Alanos espa√Īoles y el arte venatorio de la catedral de Oviedo
25 septiembre, 2018 Trofeocaza .

Reportajes perros de caza

Alanos espa√Īoles y el arte venatorio de la catedral de Oviedo

El lugar m√°s sacro del norte espa√Īol, la catedral de Oviedo, sobrecoge nada m√°s entrar. Su g√≥tico preponderante impone en el interior, con la arquitectura de filigranas, la esbeltez y la luz.

Las vidrieras que la circundan ‚Äďreconstruidas tras los desastres de la guerra civil‚Äď fascinan desde lo alto, fant√°sticas y aleg√≥ricas. A la vez, arrancan escenas pol√≠cromas del inabarcable retablo mayor y hacen fulgurar el pan de oro de los altares barrocos que la inundan.

Pero nosotros vamos a los lugares más santos de la basílica. Allá en el fondo, en aquella cripta de piedra abovedada de poca altura, en su solidez prerrománica, está la singular reliquia del santo sudario de Cristo, celosamente protegido.

En el lejano siglo IX fue construido este oscuro y recatado resguardo, la c√°mara santa. Hay m√°s reliquias sagradas y se exhiben grandes cruces griegas cubiertas de oro y enormes piedras preciosas.

Son la cruz de los √Āngeles, de 1200 a√Īos, y la cruz de La Victoria, s√≠mbolos del Principado que debieran, quiz√°s, serlo tambi√©n de Espa√Īa entera. Estamos en el germen y fundaci√≥n de la futura catedral que vemos.

Impone el aproximarse a la c√°mara sagrada, descendiendo las escaleras de su peque√Īa antec√°mara levantada en el siglo XII. En esta encontraremos nuestro primer hallazgo. Tres arcos vistos refuerzan¬† la modesta b√≥veda de medio punto, descargando cada uno en columnas dobles a cada lado. Figuras de santos, similares a las del magn√©tico P√≥rtico de la Gloria de Santiago, acompa√Īan a cada fuste.

A la izquierda, en el capitel intermedio, ahí están los perros alanos. La escena es dinámica y bellísima. Es caza de jabalí a pie, para agarres a cuchillo.

Los monteros no llevan otras armas que un gran pu√Īal y los alanos. Estos, codiciosos y √°giles, con orejas cortadas y collares anchos, con sus robustas cabezas exentas de prognatismo y de labios enjutos,¬† quieren prender desde el lateral al navajero que ataca a un batidor. Aporta el dramatismo el peligro reci√©n surgido.

alanos-con-jabali

Alanos asistiendo a la presa del gran jabalí. S. XII.

Desde la cara derecha del capitel, otro montero llega urgente con ayuda: se presta a  liberar a dos alanos más en collera de su gruesa cuerda. Se le impacientan, ansiosos por acudir.

La tensi√≥n es m√°xima, pero el¬† veterano cazador del pu√Īal se acerca confiando en los alanos: va por detr√°s, apoyando una mano en el lomo de uno de ellos, para entrarle al macareno por el costado.

En cuanto acudan los otros dos perros y prendan, podr√° ir al peligroso lance. Ah√≠ queda la incertidumbre y la adrenalina. No sabemos lo que ha pasado. Pero cu√°nto debi√≥ gustar a aquellos obispos guerreros y a aquellos se√Īores ‚Äďcristianos y belicosos‚Äď la caza del jabal√≠ a pie con alanos como para incorporar la escena a tan sacro y recogido lugar.

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Afectados por el arte y lo sagrado, nos apartamos¬† y en unos minutos llegamos al claustro. Es un viaje en el tiempo de 300 a√Īos: estamos en el siglo XV. Aqu√≠ se da una mezcla de sobriedad y filigrana g√≥tica.

En sus muros, en la cuarcita, hay caligraf√≠as secretas y textos de herm√©ticos significados. En el suelo, las piedras gastadas a√ļn conservan los ecos de rezos y reconquistas. A la galer√≠a la cubre una b√≥veda apuntada con finas nervaduras vistas, que se apoyan en columnas de complejos fustes y elaborados capiteles. Cierra el claustro hacia al jard√≠n central una fabulosa celos√≠a de piedra contenida por arcos apuntados, que distribuye en √©l una maravillosa luz matizada.

Los alanos aparecen ahora en un capitel interno, en el muro oeste. Otra vez es una agitada escena cineg√©tica. Aqu√≠ es el rey quien caza. ¬ŅSer√° acaso D. Alfonso XI, ¬ęel Justiciero¬Ľ, famoso en la guerra y cazador temerario? Va al oso, a caballo.

Se han encontrado¬† ya, en un pomar con manzanos con fruta. Es oto√Īo y hay hermosas manzanas en el suelo, que la fiera goloseaba. Un alano de gran cabeza, cuello robusto, orejas cortadas, con ancho collar protector, mantiene firme presa en la ijada con las mand√≠bulas plenas, aguantando al oso en una contorsi√≥n forzada.

alanos-rey

El rey a caballo, con alanos, para el lance del oso.

Otro potente alano, este con orejas sin cortar, acude r√°pido, bordeando la esquina del capitel. Un √°gil mozo, en la cara derecha, toca el cuerno de bronce, urgiendo a los perros.

Y en la cara izquierda, un monje montero, con su h√°bito y su cuerno, due√Īo de los alanos, suelta a otro, que pugna por liberarse, ansioso por asistir al lance l√≠mite. El rey ya consigui√≥ herir al gran oso con la lanza, entr√°ndole por el cuello y atraves√°ndolo hasta la paleta izquierda.

Mantiene firme el asta con la mano derecha. El caballo, atacado por la bestia, se encabrita aterrado, pero el soberano tensa la brida con la mano izquierda. Ha de aguantar la lucha hasta que la fiera ceda. La distancia es tan corta que ya ha alcanzado con las garras el pecho del caballo. Es ahora un cuerpo a cuerpo.

Depende de la habilidad y fortaleza del monarca el salir airoso del peligro. Tambi√©n¬† el control del caballo y que el da√Īo no sea letal. Conf√≠a en los valerosos alanos, en su asistencia cr√≠tica: han de agarrar e inmovilizar al animal en esta situaci√≥n extrema.

No sabemos c√≥mo acab√≥ el lance con el oso. Quiz√°s en √©xito y en banquete nocturno de celebraci√≥n, encendidos todos los candelabros, con m√ļsica de gaitas, danzarinas y abundantes sidra astur y vino leon√©s. Lo que s√≠, que la escena cineg√©tica quita la respiraci√≥n. A la vez, es agitada, de m√°xima tensi√≥n y bell√≠sima.

Vemos de nuevo como los alanos espa√Īoles puros fueron esenciales en la caza mayor noble en estas cordilleras nuestras durante¬† m√°s de 1000 a√Īos.

Tenemos la fortuna de que la raza fue rescatada al borde de su extinci√≥n y que consolid√≥ su recuperaci√≥n a trav√©s del afijo Alaj√ļ y otros criadores respetuosos. Y cuando hoy en d√≠a¬† usamos en la caza un par de alanos puros, es genuino arte venatorio.

Es recuperar y hacer renacer las tradiciones cinegéticas milenarias más admirables de nuestro país. Y es hacer homenaje a quienes, para nosotros, labraron hace tantos siglos en la majestuosa catedral de Oviedo estos hermosos capiteles de caza.

Olimpio Pérez Castro

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