Desvelamos 4 importantes secretos de la liebre ibérica
30 julio, 2018 Trofeocaza . 3996 Visualizaciones

Caza menor nacional

Desvelamos 4 importantes secretos de la liebre ibérica

La liebre ib√©rica es una de las especies de caza menor m√°s salvajes y atractivas para el cazador naturalista. Sensible a los cambios en su entorno como ninguna otra, su poca adaptabilidad la ha convertido en la que menos ha evolucionado en el √ļltimo siglo; y mientras conejos, perdices o palomas llegan a convivir con cierta facilidad con el hombre, la liebre se mantiene alejada y alerta, confiando en su mimetismo y su velocidad.

La prueba de su silvestrismo la tenemos en las dificultades que encuentran los interesados en su cría en cautividad. Curiosamente es también sobre la que menos estudios científicos se han realizado.

Este artículo desvela algunos de sus secretos.

La liebre ib√©rica (Lepus granatensis) es la m√°s peque√Īa de las tres especies de liebre presentes en nuestro pa√≠s, junto a la europea (Lepus europaeus) y la de piornal (Lepus castroviejoi).

Junto a la perdiz roja y el conejo es una de las especies reinas de la caza menor, pero, sin duda, resulta parad√≥jico que un animal con tanta tradici√≥n y peso en las actividades cineg√©ticas espa√Īolas no haya sido, hasta la fecha, objeto de un mayor n√ļmero de estudios de campo en nuestro pa√≠s.

Es la liebre, sin duda, la especie de la que menos estudios cient√≠ficos disponemos relativos a su din√°mica poblacional, comportamiento, organizaci√≥n social, alimentaci√≥n y reproducci√≥n, por la poca atenci√≥n que universidades y otros centros p√ļblicos de investigaci√≥n le han dedicado.

 

Ciclo de vida de la liebre ibérica. Una gran desconocida

Basta con acudir a la escasa literatura científica disponible para percatarse de que lo que hoy conocemos de la liebre ibérica es una ínfima parte de lo que se conoce de su pariente europea, mucho más y mejor estudiada en los países de nuestro entorno.

Centraremos este artículo en dos de las particularidades que más llaman la atención al cazador:

  • Su comportamiento.
  • Su fisiolog√≠a.

Y es que la liebre es una m√°quina perfecta para la carrera cuyo comportamiento apenas s√≠ ha evolucionado con el paso de los a√Īos.

Es una especie que no se adapta a los cambios al mismo ritmo que otras:

  • Las torcaces y t√≥rtolas turcas son nidificantes habituales en los parques y jardines de las ciudades.
  • Los jabal√≠es se alimentan en contenedores de basura de urbanizaciones cercanas a Madrid sin inmutarse de la presencia humana.
  • Los conejos viven en las medianas de casi todas las autov√≠as y autopistas.
  • Incluso toda una manada de lobos hechos y derechos nos sorprendi√≥ recientemente sentada y tumbada en plena noche en una carretera zamorana haciendo parar a los coches.

Liebre-tiposTampoco se adapta a las tareas agrícolas intensivas ya que sigue pereciendo bajo cultivadores y cosechadoras, ni a la introducción de nuevos cultivos de regadío.

Al contrario que el conejo con la mixomatosis, por ejemplo, tampoco supera las terribles enfermedades que cíclicamente diezman sus poblaciones, como la tularemia.

Tampoco aprovecha su poderoso sentido de la vista, su fino oído y extraordinario olfato para huir rápidamente de sus predadores y del cazador a la mínima detección de su presencia.

No. La liebre actual, al igual que sus cong√©neres de hace siglos, sigue confiando su supervivencia √ļnicamente a su mimetismo y velocidad. Nada m√°s.

Por desgracia, también es sobresaliente su nula adaptación a la cría en cautividad que tanto éxito ha tenido en la perdiz roja o el conejo.

Con excepciones, la mayoría de los intentos por realizar una cría reglada en condiciones semiintensivas han fracasado.

Tan solo algunos cercones en condiciones extensivas y con un mínimo manejo consiguen a duras penas obtener algunos cotizadísimos ejemplares que llegan a vender por un precio equivalente al de 50 perdices.

