Finca Malpartida, una finca con historia y palomera por excelencia
14 abril, 2018 Trofeocaza . 203 Visualizaciones

Reportajes coto de caza

Finca Malpartida, una finca con historia y palomera por excelencia

A tan sólo 30 minutos de Madrid, o lo que es lo mismo a 43 kilómetros de la Puerta del Sol, conduciendo por la conocida “carretera de los pantanos”, llegamos a Malpartida, un claro ejemplo de los muchos cotos que actualmente, y gracias a una evolución mitad natural mitad humana, resisten con gran esfuerzo e ilusión ante las dificultades que conlleva, hoy por hoy, la propiedad de una finca de caza en España.

En España existen innumerables y emblemáticas fincas de caza cuyo abolengo y solera, actualmente, no son simplemente parte de una herencia ni fruto de la casualidad.

Los años pasan, las generaciones se relevan, la caza evoluciona y el campo se transforma… Bien porque la propia naturaleza así lo dicta, o bien porque sus gestores consideran oportuno marcar así el futuro que ha de prevalecer en ese terreno, lo cierto es que son muchas las fincas que año tras año, generación tras generación, van experimentando esa importante evolución y transformación del campo y de la caza.

Atrás quedó el triunfo de aquellas propiedades que perduraban por sí solas.

Y atrás debemos dejar también la tópica censura hacia aquellas fincas de gran raigambre y tradición que han dejado de ser una simple extensión de terreno, con o sin casa de campo y con la caza suficiente y precisa para el uso y disfrute exclusivamente de su propietario, para convertirse en una finca donde los recursos naturales que en ella existen se gestionan, se aprovechan y se explotan, de forma racional y sostenible, de acuerdo con la legislación vigente en la comunidad autónoma en la que se ubican, y con el propósito de rentabilizar lo mejor posible toda la ilusión, el trabajo y el esfuerzo que requiere ser propietario de un coto de caza en el siglo XXI.

El amor al campo y la pasión por la caza son rasgos indiscutibles y característicos que, por regla general, suele cumplir todo propietario de una finca con historia. Estas cualidades y atributos son muy significativos, sin lugar a dudas, pero no siempre suficientes.

El esfuerzo (no sólo económico) que supone mantener un terreno heredado de padres a hijos y de hijos a nietos implica, por supuesto, saber llevar a cabo una buena gestión de la finca y, también, comprender que, llegado el momento, la explotación cinegética de dicho terreno a veces puede llegar a ser tan importante, o incluso más, que su aprovechamiento agrícola y/o ganadero.

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MALPARTIDA: UNA FINCA CON HISTORIA

Jesús Samper Rodríguez, actual gestor de Malpartida, y su hermana Isabel, administradora de la sociedad, son la tercera generación familiar que gestiona Malpartida, alternando la explotación agrícola con el aprovechamiento cinegético para mantener la finca que, en el año 59, su abuelo, Antonio Rodríguez Docampo, comprara a la familia Urquijo.

Con la adquisición de esa finca, de una extensión de poco más de 600 hectáreas, su entonces nuevo propietario, natural de Calzada de Calatrava (Ciudad Real), emprendió la historia que hoy narra Malpartida como casa de campo, coto de caza y núcleo de unión familiar.

Hasta 1964, fecha en la que su propietario decide construir la casa que hoy reúne cada domingo a toda la familia Samper-Rodríguez Docampo, las vivencias en Malpartida conllevaban la ida y vuelta a Madrid en el mismo día, pues la antigua casa que podía darles cobijo bastante tenía con albergar a las ocho familias que entonces vivían y trabajaban en la finca.

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Veinticinco años más tarde, colmado de entrañables recuerdos y magníficas jornadas de caza entre familiares y amigos, fallece Antonio Rodríguez Docampo.

Un año después, su yerno, Jesús Samper, apuesta por mantener la finca en manos de la familia y decide comprar la parte correspondiente al resto de los herederos, conservando con ello una casa de campo y un coto de caza que ya presenta a la cuarta generación. Bonita historia.

