas cepas han llevado sus poblaciones en muchas zonas a una situación critica. Estas son enfermedades que no tienen tratamiento; además, sus vacunas, aunque las hay, se tienen que administrar individualmente, lo que es difícil en poblaciones salvajes, y esto, unido al hecho de no inmunizar a largo plazo y no transmitirse de padres a hijos ni entre individuos, hace que por el momento sea mejor confiar en que ellos se autoinmunicen de forma natural.

Una coneja puede ser f√©rtil a los cinco o seis meses de edad y un macho antes, y despu√©s de un ciclo de gestaci√≥n de aproximadamente un mes puede volver a quedar pre√Īada en pocos d√≠as y criar seis o m√°s camadas de cinco o m√°s gazapos al a√Īo, as√≠ que si tienen una calculadora a mano, echen cuentas y ver√°n que las cifras de descendientes posibles son m√°s propias de una f√°brica japonesa que de un mam√≠fero.

Todo esto hace que su ciclo anual sea √ļnico y muy variable dependiendo del individuo, del clima y, por consiguiente, del alimento. Plasmar, por tanto, un ciclo general se hace m√°s dif√≠cil, si cabe, que en otras especies.

Si quieres saber más sobre el conejo, en Trofeo Caza dispones de toda la información relacionada con una de nuestras especies cinegéticas más representativas.

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Conejo de Monte
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