En definitiva, estamos ante una especie fisiológicamente privilegiada para la vida en el campo, que vaya usted a saber por qué confía su supervivencia en su capacidad atlética y en no ser vista.

Para nuestra desgracia, se equivoca. Se equivoca porque solamente basta con hablar con alg√ļn galguero o echar un vistazo a las tablas de caza para darte cuenta de las exiguas capturas que se producen a√Īo s√≠, a√Īo tambi√©n.

Desde hace ya varios lustros es innegable que se encuentra en una tendencia claramente regresiva a la que no se le ve fin; y, lo que es más grave, tampoco disponemos de unas bases científico-técnicas sólidas sobre las que sustentar unas medidas eficaces de gestión que apoyen la recuperación de sus poblaciones.

Ser√≠a deseable que los datos de capturas de la especie estuviesen actualizados, ya que sin estad√≠sticas y n√ļmeros no podemos saber d√≥nde se falla; tambi√©n un mayor seguimiento de los planes t√©cnicos de caza de los cotos, un mayor apoyo a la investigaci√≥n cient√≠fica sobre la especie y que las Administraciones p√ļblicas velaran por su conservaci√≥n adecuando la normativa cineg√©tica a sus particularidades etol√≥gicas y aplicando medidas agroambientales que favoreciesen su cr√≠a y alimentaci√≥n.

COMPORTAMIENTO DIURNO DE LA LIEBRE 

Pero hasta que todo eso llegue, debemos hacer el cesto con el mimbre que tenemos, que no es otro que una especie que descansa, duerme y da a luz en una ‚Äėcama‚Äô que ella misma realiza con sus patas excavando la tierra o simplemente adaptando sus posaderas a un saliente del terreno.

Solitarias exclusivamente durante el día, cuando están en celo y durante la noche, socializan con sus congéneres vecinos formando grupos para alimentarse.

Al alba regresan a sus encames donde permanecen inm√≥viles hasta que vuelva a anochecer. La ‚Äėcama‚Äô puede ser una importante oquedad o una simple raspadura en el suelo.

Tiene forma alargada y una zona más profunda que la otra. Las dimensiones son muy variables, dependiendo de factores como el tipo de terreno, la vegetación y las veces que ha sido utilizada.

No se ha estudiado a fondo la existencia de jerarquías sociales en la especie, pero sí se sabe que repite camas y tiene comportamientos que pudiera guardar relación con ello. Así, en un estudio realizado en un coto zamorano se visitaron dos veces por semana durante los meses invernales encames antiguos en los que se observaron heces en su interior.

En cada visita las heces eran retiradas y en la siguiente visita se volv√≠an a observar, ¬Ņpor qu√©?, ¬Ņera el mismo animal siempre o diferentes?, ¬Ņera un aviso de estar en celo? No lo sabemos, pero quiz√°s este comportamiento guarde relaci√≥n con el establecimiento de jerarqu√≠as entre cong√©neres vecinos o la marcaci√≥n del territorio.

Si la noche es un vertiginoso vaivén de liebres por nuestros campos, el día, salvo en verano, es todo lo contrario. Su timidez para abandonar los encames raya lo patológico.

El mimetismo del que presumen las liebres es su principal recurso para defenderse de sus depredadores naturales, en especial de las grandes aves de presa, y de perros y cazadores.

La liebre se sit√ļa en estas camas reculando y coloca sus cuartos traseros en la parte m√°s profunda, lo que le permite catapultarse para iniciar m√°s r√°pidamente la huida en caso de ser descubierta.

encame-liebre

La ‚Äėcama‚Äô es algo m√°s profunda en la parte de atr√°s, lo que ayuda a la liebre a arrancar con rapidez y mantiene su cabeza m√°s alta para vigilar. La cabeza suele estar de cara al viento.

Además, esta posición tiene la ventaja de que la cabeza queda situada más alta que el resto del cuerpo y orientada hacia el exterior, por lo que puede obtener una mejor percepción de sus sentidos con el fin de localizar a sus enemigos antes de que estos la encuentren a ella.

La ubicación de los encames depende de muchos factores, pero fundamentalmente de las condiciones climatológicas (lluvia, heladas, dirección del viento, etc.) y las posibilidades que ofrece el hábitat en el que viven.