Pero, llegado a este punto surge mi duda: si su propietario y gestor no sintiera afición por el campo y no hubiera crecido entre esas encinas, cazando palomas, perdices, conejos… ¿es rentable, hoy por hoy, una finca como Malpartida sin una explotación de sus recursos naturales?…

La respuesta de Jesús es rotunda: ¡no!

APROVECHAMIENTO DE LOS RECURSOS NATURALES

Para Malpartida todo lo que puedan suponer ingresos, tanto de cosecha como de caza, así como de reforestación de encina, alcornoque, quejigo, madroño y fresno en las zonas más húmedas, son minutos/años de vida.

A nivel agrícola, la finca se explota a la antigua usanza, es decir, rotando la mitad de su extensión con barbecho y siembra de avena y trigo, más leguminosas para nitrogenar el suelo y, al mismo tiempo, fomentar la caza de paloma y conejo principalmente.

Por lo tanto, depende, como otras muchas fincas, de la PAC. “Si mañana desaparecieran las ayudas de la PAC –comenta Jesús–, sería inviable mantener esta finca y los puesto de trabajo que actualmente proporciona. Es materialmente imposible rentabilizar Malpartida aprovechando solo la agricultura, teniendo en cuenta que en la Comunidad de Madrid no se obtienen producciones por encima de los 3.000 kilos por ha., más los jornales, el mantenimiento de los tractores, el gasto del gasoil…”¡ Y, a nivel cinegético sucede lo mismo, pues sería muy difícil también poder mantener este coto solo por afición.

Es evidente pues que para una finca como Malpartida las ayudas de la PAC son muy importantes pero también su aprovechamiento cinegético, “por ello –apunta su gestor– todas las ayudas son bienvenidas y todas las limitaciones muy acusadas, pues impiden el desarrollo y correcto aprovechamiento de los recursos naturales que ofrece la propia finca”.

Y, una vez más, nos encontramos con el “lance” que desde hace años viene protagonizando la figura del gestor de una finca de caza frente a la Administración. Ante esta situación, la opinión de Jesús Samper es firme:

“Debemos tender a lo siempre discutido: la posibilidad de otorgar un certificado de gestión para las fincas de caza, la propuesta de unas normas a cumplir y la libertad para dejar gestionar un coto. Si se hace mal que se sancione, pero dejando un cierto margen de responsabilidad al gestor para poder hacerlo bien. Es absurdo y ridículo tener que estar solicitando permisos cada mes, pues entre un permiso y otro la cosecha está ya destrozada”.

CAZA MAYOR vs CAZA MENOR

La que hace años fuera claramente una finca de caza menor, hoy en día es todo lo contrario.

“Tanto es así –afirma Jesús– que en este momento me atrevería a decir que el futuro de Malpartida es convertirse en una finca de caza mayor. Prueba de ello es que, cada año, la caza menor en este coto va a menos y la mayor a más, en especial el jabalí. El crecimiento del jabalí es exponencial. No sabría decir de donde viene tanto cochino… pero aquí está”.

Posiblemente porque toda la zona que rodea Malpartida es monte y ésta es de las pocas dehesas que quedan aún trabajadas. Quizás porque hay bellota, bellota dulce, de labor y cereal. O tal vez porque las parcelas sembradas de centeno y trigo tienen una altura tan considerable que eso permite que el jabalí encuentre su mejor refugio en su propia comida…

Lo cierto es que todo ello, unido al agua que ofrece el pantano (construido hace 40 años en pleno corazón de la finca) y las nueve charcas, que tras aprovechar el periodo de sequía de hace cinco años se limpiaron y hoy se encuentran en perfecto estado, las condiciones que presenta este coto son más que razonables para generar caza.

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El pantano de la finca que, junto con nueve charcas, proporciona abundante agua a la finca.

 

Lo que está claro es que la actividad cinegética en Malpartida ha ido cambiando. Con respecto a la perdiz, y a pesar de ser un terreno que ofrece buenas condiciones para su caza y donde tradicionalmente se han celebrado bonitos ojeos de perdiz autóctona con resultados de 1.000 perdices cobradas, su densidad ha ido en notable descenso, pasando de esas 1.000 a 800, de 800 a 600, de tres días de caza a dos, y de dos a tan sólo unos pequeños ganchos por temporada.

