La caza del pavo salvaje, una pasión norteamericana
21 mayo, 2018 Trofeocaza . 4912 Visualizaciones

Caza menor internacional

La caza del pavo salvaje, una pasión norteamericana

Son varias las modalidades que se practican en este pa√≠s para dar caza al ‚Äúbar√≥n de bronce‚ÄĚ, como se le conoce vulgarmente en Estados Unidos. Y todas ellas tienen su encanto: al salto, a la espera en dormideros, con cimbeles… Eso s√≠, le adelantamos que este desaf√≠o venatorio es tan fascinante como frustrante. Quiz√°s sea parte de su magia.

Llevo cuatro a√Īos persiguiendo a esta enorme y astuta ave tan simb√≥lica de la colonizaci√≥n y del nacimiento de este pa√≠s, ahora, en definitiva, me incluyo entre los 2,5 millones de cazadores que se lanzan al monte cada a√Īo en pos de las varias subespecies de este p√°jaro. Y si se agrega a esta cifra el hecho de que cada escopeta desembolse un promedio de 600 d√≥lares con la esperanza de cobrar un pavo, el lector espa√Īol puede hacerse una idea no s√≥lo de la afici√≥n que originan las m√ļltiples maneras y oportunidades de cazarlos, sino de su importancia econ√≥mica para los muchos estados de la Uni√≥n en cuyos bosques y campos se ha afincado. En lo que sigue intentar√© sintetizar c√≥mo un ave que estaba en peligro de extinci√≥n ha llegado a apasionar al venador norteamericano.

HISTORIA, CONSERVACI√ďN Y EXPANSI√ďN

Se cree que Hern√°n Cort√©s llev√≥ el pavo mejicano¬†(Meleagris gallopavo gallopavo) a Espa√Īa, donde se domestic√≥, para luego ir extendi√©ndose por todo el viejo continente. Y cuando, como es sabido, llegaron los primeros colonos europeos a la costa noratl√°ntica del Nuevo Mundo a principios del siglo XVII, se hallaron en un aut√©ntico para√≠so cineg√©tico.

El pavo salvaje autoct√≥no de la regi√≥n (Meleagris gallopavo silvestre) se convirti√≥ r√°pidamente en una de las presas predilectas de aquellos intr√©pidos y hambrientos emigrantes. Los cronistas de la √©poca mencionan bandos de hasta 5.000 individuos. Tan abundante e importante fue esta fuente de prote√≠na aviar en el establecimiento de las primeras colonias, que el pavo preparado al horno se transformar√≠a en el plato principal de una de las fiestas m√°s tradicionales de la joven naci√≥n, la de Thanksgiving (D√≠a de Acci√≥n de Gracias), festividad que se celebra el √ļltimo jueves de noviembre a fin de reconocer la abundancia de la cosecha y otros bienes recibidos.

Mas, irónica y terriblemente, los cazadores de entonces causaron estragos en la población pavera y esta masacre, junto con la tala de los bosques primitivos y la destrucción general del medio ambiente, precipitaron un rápido declive. A principios del siglo XX, el ave prácticamente había desaparecido  de los 18 estados donde orginalmente había vivido. De entre las varias subespecies, sólo sobrevivieron unos 30.000 pavos dispersos en las zonas forestales más inaccesibles.

Sin embargo, en los a√Īos 40 del siglo pasado, los Departamentos de Recursos Naturales y algunos grupos conservacionistas de varios estados del este de los EEUU empezaron a atrapar peque√Īos n√ļmeros de pavos que volvieron a situar en sus h√°bitats tradicionales, y con gran √©xito. En los a√Īos 50 y 60, otros estados iniciaron programas de restauraci√≥n de sus pavos aut√≥ctonos, o de su introducci√≥n en zonas donde nunca los hab√≠a.

Para 1975, s√≥lo 12 de los 50 estados no ten√≠an una temporada para su caza. En el estado de Oreg√≥n (al norte de California), donde vivo y donde no hab√≠a pavos, se introdujo el pavo Merriam (Meleagris gallopavo merriami) en 1960, cuya poblaci√≥n aument√≥ r√°pidamente para luego estabilizarse en n√ļmeros reducidos. En 1975 se introdujo otro pavo, el R√≠o Grande (Meleagris gallopavo intermedia), subespecie oriunda del sudoeste del pa√≠s que prosper√≥.

