Adaptaciones al medio y estrategias de supervivencia
12 diciembre, 2017 Trofeocaza . 998 Visualizaciones

Opinión Pablo Capote

Adaptaciones al medio y estrategias de supervivencia

«Mi pecado es ser veloz». Este era el motivo que esgrimía el mítico piloto Ayrton Senna para explicar el poco cariño que le demostraban sus rivales, frase que le hemos tomado prestada para titular el artículo que este mes publicamos sobre la liebre. No podía haber otra sentencia más a propósito.

La liebre ibérica es sin duda una de las especies de mayor importancia dentro de la caza menor. Me atrevería a decir que, exceptuando a las migratorias, la liebre es como especie la más arisca y salvaje de la caza pequeña, y la prueba la tenemos en las dificultades con las que se encuentran quienes intentan criarla en cautividad.

Comenta Daniel Bartolomé, autor del artículo, que «la liebre es una especie que no se adapta a los cambios al mismo ritmo que otras», y es que sus estrategias de supervivencia casi se limitan a confiar en su mimetismo y, como Senna, en su velocidad, lo que la hace muy vulnerable a la humanización de su entorno. Y mientras es frecuente encontrar perdices, conejos o palomas adaptados al medio urbano, es mucho más raro encontrar rabonas.

Pero, paradógicamente, a pesar de su importancia cinegética y su peculiar biología, es, con mucho, entre las especies de caza cotidianas la más desconocida y menos estudiada. Daniel revela en su trabajo facetas peculiares de su comportamiento y, sobre todo, analiza las razones fisiológicas de su proverbial capacidad para correr, facultad en la que confía tozudamente a pesar de disfrutar de una vista, un oído y un olfato excepcionales.

Esta dependencia de la velocidad, sin llegar a las consecuencias fatales que tuvo para el piloto brasileño, para la liebre ha tenido una eficacia al menos dudosa como estrategia de supervivencia a tenor de los resultados de los censos, que indican un descenso progresivo de sus poblaciones en los últimos años.

Muy relacionado también con la adaptación de una especie a su medio, está otro de los temas que le ofrecemos este mes. El corzo sufre como especie una alta mortalidad a causa de enfermedades, crudos inviernos o predación.

Por poner un ejemplo, según los resultados del proyecto Aequilibrium que realiza la ACE, se ha demostrado que los corcinos suponen el recurso alimenticio más importante del águila real en época de cría, con un 34 % de la alimentación total entre las 33 especies distintas de aves, mamíferos y reptiles documentadas.

Para compensar esta mortandad, la estrategia del corzo, que ha demostrado ser más exitosa que la de la liebre, se basa en una alta tasa de nacimientos y un precoz desarrollo de las crías, lo que se ve también reflejado en su cuerna y en su trofeo.

En la finca leonesa de Valsemana, tras décadas de estudio sobre la multitud de ejemplares que se crían en semilibertad, han conseguido un seguimiento metódico y continuo, año a año, de la evolución de sus trofeos, recopilando gran cantidad de datos de interés para el cazador, como que corzos de primera cabeza pueden portar cuernas completas de tres puntas y de buen tamaño o que el desarrollo completo de las mismas lo alcanza entre los dos o tres años, siendo mínima su evolución hasta los siete u ocho, momento en el que la puntuación de los trofeos decae.

La mala noticia es que un proyecto de esta magnitud, sin par en Europa, que dispone de unas instalaciones perfectas ya consolidadas y en funcionamiento, se sustenta a duras penas gracias a la dedicación de sus trabajadores, profesionales y voluntarios, sin contar apenas con apoyo de la Administración. Esperemos que aguante al menos hasta publicar, en una edición al parecer ya aprobada, la miríada de datos interesantes recopilados en estos años, que seguro contribuirán al conocimiento de este apasionante animal.

Como colofón al espacio dedicado al corzo, publicamos un reportaje gráfico de Juan Manuel Villarte Venegas, así como un pequeño escrito sobre la historia natural de una de las poblaciones más desconocida, la más pequeña en tamaño, más aislada, más sureña y occidental de la especie, que es además la de costumbres más tímidas, esquivas y forestales: la del corzo morisco de las sierras andaluzas de Grazalema, Ronda y Los Alcornocales. Otra adaptación interesante.

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