Una temporada perdicera
7 noviembre, 2018 Trofeocaza . 210 Visualizaciones

Opinión Pablo Capote

Una temporada perdicera

El agua ca√≠da esta primavera ha dado una tregua este a√Īo a las perdices, y las pocas salvajes que quedan no han criado del todo mal.

Curiosamente ser√° esta la especie de caza menor que haya salido mejor parada esta temporada.

Si exceptuamos la paloma torcaz, que parece jugar en otra liga, las liebres están sufriendo más de lo que en un principio se pensaba; el brote de mixomatosis que las afecta, y lo del conejo, ya se sabe, va por barrios, o bien preocupa por estar a las puertas de la extinción o bien se reza al santísimo para ello.

Pero la perdiz, donde hab√≠a quedado alguna pareja, ha criado esta temporada decentemente. Siempre fue un ave agradecida, y un poco de agua en su momento ha bastado para que las poquitas que quedaron los √ļltimos a√Īos se hayan convertido en bandos nutridos, si por eso entendemos que estos est√°n compuestos por diez o doce patirrojas al menos, como no es raro ver estas primeras semanas de caza.

El agua caída en su momento tiene varios efectos beneficiosos. Por un lado, provee de alimento natural sobre todo a los pollos en sus primeras semanas de vida.

Este verano se han visto saltamontes, que aunque pueda parecer una obviedad, ni mucho menos lo es, en muchas zonas ha sido difícil ver uno en el pasado reciente.

Pero el agua limpia el terreno de pesticidas, haciéndolos menos efectivos. Bueno, en realidad solo traslada el problema a otro sitio, a los ríos, aunque esto no lo sepan ni las perdices ni los saltamontes.

Seguramente el mayor beneficio que proporciona el agua a la cría de la perdiz sea la cobertura que ofrece el crecimiento vegetal en primavera, que da la posibilidad de ocultar puestas y polladas de los predadores y evita que muchos nidos se hagan en las siembras quedando a merced de la maquinaria agrícola.

Además, las lluvias mantienen los cultivos verdes más tiempo y retrasan las cosechas, lo que da a las jóvenes perdices la oportunidad de crecer lo suficiente para ser capaces de huir ante una cosechadora.

Pero el agua no es buena siempre y en todos los casos, buena prueba de ello son las inundaciones y riadas que han arrasado varias poblaciones espa√Īolas y europeas recientemente.

Tormentas de menor importancia pueden arruinar nidos y polladas igual que los predadores y no ha sido infrecuente ver en meses pasados pollos de d√≠as junto a igualones en el mismo coto, se√Īal de ser estos primeros fruto de una segunda puesta, acontecimiento que el a√Īo, cuando ha sido preciso, ha favorecido.

En fin, este a√Īo para la perdiz, agua bendita.

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