“Viendo la situación, optamos por no cazar la perdiz durante 4 años –comenta Jesús–. Aun así continuamos poniendo comederos y bebederos e intentando mimar así las pocas perdices que quedaban, pero la presencia del jabalí, la afluencia de zorros, la enorme densidad de rapaces que hay en la finca, y la poca ayuda para controlar todo ello… no conseguimos que la poca perdiz autóctona que quedaba aumentara como para celebrar ojeos”.

La solución a este declive es la organización de ojeos con perdices repobladas. Ojeos bien organizados pero con perdices de granja; un sistema, por otro lado, con el que este coto se encuentra ante una importante competencia con organizaciones ya muy consolidadas.

En compensación, Malpartida organiza tiradas de perdices para cazadores que quieren menos cantidad de pájaros y a un precio más reducido también. A la oferta de estas tiradas se suman jornadas de caza en mano, donde se abaten conejos y perdices que, mezcladas con las pocas salvajes, dan su juego para disfrutar de una buena jornada.

En cuanto a la caza mayor, la finca tiene la dificultad de no tener monte, por lo tanto, lo que realmente resulta muy atractivo son las esperas de jabalí, de gamo autóctono en este territorio y de muflón, que fue introducido en la zona por una finca vecina hace 15 años.

“Aquellos muflones –narra Jesús– se escaparon, y ahora mismo hay una densidad tan alta (se estiman 300-400 ejemplares) y tan difícil de reducir que arrasan las cosechas. Y cada año hay 100 más”.

LA PALOMA PROTAGONISTA

malpartida-palomas-despMalpartida es una finca palomera por excelencia. A pesar de haber cambiado de hábitos, la paloma ha sido y sigue siendo la pieza de caza protagonista en este coto.

Agua, comida, tranquilidad… y la ventaja en este caso de ser una finca rodeada de monte y, por lo tanto, un perfecto dormidero, con lo cual, la paloma encuentra en Malpartida el hábitat perfecto.

Antiguamente, esta era una finca palomera de invierno. Su propietario cuenta que eran miles, millones, de palomas las que venían en invierno y arrasaban las parcelas recién sembradas.

“Teníamos que espantarlas para que no acabaran con la cosecha. El guarda siempre llevaba un cajón de cartuchos permanente en el coche para espantar a las palomas de las parcelas sembradas, pues se posaban bandos de 20.000 palomas. Era entonces cuando mi abuelo llamaba a sus amigos para decirles: “¡Por favor, venid a cazar las palomas, que acaban con el trigo!”.

Pero esos hábitos han cambiado, según nos cuenta Jesús.

“La paloma migratoria ahora ya no pasa a penas por Madrid; entra por Portugal, incluso costeando, y va directamente a Extremadura. Y en verano, sin embargo, y cuando años atrás simplemente se quedaban cuatro palomas, ahora estamos invadidos. Cazamos la media veda organizando dos cacerías, donde se superan las 1.000 palomas entre 25 puestos.

Los puestos naturales se montan con rollos de cañizo, pacas de pajas, incluso leña… y se caza mañana y tarde. Después de estos dos días, existe la posibilidad también de cazar la paloma con cimbel (estos son puestos caros pero muy buenos).

Pasada ya la media veda, llegamos luego a la segunda quincena de octubre, que es muy buena también, pues toda la paloma residual que ha quedado de verano la seguimos cebando, hacemos algunos comederos y la mantenemos, aunque luego llega noviembre y diciembre y lo que era la afluencia de la paloma antiguamente es la desaparición, quedando solamente las poquitas palomas autóctonas que tiene la finca, y pocas más.

Para navidades empieza a notarse ya la contrapasa, y en el mes de enero se vuelven a hacer buenas jornadas palomeras. Estas palomas son las que se quedan ya a criar en la finca”.

La paloma, protagonista

Belén Pinilla

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