Se cree que las liebres seleccionan lugares de descanso que brinden refugio, para protegerse de depredadores y condiciones clim√°ticas desfavorables.

Estudios realizados con liebres europeas concluyen que la vegetaci√≥n encontrada en los lugares de descanso es superior a 30 cm, es decir, m√°s alta que la altura aproximada de una liebre. Y esta preferencia la muestran durante todo el a√Īo.

Todos los hábitats que ofrezcan esa cobertura vegetal pueden ser utilizados como lugares de descanso diurno, mientras que los campos abiertos con poca o ninguna vegetación generalmente siempre son evitados como sitios de descanso.

Quizás la evidente pérdida de cobertura provocada por las concentraciones parcelarias y la consiguiente intensificación de la agricultura  haya  reducido la disponibilidad de lugares de descanso para la liebre y, muy probablemente, ha contribuido a la disminución de la población en paisajes intensamente utilizados.

Estudios realizados con ejemplares aut√≥ctonos radiomarcados encontraron que las liebres ib√©ricas, en un entorno cerealista de secano, variaban su selecci√≥n de h√°bitat a lo largo del a√Īo, mostrando preferencia por los terrenos reforestados y peque√Īas manchas de matorral mediterr√°neo cuando est√°n cerca de sus √°reas de alimentaci√≥n nocturna.

Por tanto, lo que reflejan estos estudios es la tremenda importancia que tiene mantener la heterogeneidad del paisaje agr√≠cola para favorecer el asentamiento de las liebres, y c√≥mo el manejo de la tierra debe enfocarse hacia proporcionar una suficiente cobertura vegetal durante todo el a√Īo, algo que no parec√≠a tan evidente como para otras especies ligadas al entorno cerealista, como la perdiz.

COMPORTAMIENTO NOCTURNO DE LA LIEBRE

El conocimiento de su patrón de actividad locomotora nocturna es escaso, por no decir nulo. En su pariente la liebre europea se conoce que los machos son más activos que las hembras, mostrando una actividad locomotora constante durante toda la noche.

En cambio, las hembras parece que muestran dos picos de actividad durante la noche con una parada en medio. Si la puesta del sol o su salida son más tempranas, los picos máximos de actividad de las liebres se producen justo después del atardecer o del amanecer.

Por otro lado, durante el verano, cuando las noches son probablemente demasiado cortas para que las liebres se alimenten lo suficiente y cubran sus necesidades energéticas, los animales muestran regularmente picos de actividad a plena luz del día.

Los vientos fuertes y los períodos de mayor luz de la luna en zonas de vegetación escasa restringen sus movimientos nocturnos y el uso de áreas abiertas para evitar ser detectados por los predadores. Por ello, debemos evitar la realización de censos en nuestro coto en noches de viento fuerte y luna llena, pues el resultado que nos pudieran proporcionar sería poco fiable.

Durante la actividad nocturna la vida en grupo es una forma de vigilancia antipredadora. Las liebres que pastan solas tienen m√°s secuencias de vigilancia que las que lo hacen en compa√Ī√≠a, algo que tambi√©n sucede dentro de los grupos despu√©s de la recogida de las cosechas, debido a la reducci√≥n de la cobertura vegetal.

El comportamiento durante el tiempo que están pastando y la frecuencia de formación de grupos dependen del tipo de hábitat y de la edad de los individuos: los jóvenes forman grupos más frecuentemente que los adultos en los hábitats que les resultan óptimos, independientemente de la cobertura, puesto que la sociabilidad aumenta la eficiencia alimentaria y reduce el riesgo de predación, además de ser la agregación una consecuencia lógica en las parcelas de mejor calidad. Los adultos forman grupos solo en pastos y cultivos de bajo porte, y se alimentan en solitario en cultivos de porte alto.

LA TERRITORIALIDAD

El área de campeo es el espacio mínimo que necesita una liebre para desarrollar sus actividades vitales, así como los desplazamientos que realiza una vez que ocupa un territorio.

Existen datos procedentes de estudios de radioseguimiento realizados con ejemplares silvestres capturados en el Parque Nacional de Do√Īana y una zona cerealista de Valladolid, que sit√ļan en torno a 30-40 hect√°reas la extensi√≥n de dicho espacio vital, siempre superior en los machos.