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En la actualidad hay m√°s de siete millones de pavos salvajes en Estados Unidos

Hoy, el cazador de Oreg√≥n puede cobrar hasta tres machos en la temporada de primavera y otro pavo de cualquier sexo en la de oto√Īo. En mi estado natal de Minnesota tampoco hab√≠a pavos salvajes cuando yo era joven, pero ahora, como veremos, se ha aclimatado incluso a los inviernos siberianos de mi patria chica.

En la actualidad se estima que hay m√°s de siete millones de las cinco subespecies de pavos salvajes merodeando por los bosques y campos estadounidenses. En suma, el tama√Īo (los machos pueden pesar m√°s de 12 kilos), el instinto de conservaci√≥n y el don de adaptaci√≥n de un ave omn√≠vora (comen peque√Īos reptiles, insectos, bellotas, chufas, etc.), junto con una buena administraci√≥n conservacionista y los programas de (re)introducci√≥n han generado oportunidades cineg√©ticas de primer orden.

Como mencion√©, suele haber dos temporadas para la caza del pavo: primavera y oto√Īo. Pero la verdad es que pocos los cazan en oto√Īo porque el cazador norteamericano opta por dedicarse a las especies (aves acu√°ticas, faisanes, ciervo colablanca, etc.) m√°s tradicionales. En oto√Īo este celoso p√°jaro resulta incluso m√°s dif√≠cil de cobrar porque se congrega en grandes bandos y no responde ni a las llamadas de cazador ni le atraen los cimbeles.

Si hace medio siglo la idea de perseguir a un ave que estaba en celo durante la primavera se percib√≠a como una curiosa posibilidad de dar gusto al dedo, hoy el reto de rivalizar con los pavos constituye una fecha clave en el calendario de much√≠simos cazadores. Por todo ello, la temporada ‚Äúcl√°sica‚ÄĚ de cazarlos (y la en que un servidor ha participado) es la de primavera. Entonces y debido a sus pulsiones procreativas (sobre todo las de los viejos y resabiados machos, los llamados ‚Äúbarones de bronce‚ÄĚ), se vuelven algo m√°s vulnerables. Es una modalidad de caza que se asemeja a la de la perdiz roja con reclamo, si bien ‚Äúen grande‚ÄĚ, junto con otras diferencias notables.

ESTRATEGIAS Y EXPERIENCIAS 

La faceta clave de la caza del pavo salvaje no es, como dec√≠a Ortega, ‚Äúlevantar la pieza‚ÄĚ, sino localizarla. Es algo tan esencial como relativamente f√°cil, ya que en primavera los machos empiezan a gluglutear al amanecer y antes de descender de los √°rboles donde han pernoctado. Por tanto, para encontrar la querencia de un bando, es menester madrugar. Los cazadores avezados realizan esta labor de reconocimiento antes de levantarse la veda porque saben que en cuanto suenen los primeros disparos, los ‚Äúbarones‚ÄĚ se ponen aun m√°s cautelosos.

Asimismo, aprovechan estas avanzadillas matinales a fin de observar los movimientos del bando localizado y buscar un √°rbol donde recostarse o un lugar donde fabricarse un tollo con los materiales a mano y colocar los cimbeles. Esta caza no es para los dormilones, puesto que a lo largo de la temporada el cazador ha de estar en el bosque sobre las cuatro de la madrugada y atento al ¬°Glugl√ļ! ¬°Glugl√ļ! ¬°Glugl√ļ! de los machos. Pero debe evitar acercarse demasiado a los √°rboles en que posan a fin de no espantar el campo.

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Tras el pavo es esencial una m√°scara o velo que tapa nuestra cara para que el animal no detecte nuestra presencia.

