Gatos callejeros y asilvestrados, el mayor enemigo de la fauna menor
15 octubre, 2018 Trofeocaza . 1907 Visualizaciones

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Gatos callejeros y asilvestrados, el mayor enemigo de la fauna menor

Los gatos, según afirman numerosos estudios científicos, son la mayor amenaza para la vida silvestre y responsables de la extinción de al menos 33 especies de aves y pequeños mamíferos a nivel mundial.

Mientras científicos y gobiernos luchan contra esta lacra, en españa se fomenta su cuidado y proliferación desde ayuntamientos y comunidades autónomas amparados por las leyes de bienestar animal.

El animalismo puede no pasar de ser en ocasiones una actitud folclórica de los tiempos que nos toca vivir, pero aplicado a la gestión del medio ambiente sus efectos pueden ser devastadores.

El gato doméstico (Felis silvestris catus) lleva conviviendo con el hombre más de 9500 años. Proviene del gato salvaje de Oriente Medio, aunque otros defienden que del gato salvaje africano (Felis silvestris lybica).

En cualquier caso, igual que el perro fue domesticado por los cazadores, el gato lo fue en el neolítico por los agricultores.

Hoy existen más de 50 razas de gatos en el mundo, algunas de ellas salvajes, que no silvestres.

En España tenemos como gato salvaje al gato montés europeo (Felis silvestris silvestris), félido protegido cuya principal amenaza es la hibridación con los ejemplares de gato común, aunque se ha avanzado en su estudio comprobando que la hibridación entre ambas subespecies no es tan alta como se pensaba.

Como todos los félidos, son mamíferos placentarios carnívoros, compartiendo familia con cazadores como el león, el tigre o el leo-pardo; no es ningún secreto que el gato es un también un predador formidable.

En España tenemos un grave problema formativo en lo que al medioambiente se refiere, que posiblemente venga de la sustitución de las clásicas Ciencias Naturales por el Conocimiento del Medio y similares.

Es absolutamente falso que como mejor se gestiona la naturaleza sea dejándola hacer y observar lo que pasa sin intervenir. El hombre lleva como eslabón indispensable en la cadena trófica durante siglos, formando parte del medioam-biente en el que se desarrolla y del que forma parte.

En este sentido, apartarlo del mismo no produciría otra cosa que profundos desequilibrios.

El reto actual es hacer que nuestras intervenciones estén encaminadas a conservar y, en su caso, mejorar el medioambiente de una forma sostenible.

Una de las formas más antiguas de interacción del hombre con el medio, después de ser cazador, fue atrapar especies salvajes vivas y domesticarlas, lo que supuso el inicio de la ganadería.

De ahí provienen las que son ahora especies domésticas, y todas tienen su equivalente silvestre, que además suele ser cinegético, pues se seleccionaban las más interesantes para el hombre como alimento, es decir, las que se cazaban.

Así tenemos gallináceas, que tienen sus homólogas en las perdices y codornices; tenemos las ovejas y los muflones, el conejo de monte y el de granja, o las cabras y los machos monteses.

Pero el hombre también tenía una serie de animales domesticados a modo de cooperantes en las labores diarias, como eran el perro o el gato.

Avanzando hasta décadas más recientes, en ninguna casa de campo, finca o pueblo faltaban los gatos. Más fuera que dentro de las casas, pues mantenían a ratas y ratones a raya, e incluso a palomas y otras aves que pudieran anidar en cuadras, altillos o corralizas.

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EL TERRITORIO Y ÁREA DE CAMPEO DEL GATO

Los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Illinois (EE. UU.) en el que se han radiomarcado y seguido los movimientos durante dos años de 42 gatos adultos, domésticos y callejeros, han sorprendido a los investigadores responsables del mismo.

Según este, las mascotas campan por un territorio más amplio de lo que se podía pensar, que de media viene a ser de unas dos hectáreas alrededor de su casa, pero los asilvestrados pueden tener un impresionante reino de más de quinientas, de 547 exactamente en el caso de un macho de raza mixta controlado. S. C.

UNA ESPECIE PROLÍFICA

Los gatos crían normalmente una o dos veces al año, según la zona y la disponibilidad de comida –incluso pueden ser tres–, y tienen del orden de dos a nueve crías, una paridera anual de unas seis crías de media, por lo que en un par de años son muchos los descendientes.

Aunque hay fuentes que afirman que una gata puede parir hasta 40 crías al año, una cifra media prudente podría ser de seis crías de una a tres veces al año.

Antiguamente, cuando las hembras iban a parir, la gente estaba pendiente y le quitaba inmediatamente los cachorros, dejando el número deseado si se quería que saliera alguno adelante.

Además, la naturaleza imponía su ley, y la disponibilidad de alimento y los rigores invernales regulaban aún más la población.

