El Significado de las escenas de caza de la ermita de San Baudelio de Berlanga
23 febrero, 2018 Trofeocaza . 854 Visualizaciones

Reportajes cetrería

El Significado de las escenas de caza de la ermita de San Baudelio de Berlanga

Las pinturas de la iglesia de San Baudelio de Berlanga, considerada como La Capilla Sixtina del arte mozárabe, datan del siglo XII y son un triste ejemplo de expolio cometido dentro de nuestras fronteras

La serie cinegética completa de San Baudelio formaba parte del muro bajo de la ermita y en ella podían apreciarse tres modalidades de caza (menor, mayor y cetrería), junto a representaciones de animales, algunos relacionados con dicha actividad.

En 1925 veintitr√©s de los frescos fueron arrancados de la iglesia, sacados de Espa√Īa y vendidos a distintos museos norteamericanos por el marchante Dereppe. El museo del Prado recuper√≥ seis de las pinturas en 1957 al cambiarlas por el √°bside de la iglesia segoviana de San Mart√≠n de Fuentidue√Īa, tres de las cuales representan temas cineg√©ticos que se pueden admirar en la planta s√≥tano del museo.

Las pinturas murales de la iglesia de San Baudelio, peque√Īa ermita moz√°rabe erigida en el siglo XI en el pueblo soriano de Casillas de Berlanga, tierra de frontera entre musulmanes y cristianos, son las √ļnicas de su categor√≠a en nuestro arte peninsular y, por tanto, en el arte universal.

Realizadas en el siglo XII, son un triste ejemplo de expolio cometido dentro de nuestras fronteras y, desgraciadamente, no el √ļnico. Al igual que ponemos nuestra mirada horrorizada en la destrucci√≥n, el saqueo o robo del patrimonio arqueol√≥gico, hist√≥rico y art√≠stico en pa√≠ses como Siria, Egipto, Afganist√°n y tantos otros hoy en d√≠a, debemos ponerla tambi√©n en lo que ha ocurrido en nuestro pa√≠s en lugares como San Baudelio de Berlanga, considerada la ‚ÄúCapilla Sixtina del arte moz√°rabe‚ÄĚ, porque si perdemos nuestro patrimonio, perdemos nuestra identidad, sobre todo en este caso tan especial, pues el arte moz√°rabe solamente se ha dado dentro de nuestras fronteras, y, muy lamentablemente, lo hemos perdido en gran parte‚Ķ

El largo periplo de veintitr√©s de las pinturas de esta ermita (algunas, muy pocas, permanecieron in situ) comenz√≥ en los a√Īos veinte del siglo pasado cuando¬†Le√≥n¬†Levi, agente del marchante americano Gabriel Dereppe, las compr√≥ a los vecinos de Casillas de Berlanga, entonces sus propietarios legales.

Pese a haber sido declarado este edificio Monumento Nacional en 1917 y pese a la inicial oposici√≥n por parte del Estado espa√Īol, el Tribunal Supremo tuvo que autorizar en 1925 la salida de estos frescos, que fueron arrancados de las paredes donde reposaban desde hac√≠a ocho siglos, dejando una ligera impronta que nos ha permitido conocer su exacta ubicaci√≥n.

Su primera escala fue Londres, donde las pinturas se trasladaron a lienzos para seguir su viaje hasta Estados Unidos y ser vendidas al museo de Cincinnati, a The Cloisters (la sección de claustros del Museo Metropolitano de Nueva York), al Museo de Arte de Indianápolis y al de Bellas Artes de Boston.

Pero a√Īos despu√©s, en 1957, el Museo del Prado de Madrid adquiri√≥ seis de los lienzos al Metropolitano en calidad de ‚Äúdep√≥sito temporal indefinido‚ÄĚ cambi√°ndolos, eso s√≠, por el √°bside rom√°nico de la iglesia de San Mart√≠n de Fuentidue√Īa (Segovia) que, desde entonces, se exhibe en la ciudad de Nueva York, en el famoso The Cloisters, junto a otras obras, entre las que se encuentran, como ya hemos dicho, algunas pinturas de San Baudelio.