Es a esta querencia ad√≥nde ha de dirigirse en la oscuridad y situarse, esperando que salga el sol y tocando madera para que en el √≠nterin el bando en cuesti√≥n no se haya desplazado a otro lugar. Asimismo, debe estar camuflado a tope, sentado sin moverse y haciendo buen uso de los varios dispositivos que imitan los sonidos (los glugl√ļs, ga√Īidos, cacareos y clucleos, etc.) que emiten, seg√ļn el sexo, los pavos; todo ello a fin de atraer a un macho a tiro de escopeta.

A los cazadores menos pacientes les gusta localizar un bando, averiguar en qu√© direcci√≥n va, adelant√°rselo sigilosamente y tenderle una emboscada confi√°ndose en su habilidad de ocultarse y enga√Īar a los pavos con sus llamadas, en particular, las de una hembra solitaria. Afortunadamente, existen v√≠deos, DVDs y p√°ginas web que ense√Īan al venador a utilizar debidamente estos instrumentos.

Adiestrarse en su uso es otro reto a que necesita afrontarse el cazador de pavos. Muchos utilizan cimbeles para llamar la atenci√≥n de los pavos, enga√Īo que puede aumentar las probabilidades de que un macho entre a tiro. De no tener suerte al amanecer, el cazador debe volver a la misma querencia antes del atardecer esperando que regresen a su(s) √°rbol(es). Cazar pavos exige m√°s persistencia que esfuerzo f√≠sico, y de ah√≠ una creciente popularidad entre cazadores discapacitados y de la tercera edad.

UNA CAZA CON ENCANTO 

En EEUU se han vertido r√≠os de tinta sobre la caza del pavo salvaje, pero como reza el refr√°n: ‚ÄúQuien quiere truchas, que se moje el culo‚ÄĚ. Es preceptivo, pues, que relate ‚Äďcomo buen cazador‚Äď otras experiencias ‚Äúpaveras‚ÄĚ que demuestran el hechizo que puede estimular el Meleagris gallopavo.

En mayo de 2011 fui a Minnesota a cazarlos con mi hermano Andy y nuestro amigo, Verne Winge. Ya ten√≠an localizados a los pavos y construidos los tollos en la orilla norte del r√≠o Zumbro que atraviesa la granja familiar. Por novato, me cedieron el mejor sitio, un tollo al borde del bosque con vistas a un extenso campo de soja sin sembrar y con varios cimbeles a 20-25 metros delante del mismo. Y all√≠ me sent√© al d√≠a siguiente a las 4:45 horas. Yo estaba fascinado porque nunca hab√≠a cazado en primavera. El campo estaba precioso: mil matices de verde, flores silvestres a mi alrededor, las aves de trineo cant√°ndome una sinfon√≠a y yo sentado c√≥modamente en un coj√≠n y en mangas de camisa. ‚Äú¬ŅQu√© clase de cacer√≠a es √©sta?‚ÄĚ, pensaba, tan habituado yo a la desnudez campestre oto√Īal y a los fr√≠os invernales.

De pronto detr√°s de m√≠ en el bosque: ¬°Glugl√ļ! ¬°Glugl√ļ! Si bien estaba perfectamente oculto, me agach√© y gir√© la cabeza lentamente: divis√© una hembra a menos de diez metros. Estas (est√° prohibido tirarlas en primavera) tienen un plumaje pardo, adem√°s de ser m√°s peque√Īas que los machos. ¬°Glugl√ļ! ¬°Glugl√ļ!, el macho tambi√©n estaba muy cerca pero no lo ve√≠a por los √°rboles y la maleza.

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Para cazar pavos salvajes debemos levantarnos muy temprano y permanecer inmóviles en las cercanías de sus querencias.

