3 Consejos para prevenir que a nuestro perro se le claven espigas
30 julio, 2018 Trofeocaza . 5091 Visualizaciones

Veterinaria

3 Consejos para prevenir que a nuestro perro se le claven espigas

Existe una ciencia llamada MALHERBOLOGÍA que estudia todo lo que hemos considerado malas hierbas y maleza.

Los humanos, desde que aprendimos la forma de cultivar plantas que nos eran útiles para conseguir alimentos, consideramos el resto de plantas «malas hierbas» simplemente por el hecho de no haberlas plantado nosotros y porque no producen nada que podamos aprovechar.

La visión actualmente de estas plantas es muy diferente, especialmente para los naturalistas y los gestores cinegéticos. La fauna menor, como la perdiz, codorniz y la tórtola, se alimentan principalmente de las semillas de muchas de estas plantas.

Recientemente se ha publicado un interesante estudio (Trofeo 563, abril 2017) que relaciona la densidad de tórtola común (Streptopelia turtur) con la disponibilidad de este tipo de plantas. Por ello, y especialmente para los cazadores, las malas hierbas son todo lo contrario, son muy buenas hierbas.

Siendo esto así, algunas de ellas pueden dar problemas durante el verano a nuestros perros. Existe una gran variedad de gramíneas, llamadas espigas, espiguillas, avenas salvajes, etc., que han ideado un curioso y efectivo sistema de dispersión de sus semillas. Estas semillas están conformadas –como su nombre indica– como espigas parecidas a dardos, con diminutas espinas que hacen que se adhieran al pelo de cualquier animal para que las transporte.

Pero este sistema tiene una desventaja –al menos desde la perspectiva humana–, ya que estos pequeños ‘dardos’ están diseñados para nunca ir hacia atrás. Por ello, si se enganchan al pelo, por lo movimientos del propio animal se van desplazando hacia delante hasta entrar en contacto con la piel, la perforan y siguen su camino.

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Las espiguillas suelen aparecer en un lugar distinto de donde se introdujeron. En la foto, el veterinario extrae una con unas pinzas.

PREDISPOSICIÓN RACIAL

Conociendo la forma que tienen de actuar las espigas, es fácil entender que no a todos los perros les inciden de la misma manera.

A los perros de pelo corto les afectan mucho menos que a los de pelo largo. Si se fijan, muchas de nuestras razas son de pelo corto. Pachones, perdigueros y un número de variedades de podencos –especialmente en la zona sur– son de este tipo.

El pelo corto, en nuestros clima y latitud, tiene importantes ventajas. Los perros con poco pelo resisten mejor el calor, tienen menos parásitos externos y cogen menos espigas. Son ideales para el clima cálido y seco de la mayor parte de nuestro país, donde abundan los parásitos y la vegetación dura y leñosa con abundante broza seca y dura.

Pero, como a los humanos nos gusta lo exótico y nos atrae lo estéticamente bonito, importamos razas de otros países en las que domina el pelo largo. El pelo largo es, además de bonito, muy útil para determinadas funciones.

Por ejemplo para perros que cazan en zonas frías, húmedas y de mucha maleza. En la cornisa cantábrica, por ejemplo, y para la becada, sin duda un setter es una de las mejores opciones, pero no para cazar codornices en Extremadura.

Estos perros, bonitos y de pelo largo, se llevan puestas todas las espigas que encuentran por el camino, y tarde o temprano les dan problemas más o menos importantes, porque se les clavan en la piel o se les introducen por los oídos, nariz, ojos, etc.

LA PREVENCIÓN

En medicina decimos que la mejor forma de tratar una enfermedad es la prevención. La mejor forma de evitar las espigas es evitando que se claven o introduzcan en los orificios, especialmente los oídos.

En razas de pelo corto y fino no hay mucho que hacer en cuanto a prevención, ya que rara vez se les clavan las espigas. Los de pelo largo son otro asunto.

En cuanto empieza el calor y la maleza se empieza a agostar, es conveniente cortar el pelo de estos perros. Aunque estéticamente no salgan muy favorecidos, pasarán menos calor, será más fácil localizarles los parásitos –especialmente las garrapatas– y se evitarán en gran medida las espigas.

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Las espiguillas de las gramíneas son uno de los problemas veterinarios más frecuentes del verano, al introducirse bajo la piel de las patas del perro.

Hay que poner especial interés en tres zonas.

  • La que más vigilaremos es la zona interdigital, entre los dedos, ya que es donde con mayor frecuencia se clavan las espigas. Hay que recortar muy bien el pelo de esta zona y revisar los huecos entre los dedos, uno a uno, cada vez que se vuelve del campo.
  • También muy importante es todo el pelo de la cara interna del pabellón auditivo. Las espigas que se cogen en esta zona, todas entran en el oído y pueden producir importantes problemas en el tímpano.
  • Otro lugar a vigilar es la zona de las axilas, donde se suelen clavar y donde la piel es muy fina y fácil de penetrar.

LA ESPIGA CLAVADA

Como decía antes, lo más importante es la prevención, ya que una espiga clavada puede ser un quebradero de cabeza, y no siempre es fácil sacarla.

También, como comentaba, un número importante de espigas penetran por la zona entre los dedos, y he visto perros a los que les ha salido la espiga por el codo.

El primer síntoma de una espiga entre los dedos es una especie de bulto de color rosa-rojizo, a veces purulento, que el perro se lame constantemente y que denominamos de forma genérica granuloma.

Puede tender a abrirse, drenar, disminuir de tamaño y cerrarse, pero no es raro que pasados unos días vuelva a aparecer, o aparecer en otro lugar.

El organismo identifica la espiga como un cuerpo extraño y la rechaza generando esta reacción, que muchas veces cursa también con dolor y cojera.

En este punto es importante intentar abrir, localizar la espiga y extraerla. Si se hace esto, el granuloma desaparece enseguida, y en unos días está todo curado.

Pero en muchas ocasiones esto no es posible, ya que por mucho que se hurgue en la herida no se localiza la espiga.

En estos casos la espiga suele estar en un lugar diferente de donde se abra el granuloma, y está conectada por un trayecto fistuloso difícil de seguir.

Aquí no queda más remedio que esperar la evolución, ayudar con antibióticos para evitar complicaciones y observar la aparición de nuevas fístulas que nos indiquen por dónde se mueve la espiga para poder de nuevo abrir e intentar buscarla.

Juan J. García Estévez

Veterinario

¿Tiene tu perro algún problema al que no encuentras explicación?  Envíanos tu consulta a veterinario@trofeocaza.com y nuestro veterinario, Juan J. García Estévez responderá a todas las preguntas.

Las respuestas se publicarán en la revista Trofeo Caza como en la sección Perros de Caza de www.trofeocaza.com así ayudaremos a otras personas que tengan las mismas dudas.

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