De las seis pinturas que recuperó el Prado, tres tienen temas cinegéticos, que se pueden admirar en la planta del sótano del museo:

  • Cacer√≠a de ciervo
  • Cacer√≠a de liebres
  • Montero o Soldado
San-Baudelio-elefante

En la prolongaci√≥n del muro norte que sustenta la tribuna estaban las pinturas del ‚ÄúElefante‚ÄĚ, actualmente en el Prado

Y las otras tres representan animales, algunos asociados también a la caza: Oso, Elefante y Cortina con águilas.

Así, traspasadas a lienzos y armadas en bastidores, podemos admirar esta maravilla de nuestro arte mozárabe en los muros de nuestro museo nacional más importante, unos muros lejos de la iglesia a la que pertenecieron, pero no tan lejanos y descontextualizados como aquellos muros del edificio de Nueva York que decoraron en su día.

La serie cinegética completa formaba parte del muro bajo (el muro alto representaba escenas bíblicas) y en ella se aprecian tres modalidades de caza que se practicaban en la época, junto a otras de animales.

Adem√°s de las mencionadas del Prado, estaban las siguientes:

  • Halconero o Cetrero (actualmente en el Museo de Arte de Cincinnati)
  • B√≥vidos enfrentados (en la ermita)
  • Una pareja de Lebreles (Museo de Arte de Cincinnati)
  • Dromedario (The Cloisters de Nueva York).

La representaci√≥n de las escenas de caza en una iglesia puede deberse a su contenido religioso, ya que, seg√ļn la literatura cineg√©tica de la √©poca, la caza liberaba del pecado, proporcionaba felicidad y fortalec√≠a la fe, como actividad otorgada por Dios a los hombres, siempre que se ejercitara con moderaci√≥n.

En efecto, si bien la tradici√≥n de representar escenas de caza se remonta al arte tardoantiguo, entra en el mundo cristiano con el mismo sentido, pero a√Īadiendo la lectura de la cacer√≠a como camino de dificultad y triunfo.

Adem√°s, teniendo en cuenta que la mentalidad medieval buscaba continuamente en todo lo terrenal s√≠mbolos de lo divino, se llegaba a mezclar lo sagrado con lo profano, y as√≠, se encontraban alusiones a lo espiritual en lo venatorio, como un medio m√°s de redenci√≥n para la clase aristocr√°tica, a√Īadiendo de este modo un motivo para su pr√°ctica, junto a los valores de esfuerzo f√≠sico para la salud y para el desarrollo del alma al educar en la templanza y la disciplina, entrenamiento para la guerra, diversi√≥n, aventura y placer.

Por ello, las escenas cinegéticas de San Baudelio, pese a ser de contenido profano, se interpretan en un sentido religioso, debido al simbolismo animal y a su incorporación en el templo, simbolismo que adquiere su importancia en cuanto a la asociación entre hombres y animales, debida en gran parte a sentimientos como miedo y culpa, y en otra parte al poco control del hombre medieval sobre la naturaleza.

Ya que el animal, por s√≠ mismo, interesaba indirectamente en el medievo, a no ser por cuestiones relacionadas con la supervivencia, para ense√Īar o moralizar.

Con el denominador com√ļn de composiciones simples, utilizaci√≥n de colores primarios, disposici√≥n de vol√ļmenes planos en las figuras y la utilizaci√≥n de perfiles muy esquem√°ticos, las pinturas nos hablan de los siguientes temas:

CACER√ćA DE LIEBRES¬†

Ejemplo de la modalidad de caza menor, m√°s practicada por monjes y campesinos, representa a un cazador montado a caballo y portando un tridente, que acosa con tres perros a las liebres.

Ambos animales acosadores, caballo y perro, representan la fidelidad y son símbolo de nobleza y orgullo, por lo que se asocian con la sociedad feudal. Las liebres, el animal acosado, es símbolo de la concupiscencia. (Las liebres, sin embargo, pueden ser también una alegoría de la fertilidad o de la virginidad cuando aparecen junto a doncellas.)