Ahora, en cambio, parece que debemos dejar que la naturaleza siga su curso; es más, se les proporciona alimento y se han visto beneficiados por el cambio climático. Si se hubiera dejado hacer a la naturaleza, jamás deberíamos haber soltado un gato originario de Asia en nuestros campos o pueblos.

Y así llegamos al problema que nos ocupa, un exceso de gatos no solo cerca de zonas urbanas sino extendido por los campos, hibridando y transmitiendo enfermedades a nuestros gatos monteses y linces y predando sobre todos nuestros pequeños aves y mamíferos.

El soltar una especie doméstica en el medio, como cotorras, tortugas de orejas rojas o gatos, ha causado la pérdida de multitud de especies y ha desplazado a sus homólogos autóctonos.

El gato doméstico asilvestrado está actualmente considerado una de las especies invasoras más letales y dañinas en todo el mundo.

Entonces, ¿por qué está socialmente mal visto ayudar a conservar nuestra biodiversidad frente a esta amenaza? ¿Por qué en muchas comunidades autónomas no permiten su control si no está ocasionando un gasto público, y en el mejor de los casos previa autorización?

Gatos-asilvestrados-prolePor poner un ejemplo, en Madrid se puede tirar legalmente y sin previo aviso en temporada general a una cotorra o a un mapache, porque están catalogados como especies exóticas invasoras. Entonces, ¿por qué no a un gato asilvestrado?

La posible confusión con un gato doméstico que se ha escapado sería poner a este un cascabel. Pero incluso en este supuesto, si el cazador abatiera un gato escapado de una casa, el responsable no debería ser el cazador, sino el dueño por permitir que un animal doméstico campe a sus anchas por terrenos que no son suyos.

Se suele criminalizar al cazador y condenar a la extinción a numerosas especies de aves y pequeños mamíferos, aunque luego se pretenda prohibir actividades como el silvestrismo.

Existen numerosos estudios sobre el impacto de los gatos, tanto domésticos como asilvestrados, en el medioambiente, ya que ambos predan sobre la avifauna. Al contrario de los perros, unos y otros campan libremente.

Un ejemplo con estudios disponibles y datos es el de Australia, donde no había gatos de manera natural y ahora están presentes en el 98 % del territorio causando estragos en la fauna autóctona.

Otro caso llamativo es el de Canadá, de donde también existen estudios disponibles: de los 269 millones de aves y los 2 millones de nidos, el 99 % muere a causa de accidentes por impactos contra edificios o tendidos eléctricos y por atropellos, así como por la predación, principalmente por parte de gatos asilvestrados, suponiendo esta causa la muerte de más aves que el resto juntas.

Se estima que entre los ejemplares domésticos y los asilvestrados matan más de 100 millones de aves al año en Canadá, y de esta cifra el 60 % sería por parte de los gatos asilvestrados, según datos de la SEO.

La cifra de gatos en Canadá se estima en 8,5 millones, y en entre 1,4 y 4,2 millones son asilvestrados. En países como EE. UU el número de aves muertas a manos de gatos domésticos o asilvestrados asciende a 3700 millones y aún más de pequeños mamíferos.

En España se calcula que el número de gatos domésticos asciende a tres millones, si bien es cierto que es una cifra muy difícil de calcular, pues hay muchos en estado semi asilvestrado a los que habría que sumar los que lo están totalmente.

En cualquier caso, entre todos ellos superan, sin duda, los cinco millones, una cifra más que preocupante, y podemos imaginar la cantidad de aves que mueren en sus garras, que sin duda superan el millón.

¿CUÁNTA DESCENDENCIA TIENE UN GATO AL AÑO? 

Las hembras primerizas tienen camadas más cortas, aunque una media podría ser, contando las bajas, unas cinco crías por camada.

Teniendo en cuenta que pueden criar hasta tres veces, el número de gatitos por año puede ser perfectamente de una docena, los cuales son fértiles a los cinco o seis meses, así que pueden tener la mitad de ellos otra camada más; es decir, que, siendo conservadores, esa pareja puede convertirse fácilmente en más de sesenta individuos en total. S. C.

ES NECESARIO EL CONTROL DE LOS GATOS ASILVESTRADOS

Se hace absolutamente necesario un control por parte de las autoridades pertinentes, en primer lugar hacia los gatos domésticos. Debería estar prohibido, bajo importantes sanciones, el tener a los gatos domésticos campando a sus anchas.

Por otro lado debería ser obligatorio que llevaran un cascabel, pues además de poder así diferenciar claramente el gato doméstico –que se ha escapado– del asilvestrado, reduciría sin duda la predación al dificultarles acercarse sigilosamente a sus presas.