La pava pas√≥ entre los cimbeles y se qued√≥ a 40-50 metros a plena vista y, al parecer, tomando el sol. Pero en realidad esperaba a su acompa√Īante, quien sali√≥ del bosque a unos 60-70 metros. El pavo no es el p√°jaro m√°s hermoso del mundo, pero s√≠ impresiona, y el que yo ten√≠a delante no defraudaba: plumaje bronce brillante, cabeza calva al rojo vivo y una ‚Äúbarba‚ÄĚ larga. La ‚Äúbarba‚ÄĚ es un curioso ap√©ndice plum√≠fero que sale del pecho de los pavos cuyo tama√Īo se√Īala a los machos m√°s fuertes, adem√°s de distinguirlos de las hembras, si bien el diez por ciento de √©stas tambi√©n la gasta (y se pueden tirar). Era un ‚Äúbar√≥n‚ÄĚ, sin duda alguna. En seguida se dirigi√≥ a la hembra y en menos tiempo que tarda uno en leer estas palabras, se la cepill√≥. ¬°Nada de pelar la pava, sino un calique√Īo puro y duro, y delante de mis narices!

Ahora, me digo: ‚Äú√Čl vendr√° a intentar realizar la misma faena carnal con uno de los cimbeles hembra y le har√© pagar por sus pecados‚ÄĚ. Quit√© el seguro y empec√© a encarar lentamente la escopeta esperando que se acercara un pel√≠n m√°s… ¬°Pero de repente se dio la vuelta y sali√≥ corriendo tras la hembra que acababa de fecundar! Estoy absolutamente seguro de que no me vio. Sencillamente su instinto de conservaci√≥n (¬Ņy/o sexual?) le impeli√≥ a ir tras su dama y dejarme bolo. La caza del pavo es as√≠ de imprevisible y humillante, y de ah√≠ gran parte de su hechizo.

La temporada empezó con buen pie, ya que en el sorteo de licencias nos tocó una para el primer fin de semana. En Minnesota la temporada de primavera dura más de un mes, pero se divide en periodos hábiles de tres a cinco jornadas con varios días de descanso entre ellos a fin de disminuir la presión cinegética y permitir a los pavos calmarse. A continuación sintetizo lo que escribí en el diario en que anotamos los acontecimientos cinegéticos cada vez que cazamos en la granja familiar:

Incluso antes de llegar al tollo, los pavos hab√≠an empezado a gluglutear. Buena se√Īal. Sobre las cinco estaba yo rodeado de ‚Äúglugluteadores‚ÄĚ; hab√≠a al menos siete u ocho de ellos dando voz a su hombr√≠a. A las 6:10 horas vi a dos pavos en el campo de soja a unos 250 metros y que ven√≠an hacia m√≠ desde el este. A las 6:15, un bando entero abandon√≥ sus √°rboles y sobrevol√≥ mi tollo ¬°cual reactores!, y aterriz√≥ a unos cien metros, para en seguida desaparecer a orillas del r√≠o.

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Mientras tanto, las otras dos aves segu√≠an aproxim√°ndose, pero ahora se pavoneaban y abanicaban sus plumas de cola. ¬°Machos! Es m√°s, el sol se levantaba detr√°s de ellos y cada vez que abanicaban sus plumas de cola la luz iluminaba los puntos dorados de √©stas creando as√≠ un halo encima de cada p√°jaro. De pel√≠cula. Pavone√°ndose, glugluteando y esponjando sus plumas se acercaban paso a paso a los cimbeles. Cuando cre√≠a que estaban a 30-35 metros (llevaba todo el a√Īo rega√Ī√°ndome por no haber disparado al que se me fue la temporada pasada) apunt√© al cuello del m√°s grande y apret√© el gatillo. La carga del seis del cartucho 12-76 lo sacudi√≥, pero segu√≠a en pie. Accion√© la corredera y le solt√© otra andanada que lo dej√≥ patas arriba.

Pero mi ma√Īana no hab√≠a terminado. Con el segundo disparo el otro pavo ech√≥ a correr, mas en seguida dio la vuelta y regres√≥ al lado de su camarada ca√≠do. ¬ŅHermanos, amigos, tal vez? Entonces, apareci√≥ otro macho a unos 70 metros cuya cabeza empez√≥ a cambiar de color (roja, purp√ļrea, azul gris√°cea) al tiempo que inici√≥ un concurso de gluglutear con su rival, el superviviente. La serenata dur√≥ 20 minutos con los dos ‚Äúbarones‚ÄĚ correteando delante de m√≠ todo el rato. Es m√°s, hac√≠a fresco y cada vez que estiraban el cuello para soltar un glugl√ļ ve√≠a su aliento. Estaban hechos volcanes si bien (y desafortunadamente) no llegaron a embestirse. De todas formas, fue otro espect√°culo incre√≠ble.