San-Baudelio-caceria-de-liebres

“Cacer√≠a de liebres” actualmente en el Museo del Prado

CACER√ćA DE CIERVO

Ejemplo de la modalidad de caza mayor, m√°s practicada por reyes y se√Īores, representa a un cazador a pie que se prepara para disparar una flecha, s√≠mbolo de los malos deseos, a un ciervo que simbolizar√≠a a Cristo y el alma, despu√©s de haberlo alcanzado ya con la primera.

El ciervo, al igual que el cordero, es un símbolo cristiano por antonomasia y goza de una simbología más positiva por tratarse de un animal herbívoro.

La caza mayor, cuyos or√≠genes se remontan a la antig√ľedad en el Occidente europeo, se practicaba en terrenos agrestes de los montes, sobre todo con ciervo, oso y jabal√≠, incluso en zonas en donde hoy d√≠a ser√≠a impensable, concretamente en los montes centrales y en los del sur peninsular. Debido a la complejidad y el peligro que encerraba su pr√°ctica sirvi√≥ a los reyes y se√Īores no solo de esparcimiento, sino de adiestramiento y preparaci√≥n f√≠sica y moral.

Tambi√©n se ha denominado a esta pintura como ‚ÄúBallestero a la caza del ciervo‚ÄĚ, pero no parece probable que sea una ballesta el arma que utiliza. Si bien fue usada desde el siglo X y se extendi√≥ enseguida por todo Europa, para la nobleza cristiana y para la Iglesia fue un arma despreciada, ya que para un noble entrenado desde la infancia en el arte de la guerra, protegido con un costoso armamento defensivo, era intolerable la posibilidad de ser vencido o muerto no por un igual sino por un plebeyo escasamente adiestrado, y desde una distancia tal que era imposible la defensa.

La tercera modalidad de caza representa a un cazador montado a caballo que porta sobre una de sus manos un halc√≥n, s√≠mbolo de la capacidad del hombre de triunfar sobre el mal a trav√©s de la fe, al derrotar a los animales asociados a la corrupci√≥n del alma. (Od√≥n de T√ļsculo, en su clasificaci√≥n comparativa de las aves con los hombres, opina que los sencillos ser√≠an como las palomas, los astutos como la perdiz y los confiados como el halc√≥n.)

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‚ÄúCacer√≠a del ciervo‚ÄĚ, proveniente del muro norte de la ermita y hoy en el Museo del Prado.

EL ARTE DE VOLATER√ćA O CETRER√ćA¬†

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‚ÄúHalconero o Cetrero‚ÄĚ, proveniente del muro este de la ermita y actualmente en el Cincinnati Art Museum (Ohio, EE.UU.)

La caza con aves es mucho menos belicosa pues en ella no se adquiere más que la resistencia en la cabalgada. Se trata sobre todo de una distracción llevada a cabo por los aristócratas refinados en la que la ostentación no estaba en los trofeos conseguidos, sino en las aves de caza que se poseían y en la manera en que habían sido amaestradas.

Por ello, para su práctica se requería de todas las cualidades menos de la fuerza bruta:

  • El c√°lculo para lanzar el ave en buen momento
  • La paciencia
  • La prudencia para evitar los peligros naturales
  • La astucia en la utilizaci√≥n de los vientos.

Esta modalidad de caza entró en la península Ibérica en los albores de la Edad Media por una doble vía: los nobles germanos la practicaban habitualmente y más tarde, con la influencia de los árabes, terminaría imponiéndose, con modificaciones, de forma definitiva. (Los nombres de las aves cetreras son en general árabes, exceptuando el de gerifalte, que es germánico.)

Seg√ļn las rapaces empleadas, se divid√≠a en:

  • La azorer√≠a, documentada tempranamente y practicada de forma cotidiana, pues no se necesitaba m√°s que el empleo de un azor o un gavil√°n
  • La halconer√≠a propiamente dicha, m√°s prestigiosa y de introducci√≥n m√°s tard√≠a.