¿CUÁNTOS ANIMALES PUEDE PREDAR UN GATO AL AÑO? 

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Según un estudio del prestigioso Smithsonian Conservation Biology Institute publicado en Nature Communications, se calcula que un gato asilvestrado puede matar entre 23 y 46 pájaros y entre 129 y 338 pequeños mamíferos, lo que haciendo una media supondría algo parecido a la infografía de arriba. S. C.

No solo los fringílidos y ratones son víctimas de los gatos; también otras especies como las ardillas, que han sufrido una dramática disminución de sus efectivos y que ya es raro ver en parques y jardines, forman parte de su menú, además de otras cinegéticas como el conejo o los pollos de perdiz.

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LAS COLONIAS DE GATOS 

Este tipo de colonias son una figura en aumento. Se anima desde muchas asociaciones a gestionar los núcleos poblacionales de gatos asilvestrados, generalmente en entornos urbanos, sin duda con el ánimo de mejorar las condiciones de vida de estos animales.

El protocolo que establece el propio Ayuntamiento de Madrid atiende a la metodología conocida como CES (Captura-Esterilización-Suelta), algo de poca eficacia de cara a evitar el daño que puedan causar si los gatos viven el libertad, ya que muchos ni siquiera son capturados y siguen criando.

La esterilización produce una serie de costes, con escaso beneficio. Además, sin duda a nivel veterinario habría que valorar muchos otros factores como la dispersión de enfermedades y el contagio a los gatos domésticos.

Este tema es mucho más grave en zonas más rurales, donde el campo se encuentra a tiro de piedra. El efecto sobre la fauna salvaje de estas colonias de gatos es devastador, ya que, a pesar de ser alimentados por voluntarios, su fuerte instinto les lleva a cazar en los alrededores, incluso abandonando la colonia en ocasiones.

Además, existe una contradicción en base a la legislación vigente sobre especies exóticas y con la Ley de Biodiversidad (42/2007), ya que, aunque estos gatos estén esterilizados, al liberarlos se está soltando en el medio ejemplares de una especie exótica, algo absolutamente ilegal, que fomentan algunas protectoras e incluso ayuntamientos.

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LOS CAZADORES, UN CONTROL GRATUITO 

Para los cazadores no tiene ningún interés abatir gatos asilvestrados, más allá que el de evitar daños sobre la biodiversidad y las especies salvajes.

Si se obliga a que los gatos domésticos no puedan campar a sus anchas y que, en caso de que se escapen, tengan que llevar siempre un collar con un cascabel, sería prácticamente imposible que un cazador abatiera un pobre gato perdido.

Sería sumamente positivo que, al igual que se pueden abatir cotorras o mapaches cuando se está cazando y son avistados –como ocurre en Madrid, por poner un ejemplo–, pudiera hacerse lo mismo en el caso de perros y, sobre todo, de gatos asilvestrados.

En la actualidad, en Madrid –por ejemplo– debemos notificar la presencia de estos ejemplares a la consejería pertinente que, previa comprobación, con todos los gastos que ello conlleva, puede autorizar su control.

Algo así pasa en Andalucía, que se permite su control siempre que esté recogido en el plan técnico de caza. En Aragón, como en otras muchas comunidades, se debe avisar a las autoridades locales para que procedan a su captura y traslado a un centro, algo que en la práctica muchas veces es directamente inviable.

Cuando acuden, el animal ya no está, y eso si pueden y quieren ir, porque en la mayoría de los casos existen otras prioridades.

En resumidas cuentas, ante una amenaza de tal calibre para nuestra biodiversidad, y como tal para las especies cinegéticas, el cazador es una herramienta de control gratuita y a pie de campo, que la Administración debería aprovechar.

Juan Pascual Herrera Coronado

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1 comentario

  1. José M. González
    abril 08, 17:46
    1. ¿Cuantas persona han muerto cada año por la caza en España? A lo mejor lo urgente es otra cosa. 2. ¿ Acaso ha desaparecido alguna especie en España por la presión de felinos? No pero si por la caza. 3. ¿Hay algo más que interés cinegético y económico en su artículo? 4. ¿Es capaz de utilizar aparato bibliográfico-cientifico de algun tipo para apoyar su afirmaciones de caracter gratuito? 5. Sin ser, en absoluto, radical si que me parece que artículos como este dirigidos a su propio colectivo hacen imposible que la caza pueda tener futuro y que como dice Fran Cuesta pudiera ser una herramienta de control a falta de grandes depredadores en el caso de animales salvajes. La práctica lo desmiente: furtivismo campando a sus anchas, asesinato de linces y otras especies protegidas... en fin ya nos gustaría a muchos que , efectivamente, la caza deportiva pudiera ser útil y no un negocio a costa del sufrimiento de los animales.

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