El crecimiento de los perdigones
4 junio, 2018 Trofeocaza . 1807 Visualizaciones

Perdiz con Reclamo

El crecimiento de los perdigones

A estas alturas, los pollos nacidos en mayo ya cuentan con¬† plumas en las alas y con algunas timoneras, han dado sus primeros vuelos persiguiendo a peque√Īos saltamontes y,¬† guiados por su madre, por fin han descubierto charcas y¬† aguaderos en los que saciar su sed.

Las altas nubes te√Ī√≠an de rojo el amanecer cuando sal√≠ al llano de la casilla tras una¬† noche m√°s en la que hab√≠a decidido pernoctar¬† en la finca.¬† Aunque ya hab√≠a tachado varios d√≠as del mes de junio en el calendario, efluvios de humedad¬† me embargaron al entrar en contacto con el cielo descubierto.

La primavera estaba siendo lluviosa  y eran frecuentes las tormentas, a pesar de que, pasito a pasito, se iba aproximando el estío. A guisa de bastón me apropié del paraguas decidiendo emprender una corta caminata que supuse me abriría el apetito para el esperado desayuno.

Algo alejado del cortijo, el canto de un macho de perdiz me sac√≥ de mi ensimismamiento moment√°neo y supuse, sin riesgo a equivocarme,¬† que a√ļn estar√≠a incubando su hembra a escasa distancia de donde √©ste cuchichiaba con toda su energ√≠a y ardor.

Suele ocurrir que, cuando las primeras puestas de las perdices se desgracian por cualquiera de los motivos que puedan presentarse en el  campo, éstas realizan una nueva incubación de los huevos que por segunda vez hayan podido poner.

Los perdigones nacidos en mayo ya tendr√°n¬†unos d√≠as de vida y, aunque el primitivo bando haya podido sufrir posibles bajas, contar√° todav√≠a¬† con un buen n√ļmero de componentes.

LOS PRIMEROS DESCUBRIMIENTOS DE LOS PERDIGONES 

A estas alturas les habrán crecido las plumas de las alas y algunas timoneras, así que podrán dar frecuentes vuelecillos y perseguirán a los saltamontes con más posibilidades de atraparlos  que en los primeros momentos de su existencia.

Seguir√°n d√°ndose frecuentes ba√Īos de tierra con los que desparasitarse y acicalar su nuevo plumaje. Y tambi√©n habr√°n descubierto, guiados por¬† ‚Äúmam√° perdiz‚ÄĚ, aguaderos y charcas donde mitigar su cotidiana sed.

Para los amantes del campo es entra√Īable observar¬† a la pollada en sus continuos trasiegos por su h√°bitat. Comprobar√°n la √°giles carrerillas de los perdigoncillos persiguiendo al que lleva la presa atrapada en el pico, e igualmente es alentador verlos caminar unas veces casi mimetizados con el entorno, ante el posible y temido ataque de alg√ļn depredador, y otras erguidos y arrogantes¬† como disciplinada tropa que se desplaza siguiendo¬† unas pautas preestablecidas.

Tiempo atr√°s eran asediados por algunos desaprensivos que pretend√≠an comerciar con sus¬† capturas. Hoy esto est√° seriamente penalizado¬† y los cazadores del reclamo, cada vez m√°s comprometidos con lo legalmente establecido, deben¬† huir de estas compras, ya que √ļnicamente¬† producen da√Īo y bajas para nuestra admirada¬†patirroja.

LA IMPORTANCIA DEL INSTINTO SALVAJE

Cuando anta√Īo se consegu√≠an p√°jaros criados de¬† peque√Īos sin su madre, productos de un primitivo secuestro, eran casi todos inservibles como reclamos, ya que, al estar prematuramente alejados de los adultos, no hab√≠an adquirido todo el instinto salvaje y las ense√Īanzas propias que atesora¬† una perdiz que alcanza el total desarrollo en compa√Ī√≠a de sus progenitores.

Los huevos expoliados de perdices eran tambi√©n incubados por gallinas que criaban a los perdigones como si fueran sus polluelos. Hay¬† algunas an√©cdotas curiosas sobre este tipo de reclamos, algunos de ellos llamados ‚Äúgallinos‚ÄĚ, pues al ser una gallina la encargada de cuidarlos y protegerlos durante su desarrollo, sol√≠an sentirse estos perdigoncillos m√°s estimulados por el cacareo y canto de dichas aves que por el reclamo, pi√Īoneo y el dar de pi√© de las perdices camperas.

¬°CUIDEMOS SUS TERRENOS!

Durante este mes y los sucesivos, estar√°n nuestros p√°jaros en los terreros. Ah√≠ comenzar√°n el pelecho y en ellos se desparasitar√°n convenientemente tomando¬† ba√Īos de tierra, la cual debe estar h√ļmeda y acompa√Īada de algo de ceniza, lo que le dar√° a la pluma vistosidad y brillantez.

En los citados terreros hemos de vigilar sus deyecciones para controlar posibles casos de ‚Äúcagaleras‚ÄĚ y zurretas, que a nada bueno conducir√°n, pudiendo ser¬† causa de la muerte de m√°s de una de nuestras perdices.

No olvidemos aportarles en este tiempo alg√ļn tipo de vitaminas, que favorecer√°n¬† el proceso de la muda, y verde, garbanzos mojados e incluso cebollas picadas¬† y nueces, que le har√°n m√°s agradable su estancia en estos habit√°culos durante¬† los meses de est√≠o.

Manuel Jerónimo Lluch Lluch

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