El mayor tama√Īo del √°rea de campeo de los machos se explica por el grado de competencia que presentan con otros machos, aumentando principalmente en la √©poca de celo, en la que las distancias recorridas se ven incrementadas y con ello el tama√Īo de su √°rea de campeo.

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Mapa de distribución de la liebre ibérica

El menor tama√Īo del √°rea de campeo de las hembras adultas podr√≠a inducir a pensar que estas se encuentren en √©poca de cr√≠a y por consiguiente tengan que amamantar a sus cr√≠as no alej√°ndose demasiado de ellas y manteni√©ndose en una escasa porci√≥n de terreno.

También sería una posibilidad el hecho de que, si la hembra tiene sus necesidades vitales cubiertas (alimentación y refugio), no se desplace excesivamente de un área que ya conoce perfectamente  y al que que acudirán los machos cuando aquella se encontrase en celo, no teniendo la hembra que recorrer largas distancias salvo en el caso de que escasee el alimento.

Por edades, las mayores áreas de campeo corresponden a los adultos. Cabría pensar que los jóvenes todavía no cuentan con el grado de experiencia necesario para aventurarse en nuevos territorios y evitar los peligros que ello supone, reduciendo así su área de movimiento a la zona circundante a la que nacieron, desde la cual, poco a poco, se irán dispersando por áreas próximas y colonizando nuevos territorios.

Por el contrario, en liebres traslocadas entre cotos, o dentro del mismo a un paraje distinto, estos valores siempre superan con facilidad las 100 hect√°reas y llegan incluso hasta las 300 ha. Esto mismo sucede con las liebres de granja.

Cuando su h√°bitat es √≥ptimo, las liebres se desplazan muy poco, excepto los machos, claro, que siempre se desplazan m√°s por la competencia existente con otros machos para cubrir al mayor n√ļmero de hembras posible durante el celo.

LA FISIOLOG√ćA PARA CORRER DE LA LIEBRE

En el caso de que una liebre se sienta descubierta o amenazada en su encame, lo abandona, aprovechando para ello su extraordinaria velocidad.

En los Juegos Ol√≠mpicos los atletas demuestran un alto rendimiento, para el que han estado entren√°ndose durante a√Īos. En la vida silvestre la liebre no compite por medallas, pero rompe r√©cords a diario para sobrevivir.

Y es que la liebre corre los 100 metros en 5 segundos, aproximadamente, el doble de r√°pido que Usain Bolt, el recordman actual de la distancia con 9,58 segundos. La liebre puede llegar a superar en plena carrera los 60 km/hora, desarrollando una velocidad superior a la de los galgos, su principal competidor.

La liebre tiene un coraz√≥n fisiol√≥gicamente hipertrofiado y una potente musculatura que entrena a diario. Si a eso, adem√°s, le a√Īades unas ruedas finas, fuertes y extremadamente el√°sticas, consigues un Ferrari adaptado a correr entre terrones.

Cuando salta de la cama, la liebre pone a funcionar al unísono y a pleno rendimiento su corazón, musculatura y sangre (aumento del hematocrito, hematíes) en una sinfonía perfectamente engrasada.

Como ya hemos repetido, no se disponen de datos para la liebre ib√©rica, pero en la europea se conoce que su frecuencia card√≠aca oscila entre 100 y 178 latidos/min en reposo y con el animal anestesiado. Se conoce tambi√©n que posee una hipertrofia fisiol√≥gica del miocardio, sin que ello implique un aumento del tama√Īo de las cavidades card√≠acas. En las liebres el espesor relativo de la pared card√≠aca es el triple que en los humanos.

Estos resultados son fruto de la adaptaci√≥n del miocardio de la liebre a su modo de vida habitual, pero si los hall√°semos en los humanos ser√≠an compatibles con un s√≠ndrome, el ¬ęs√≠ndrome de coraz√≥n de atleta¬Ľ, que se origina en deportistas de √©lite tras a√Īos y a√Īos de duro entrenamiento.

Por otro lado, su musculatura esquelética es la más idónea para el tipo de esfuerzo que se le exige. En los mamíferos hay tres tipos de fibras musculares: I, IIa y IIb.

Su predominio en nuestros m√ļsculos est√° condicionado por numerosos factores que van desde la gen√©tica hasta la alimentaci√≥n, pasando por el tipo de entrenamiento al que nos sometamos.