SOLDADO O MONTERO

Esta pintura representa a un hombre armado con una lanza y una gran rodela en actitud de caminar, con el rostro girado hasta casi ser frontal.

San-Baudelio-monterio-o-soldado

‚ÄúMontero‚ÄĚ o ‚ÄúSoldado‚ÄĚ del muro norte de la tribuna (Museo del Prado).

Para el arte occidental se asemeja más a un soldado, pero podría tratarse de un cazador con escudo que se dispone a abatir a un gran animal, por influencia posiblemente oriental.

En efecto, aunque fueron los reyes, los se√Īores, los cortesanos y los hidalgos, o sea los individuos pertenecientes a las clases m√°s elevadas, los que de forma continuada practicaron la actividad venatoria y cetrera, era indispensable contar con la participaci√≥n de otros monteros o cetreros de m√°s baja condici√≥n social (adem√°s, y sobre todo, de contar tambi√©n con la ayuda de los perros y las propias aves cazadoras).

La venatoria, adem√°s, como ya hemos dicho, constituye un entrenamiento para la guerra, porque

‚Äúen las cacer√≠as de animales montaraces, en las que se rastreaba, persegu√≠a, acosaba y mataba la presa, se valoraba la destreza del montero, la estrategia de la operaci√≥n, que era montada con tan exquisito cuidado como si de una acci√≥n b√©lica se tratara‚Ķ‚ÄĚ (Menjot: La chasse au Moyen Age, Actes du Colloque de Nice, 1980).

ANIMALES REPRESENTADOS

Algunos tienen relación con la caza, otros no, pero todos tienen un alto valor simbólico.

  • San-Baudelio-lebreles

    Los ‚ÄúLebreles‚ÄĚ, a la entrada del templo originalmente y en el Cincinnati Art Museum en la actualidad.

    Lebreles: Por su ubicación original, tendrían la función de guardianes del templo, ya que poseen características como la fidelidad. Y era además el perro utilizado para la caza menor de liebres:

‚ÄúSe valoraba [‚Ķ] especialmente la bondad de los perros, entre los que destacaban en el reino castellanoleon√©s el sabueso, el lebrel y el alano‚ÄĚ (Menjot, 1980).

  • Los B√≥vidos enfrentados representan con su lucha a Cristo y la ira divina. Y asimismo, no olvidemos que el buey es el s√≠mbolo del evangelista San Mateo.
  • Las √Āguilas (en la Cortina) se asocian con Cristo.
  • El Oso, animal her√°ldico, que simboliza el mal, la pereza o el primitivismo, s√≠ era pieza de caza en la √©poca.

Y como animales ajenos a nuestra fauna:

  • El Dromedario, que simb√≥licamente representa la humildad, ya que se arrodilla al recibir su carga.
  • El Elefante, que lleva sobre su lomo un castillo con tres torres y que representa la humildad asociada a Cristo, que carga las enfermedades y miserias del hombre, s√≠ era cazado en otros continentes y usado como animal de guerra, por ejemplo por los cartagineses (hay monedas y documentos peninsulares que as√≠ lo atestiguan). Y ha inspirado el bello poema que Gerardo Diego dedic√≥ a la ermita:

‚Äď Cuatro elefantes a la sombra de una palma.
Los elefantes gigantes.
‚Äď ¬ŅY la palma?
‚Äď Peque√Īita.
‚Äď ¬ŅY qu√© m√°s?
¬ŅUn quiosco de malaquita?
‚Äď Y una ermita.
‚Äď Una patra√Īa,tu ermita y tus elefantes.
Ya ser√≠a una caba√Īa con ovejas trashumantes.
‚Äď No. M√°s bien una mezquita tan chiquita.
La palma me llevó el alma.

(Fragmento del poema de Gerardo Diego dedicado a San Baudelio de Berlanga.)

Arantza del Barrio

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