A las 8:30 llegaron Andy y Verne y fuimos a ver mi trofeo. Quise saber a qu√© distancia lo hab√≠a tirado y cont√© 50 pasos largos. Lo que me hab√≠an parecido 30-35 metros fueron en realidad al menos 50. As√≠ son de enormes y enga√Īosos los pavos. Y de ah√≠ que tuviera que disparar dos veces para abatir el m√≠o. Obviamente, la escopeta y la cartucher√≠a fueron decisivas. Eso s√≠, en mi r√°nking de inolvidables experiencias cineg√©ticas (y tras medio siglo largo de caza), la del ‚Äúbar√≥n de bronce‚ÄĚ cobrado el 4 de mayo de 2012 ha quedado en primer lugar.

El Meleagris gallopavo es un desaf√≠o venatorio tan fascinante como frustrante. Este a√Īo diluvi√≥ y el r√≠o Zumbro se desbord√≥, lo que impidi√≥ llegar al campo de soja/pavoneo en la orilla norte. Desde nuestros tollos en la orilla sur o√≠amos a los machos gluglutear, pero por mucho que llam√°ramos, no fuimos capaces de sacarles de su querencia. S√≥lo vimos unas cuantas hembras. En suma, cobrar un ‚Äúbar√≥n‚ÄĚ pone a prueba la habilidad, la paciencia y la persistencia, lo que ha convertido la caza del pavo en un reto venatorio y un rito primaveral en EEUU. Es m√°s, al cazador le posibilita preparar al horno un pavo genuinamente norteamericano para los suyos el D√≠a de Acci√≥n de Gracias. ‚ÄĘ

ARMAS Y EQUIPAMIENTO PARA CAZAR EL PAVO SALVAJE 

Como puede imaginar el lector, ha surgido toda una industria basada en la caza del pavo, negocios que giran en torno a los enseres necesarios para cobrar uno: escopetas camufladas, cartuchería especial, ropa, cimbeles, tollos portátiles y un larguísimo etcétera. Me limitaré aquí a hacer mención de los aperos básicos.

Despiece-cartucheria

La cartuchería 12-89 ha sustituido prácticamente a la de calibre 10

La escopeta debe ser del 12 (los hay que usan una del 10, o que cazan con arco) y con un choke de cuatro estrellas, o uno especial para la caza del pavo. Dado el tama√Īo del ave y su denso plumaje, es preciso apuntar al cuello esperando que algunos de los perdigones le alcancen ah√≠ o en la cabeza.

Muchos cazadores optan por un perdig√≥n del cuatro o del seis, puesto que mientras m√°s proyectiles, m√°s probabilidad de dar en tan peque√Īo blanco. Se utilizan cartuchos magnum, sobre todo del 12-76 o del 12-89, siendo √©ste de un retroceso considerable.

Es importante ensayar con varias marcas y clases de cartucher√≠a para asegurarse de que el arma apunte bien y de que el ‚Äúpuro‚ÄĚ de perdigones se mantenga muy cerrado, incluso a una distancia de 40-50 metros.

La ropa es sumamente importante porque el cazador se enfrenta a una presa tan perspicaz como suspicaz, un auténtico profesional de la evasión. Hay que ir tras el pavo camuflado, siendo esencial una prenda que detesto, una máscara o velo, para que la cara, las gafas o, en mi caso, la barba blanca no delaten la presencia del venador. Cualquier movimiento, color, ruido u objeto que desentone provocará una estampida. En mayo estuve en la granja familiar en Minnesota y me asomé a un claro donde divisé un pavo a unos 200 metros. Hacía calor y me había quitado la máscara y, claro, me vio y salió pitando en dirección contraria. La vista y el oído del pavo son extraordinarios y merecen todo el respeto posible.

Guy H. Wood

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