РLas fibras tipo I predominan en los atletas de maratón;

Рlas IIb en esprínter, como Usain Bolt;

– Y las IIa en atletas de distancias intermedias, como los corredores de 1500 metros.

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¬ŅCu√°les predominan en nuestra liebre? S√≠, en efecto, las predominantes son las fibras de tipo IIa, fibras de contracci√≥n r√°pida y desarrollo de fuerza que tienen como particularidad el hecho de poseer una alta cantidad de mitocondrias, lo que les permite producir energ√≠a tambi√©n de la grasa por medio del sistema oxidativo (adem√°s del gluc√≥geno muscular por el sistema glucol√≠tico propio de las fibras tipo II).

Este hecho confiere a la liebre la capacidad para utilizar la grasa de su musculatura cuando el gluc√≥geno de los primeros segundos de carrera se ha agotado. Pero, claro, ello no ser√≠a posible si no hubiese grasa en los m√ļsculos. Y la hay, vaya que s√≠ la hay.

Recientemente, un equipo de la Universidad de Viena, que analiz√≥ el contenido en √°cidos grasos poliinsaturados de los m√ļsculos de la pariente europea de nuestra liebre ib√©rica, realiz√≥ un sorprendente hallazgo: los fosfol√≠pidos de m√ļsculos esquel√©ticos y del coraz√≥n ten√≠an un 66,8 % y 65,7 % de √°cidos grasos poliinsaturados (PUFAs), respectivamente.

Esta es la proporci√≥n m√°s alta de PUFAs jam√°s observada en cualquier tejido de mam√≠fero. Adem√°s, el contenido de PUFAs en los m√ļsculos esquel√©ticos fue 2,3 % mayor en invierno que en verano, lo cual puede ser reflejo de los necesarios ajustes de termorregulaci√≥n para adaptarse al fr√≠o invernal.

Los ácidos grasos poliinsaturados son un componente importante de la dieta de los mamíferos porque no podemos sintetizarlos y estamos obligados a ingerirlos.

Son los clásicos ácidos con que a diario nos bombardea la televisión que tomemos para bajar nuestro colesterol porque tienen efectos beneficiosos para ciertos aspectos de la salud humana como la función cardiovascular.

Pero adem√°s de para eso, recientes estudios sugieren que tambi√©n intervienen decisivamente en el mantenimiento y mejora de nuestra funci√≥n muscular y que a mayor contenido de √°cidos omega 6 en el m√ļsculo, mayor velocidad desarrollaremos en carrera.

Pero‚Ķ ¬Ņy de d√≥nde los saca? Como ya hemos dicho, las liebres est√°n obligadas a ingerir esos √°cidos grasos para garantizar su termorregulaci√≥n y velocidad de huida durante el invierno, en plena temporada cineg√©tica.

Pues bien, recientemente estudios llevados a cabo en Alemania han descubierto que las liebres europeas seleccionaban las plantas de su dieta por su alto contenido energético (grasa y proteína) y evitaban la fibra (cereales).

Así, la ingestión de malas hierbas, como el diente de león o achicoria amarga y el trébol blanco, y oleaginosas como la colza y el girasol, que contienen proporciones muy altas de estos ácidos grasos y son muy del gusto de las liebres, serían el origen del gasoil que necesita nuestra liebre para alcanzar la velocidad de crucero que le permita sobrevivir a la persecución del galgo.

En este punto, vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de mantener la heterogeneidad del h√°bitat con una gran diversidad de cultivos y zonas no labradas como medida que puede ayudar a frenar el declive de nuestras liebres.

En definitiva, puede que nos encontremos ante el atleta perfecto del mundo animal, solo superado en velocidad por el guepardo africano.

Gracias a estas t√≠midas rabonas ib√©ricas, que se cr√≠an en los sembrados, barbechos y eriales de los correderos castellanos, extreme√Īos y andaluces,¬† a√Īo tras a√Īo asistimos a carreras realmente bellas y espectaculares entre atl√©ticos canes y el m√°s peque√Īo animal que se encuentra en el top ten de los 10 animales m√°s r√°pidos del planeta.

Daniel Bartolomé Rodríguez

Dr. Veterinario y gestor cinegético

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